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jueves, abril 25, 2013

24: Un día en la vida de Jack Bauer... (x8)

El post que van a leer fue escrito entre las 18:00 y las 23:00.

Los hechos no suceden en tiempo real.


Jack Bauer (Kiefer Sutherland) es el agente en punta de la UAT (Unidad Anti-Terrorista) de Los Angeles, un antiguo militar reconvertido en agente federal destinado a una unidad especializada en la inteligencia, el contraespionaje y el terrorismo en sus más variadas manifestaciones. Hombre de fuertes convicciones y con la sólida creencia de que un buen fin justifica hasta el más abyecto de los medios empleados para llegar hasta él, Bauer resuelve de manera expeditiva todas las situaciones que se le presentan en el desempeño de su tarea como agente antiterrorista, labor en la que le acompaña el agente de campo Tony Almeida (Carlos Bernard), la analista Nina Myers (Sarah Clarke) o la experta en informática Chloe O'Brien (Mary Linn Rajskub), aunque habrá muchos más agentes y compañeros colaborando con Jack dado el altímisimo grado de movilidad laboral y vital provocado por las condiciones de estrés y peligro que afrontan los miembros de la UAT. Junto a él, sufriendo el día a día de la vida de un agente del gobierno, está su sufrida familia. Teri Bauer (Leslie Hope) atraviesa una serie de dudas sobre su estabilidad matrimonial, mientras que Kim Bauer (Elisha Cuthbert) suma a su rebeldía e inconformismo juveniles la tendencia a convertirse en la Increíble Chica Rehén a la menor oportunidad.


 En el que sería el primero de los ocho peores y más largos días en la vida de Jack Bauer, nos encontramos en plena campaña presidencial, con el candidato David Palmer (Dennis Haysbert) preparado para celebrar un mitin en L.A. y con un oscuro y elaborado complot para asesinarlo en proceso, con la intención de colocar los destinos de Palmer y Bauer en rumbo de colisión. La habilidad de Jack Bauer a la hora de afrontar este tipo de situaciones le colocarían en una posición privilegiada para afrontar con el paso de los años serias amenazas que incluirían un ataque con un virus biológico, el robo de bombas de gas nervioso, tres amenazas de artefactos nucleares o de bombas sucias, y el colapso informático del sistema de centrales nucleares, con el punto de vista puesto en todo momento en doblegar al gobierno de la así autodenominada nación más poderosa del mundo. La unión inextricable de política y lucha antiterrorista, o de Bauer y cualquier presidente que ocupe el cargo en ese momento -hasta seis diferentes llegamos a ver en el transcurso de las ocho temporadas- ocuparán el grueso de la acción que atrapará al espectador sin remedio, desde el minuto uno hasta el mismo final de la serie.


24 fue una serie de televisión emitida por el canal Fox entre el año 2001 y el año 2010, constando de ocho temporadas de 24 episodios -de 42 minutos de duración- y una película para televisión, Redemption, que enlazaba la sexta con la séptima temporada y servía de prólogo a esta. El impulsor y creador de la serie, y del concepto subyacente a la misma es Joel Surnow (co-creador de otra serie adrenalínica como fue Nikita), que junto al productor Robert Cochran presentó a la Fox un proyecto arriesgado sobre el papel: la elaboración de una serie que sería mostrada al espectador en tiempo real. Esto es, cada capítulo de la serie comprende una hora en la vida de Jack Bauer -contando las pausas comerciales-, y cada temporada un día en su ajetreada vida como agente antiterrorista. A nivel argumental, ese hecho suponía un verdadero reto en tanto en cuanto se tenía que transmitir varios argumentos y subargumentos en paralelo de forma que el espectador no se perdiera, siguiera el hilo de la historia y ubicara a cada personaje temporal y espacialmente. Y podemos hablar de docenas de personajes y un mínimo de seis tramas por temporada. 


Para ello, los productores contaron con dos elementos formales que se convirtieron prácticamente desde el primer momento en elementos distintivos, reconocibles y absolutamente indiferenciables de la fórmula 24: el reloj digital que inexorablemente y con un sonido angustioso iba marcando el paso del tiempo -con especial énfasis en los compases finales de cada capítulo, y dedicando un reloj silencioso a la desaparición de ciertos personajes clave para acentuar el drama de su muerte, contando con 11 silent clocks en total-, y la pantalla partida para mostrar tres, cuatro personajes en pantalla realizando diferentes acciones en localizaciones distintas, pero ocurriendo al mismo tiempo. Por si quedaba algún despistado, antes de cada capítulo, una pequeña coletilla situaba el capítulo -Los sucesos ocurren entre las 6 y las 7 de la tarde, por ejemplo- temporalmente, y remarcaba la peculiaridad narrativa de la serie -Los eventos ocurren en tiempo real-.   Aunque no fuera algo revolucionario -Gary Cooper, Sean Connery o Jean-Claude Van Damme habían vivido situaciones similares en cine-, lograr que un concepto tan ligero en apariencia, pero denso a nivel argumental fue algo milagroso, logrado gracias a un implicado y compenetrado equipo de guionistas, que hacían encaje de bolillos con los tempos narrativos, los traslados, las conexiones entre personajes, para lograr una narrativa fluida, plausible y, sobretodo, no solo entretenida, sino totalmente adictiva y apasionante.


Los valores de producción de la serie consiguieron, además, dotarla de un aspecto casi cinematográfico, con unos sets de lujo, localizaciones en exteriores continuas -con Los Angeles en seis ocasiones, Washington en una y Nueva York en otra como telón de fondo-, o escenas de acción dignas de cualquier producción hollywoodiense. De hecho, el modelo establecido con éxito por Surnow y Cochran ha tenido algunos intentos de traslación a la pantalla grande, con pobres resultados, en cintas como En el punto de mira, La sombra de la sospecha o La sombra del reino. Y es que si por otra cosa será recordada 24, además de por su arriesgada apuesta formal, es por su hábil mezcolanza de tres géneros tan variopintos y aparentemente incompatibles como el thriller, el drama y la política ficción, pilares en torno a los cuales se organizaban los principales argumentos de cada una de las temporadas. En el primer caso nos encontramos con las amenazas directas afrontadas por Bauer y su equipo, sin duda la parte más vistosa y espectacular, dotada de mayor profundidad al conocer por un lado el trasfondo familiar y personal de los implicados -con auténticos dramones en proceso en mitad de crisis terroristas de proporciones apocalípticas- y por otro los entresijos que se manejan en las sombras de la política estadounidense, ya sea en una campaña presidencial o de reelección, o en el interior de los gabinetes, búnkeres y salas de la Casa Blanca.


Si hubiese que poner una guinda a esta producción, o resaltar todavía más factores que contribuyen a culminar un producto de altísima calidad, podríamos citar la adrenalínica y épica banda sonora de Sean Callery o la abundante e impresionante nómina de actores televisivos o cinematográficos que se dejan caer por la serie a lo largo de sus ocho años de existencia y que contribuyen con su talento a elevar todavía más el nivel de la serie. Sin ánimo de ser exhaustivo, pero si extensivo, podemos ver en 24 a actores como Zeljko Ivanek, Lou Diamond Phillips, Dennis Hopper, Mia Kirschner, Jude Ciccolella, Xander Berkeley, Michelle Forbes, Laura Harris, Kevin Dillon, Harris Yulin, James Badge Dale, Zachary Quinto, Paul Blackthorne, Gina Torres, Arnold Vosloo, William Devane, Gregory Itzin, Sean Astin, Peter Weller, Ray Wise, Powers Boothe, James Cromwell, Colm Feore, Janeane Garofalo, Bob Gunton, Jon Voight, Mykelti Williamson, Katee Sackhoff o Freddie Prinze Jr.


A pesar de la evidente calidad, y de los numerosos premios acumulados durante sus años de emisión, 24 sufrió graves críticas por dos controvertidos elementos habituales en el desarrollo de sus tramas. El primero sería la presentación de numerosos personajes árabes como terroristas desalmados y crueles, un tema particularmente sensible que debía lidiar con los límites de lo políticamente correcto y de las exacerbadas sensibilidades post-11s. En segundo lugar nos encontramos con el altísimo nivel de violencia de la serie, cuyo protagonista dispara, golpea, empuja, tortura, electrocuta, droga, envenena, amenaza, extorsiona, decapita, secuestra, atropella o defenestra a todo aquel que se interpone en su camino o supone una amenaza para su bienamada nación, en un conjunto de acciones que si bien espectaculares en pantalla y justificadas argumentalmente no tienen cabida alguna en el mundo real. Servidor, a nivel personal, eliminar cualquier elemento político justificatorio de la serie a la realidad nacional de EEUU y simplemente disfruta de un espectáculo televisivo de primer orden como pocas veces ha sido producido.


24 ha sido una constante desde que Sparks y servidor nos emancipamos. Comenzamos a ver la serie en el verano del 2004, y hemos ido completando temporadas conforme la economía lo iba permitiendo, siendo una de las pocas series que tenemos originales en su integridad. El visionado de cada nuevo peor día de Jack Bauer constituyó en cada ocasión un acontecimiento adictivo y espasmódico, encadenando capítulo tras capítulo y reduciendo los tiempos hasta la semana que nos tomó ver el 8º día, con una media de 3-4 capítulos diarios, y eso conteniendo la necesidad de seguir un poco más, de superar el siguiente cliffhanger, de ver la siguiente hora en la vida de Jack Bauer. Por el camino quedan momentos de electrizante épica, como los clímax finales de la primera temporada, los relacionados con George Mason y Ryan Chappelle -este último protagonista de uno de esos momentos inolvidables que me dejó clavado en el sillón y que tuve que volver a ver para creermelo, de tan intenso y duro que resultó en su momento-, y un final de serie tan emotivo como difícil para un Jack Bauer haciendo piruetas cada vez más difíciles sobre un alambre más fino. Como ya he hecho en anteriores ocasiones -Alias, Chuck, Firefly- quería dejar en el blog unas breves lineas sobre una de esas series que marcan al que las ve y cuyo recuerdo te acompaña mientras vivas o hasta que vuelvas a darle una nueva vuelta a la serie, cosa esta última que no crean me apetece sobremanera. Esperaré como mínimo, 24 horas más...


 
Si me permiten la broma final, les dejo con dos coñas relacionadas con la serie. La primera es la parodia homenaje que Los Simpsons dedicaron a 24. La segunda es una selección de algunos Bauer Facts que explican porqué el mundo es como es y porqué Jack Bauer hace lo que hace.


Rodeado de terroristas, con un brazo en yeso, en medio de gas lacrimógeno y herido de bala, Jack Bauer se ríe y dice: "Los tengo a todos justo donde quería".
Cuando Jack Bauer pasa por un detector de metales en el aeropuerto y no suena, el vigilante le regala una pistola.
Supermán tiene pijamas de Jack Bauer.
El calendario de Jack Bauer pasa del 27 de diciembre al 29, nadie bromea con Jack.
Si sabe como pollo, huele como pollo y parece pollo, pero Jack Bauer dice que es ternera. No lo dudes, es ternera!!!
Jack Bauer no habla árabe, pero puede hacer que cualquier árabe hable inglés en cuestión de segundos.
1.600 millones de chinos están furiosos con Jack Bauer... Parece una pelea justa.
Los cuatro jinetes del Apocalipsis, originalmente eran cinco. El quinto era Jack Bauer, y decidió ir a pie. 
Si se quedara sin munición durante un tiroteo, Jack Bauer se pondría en la línea de fuego, recibiría tres disparos en el pecho y usaría las balas para recargar su arma.
Nostradamus escribió en su diario: "En la vigésimo primera centuria, el que es conocido como Juan (Jack es el diminutivo de John) salvará el mundo... cinco temporadas de una tacada". Momentos después, Jack Bauer echó la puerta abajo, disparó a Nostradamus en las rótulas y le gritó: !!!¿PARA QUIÉN TRABAJAS?!!!
Jack Bauer podría salir de la isla de “Lost” en 24 horas.
Jack Bauer duerme con una pistola debajo de la almohada, pero podría matarte sólo con la almohada.
Un francés, un inglés y un español entran en un bar... y Jack Bauer va a averiguar por qué.
Jack Bauer eliminó la tecla "escape" de su teclado. No le gusta huir como un cobarde de los problemas.

miércoles, octubre 10, 2012

Community: Aquellos locos chalados y sus grupos de estudio

Jeff Winger (Joel McHale) es un joven abogado que lo tiene en la vida: un trabajo acomodado, un físico que le convierte en el centro de atención de cualquier fémina y un tren de vida como el que cree merecer. Desgraciadamente toda su vida se basa en una mentira que aparece a la luz de forma anónima en su bufete: Winger mintió y su título es falso. Para recuperar su identidad Jeff decide matricularse en una universidad comunitaria, y más concretamente la de Greendale, una auténtica casa de locos con limitaciones presupuestarias y la más estrafalaria comunidad de alumnos que uno pueda echarse a la cara. El lugar perfecto para que Jeff Winger encuentre a otros que, como él, buscan una nueva oportunidad en su vida.



Britta Perry (Gillian Jacobs) es una antigua anarquista que intenta esconder bajo una pose de modernidad y fortaleza todas sus carencias personales, lo que la llevará a estudiar psicología, quizá para tratarse ella misma en primer lugar. Abed Nadir (Danny Pudi) es un personaje obsesionado con el cine y la televisión como formas de afrontar la vida diaria y soslayar así síntomas que podrían acercarse a los del autismo. Capaz de convertirse en Batman, Alien o el Doctor Who, Abed encuentra más real su imaginación que la vida misma. Troy Barnes (Donald Glover) viene directamente del instituto, donde era el tipo más popular. Deportista de éxito, atractivo para las chicas, sabedor de ser un tío molón, Troy ha desarrollado una personalidad narcisista que le dificulta el acercamiento a otras personas como Annie Edison (Alison Brie), compañera de estudios con la que no cruzó una palabra durante años, obsesiva compulsiva, adicta al éxito académico y a las pastillas y obsesionada por sentirse bien consigo misma.



Destacando del resto en edad está Shirley Bennett (Yvette Nicole Brown), mujer divorciada, madre soltera, que busca encontrar en los estudios un nuevo sentido a su vida. Pierce Hawthorne (Chevy Chase), gerente y heredero de la empresa y fortuna de Toallitas Hawthorne es un insufrible ejemplo de prejuicios raciales, machistas, clasistas y sexuales que busca desesperadamente encajar en un grupo humano que le admire y acepte. Todos ellos coincidirán en la clase de castellano del señor Chang (Ken Jeong), un profesor irascible y extraño que hará la vida imposible a sus alumnos con sus invectivas e impertinencias. Para superar la asignatura con éxito se formará un peculiar grupo de estudio que se reunirá a diario en la biblioteca para estudiar y practicar la asignatura. Formado por Jeff, Brita, Abed, Troy, Annie, Shirley y Pierce, dicho grupo pronto establecerá unos lazos más allá del mero compañerismo y encontrarán en el resto la auténtica fortaleza para afrontar todos los problemas y superar todas las situaciones que se les presenten, desde apocalípticas partidas de paintball hasta bancarrotas momentáneas, brotes de epidemia zombi, secuestros en el interior de simuladores espaciales o pérdidas personales.


Pero hay muchos otros miembros de la comunidad universitaria de Greendale que merecerían ser destacados. Sin duda por encima de ellos estaría el Decano Craig Pelton (Jim Rash), un ser ambiguo y melancólico con tendencia a disfrazarse de forma extravagante y a tocar los pectorales de Jeff Winger, por el que siente una particular devoción. Entre el alumnado encontraríamos seres de la más diversa y estrafalaria calaña, como el malhumorado anciano Leonard (Richard Erdman), un eterno malhumorado con un blog dedicado a reseñar productos alimenticios; Patillas de estrella (Dino Stamatopoulos), camello y afable compañero al que nadie conoce por su nombre o Rich (Greg Cromer), un médico odiosamente atractivo y bueno en lo que hace que se convierte en el anti-Winger.


Community ha sido, hasta el momento, mi descubrimiento televisivo del verano, y la serie que me ha permitido tapar el hueco en mi parrilla de telecomedias particular hasta que BBT o CCAVM acumulen una nueva temporada para visionar del tirón. Hasta el momento, esta serie creada por Dan Harmon ha contado con tres temporadas, y ya se ha anunciado la grabación de una cuarta, con la mitad de capítulos, aunque al parecer se han ido posponiendo las fechas de grabación de la misma. No pinta demasiado bien para una serie que ofrece todos y cada uno de los ingredientes por los que convierto un show de televisión en parte de mi bagaje sentimental y cultural, al nivel de otros hitos ya suficientemente ponderados por aquí como fueron Spaced y The Office, componiendo con las anteriores una particular trilogía que vendría a establecer que la familia del siglo XXI estaría formada no sólo por familiares directos, sino por amigos, compañeros de trabajo y compañeros de estudio. Y dos cosas. a) Si no reconocen la cita, directamente están suspendidos. Y b) A partir de ahora trataré de explicar de manera más extensa qué quiero decir.


Al tratarse de una serie coral, resulta sumamente importante equilibrar el peso de sus protagonistas, repartiendo la carga cómica e interpretativa de cada capítulo entre todos y cada uno de ellos y procurando que cada cierto tiempo el argumento de un capítulo en concreto se centre en alguno de ellos. Partiendo de los clichés que describen a cada uno de los personajes la serie juega con los mismos y los hace evolucionar, los altera, o directamente los dinamita, como es el caso de la inicial atracción de Jeff por Britta que podría haber derivado en la típica fórmula romántica de una telecomedia pero que aquí además de proporcionar unos cuantos capítulos cómicos de altura permite que ambos personajes prosigan su andadura vital en la serie. Quizá sea Abed el protagonista fundamental en la sombra, no sólo por el peso que adquiere en la serie sino porque a través de él se transmiten una serie de referencias metalingüísticas en las que el personaje reflexiona sobre los eventos de la propia serie, comparándolas con otras series o películas o definiendo la fórmula empleada en el capítulo en cuestión.


A nivel formal nos encontramos con una serie ciertamente revolucionaria, ya que en pocas ocasiones, tratándose de una serie de imagen real, he visto algo como lo que ofrece Community. A lo largo de sus más de sesenta capítulos ha ofrecido temáticas de cine postapocalíptico, western, parodias cinematográficas (zombies, cine de animación navideño, cine de gángsters), documentales recreando acontecimientos significativos de Greendale, e incluso la mímesis de un videojuego de 8 bits con personajes modelados a imagen y bit de los protagonistass -olvido imperdonable que edito añadiendo el enlace al video que muestra la pantalla de inicio- y en todo momento logrando que cada uno de esos capítulos resultara no sólo convincente dentro del género elegido para narrar la historia sino coherente con el tono cómico y surrealista de la serie y con el modo de incrustar a los personajes en un documental, en un capítulo de muñecos de plastilina animados o en una parodia del cine de terror o de Uno de los nuestros.


Al final, vista en conjunto, y con un capítulo final de tercera temporada que bien podría suponer el final de la serie dando su particular momento de gloria y cierre a cada uno de los personajes principales de la misma, lo que logra Community es un triple objetivo. Por un lado establecer una comunicación cómplice con el espectador en base a las decenas de referencias que pueblan cada capítulo dedicadas a iconos del cine y la televisión, con especial cariño y fidelidad al mundillo friki y a los géneros de derribo -series b, z y subproductos incluso inferiores que acaban adquiriendo status de culto entre los aficionados-. Por otro divertir genuinamente, con unas situaciones cómicas que provocan desde la sonrisa incipiente a la carcajada sonora -y no me resisto a cerrar este post con mi gag favorito, que casi me hizo caerme del sofá mientras lo veía-. Y finalmente, establecer unos lazos de profunda empatía con unos personajes difíciles, cada uno de ellos con su tara emocional adquirida pero siempre buscando una solución, una salida o una atenuación de la misma, y encontrando en sus compañeros el bálsamo necesario para apaciguarla en muchas ocasiones.


Empezamos casi sin querer con la primera temporada y hemos ido descargando de manera agónica los seis últimos capítulos, emitidos de manera semanal, hasta disfrutar de una conclusión que, como debe ser, nos deja con ganas de más, a la espera de esa hipotética cuarta temporada o de una futura revisión. Yo, por si acaso, atesoro en mi disco duro los cuatro o cinco capítulos que espero revisar un par de veces más en breve. Y es que créanme que esta serie lo merece. Y ahora sí, les dejo con el gag acerca de lo más peligroso que uno se puede encontrar en medio de un brote zombi...


domingo, marzo 04, 2012

Chuck: Hasta la vista, baby

Como avanzaba, aquí se acaba el repaso a Chuck (2007-2012), la serie creada por Chris Fedak y Josh Schwartz amparados por la producción del director McG y que pretendió desde el primer momento crear un sólido entretenimiento televisivo para un público joven, no necesariamente juvenil, centrado en las andanzas de un chaval normal de treintaitantos que acaba metido en un tinglado de espionaje internacional y cómo su vida pasa a ser controlada por dos agentes de la CIA, con uno de los cuales acabará teniendo una relación sentimental. A grandes rasgos la serie se podría definir como Alias pasado por un tamiz de comedia romántica, una serie intrascendente, procedimental, sin grandes aspiraciones y con un protagonismo coral que permitía abarcar varios campos. ¿Porqué después de esas cinco temporadas siento que he perdido algo, tras ver el último capítulo de la misma? Pues se lo voy a tratar de explicar.


1. Frikis como nosotros

No hace falta que mencione la gran comedia televisiva sobre frikis que arrasa en la actualidad, serie divertida, con grandes dosis de frikismo geek nerd concentrado y uno de los personajes más irritantes y detestables de la pequeña pantalla cuyo nombre comienza por S. Muchos la vemos, y nos reímos con ella, pero la verdad es que el retrato que se hace del mundillo es un poco a la vez tópico, exagerado y deformado. Unas veces te identificas y otras te quedas parado pensando ¿así es cómo el mundo en general nos ve a los -por usar el término- frikis? ¿así de absurdos parecemos los que leemos comics, jugamos a videojuegos, somos fan de Star Trek? ¿así de risibles? Y frente a ese retrato exagerado, deformado, como planteado como escenario para desarrollar una telecomedia, nos encontramos con Chuck Bartowski y su amigo Morgan Grimes. Leen comics desde el instituto, adoran el cine de ciencia ficción, hacen maratones de trilogías -ya saben, la única, la de Indy, la del DeLorean, la de McClane-, se pegan maratones de juego para terminar el CoD, y todo ello sin aspavientos, haciendo hincapié en los elementos de comedia que todo el mundillo propicia -que son muchos- pero sin caer en la farsa ni en ridiculizar unos gustos que a veces pueden ser considerados marginales o minoritarios. Y esos elementos, véase la pasión de Chuck por los comics de Brian Vaughn, por Star Wars, por la ciencia ficción, van apareciendo imbricados en las tramas, en los diálogos, convirtiéndose en un elemento orgánico más de la serie. Tanto es así que Chuck, la serie, se convirtió en un elemento altamente apreciado por los fans en los paneles de la Comic Con de San Diego, presente en la pared de la habitación del personaje con un poster de la misma, tanto por la participación de los actores, como por los guiños a los seguidores o las actuaciones en vivo de Jeffster. Personalmente me sentía totalmente cómodo en cualquiera de esas conversaciones entre Morgan y Chuck, casi como si me estuviese tomando unas cervezas con ellos poniendo a parir a Jar Jar Binks o hablando del próximo lanzamiento del CoD: MW II.


2. Todos somos familia

Chuck es la historia de un friki pero también lo es la de su familia, tanto la sanguínea como la extensiva a su mejor amigo y más tarde a su equipo, el equipo Bartowski. Pocas veces he visto un reparto que encajara tan bien, incluso tratándose de arquetipos típicos, y que acabaran desarrollando una química tan entrañable. La genuina preocupación de Sarah, la hermana atenta, cariñosa y sensata, apoyada en todo momento por Asombroso, el novio perfecto a todos los niveles, pero que encima es buena persona, no solo es creible, sino que evoluciona de forma natural a lo largo de las cinco temporadas, hasta el punto de quedarte la sensación -tras dos bodas, un funeral y un nacimiento- de que eres un primo lejano que de cuando en cuando se deja caer por el peculiar microcosmos Bartowski a compartir una comida señalada. Si la familia directa es importante, no lo es menos la familia del siglo XXI, los amigos, las personas que te conocen mejor que tú mismo y que están a tu lado, a veces no tan a menudo como te gustaría, pero siempre en el momento en que más los necesitas. Y ahí se puede decir que tanto Morgan como Casey dan el nivel hasta el final, arriesgando vidas, empleo y posición más allá del deber siempre que la vida o la seguridad de uno de sus amigos o familia estuviera en peligro, llegando a hacer verdaderas barbaridades a vida o muerte -y pienso en Casey y en su duelo mexicano de la última temporada-.



3. El Compramás, esa casa de locos

Los trabajos suelen dar mucho juego: jefes, compañeros raros, ascensos o traslados suelen suponer transtornos en la vida de cualquiera. Y cuando llevas una doble vida y tu curro de mentira para aparentar está en la planta de arriba y tu trabajo de espía lo desarrollas en el sótano secreto del Compramás, los problemas se multiplican por diez. A eso hay que sumarle la arrolladora presencia del jefe del centro, un Big Mike más grande que la vida, capaz de darte un abrazo de padre o de echarte un puro de suegra sin torcer el gesto, y luego darte el consejo que te puede cambiar la vida, o la presencia de dos de los elementos más repulsivamente divertidos de la serie, Jeff y Lester, Lester y Jeff, conocidos para los amigos como Jeffster, arteros, egoístas, extravagantes, interesados, patosos... Y aún así, en el fondo de todo, no necesariamente malas personas. El retrato de una corporación de centros de venta de electrónica equivalente a lo que aquí sería el Mediama+++, con sus estrategias de promoción, su plantilla basura o su rivalidad con otros establecimientos de la zona ha sido una de las mejores fuentes de comedia de la serie, y al final, hasta a esa gente sabes que la vas a echar en falta.


5. Tu cara me suena...

Toda serie que se precie cuanta con la participación de actores conocidos ya sea en papeles de secundario recurrente o interpretando un papel episódico. Chuck ha volado muy alto en ese aspecto, y sin ánimo de ser exhaustivo, ya que seguramente me dejaré a alguien, me gustaría reflejar algunos de los actores que han sabido tomar a chufa su caché y su carrera (¿eh, Bo Derek?) o que han aportado su granito de arena en esta trama de comedia romántica de espías con pequeñas o medianas pero siempre jugosas interpretaciones: Tony Todd, Michael Clarke Duncan, John Larroquette, Nicole Richie, Tony Hale, Jordana Brewster, Morgan Fairchild, Bruce Boxleitner, Gary Cole, Michael Rooker, Reginald Veljohnson, Dominic Monagahn, Jenny McCarthy, Arnold Vosloo, Tricia Helfer, Chevy Chase, Scott Bakula, Vinnie Jones, Armand Assante, Brandon Routh, Kristin Kreuk, Cristopher Lloyd, Dolph Lundgren, Linda Hamilton, Lou Ferrigno, Eric Roberts, Robert Englund, Timothy Dalton, Richard Chamberlain, Summer Glau, Lou Diamond Phillips, Mark Hammill, Jeff Fahey, Carrie Ann Moss, Rebecca Romjin y Angus McFayden. Si la mayoría de estos nombres no aparece ligado a uno o más proyectos de género y en muchos casos a un personaje concreto al que se le asocia de forma indisoluble me como el sombrero que llevé ayer noche.


6. Más que pastiche, crossover genérico

Este es quizá el elemento que más ha descolocado progresivamente a la audiencia, hasta quedar reducida al puñado de fieles que la apoyaron desde un primer momento y contribuyeron a mantenerla en antena pese a las continuas amenazas de cancelación. Un capítulo podía empezar con un suave toque de comedia de enredo y farsa de personajes para introducir un conflicto emocional potente en varios personajes, evolucionar hasta un punto de impacto lleno de tensión y acción en el que además se mantenía todo lo anterior y finalizar con un suave tono de comedia familiar. Eso si no mencionamos los finales de temporada en los que los puntos b y c se multiplicaban exponencialmente y podías estar riéndote a carcajadas para encontrarte en la siguiente escena con un personaje literalmente muerto de la peor manera posible y con una intensidad dramática brutal, al nivel de cualquier fin de temporada de Alias, sin ir más lejos, y pienso sobre todo en el final de la tercera. Normalmente, y pienso en la audiencia hablando desde mi propia experiencia, el público prefiere una serie plana, en la que se toca un registro único mantenido a lo largo de la misma. Cuando se da con el concepto, por ejemplo CSI, la serie está vendida. Adereza el género principal con las consabidas interrelaciones personales y tendrás un producto que se mantendrá lustros en pantalla. Algo similar a lo acontecido con Chuck le ocurrió a Perdidos, que fue perdiendo espectadores conforme el pastiche genérico se fue destapando poco a poco, y muchos se cayeron del burro cuando el drama de personajes aderezado con intriga se convirtió en una serie de acción, luego en otra de ciencia ficción y finalmente en una de fantasía casi metafísica. Quizá si Chuck se hubiese centrado en mantener unas coordenadas genéricas más definidas y ceñirse a ellas habría mantenido a esa audiencia normal que fue abandonando progresivamente la serie. O no, que ejecutivos tienen las cadenas yanquis, oigan.




7. Cuando un geek conoce a una espía

Ya acabo, perdonen ustedes el entusiasmo y la extensión, pero es que para mí no es para menos. Llego al quid de la cuestión, al meollo del asunto, al corazón de la serie, que es el corazón de Chuck Bartowski. En realidad Chuck no ha ido de espías, ni de organizaciones criminales secretas, ni de frikis. Chuck nos ha contado la historia de cómo un muchacho rondando la treintena, sin saber muy bien qué hacer con su vida se metió en un problema que le permitió conocer a la mujer de su vida, a la chica que le robó el corazón y el alma desde el primer momento en que la vio y cómo, contra todo pronóstico y obviando las dificultades, consiguió despertar en ella unos sentimientos similares que fueron fraguando en una relación sincera, adulta y comprometida. Al final, Chuck nos contó una historia de amor, y nosotros nos la tragamos desde el primer minuto hasta el último. Que os vaya bonito, chicos, os lo merecéis.

viernes, marzo 02, 2012

Chuck 3.0-5.0: El Geek que enamoró a la espía

Hace la friolera de dos años les decía que Nos vemos en unos meses comentando Chuck 3.0. Entre pitos y flautas fui dejando pasar la oportunidad de comentarles la tercera temporada, y ahora, en apenas tres meses, nos hemos zampado los 35 capítulos de las dos últimas temporadas de la serie, los 13 últimos ya en versión original incapaz de esperar al doblaje español y evitando por todos los medios leer cualquier tipo de destripe sobre el final de una serie que me ha gustado como pocas. Quería dividir en dos entradas el repaso argumental a las tres temporadas finales, y posteriormente repasar una serie de aspectos sobre la misma como serían el genuino sentimiento friki de sus personajes, las estrategias comerciales y de promoción de la serie, la abultada lista de cameos a lo largo de sus cinco años de emisión. Lo cierto es que Blogger me ha jugado una pésima jugada, y he perdido la primera de esas entradas, que me toca rehacer ahora mismo sobre la marcha. Esperemos que me acuerde de todo aquello que quería contarles...


Chuck 3.0: Chuck vs. Superman

Chuck es ahora un intersect humano en todo el sentido de la palabra. Más que la base de datos de la CIA se ha convertido en una suerte de espía definitivo, con habilidades en prácticamente todas las disciplinas del espionaje que le convierten en un valioso activo de campo. Para apoyar al equipo Bartowski, formado por Chuck (Zachary Levi), Sarah (Yvonne Strahovski) y Casey (Adam Baldwin) la CIA destaca al agente Shaw (Brandon Routh), un superespía que les ayudará a desentrañar la red criminal conocida como el Anillo, que estaba en la sombra tras las acciones criminales de FULCRUM y que parecía haber movido los hilos desde un principio.


Intentando lidiar con los cambios en su vida, con la vida de recién casada de su hermana Ellie (Sarah Lancaster) con Asombroso (Ryan McPartlin) y con el loco trabajo del Compramás, lo último que necesita Chuck es verse cuestionado sobre el terreno por un agente mejor que él con una extraña relación con Sarah entre la admiración y la atracción y unas raíces en el pasado de explosivas consecuencias para todos ellos. Tampoco necesita que su padre, Stephen (Scott Bakula) intente por todos los medios eliminar de la vida de su hijo la maldición del Intersect, justo en el momento en que más inseguro se siente Chuck por su relación con Sarah y cuando las actividades del Anillo pondrán en serio y continuado peligro las vidas de Chuck y de todos sus seres queridos.


Chuck 4.0: Chuck vs. James Bond

Tras los dramáticos sucesos vividos por todos llega una sorprendente revelación. Mary Bartowski (Linda Hamilton), la madre de Ellie y Chuck sigue viva, aunque trabaja para Industrias Volkoff, un conglomerado de traficantes y desarrolladores de armas de última generación que ha volado bajo el radar durante décadas y que ninguna agencia de inteligencia del mundo ha sido capaz de desentrañar. En una aventura más internacional y peligrosa que nunca, el equipo Bartowski volará a lo largo y ancho del planeta desentrañando las operaciones orquestadas por Alexei Volkoff (Timothy Dalton) un elegante pero letal hombre de negocios y criminal con unos peculiares valores sobre la familia y la forma de llevar su "empresa".


Recuperar a su madre, desmantelar el imperio criminal de Volkoff, asumir la maternidad de Elli y definir de una vez por todas su relación con Sarah puede ser algo demasiado difícil hasta para un Chuck que llevará hasta el límite sus habilidades, su resistencia y su capacidad de entrega hacia los demas. Ayudado como no podía ser menos por su inseparable amigo Morgan (Joshua Gomez) y con el inestimable apoyo de Walker y Casey afrontarán todo lo que Volkoff o el gobierno les ponga por delante.


Chuck 5.0: Chuck vs. el Intersect

La intervención del agente Decker (Richard Burgi) ha vuelto el mundo de Chuck patas arriba. Despedido de la CIA, el equipo de Bartowski se reconvierte en Carmichael Industries, una empresa de seguridad y asesoramiento para manejar aquellas situaciones que se escapan de la normalidad en el mundo corporativo o industrial. Pero ni siquiera en el sector privado van a poder llevar una vida tranquila, y la competencia con una compañía rival será feroz, tanto como su directora, la antigua espía Gertrude Verbanski (Carrie Ann Moss), con la que Casey tuvo un encontronazo en la década de los 80.


Se acerca el final del camino y todos parecen ser conscientes de ello. Las últimas últimas misiones se suceden, mientras las versiones del Intersect comienzan a fallar, a corromperse y a borrar la memoria de sus poseedores y un definitivo actor entra en escena, el hombre para el que fue diseñado originalmente el Intersect, alguien que no se detendrá ante nada para recuperar lo que considera legítimamente suyo.


Y con este pequeño repaso, que he escrito de memorieta dos veces y en el que he intentado ofrecer un vistazo general a los 63 capítulos que componen las temporadas 3 a 5, me gustaría dejar saldada la mitad de la deuda con una serie que me ha regalado grandísimos momentos de diversión y emoción, a un nivel quizá un par de peldaños por debajo de Perdidos o Galactica -sin dudarlo mis series recientes predilectas- pero al mismo nivel en que pudieron hacerlo en su momento series como Alias, 24, House o Dexter. Para mañana les dejo esas consideraciones personales sobre la serie, el repaso a los cameos y la búsqueda de una posible explicación a la paulatina pérdida de interés y espectadores que acabaría con la cancelación de la serie.

sábado, julio 09, 2011

The IT crowd: Los informáticos sueñan con usuarios eléctricos

La megacorporación Reynholm Industries busca un nuevo encargado para su departamento de informática. Para un puesto tan complejo y delicado se requiere una persona altamente cualificada y con mucha experiencia, y el proceso de selección corre a cargo del excéntrico, excesivo y algo tarado presidente de Industrias Reynholm, Denholm Reynholm (Chris Morris). Una de las candidatas es Jen Barber (Katherine Parkinson), joven dinámica londinense que ha hecho algo muy habitual con su currículo, mentir como una bellaca y exagerar sus aptitudes laborales. Dado que sus habilidades incluyen aparentemente conocimientos de informática y manejo de ordenadores (aunque apenas sepa encender uno y manejar algo más que su correo y el navegador) y que Reynholm apenas sabe algo más que ella de computadores Jen acaba convertida en la directora del deportamento de Información y Tecnología de la empresa (IT), un departamente situado en el sótano, en una habitación mal ventilada y habitada por unos seres extraños a los que ella jamás pensó que podría llegar a dirigirles la palabra...


Separados en los dos campos habituales de mantenimiento informático de cualquier empresa que trabaje con ordenadores, el departamento de IT cuenta con dos capaces técnicos informáticos. Encargado de la labor de mantenimiento de sistemas y reparación de equipos está Roy Trennerman (Chris O'dowd), un irlandés de carácter arisco y pendenciero con tendencia a perseguir las faldas de la quinta planta (que no se dignan a mirarle ni siquiera cuando este les arregla el ordenador) y a escaquearse todo lo posible de su trabajo mientras lee tebeos en horas de trabajo y consume toda clase de comida insana, desde pizzas hasta chucherías varias. Su interfaz de comunicación con el resto de la empresa se basa principalmente en dos frases que llega hasta el extremo de grabar en un magnetófono y reproduce cada vez que recibe una llamada de teléfono: ¿Has probado a apagarlo y encenderlo otra vez? y ¿Está definitivamente encendido el ordenador?


Su compañero Maurice Moss (Richard Ayoade) es un genio informático con mayúsculas, un tipo que bebe código, suda programación y cuenta chistes en código binario pero que carece de cualquier tipo de habilidades sociales y mira al mundo exterior como una fuente de problemas, miedos e inseguridades alimentadas por una madre sobreprotectora con la que vive, le compra la ropa y le prepara la comida diaria que consume en el trabajo mientras contempla la pantalla de su ordenador, el único lugar en que Moss es competente, eficaz y brillante.


La llegada de Jen al departamento generará no pocas suspicacias ante su evidente analfabetismo informático, pero pronto los tres compotentes del IT comprenderán que la unión hace la fuerza y que dado que toda la empresa los considera unos bichos raros deberán hacer un frente común y apoyarse entre ellos de la mejor manera posible. En su trato diario harán frente a la ineptitud de los capitostes, a los reveses sentimentales (sobre todo Roy y Jen), a la aparición de un inesperado compañero de sótano, Richmond Avenal (Noel Fielding, empleado caído en desgracia cuando adoptó la estética y la actitud gótica que vigila los servidores como si de un resignado vampiro se tratase) o al súbito cambio de dirección en la empresa que provocará no pocos cambios cuando Douglas Reynholm (Matt Berry) se ocupe de la misma. Douglas, un poco más incompetente que su padre para todo, aquejado de un satirismo galopante y de un talento para desperdiciar el dinero a manos llenas será el último de los escollos que el departamento de IT deberá superar para mantener su trabajo y desarrollar el mismo en condiciones.


La serie Los informáticos, título español para The IT crowd, es una telecomedia británica de libro. Pocos personajes y escenarios, juegos de palabras equívocos, choque de personalidades, disección de la sociedad y de los tipos que muestra y una eficacia en el gag verbal y visual altísima son algunas de sus características. Emitida por el Channel 4 desde el año 2006 hasta el momento la serie ha constado de cuatro temporadas de seis capítulos cada una, aunque el éxito de la misma ha permitido que se encargue una quinta temporada (que servidor espera como agua de mayo). El talento impulsor de Los informáticos no es otro que Graham Linehan, escritor y director que ha conseguido tres éxitos consecutivos con tres comedias diferentes: Father Ted (protagonizada por tres sacerdotes y su ama de llaves, ahí es nada), Black Books (ambientada en una libreria propiedad de un tipo con malas pulgas, que habrá que intentar ver por algún medio) y esta IT Crowd que hoy nos ocupa. Además del talento de Linehan, la serie se ha beneficiado de contar con un excelente plantel de cómicos y de aprovechar la cantera de Garth Marenghi's Dark Place, serie de la que toma prestados directamente a los actores Matt Berry y Richard Ayoade y que ha contado con la aparición estelar de otros actores de la misma. Curiosamente ha sido Garth Marenghi (Mathew Holness) uno de los pocos actores que todavía no han intervenido en Los informáticos.


Tras terminar de ver Dark Place, que ni de lejos nos haría la mitad de gracia que esta serie, decidimos continuar con The IT Crowd porque le habíamos cogido cierto cariño a los personajes, y poder ver de nuevo a Ayoade y a Berry además de echar unas risas por el camino fue aliciente más que suficiente. Afortunadamente la serie cuenta con un montón de factores para convertirse en una de nuestras preferidas de los últimos tiempos, a saber: glorificación de lo geek/friki hasta límites insospechados tanto en atrezzo como en referencias (convirtiéndose junto a Chuck y Big Bang Theory en parte fundamental de la Santisima Trinidad Friki televisiva), unos personajes con lo que no sólo es fácil identificarse sino encariñarse, una variedad de situaciones cómicas que van desde el gag recurrente al chiste visual absurdo pasando por los diálogos inteligentemente divertidos o las tan habituales situaciones de enredo o equívoco que dan momentos hilarantes. Aún me duele el estómago después de ver el capítulo Work outing, en el que una cita de trabajo acaba de forma catastrófica cuando Moss es confundido por barman de un teatro de ambiente, Roy se hace pasar por paralítico para evitar una situación embarazosa (y generando por tanto otra un millón de veces peor) y Jen le tira los trastos a su compañero hetero que la lleva a ver Gay, un musical gay! y a presentarla a todos sus amigos de la farándula de ambiente. Lo de ese capítulo no eran carcajadas, eran estertores histéricos provocados por cualquiera de las dos primeras situaciones. En resumen, y para no aburrirles en demasía, una recomendación que a buen seguro llegará tardísimo para muchos de ustedes -que ya la habrán disfrutado como se merece- pero que a más de uno le alegrará alguna de estas tórridas tardes veraniegas con una buena y genuina dosis del más puro, ácido y efectivo humor brittish.









Anti pirateria por Verano89

miércoles, junio 01, 2011

Garth Marenghi's Dark Place: Los delirios terroríficos del escritor de peseta

Darkplace narra la toda clase de acontecimientos extraños y sobrenaturales que acontecen en el Hospital Darkplace. Situado sobre las mismas puertas del infierno, engendros, monstruos, seres malditos y contagiosas infecciones amenazarán una y otra vez al cuerpo médico y a los pacientes del hospital, que verán peligrar sus mismas vidas y almas. Afortunadamente para ellos, el Hospital Darkplace cuenta entre sus filas con el doctor Rick Dagless (Garth Marenghi), un veterano de guerra que igual opera a corazón abierto que da consejos a un niño gravemente enfermo que dispara con su magnum a todo engendro que se pone a tiro. A su lado se encuentra en todo momento el también doctor Lucien Sanchez (Todd Rivers), "Sanch" para los colegas, de peinado impoluto, maneras de seductor impenitente y tendencia a sacar su automática para desfacer entuertos. Tan particular fuerza de choque médica contra lo sobrenatural cuenta con un tercer miembro, la doctora Liz Asher (Madeleine Wool), una atractiva rubia con poderes psíquicos intermitentes y tendencia a meterse en problemas. Gobernando ese maremagnum infernal con la mejor de sus disposiciones, toda una retahíla de clichés asimilables a los administradores y una inaudita capacidad como héroe de acción nos encontramos a Thornton Reed (Dean Lerner), cuyo paternalismo hacia Dagless, Sanch y Asher es tan firme como su puntería con la escopeta o su pericia en las persecuciones con bicicleta.


Garth Marenghi's Darkplace es la cuidada emisión de una serie de televisión rodada en los años 80 sobre el material escrito, producido, dirigido e interpretado por Garth Marenghi (Matthew Holness), escritor de best sellers de terror, demiurgo de historias horripilantes en el más amplio sentido de la palabra. Además, para completar su labor polifacética en la serie es el propio Marenghi el encargado de sugerir al compositor la banda sonora silbando las melodías del tema principal. La serie, según su creador demasiado revolucionaria para su época, no llegó a emitirse nunca, salvo en Perú. Rodada con suma precariedad de medios bajo la batuta del avispado y todoterreno productor y actor Dean Lerner (Richard Ayoade), que interpreta al administrador del Hospital y presta su garaje como set de rodaje, la serie fue objeto de una recuperación por parte de la cadena. Para ello, contando con los miembros supervivientes del reparto original, cada capítulo cuenta con una introducción de Garth Marenghi y entrevistas tanto a Dean Lerner como a Todd Rivers (Matt Berry) sobre los entresijos de cada una de las historias recuperadas. Sobre el destino de Madeleine Wool (Alice Lowe) todos corren un estúpido velo del que Lerner parece saber algo más. Vista la reposición de los capítulos, uno se pregunta cómo Perú sobrevivió a la emisión original....


Esto es lo que esconde Garth Marenghi's Darkplace, una serie de televisión de culto que constó únicamente de una temporada sobre una serie de culto ficticia surgida de dos espectáculos teatrales premiados con Garth Marenghi como protagonista y la recuperación que de la misma haría la cadena de televisión Channel 4, productora tanto de la serie real como de la presunta serie de los ochenta recuperada en tan peculiar revival. Empleando el formato habitual de esa clase de montajes restaurados, las escenas de la serie Garth Marenghi's Dark Place se alternan con los planos de los actores de la serie siendo entrevistados y comentando la misma. Las actuaciones lamentables y estereotipadas, los fallos de montaje y continuidad, los diálogos absurdamente trascendentes, los estilemas de la serie que se repiten capítulo a capítulo (los paseos en coche -parado, sobre fondo negro y evidentemente movido por alguien para que traquetee-, el atardecer contemplado por Dagless en el tejado tras cada una de las crisis), la absoluta incapacidad de los actores para interpretar su papel no ya con talento, sino simplemente con dignidad, son elementos que contrastan de forma cruel e inmisericorde con los recuerdos y reflexiones de unos actores que hablan sobre Garth Marenghi's Darkplace como si de un cruce entre Shakespeare y el Hammer House of Horror se tratara.


A la ya hilarante de por sí elaboración formal de una serie que en más de un momento parece directamente sacada de la época que retrata, sumamos las desquiciantes historias que tienen lugar en el Hospital Darkplace y que normalmente suelen resolverse entre tiroteos improbables y sin racord, explosiones imposibles, monstruos monstruosamente... monstruosos y referencias a clásicos del fantástico como El Planeta de los simios (Los monos de la ira), La niebla (Niebla escocesa) o El color que cayó del cielo (El aterrador musgo de las Costas de Shuggoth). La premonición de un gato negro sobre sucesos infernales, una epidemia que involucionará a médicos y pacientes, un retoño monstruoso engendrado por un globo ocular gigante que viola a UN paciente, una maldición escocesa que llega con la niebla para solucionar antiguas afrentas, una infección vegetal alienígena imparable que transforma a sus víctimas en broccoli... Garth Marenghi's Darkplace es un lugar oscuro, tenebroso, muy negro, como la imaginación de Marenghi, la piel de Lerner y el humor que Hoalness, Ayoade y Berry transmiten al espectador.


Emitida en el año 2004 la serie no levantó excesivo entusiasmo entre la audiencia, lo que provocó que no se encargara una segunda parte y el proyecto aparentemente quedara ahí. Pero las benditas reposiciones hicieron que la serie fuera ganando seguidores y logrando un estatus de serie de culto ampliamente extendido. Channel 4 ha hecho extensivo a los autores -Ayoade y Holness- su interés por desarrollar una película, y parte de ese éxito diferido fructificó en una nueva serie de seis capítulos que puede ser considerada un spin off directo de Garth Marenghi's Darkplace, que lleva por título Man to man with Dean Lerner. En ella, recreación de un programa de entrevistas, el incapaz Dean Lerner (Ayoade) entrevista a un personaje diferente cada vez, que es interpretado en todos los capítulos por Holness, llegando a recuperar a Garth Marenghi para tan peculiar -y a buen seguro hilarante- cara a cara.


La serie está disponible en esos lugares infectos y malvados que los ministros de cultura y presidentes de consejos de administración quieren eliminar lo antes posible, y es la única forma de poder ver la serie para aquellos que no dominamos la lengua de Shakespeare. Sinceramente, hace ya unos años que alguien me habló de la serie -creo que el señor Langosta- y tras ver la intro y algunas escenas ya la convertí en uno de esos clichés cómicos de culto a los que soy tan aficionado. Conseguí que un médico se hiciera fan fatal de la misma y no ha sido hasta este mismo año que he podido verla íntegra. No es tan divertida como el siguiente proyecto de Ayoade y Berry -del que próximamente también les hablaré-, pero sin duda ofrece momentos de puro delirio televisivo que arrancarán la carcajada del espectador y no dejarán que la sonrisa y el gesto de incredulidad se borren en prácticamente ningún momento. Agárrense fuerte porque están a punto de visitar un lugar muy feo surgido de la mente de un escritor muy malo... Garth Marenghi's Darkplace...



sábado, marzo 05, 2011

The Office (UK): El infierno está en el trabajo

En el año 2001 la BBC decidió realizar un documental sobre las condiciones de trabajo en una sucursal de una empresa. Escogió la compañía papelera Wernham Hogg y su sucursal de Slough, una pequeña ciudad situada en el sur de Inglaterra caracterizada por su exasperante tranquilidad y su acelerado -y para algunos deshumanizado- desarrollo industrial, reflejados en un poema de John Betjeman (Venid, bombas amigas, y caed sobre Slough/no es lugar para hombres ahora...). El equipo de grabación asistió a cientos de horas de la vida diaria de dos docenas de trabajadores durante un espacio de dos años, y posteriormente regresó para realizar un especial que reflejara donde estaba cada uno de ellos y cómo era su vida en ese momento. The Office es el trocito de realidad en horario laboral de todos y cada uno de ellos.


Al frente de la sucursal de Slough nos encontramos a David Brent (Ricky Gervais), personaje cuando menos peculiar al que se le pueden aplicar todos los adjetivos que empiezan por in- de forma acertada: incapaz, incompetente, indeseable, inasequible al desaliento, inepto... Brent dirige su sucursal desde el convencimiento propio de ser un tipo divertido, alegre, cuyas bromas tienen gracia y cuyas imitaciones son chispeantes, querido y respetado por el personal y admirado por sus superiores. Esa es la imagen que tiene David Brent de sí mismo y la que quiere transmitir al resto de Gran Bretaña a través de la grabación del documental... fracasando miserable, patética, lamentablemente en todos y cada uno de sus intentos. El segundo al mando de la sucursal, de forma oficiosa, sin constancia real y de forma también autoasumida, es Gareth (Mackenzie Crook), un tipo obsequioso que busca la aprobación de Brent en todo momento, le cuenta todo lo que sucede en la oficina y permite que aquel se apropie de sus -pocas- bromas u ocurrencias que tienen gracia. Además de su trabajo como pelota oficial es teniente del Ejército Territorial y adora la vida castrense, algo que le convierte en el blanco idóneo para no pocas bromas acerca de su identidad sexual por parte de otros compañeros.


Tim Canterbury (Martin Freeman) se convertirá en el personaje más positivo del documental de largo. Callado, tímido, trabajador, eficiente, divertido sin pretenderlo y de carácter amigable vive con sus padres a sus treinta años y no termina de tener claro si quiere pasar el resto de su vida vendiendo papel o cursar estudios universitarios. Lo único que tiene claro es que no soporta a su jefe ni a su compañero de espacio de trabajo, Gareth, al que continuamente mortifica con bromas verbales o jugarretas con objetos de trabajo. Su relación con Brent oscila entre el rechazo ante las bromas vulgares y a menudo ofensivas de aquel (racistas, sexistas, machistas) y la pena que le proporcionan sus intentos de no ser rechazado y excluido por sus subordinados. La vida de Tim sería un infierno todavía peor de no ser por la presencia de Dawn Tinsley (Lucy Davis), eficiente secretaria y recepcionista que se convierte en la compañera perfecta de esas pequeñas bromas de oficina y la cómplice ideal para evitar con pequeños comentarios jocosos y miradas de camaradería el infierno del tedio diario y la monotonía absolutas que reinan en Wernham Hogg. El problema para ambos es que quizá en esas miradas y en esa camaradería vaya gestándose algo más que una buena relación de trabajo.


Junto a ellos encontramos un heterogéneo y nutrido catálogo de trabajadores que nos muestran, en horario de oficina, lo mejor y lo peor del comportamiento humano. Lee (Joel Beckett) es el banal y poco emotivo novio de Dawn, presencia intimidadora para Tim y representante perfecto del ambiente en el almacén, más de la calle que el que reina en la oficina. Chris Finch (Ralph Ineson) es el comercial de la sucursal, un vendedor con labia, soberbio, rudo, abiertamente desagradable, al que Brent considera su mejor amigo pese a ser el objetivo de prácticamente todas sus bromas y desprecios. La cúpula directiva de la compañía estará representada por Jennifer (Stirling Gallacher), la fría, eficiente, correcta delegada de Wernham Hogg que soporta incrédula muchas de las bromas groseras de Brent a la vez que asiste incrédula a sus actos de incompetencia supina, y por Neil (Patrick Baladi), la contrapartida luminosa de Brent: tipo brillante, encantador, divertido, con éxito a nivel laboral y personal, genuinamente preocupado por sus empleados y querido por estos. Todo ello, por supuesto, lo convertirá en el enemigo absoluto de David Brent, en su némesis. Pero en ese retrato de oficina con curritos al fondo hay muchos otros personajes que tendrán su momento de gloria frente a la cámara: el "gran" Keith (Ewen Macintosh), con su mutismo diario y su casi grosera franqueza cuando se decida a hablar; Ricky (Oliver Chris), recién graduado que se topa con la cruda realidad en su primera experiencia laboral; Malcolm (Robin Hooper), perro viejo de oficina que conoce a Brent como la palma de su mano y está eternamente preocupado por no convertirse en una "redundancia" (curiosa forma de llamar a los despidos) para la empresa...


The Office consta de catorce capítulos emitidos por la BBC entre 2001 y 2003, doce de ellos de media hora de duración divididos en las dos temporadas de las que consta la serie y dos especiales navideños de cuarenta y cinco minutos que cierran la historia de ese particular mini universo laboral. Pese a que en su momento la serie no contara con buenos índices de audiencia, quizá porque de buenas a primeras la serie no "entra" bien por su mirada descarnada a una realidad demasiado cercana y real para muchos espectadores o por la ruptura con las convenciones formales de la telecomedia (falso documental sin risas enlatadas), con los años ha ido ganando una más que merecida consideración de serie de culto avalada por numerosos premios y por versiones autóctonas de la serie en numerosos países, entre ellos Francia, Alemania, Brasil o Israel. En el año 2005 se iniciaba la exitosa y homónima versión yanqui, con Steve Carell y Rainn Wilson como rostros más reconocibles, que aún permanece en antena.


Los talentos creativos detrás de esta joyita de la televisión reciente, y una de las disecciones más incisivas, crueles, acertadas e irónicas del mundo laboral en el seno de una empresa, son Ricky Gervais y Stephen Merchant, que escriben y guionizan todos y cada uno de los capítulos de la serie y el primero de ellos, además, encarna a uno de los más despreciables y patéticos seres que he tenido la ocasión de ver en años, David Brent. La excelente simbiósis artística entre estos dos cómicos se extendió a proyectos ulteriores como The Ricky Gervais Show (podcast grabado junto a Karl Pilkington que se convirtió en uno de los más oídos y descargados de la historia) o la serie Extras -uno de mis próximos objetivos- en la que ambos actores reflejan las miserias y aspiraciones de ese sufrido y a veces invisible colectivo de actores.


Mi historia personal con esta serie resulta curiosa. En su momento -2002- la conseguí vía burrito, subtitulada, e intenté verla, pero el formato me desconcertó profundamente. Esas entrevistas con los protagonistas, la ausencia de risas -algo que hoy no sólo agradezco sino que demandaría en todas las series-, la escalofriante veracidad y verosimilitud de tipos y situaciones me sacaban continuamente de la serie y ni siquiera terminé de ver un capítulo entero. Tuvieron que pasar unos cuantos años y animarme a ver Arrested Development, con la que comparte aspectos formales y cafrerío devastador, para darle otra oportunidad a una serie que siempre estuvo esperándome ahí, para convertirse, junto a Trabajo Basura y El club de la lucha, en mi otra referencia de auto ayuda personal para entrar cada mañana en mi espacio de trabajo, fichar y soportar esas siete u ocho horas diarias de pedacito de árido desierto vital en el que el infierno, además de los otros, puede acabar siendo uno mismo.


miércoles, diciembre 08, 2010

Los Muertos Vivientes: El inicio del viaje

Rick Grimes (Andrew Lincoln) es oficial de policía en la pequeña localidad de Cynthiana, Kentucky. Entre bromas y charlas con su compañero y amigo Shane Walsh(Jon Bernthal) reciben la llamada del deber, un coche a la fuga cuyos componentes están armados y son peligrosos. La pareja emprende la persecución y tras interceptar el vehículo se entabla un tiroteo del que Rick saldrá gravemente herido. Trasladado al hospital y sedado Rick despierta después de un lapso indeterminado de tiempo para encontrarse solo, desorientado y rodeado de un caos repleto de muerte y destrucción. El mundo se ha ido al garete mientras Rick estaba en coma...


De regreso a su hogar, también vacío y abandonado, Grimes conoce a sus nuevos vecinos, un padre y su hijo que han ocupado la casa contigua y que le desvelan la aterradora nueva realidad. Por causas desconocidas los muertos vuelven a la vida y caminan incesantemente atendiendo a la atávica e insaciable necesidad de alimentarse... con carne humana. Un mordisco es fatal al transmitir el mal de los caminantes, y un grupo numeroso de muertos vivientes puede ser una trampa mortal de la que resulte imposible escapar. Rick intenta asimilar ese escenario al tiempo que decide acudir en busca de su mujer y su hijo.


Por su parte, Lori Grimes (Sarah Wayne Callis) y Carl (Chandler Riggs), la familia de Rick, están con un grupo de supervivientes liderado por Shane, un variopinto grupo en el que destaca el sensato y comprensivo Dale Horvath (Jeffrey deMunn), la decidida y resuelta Andrea (Laurie Holden) y Glenn (Steven Yeun), un muchacho lleno de recursos que resulta vital para la supervivencia del grupo por sus habilidades a la hora de manejarse en entornos llenos de caminantes. La búsqueda de uno y las necesidades de los otros acabarán confluyendo en una Atlanta devastada y atestada de muertos vivientes. Quién vivirá y quién morirá en un mundo que ya nunca más será el que fue y en el que los días pasados resultan una burla por la mortal e inmisericorde nueva realidad será tan sólo una de las preocupaciones que nuestros protagonistas deberán afrontar todos y cada uno de los días del resto de su vida, una vida corta y brutal que les conducirá a un fin inevitable en medio de una gran agonía (Jenner dixit).


Nos encontramos ante uno de los fenómenos televisivos de la temporada, una cuidada producción basada en el cómic homónimo que desde el primer momento atrajo gran atención mediática y que se ha confirmado como un éxito sin paliativos, tanto de crítica como de público, lo que ya le ha garantizado una segunda temporada con el doble de episodios. El encargado de impulsar el proyecto y darle forma ha sido el escritor y director Frank Darabont, cineasta con gran amor por las historias de género y con gran habilidad a la hora de desarrollar historias de personaje que nos ha dejado obras como Cadena perpétua, La milla verde o La niebla. La implicación de Darabont ha sido muy importante para la culminación del proyecto, pues a sus labores de producción (que han otorgado un plus de calidad a la serie) hay que sumar la dirección del primer capítulo y la coescritura de los tres primeros. En este aspecto cabe señalar que Robert Kirkman, padre del invento, es el encargado de escribir en solitario el cuarto episodio.


Además de su habitual sello de calidad, Darabont ha aportado a la serie algunos rostros reconocibles y habituales en su filmografía para complementar a los protagonistas, Lincoln y Callis, ambos con sólidas trayectorias en televisión (Las voces de los muertos, Prison Break) y que ofrecen un potente retrato de la pareja protagonista. Así, DeMunn y Holden han colaborado ya en The Majestic y La niebla, mientras que el primero también participó en Cadena Perpetua y La milla verde). Un cast de lujo para una serie de televisión al que hay que sumar las apariciones estelares con papeles de peso de actores como Michael Rooker, Norman Reedus o Noah Emmerich.


Pero en una producción de estas características la otra estrella es sin duda la ambientación, el encargado de hacernos creer que los muertos caminan y que un bocado de sus pútridas fauces nos llevará al otro lado de forma irremediable, algo a lo que contribuye con su legendario buen hacer Greg Nicotero y su equipo de especialistas de maquillaje. El último apartado artístico de esta primera temporada que me gustaría destacar es el de la banda sonora, que cuenta con el talento de Bear McCreary para orquestar una banda sonora tensa, angustiosa por momentos y con una capacidad para crear estados de ánimo entre la melancolía y la tristeza verdaderamente notable y que nos recuerda algunos de sus mejores momentos en Battlestar Galactica.


Por ir resumiendo, nos encontramos ante un gran arranque de una serie de televisión que por el momento tiene ante sí un gran futuro y muchas posibilidades. Ha atraído la atención de miles de espectadores que nunca habrían considerado ver una peli de zombies y para los que el gore de ciertas escenas pueda resultar excesivo, sin descuidar a los seguidores hard de la serie de comic que encuentran los suficientes elementos en la adaptación como pare reconocer a los personajes que ha aprendido a querer y apreciar así como las novedades suficientes como para que el visionado de la serie no aburra y se convierta en una transposición literal de la historia impresa. Por mi parte he devorado los seis capítulos en dos sentadas y he encontrado elementos suficientes como para convertir la serie en otra de mis must see para el año que viene. Espero que el amigo Darabont mantenga el tirón y sepa nadar entre dos aguas tan peligrosas como la de los seguidores acérrimos de lo zombi y del comic y las audiencias generalistas. Por el momento, creo que lo ha conseguido.


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