lunes, octubre 17, 2005

Sketch-busters (IV): Dave Dorman (I)

[Siento lo de los numericos, que el asunto ya parece el resultado de un partido de futbol entre aficionados y autores, pero es que así clasifico mejor los articulillos.]

Sicilia, 1912... No, no era eso. Madrid en el 2002, uno de los Expocomic más húmedos que he vivido. Tampoco es que haya ido a muchos, pero así me hago el interesantón. Año más que interesante por la calidad de los autores invitados (Arthur Adams, no digo más. Bueno sí: Chris Warner, Juan Jiménez, Randy Stradley, Ramón F. Bachs. Parecía que andaba por allí medio staff de Dark Horse... Y se cayó del cartel Paul Gulacy, menudo Expocomic habría resultado). El artista sobre el que os hablo hoy, el amigo Dorman, es conocido principalmente por su labor como ilustrador del universo Star Wars y portadista de series como Batman, Aliens, Indiana Jones o, de nuevo, Star Wars. El hecho de que estuviera invitado un autor de su categoria, con un estilo de dibujo muy detallado, casi foto realista, me hizo, de entrada, pensar en que sólo conseguiría firma. Menos da una piedra. Y esto es lo que el amigo Dorman tuvo el detallazo de hacer para los fans que se congregaron en su cola. No es un Picasso, pero a mí me alegró la tarde. Mañana, Dorman II...

sábado, octubre 15, 2005

John Carpenter, de profesión narrador (y V)

Tras 1997: Rescate en Nueva York los grandes estudios se fijan en él para dirigir un proyecto que llevaba años rondando por Hollywood, el remake de The thing... from another world, film de serie B de los años 50 dirigido por Christian Nyby y producido por Hawks, al que Carpenter tenía cierto aprecio. El guión, a cargo del hijo de Burt Lancaster, Bill, se fija más en el relato original en el que se inspiró Nyby que en la película de este. Escrito por John W. Campbell Jr., Who goes there? marcaba el punto de inicio del film de los 50, pero la mayor parte del relato quedaba al margen de lo que la película mostró, un alienígena vegetal patoso y anquilosado que acosaba a un grupo de curtidos soldados en una base polar, con científico desquiciado e historia de amor incluidos. La paranoia o el horror físico que, según dicen ya que no lo he leido, destilaba el relato original brillaban por su ausencia. Y eso es lo que Carpenter pretenderá recuperar en su John Carpenter's The thing.
Una nave espacial entra en la atmósfera terrestre. Fundido en negro. Tras los títulos de crédito un perro corre por el blanco manto de la Antártida, mientras un helicóptero intenta abatirlo a toda costa. El perro se refugia en una base estadounidense, y los noruegos ocupantes del aparato, que llegan a poner en peligro la vida de los americanos, son abatidos ante la aparente irracionalidad de sus acciones. El perro es acogido sin reservas y la cámara, en suaves travellings, recorre el interior de la base, describiendo tanto el espacio físico (pasillos, habitaciones) como el espacio moral (aburrimiento, hastío, roces) del lugar. Con unas escasas pinceladas se nos indica el carácter de cada personaje. En una inspección rutinaria del campamento noruego descubren que está completamente destruido, sus ocupantes muertos. Un hallazgo resulta particularmente ominoso: un bloque de hielo que tenía algo en su interior almacenado. Tras inspeccionar las cintas encontradas en la base noruega, marchan a una excavación, de la que procede dicho bloque, y en la que encuentran una gigantesca nave espacial que lleva millones de años bajo el hielo. Esa noche, alertados por los ruidos de la perrera, los miembros de la misión descubren un horror más allá de su comprensión, el perro recogido ha sufrido una grotesca mutación y ha intentado asimilar a los demás animales... A partir de ahí las sospechas irán pasando de unos a otros, la desconfianza se apoderará del grupo y algo que no es de este mundo intentará transformarlos a todos ellos en algo completamente distinto de la naturaleza humana, algo frío, alienígena y aparentemente imparable.
La película se rodó en Alaska, en condiciones muy duras, y contó con un reparto enteramente masculino, dentro del cual destacaremos a Kurt Russell, Keith David, Richard Dysart o Wilford Brimley. El equipo técnico, soberbio, dotó al film de una factura excelente. Rob Bottin se hizo cargo de los -escalofriantes- efectos visuales de las transformaciones y de las criaturas; Albert Whitlock (un habitual colaborador de Hitchcock) se ocupó de las maquetas y transparencias; Dean Cundey realizó una labor de fotografía tan gélida como las áridas estepas antárticas en las que se desarrolla el film; y Ennio Morricone compuso la banda sonora, tomando como modelo los anteriores trabajos de Carpenter en sus films y empleando una minimalista melodía para sintetizador que marca el pulso de las aterradoras situaciones que el metraje va desgranando. La composición en scope tan habitual en Carpenter sabe aprovechar todo el ancho de la pantalla, ya sea con los planos "de grupo" o aquellos que ubican a los personajes en el exterior, desamparados en mitad del glacial aire antártico. Carpenter supo hacer suyo un guión ajeno, hasta el punto de que ésta sería una de las películas más personales del director, su mejor film sin duda para el que escribe estas palabras y una obra maestra del género.
Ya desde el inicio la irracionalidad se apodera del relato. El aburrimiento se ve roto por acontecimientos cada vez más extraños, más grotescos, que superan la capacidad de comprensión de los ocupantes de la base. A medida que la desconfianza se apodera de ellos, el desconcierto y la incomodidad del espectador crecen. Cualquiera puede ocultar el mal en su interior, aunque ahora la alegoría no sería anticomunista, sino tal vez sobre los males que nos corrompen de forma silenciosa, imparable y sin piedad: el cáncer, el sida, los males del fin de siglo. Incluso, cuando durante el impresionante clímax (subrayado por la música de Morricone excepcionalmente) los supervivientes deciden asumir con entereza su destino y hacer "lo que tienen que hacer", Carpenter filma con cierta épica desesperada sus acciones, retratando el sacrificio heroico de unos personajes tan hawksianos como Carpenterianos, afines a la filmografía de ambos directores. El descorazonador final del film, valiente por su ambigüedad, su nihilismo último, no impidió que este film obtuviera una buena acogida por parte del público, en el mismo año en que se estrenó un film antitético -aunque de igual calidad cinematográfica, añadiría yo- como fue E.T. (El extraterrestre). La crítica fue muy severa con el film, sobre todo por la comparación con el clásico de Nyby y por el despliegue de efectos especiales, sobrecogedores, realistas (aunque por su exceso, rozando los delirios visuales del surrealismo). En su momento se ignoró, o se quiso ignorar, que acaso los momentos más tensos del film no presentaron ningún efecto especial en la pantalla. Ahora mismo recuerdo dos de ellos: el acceso de locura del científico Blair (Brimley), o la escena de la prueba de sangre, prodigio de narración contenida que mantiene en vilo al espectador, atemorizándolo antes de golpearle visualmente con los FX excepcionales (y aún vigentes en estos tiempos de efectos por ordenador) del Sr. Bottin. Durante años se especuló con la posibilidad de una secuela, pero hasta ahora las únicas continuaciones han venido en forma de comic (Dark Horse ha editado tres miniseries) y de videojuego (donde aparecen personajes de la película).
Extraoficialmente, se considera este film como el primero de la trilogía del apocalipsis, junto a Prince of Darkness e In the Mouth of madness, películas sin relación argumental pero que retratan tres diferentes situaciones apocalípticas...
Disfruten John Carpenter’s The Thing... si consiguen mantener la mirada fija en la pantalla.
[Para los fans de la peli recomiendo este frikisitio: http://www.outpost31.com/. Están planeando un viaje al set de rodaje en Canadá. ¡¡Me apunto!!]

miércoles, octubre 12, 2005

Maestro Obi-Wan de la Orden Jedi

Y el que faltaba para el duro. El tercer vértice del triángulo felino, la tercera persona de la Santísima Trinidad gatuna: les presento a todos ustedes a Obi-Wan... Y nosotros que pensábamos que ya se había cerrado el cupo de acogida. No podíamos estar más equivocados. Situémonos en el trabajo. A primera hora de una mañana de verano. Vemos un gatito entre las matas. Le llamamos como solemos hacer con todo gato que se nos cruza por la calle, ese bisbisbis tan de taradín, y en vez de esconderse por si somos una amenaza para él, el tontorrón se nos acerca como un perrillo faldero. Y se queda a la puerta de acceso a las salas de trabajo esperando alguna caricia. Y se llega a colar dentro buscando algo de cariño y encontrando el escándalo y la irritación de estreñidos e histéricas... Hay dos intentos de adopción frustrados, uno a causa de un mastín de 20 kgs y otro a causa de una intensa e inoportuna alergia. Y yo me mosqueo porque con tanto entrar y salir de casas ajenas al final el gato se va a volver loco. Así que, como somos taaaaaan ricos y podemos asumir otra boca más que alimentar, vacunar y cuidar, pues alaaaa, ¡¡¡bienvenido a tu nuevo hogar, Obi-Wan!!!! Patoso como él solo, desgarbado (debe ser uno de los pocos gatos al cual felino no resulta un epíteto, sino un adjetivo admirativo), cariñoso son calificativos que se ciñen como anillo al dedo. La verdad es que el proceso de adaptación fue un tanto lento, y que Leia aún mantiene las distancias con él y no quiere jugar, pero creo que este invierno los tres gatos van a dormir más de una noche hechos un ovillo. Si Amidala deja de dormir en la almohada junto a nuestras cabezas, claro.

lunes, octubre 10, 2005

Sketch-busters (III): Adam Kubert

Uno de los “objetivos” principales del Salón del Comic de Barcelona 2005 era Adam Kubert, para mí el más aventajado de los vástagos del gran Joe. A lo espectacular del dibujo de este hombre se suma el hecho de haber ilustrado algunas de mis historias favoritas, como fue el caso de la muerte de Betty Ross en Hulk, el especial Onslaught Marvel Universe o la miniserie Adam Strange. Más recientemente su labor en el universo Ultimate (X-Men y Fantastic Four) confirma su talento como narrador, y el contrato en exclusiva firmado con DC no hace sino augurar un futuro lleno de historias brillantes y comics memorables (hey, de ilusión también se vive). Para conseguir el sketch hice cola dos días consecutivos, ya que la lentitud y el detallismo con que elaboraba cada dibujo hacía que solo pudiera realizar unos pocos en cada sesión de firmas. Aún así, debo decir que mereció la pena esas horitas de plantón.

sábado, octubre 08, 2005

John Carpenter, de profesión narrador (y IV)

La niebla (1980) -dirección, guión y música- es un cuento de terror a la antigua usanza centrado en la comunidad de Antonio Bay, que en el centenario de su fundación se ve asediada por una niebla sobrenatural que busca venganza por tenebrosos sucesos del pasado. Poco a poco los protagonistas acaban encerrados en la iglesia y en el faro, asedio al que asistimos mediante un ejemplar montaje paralelo, usual en la filmografía Carpenteriana. Esta sugerente película reúne a Janet Leigh con su hija Jamie Lee Curtis, ofrece un protagonismo coral, y unos larguísimos títulos de crédito, que tardaron varios días en rodarse. Toda la película evoca el universo de Poe, como la cita inicial y el prólogo nos recuerdan, mezclando las texturas oníricas de la noche con la inquietante luminiscencia espectral de la niebla, que no anuncia más que el parto antinatural del horror que irrumpe abruptamente en una anodina comunidad de pescadores.
La semana que viene se estrenará en los USA The fog, remake dirigido por Rupert Wainwright y protagonizado por Tom Welling (el Clark Kent de Smallville), Maggie Grace (vista en Perdidos como Shannon) y Selma Blair. Parece que Hollywood ha encontrado un filón de ideas en estos cláscios menores del fantástico de finales de los 70 y comienzos de los 80, mientras que los creadores originales (Tobe Hooper, George Romero o el propio Carpenter) se ven obligados a sacar adelante proyectos modestos e ínfimos con esfuerzo casi sobrehumano.
A continuación llega 1997: Rescate en Nueva York (1981), primera aparición del rudo y parco en palabras 'Snake' Plissken, ex-militar reciclado en criminal y obligado a introducirse contra su voluntad en la isla de Manhattan -reconvertida en prisión- para rescatar al presidente de los USA. Homenajes al "spaghetti western" y más concretamente a Sergio Leone, en la creación de tipos y situaciones, para una película tensa, eléctrica, cínica, con un final amargo (tras un clímax brutal y embrutecido sobre el puente de Brooklyn, donde la lucha por la supervivencia saca lo mejor y lo peor de los seres humanos) que eleva la cinta a la categoría de alegoría crítico-política contra los sistemas autoritarios y deshumanizados. Ejemplo de nihilismo, el parche y la barba de tres días convirtieron a una estrella juvenil de la Disney, Kurt Russell, en uno de los antihéroes de actitud más adusta y recia que han pasado por la pantalla. Poca esperanza queda tras el gesto final de Snake...

miércoles, octubre 05, 2005

La tripulación de la luciérnaga

Yo no soy fan de Buffy. Nunca conseguí entrar en el juego de melodrama adolescente a lo Dawson crece mezclado con vampiros, andanzas sobrenaturales, profecías y puertas al infierno... Y no lo digo con orgullo, lo seguiré intentando. Ante el estreno americano de Serenity, escrita y dirigida por Joss Whedon, e influido por algunos comentarios positivos leídos en la red, decidí ver la serie de la que la película parte, Firefly, otra creación del demiurgo de la cazadora de vampiros más sexy de la televisión. Prendadísimo he quedado tras ver los 14 capítulos de que consta más un episodio piloto.
La serie se centra en las andanzas del capitán Malcolm “Mal” Reynolds (Nathan Fillion) y su tripulación de contrabandistas por una galaxia lejana pero muy reconocible. A bordo de la nave Serenity (de la clase firefly o luciérnaga, nombre que recibe por la peculiar forma del motor) se reúne una heterogénea tripulación. La segundo de a bordo, Zoe (Gina Torres) luchó junto al capitán en la llamada guerra de unificación, y mantiene hacia él una lealtad y respeto absolutos. De carácter fuerte y combativo, está casada con Hoban “Wash” Washburn (Alan Tudyk), el alegre piloto de la nave que adora a su mujer por encima de todo y no pierde la sonrisa en ningún momento. Kaylee Frye (Jewel Staite) es la mecánico de a bordo, un auténtico ángel que tiene una palabra tierna de apoyo para todo el mundo y una auténtica manitas con las herramientas y los recambios. Jayne Cobb (Adam Baldwin) es el mercenario de la nave, experto en armas y en el cuerpo a cuerpo supone la contrapartida de Zoe como guerrero. Al código de honor y lealtad que aquella posee, Jayne antepone el provecho personal y la propia seguridad, aunque no por ello deja de tener su corazoncillo y su fibra sensible. Por último tenemos a Inara Serra (Morena Baccarin), una acompañante que pertenece a una de las castas más elevadas de su categoría. Estas “acompañantes” escogen a sus propios clientes entre aquellos que solicitan sus servicios, y es por esa influencia y facilidad de movimientos que el capitán Reynolds permitió que Inara se incorporara con su propio transbordador a la Serenity manteniendo total independencia.
Estos son los tripulantes de una nave que en el primer capítulo de la serie está buscando pasajeros para costear gastos. Como si de un Halcón Milenario se tratara, son tres los recogidos. Los hermanos Tam, Simon (Sean Maher) y River (Summer Glau), huyen de la justicia y darán pie a la subtrama más importante de la serie, que quedará sin resolver al final de ésta. Shepherd Book (Ron Glass) –literalmente pastor del libro- pertenece a una casta de sacerdotes, aunque su identidad, habilidades y disposición parecen esconder algo más que lo que hay a simple vista.
Pese a que el protagonismo es todo lo coral que la duración de los capítulos –unos escasos 42 minutos- permite, es la personalidad de Mal Reynolds la que mejor define Firefly. Fue el último soldado del ejército rebelde en rendirse, en la cruenta batalla del valle Serenidad, junto a Zoe, y desde entonces mantiene su pedacito de libertad a bordo de su propia nave. En ella es el amo, y allí mantendrá una personal idiosincrasia a veces a costa de su propia seguridad o –las más de las veces- tranquilidad. De igual manera, a la hora de aceptar los “trabajos” y de llevarlos a cabo, su peculiar honradez y su sentido de la moral le meterán en más de un atolladero. Igualmente, el cariño que siente por su tripulación –el cual es más que recíproco- convierte a los moradores de Serenity en una suerte de “familia” de parias de la sociedad que solo cuentan los unos con los otros para sobrevivir en un universo hostil. En especial, su relación con Inara se desarrolla de una manera similar a las peleas provocadas por la mutua atracción de parejas tan ilustres como Spencer Tracy y Katherine Hepburn o más recientemente Bruce Willis y Cybill Shepherd.
Con estos personajes Whedon pergeña un excelente decorado en el que desarrollar las situaciones que tanto le gustan: atracción entre personajes, evolución en el carácter de estos, conflictos internos, traumas... Todo ello aderezado con las situaciones de riesgo que el trabajo de contrabandista conlleva habitualmente. Unas líneas argumentales que recorren la serie desde su comienzo y la aparición de los mismos personajes secundarios en varios capítulos contribuyen a crear una cohesión interna que apunta a lo que podría haber sido y no fue, ya que el escaso índice de audiencia de la serie motivó que fuera cancelada abruptamente, dejando sin emitir los tres últimos episodios filmados. Sólo el éxito de ventas de la recopilación de la serie en dvd hizo confiar en Whedon para rematar/continuar la historia en un largo cinematográfico.
Por aspecto y temática, la serie debería verse como una especie de western espacial. Reynolds pertenece al ejercito "sudista" confederado derrotado por la Unión, y prosigue, irreductible, con una labor de rebeldía u hostigamiento al orden establecido mediante su oficio de contrabandista. Un encargo consiste en trasladar ganado, otro en el asalto a un tren, otro más consistirá en defender a un grupo de prostitutas del cacique local (como si de Sin perdón estuviésemos hablando)... Casi todas estas situaciones acaban derivando en duelos al sol al más puro estilo John Wayne. La mayoría de los planetas tienen un aspecto desértico a lo Monumental Valley, mientras que en el vestuario abundan los guardapolvos, el cuero, los cinturones caídos de pistolero y las armas presentan un aspecto donde los colt de cañón largo y las escopetas de cañones recortados abundan en los planetas del borde exterior. En los centros administrativos de los planetas unidos, en las naves de la Alianza se busca un aspecto más sofisticado, limpio y moderno, logrando un acertado contraste entre ambos mundos, separados no sólo geográfica, sino social y económicamente. Si todo lo anterior no fuera suficiente, el score de Greg Edmonson recurre continuamente a guitarras, violines e instrumentos que recuerdan en más de una ocasión al folk más melancólico que podría componer un Carter Burwell inspirado, como el de Muerte entre las flores. En este apartado no podemos dejar de lado la canción que ilustra los títulos de crédito, "Ballad of Serenity", compuesta por el propio Whedon y que comienza así: “Quítame mi amor, quítame mi tierra, llévame donde no me pueda quedar, no me importa, todavía soy libre, no me puedes quitar el cielo”.
Vista la serie completa no entiendo el motivo del fracaso. Los personajes son atractivos, tienen carisma, y apuntaban a más que interesantes desarrollos de sus caracteres. La acción es trepidante cuando la historia lo requiere, o se centra en situaciones cómicas o de relciones interpersonales en capítulos donde lo importante es conocer mejor a los tripulantes de la Firefly. Tal vez haya sido por el carácter "marginal" o diferente de alguno de los personajes, como Zoe (guerrera, fuerte, lleva la voz cantante), Inara (prostituta de altísimo nivel) o Jayne (amoral, egoísta, cínico, y pese a ello, simpático)... al que el público yanqui no estaría acostumbrado. O por el peculiar uso de los efectos especiales, sin mostrar sonido alguno en el espacio de motores o explosiones (como las leyes de la física mandan). En su estreno este mismo fin de semana el film Serenity ha recaudado 10 millones de dolares, 2º en el ranking, frente a un presupuesto de 40 kilitos... Espero que la Firefly sepa remontar en su andadura internacional este traspiés y que un merecido éxito nos brinde la posibilidad de seguir disfrutando de las aventuras del amigo Mal y de su panda de outsiders a bordo de la nave más hermosa de la galaxia...

lunes, octubre 03, 2005

Sketch-busters (II): Rodney Ramos

Una de las cosas que más llama la atención de las Jornadas de Avilés es que, año tras año, diversos profesionales se acercan a ellas, aun sin ser invitados "oficiales". Esto es, el desplazamiento, el alojamiento y la manutención corren de su cuenta. No es extraño ver allí autores que viven en Galicia o en la propia Asturias. Cuando un autor extranjero hace eso, y no uno, sino dos años consecutivos... Cuando dibuja a todo cristo, siempre con una sonrisa y una palabra amable... Cuando es el primero en levantarse y el último en acostarse, y se puede decir que no se pierde una... Pues ese tipo se convierte automáticamente en un PERSONAJE. Os hablo de Rodney Ramos, conocido por su labor como entintador en series como Transmetropolitan, Green Arrow o recientemente la serie de zombies de George Romero para DC. Este dibujo es del año pasado, realizado a las dos de la mañana y con unas vervezas en el cuerpo. Fue el colofón de las jornadas del 2004, el último sketch que conseguimos, y en él se unen dos cosas que me encantan: Spider Jerusalem y los gatos -aunque sean mutantes, je. Se lo debió pasar tan bien que este año se pasó por el Salón del Comic de Barcelona -de nuevo sin contar con el status de invitado- y repitió en Avilés. Esperemos contar de nuevo con él el año que viene.

viernes, septiembre 30, 2005

John Carpenter, de profesión narrador (y III)

Su primera película se rueda a trompicones, retomándose cada vez que se ahorra lo suficiente para continuar la producción. Dark Star (1974), es un debut prometedor, que apunta buenas maneras y donde Carpenter ya asume varias tareas -dirección, producción, guión y música-. La acción se centra en una nave espacial donde cuatro abúlicos astronautas se dedican a destruir planetoides, a discutir de filosofía con bombas inteligentes, a lidiar con alienígenas calabaciles y a soportar las ocurrencias del ordenador de a bordo.
Lo más destacable del film, aparte de la colaboración como guionista/actor de Dan O’Bannon, fue que le permitió producir Asalto a la comisaría del Distrito 13 (1976) -dirección, guión, montaje y música-, película sobre la que la sombra de Hawks planea en casi cada plano. Un grupo de pandilleros de una gran ciudad asedia durante una larga noche una comisaría aislada, donde un policía, dos secretarias y un grupo de reclusos deberán luchar por sus vidas, forjando lazos de camaradería más allá de las diferencias que los separan. Las escenas de acción están soberbiamente rodadas, y envueltas de un halo fantasmagórico, pues nunca llegamos a apreciar bien a los asaltantes, sombras en la noche. Una brillante alegoría sobre la violencia irracional que puede estallar en nuestras ciudades en cualquier momento, perfectamente plasmado en el brutal asesinato que abre el film o en el plano del pandillero apuntando con su pistola a varios transeúntes desde un coche. La película parece mezclar el western clásico de asedio con una película de zombis imparables; el propio título provisional de producción fue The Anderson’s Alamo.
El año pasado se estrenó un remake dirigido por Jean-François Richet y protagonizado por Ethan Hawke, Larry Fishburne y Gabriel Byrne. Dicha cinta se centraba más en los aspectos de acción al uso actual hollywoodiense, y constituía un entretenimiento más que valido, aunque pierde parte de la fuerza del original al convertirlo todo entre el típico enfrentamiento entre polis corruptos y criminales con corazón.
A continuación Carpenter filma La noche de Halloween (1978) -dirección, guión, producción y música-, la epopeya asesina de Michael Myers al acecho de varias niñeras de un pueblecito de Illinois. Una virginal Jamie Lee Curtis con la ayuda del obsesionado psiquiatra del asesino (Donald Pleasence) se enfrentará a la implacable presencia de éste. Con una milimétrica composición de los planos y un ritmo matemático que se acomoda a la perfección en el formato panorámico en que se rueda, asistimos a las andanzas del psicçopata Myers, también conocido como "La Silueta", cuya inexpresiva máscara remarca el horror irracional de cada crimen. Junto con el sensacional prólogo narrado en cámara subjetiva, la primera parte en el psiquiátrico nos permite conocer un poco más al origen de todo lo que se desencadenará posteriormente. Si acaso un pero, el de siempre; será la chica pura y virginal la que se enfrente a la pesadilla y la derrote [aparentemente], mientras que las “chicas malas” son degolladas, apuñaladas o asfixiadas por sus pecadillos. El tema principal de la banda sonora, minimalista, se ha convertido en uno de los más reconocibles del cine de terror contemporáneo. Esta es una de las producciones más rentables de toda la historia, y ha generado siete secuelas, ninguna de ellas a la altura del original. Para 2006 se anuncia Halloween: Retribution, con guion del propio Carpenter.
A modo de curiosidad, cabe decir que el inconfundible aspecto de Michael Myers es fruto de la casualidad. El departamento de producción recurrió a la máscara más barata para esconder la apariencia del mal absoluto: la de William Shatner como capitán Kirk, que convenientemente pintada de blanco resultaba irreconocible. ¡Teletranspórtanos al infierno, Michael Myers!!

martes, septiembre 27, 2005

¡Maxwell Smart, te echaremos de menos!

Leo con mucha tristeza una de esas noticias que te arrancan un pedacito de infancia. Ayer 25 de septiembre fallecía en Los Angeles -a los 82 años de edad- el actor Don Adams, el mundialmente famoso protagonista de la teleserie Get Smart/Superagente 86. Poco puedo decir ahora sobre dicha serie producida por Mel Brooks, ya que este post es "de emergencia". Que creo que muchos recordarán la inconfundible melodía, el zapatófono, los escondites imposibles de los agentes de CONTROL, los invariablemente desbaratados planes de CAOS, el Jefe... y 99, la adorable agente 99, esa Barbara Feldon que me tuvo enamorado por lo menos un verano...
Don Adams, descansa en paz. Para la historia de la televisión queda esa serie, y tu posterior labor como doblador del Inspector Gagdget, otro policia buenazo y despistado. Desde la pequeña pantalla tu otro yo seguira "controlando" a los pérfidos agentes del caos...

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