martes, noviembre 01, 2005

Uno...

2 y 1. Duelo de titanes, batalla de héroes

Me niego a elegir entre estos dos momentos, sería incapaz de discriminar a uno por encima del otro. Ambos tienen fuerza, tienen emoción, son visuales espectacularmente y suponen el dignísimo colofón a estos casi 30 años ya de Star Wars.
De nuevo con esa estructura tan querida a Lucas del montaje paralelo, ofreciéndonos alternativamente situaciones que están ocurriendo simultáneamente, asistimos al desesperado envite final de la Orden Jedi, o más bien de lo que queda de ella, para restaurar el orden recientemente perdido y evitar que los designios del malvado sith Palpatine sean los que rijan el gobierno del nuevo Imperio. Todo muy pulp, muy de blanco y negro. Si los propios jedi se planteaban en un momento dado, un golpe de estado de transición para frenar a un Palpatine aún no desenmascarado, la única solución que Yoda y Obi-Wan adivinan en medio de la desesperación y la derrota absolutas es la eliminación física del maestro y del aprendiz Sith, del nuevo emperador y del recién ordenado lord sith Vader.
Las constantes de la contienda serán varias: la implicación emocional de los luchadores será total, a la desesperación y determinación de Yoda y Kenobi se opondrá una rabia y un odio de magnitud absoluta; el escenario elegido para la contienda tendrá una doble importancia, por un lado simbólica, por otro estratégica; la igualdad en los combates es manifiesta, de ahí lo incierto del resultado final (incierto si nosotros no supiésemos de antemano el resultado de cada uno de ellos). Vayamos por partes, y sin un orden concreto.
Anakin y Obi-Wan se despiden antes de partir éste último a la caza del temible Grievous. En una conversación tremenda, por lo que significa para ellos y para nosotros –sabemos que es la última vez que se ven como amigos-. Sincerándose mutuamente Anakin reconoce que su impulsividad a veces le ha colocado por debajo de lo que se esperaba de él, mientras que Obi-Wan le dice –y yo llego a creerle, ojo- que pese a ello, Anakin es mejor que él mismo, que en potencia todos los jedi de la orden, que sólo es cuestión de tiempo alcanzar ese potencial... Tiempo que les es arrebatado por unos acontecimientos que absorben a ambos en un torbellino de traiciones, violencia y pérdida que culmina en su siguiente encuentro, en el planeta Mustafar. Será en ese planeta volcánico y ardiente donde el odio y el miedo de Anakin se desborden, donde ya ni siquiera el amor que siente por Amidala podrá frenar su irremisible caída en el reverso tenebroso de la fuerza, y donde su mentor y amigo hará todo lo posible por evitar precisamente que eso suceda, aun cundo la única manera de lograrlo sea acabando con la vida de su pupilo. Es una lucha violenta, apasionada, impulsiva por parte de ambos. Patadas, golpes de fuerza, puñetazos, empellones, zancadillas, todo vale con tal de derrotar al contrario. A lo largo y ancho de las instalaciones siderúrgicas llevan su destrucción sin preocuparse de nada, sin enfocar más que al “otro”... hasta que se encuentran rodeados de lava sobre una plataforma que ha perdido sus anclajes y que se hunde lentamente en el magma. Sin dejar de luchar un solo momento esquivan rocas de lava, cruzan sus sables sobre tambaleantes plataformas cada vez más cerca del abismo o agarrados a cables en el vacío. La sensación de incertidumbre y agobio que va creando ese escenario, cada vez más precario, más inestable, es total. Era imposible que de ahí saliera nada bueno.
Ni siquiera ya en su tramo final, la lucha en el río de lava, sobre una exigua plataforma y ocupando apenas medio metro cuadrado de espacio contienen la ira y la fuerza de sus golpes. Será la suerte, la anticipación de Obi-Wan la que le coloque en esa posición de superioridad, “la altura me da ventaja”, dirá. Y será la obcecación de Anakin, el odio irracional que se ha apoderado de él, el que le impida contemplar otra opción más ventajosa para él que el absurdo y expuesto –a la postre casi suicida- ataque frontal. Y al final, los reproches que Obi-Wan lanza al mutilado Anakin se ven respondidos sólo por la ira y el odio casi animal de éste. Ni siquiera es capaz del acto último de misericordia para con su antiguo amigo, dejando inconclusa por tanto su misión última.
Al otro lado de la galaxia, las cosas no le irán mucho mejor al maestro Yoda. Para frenar de raíz el golpe de estado institucional el anciano Jedi acudirá a la fuente del mal, que muy apropiadamente tiene su base en el seno mismo del sistema que ha corrompido. En el despacho de Palpatine, éste y Yoda iniciarán una contienda que primero se basará en el empleo de la Fuerza, y luego en una combinación de lucha de sables luz y ataque con objetos que adquirirá una nueva dimensión cuando, sobre el escaño del Canciller Supremo, la lucha se traslade al propio senado. Es esa imagen mejor que ninguna otra, la que refleja el Episodio III. Un amplísimo plano general de los escaños vacíos y en el centro, dos pequeñas figuras, batiéndose a cara de perro por el destino de la galaxia, continente y contenido perfectamente unidos, una simbología muy clara que subraya perfectamente los acontecimientos mostrados. Dos facciones políticas se enfrentan al margen del sistema, dirimiendo no sólo el destino político del universo sino las ancestrales diferencias de dos castas, los jedi y los sith, en lo que parece su definitivo encuentro.
Finalmente, y pese a todos los esfuerzos de un Yoda colosal en el manejo de la Fuerza y la espada, Sidious/Palpatine consigue una pírrica victoria sobre el jedi, que abandona el Senado sabiendo que ha desperdiciado la última oportunidad real de acabar con el naciente nuevo orden. Antes de eso Lucas nos regala ese plano, ese gran plano de Yoda agarrado con uñas y dientes a la última posibilidad de resistir y a un paso del abismo, de perder todo por lo que los caballeros jedi han luchado durante siglos, un orden basado en el respeto de todo lo vivo. Con el chirrido de sus uñas resbalando milímetro a milímetro y su mirada triste poco antes de caer estamos siendo testigos del fin de una era.
“Fracasado he. Al exilio obligado me veo” dirá un nuevo Yoda, cansado, derrotado, a Bail Organa. En una escena eliminada del montaje final, pero que veremos mañana, Yoda llega al pantanoso Dagobah, lugar que ya no abandonará hasta el momento de su muerte. Pero aún en medio del momento más oscuro de la Galaxia, surgirá una nueva esperanza.
Poco más puedo decir. Me hubiera gustado elaborar más estos comentarios, pero al final el tiempo me ha mordido el trasero, como siempre. Os pido perdón por los fallos de documentación en que haya podido incurrir, ya que he escrito de memoria, al igual que os ruego un cierto grado de indulgencia por mi vehemente elogio de estos momentos que se perderán como lágrimas en la lluvia. Mañana compraré religiosamente mi edición del Episodio III, la veré cuando tenga ocasión y tiempo para disfrutarla como se merece y cerraré en cierto modo una etapa muy importante de mi vida.
Caballeros, la Fuerza nos acompañará... Siempre.

lunes, octubre 31, 2005

Dos...


4. Sangre en la arena de Geonosis

El Ataque de los Clones, narrativamente, tenía una doble intención, necesaria para el desarrollo de la historia: mostrar a Anakin como un jedi valiente, a la altura de su maestro, y dejar establecida su relación sentimental con Padme. La venganza del Sith pivotará sobre esos dos puntales: la corrupción de un gran guerrero utilizando como excusa el miedo a perder aquello que ama por encima de todo. Y dejando de lado conversaciones mal traducidas (“cuanto más me acerco, más crece”... la angustia claro, pero parece otra cosa) y prados idílicos con vacas gigantes, la escena del circo en Geonosis supone la plasmación perfecta de ese doble objetivo. En un momento similar al clímax del Imperio Contraataca –de nuevo los espejos- Padme y Anakin, antes de afrontar una más que posible muerte se confiesan su amor, sincero y trágico por las implicaciones que tiene. El emotivo tema de Williams “Across the stars” ahonda en la intensidad del instante, y la cámara abre plano mientras el carro que les conduce a la arena se pone en marcha. Allá les espera un impasible Obi-Wan y la gloria de la batalla desesperada, el apoyo de amigos y camaradas que afrontarán la lucha desigual con bravura y osadía sin límites, la llegada in extremis del viejo general con los refuerzos -que a la postre no serán tales- y la primera vez que vemos en acción a dos personajes cuya destreza con el sable láser será determinante años más tarde, pero que aún no habíamos tenido ocasión de comprobar. Primero, en su enfrentamiento con Dooku y Jango Fett, Mace Windu demuestra que su reputación está a la altura de sus habilidades. Más tarde, Yoda, el maestro Yoda que conocimos viejo y achacoso (entonces no sabíamos cuán mal le había tratado el destino) y que esconde lo que es bajo el disfraz de anciano encorvado con bastón planta cara a un Dooku que se ha limpiado de un plumazo a los dos jedi que le habían atacado simultáneamente. Espectacular traca final la del Episodio II, pero yo me sigo quedando con ese momento, esa mirada de entrega y ternura antes de la muerte.


3. La caída de los Jedi

“Ejecuten la Orden 66”. Con esa orden seca, transmitida a todos los miembros del ejército clon de la República se sella el destino final de la orden Jedi. Planificado con décadas de antelación, y en espera del momento justo, Palpatine se asegura, ya con un aprendiz digno de sus oscuras y vastas artes, tanto el poder absoluto como la eliminación de aquellos que pueden suponer la más leve amenaza para su nuevo orden galáctico. Los jedi mueren solos, a traición, en la mayoría de los casos acribillados por la espalda y superados abrumadoramente en número, siendo sus enemigos aquellos que tomaban por fieles compañeros de batalla. De nuevo Williams subraya con una estremecedora composición, elegíaca, las imágenes terribles de una casta de nobles guerreros exterminados sin honor ni dignidad. Un ejemplo claro de ello sería la muerte de la jedi Aayla Secura, abatida por la espalda y rematada en el suelo, mientras, con pudor, la cámara inicia un travelling hacia lo alto, omitiendo el detalle de su muerte, pero transmitiendo toda la tristeza y la crueldad de lo que acaba de suceder. Lo mismo podríamos decir del asalto por parte de Anakin y las tropas clon al Templo Jedi de Coruscant, del que sólo llegamos a ver las consecuencias –terribles, bien es cierto-, la aniquilación absoluta de todos los cadetes jedi o caballeros que allí permanecían. Viendo lo terrible de los actos de Anakin –seguidos por otros igualmente execrables en años venideros, a buen seguro- se hace un poco más difícil entender esa redención milagrosa en el Episodio VI a bordo de la agonizante Estrella de la Muerte. O por contra, engrandece su gesto, ya que ahonda el pozo de vileza, maldad y degradación del que la escasa humanidad de Anakin Skywalker debe emerger para sobreponerse a sus pecados y ayudar a su hijo a derrotar a Palpatine definitivamente.

domingo, octubre 30, 2005

Tres...

6. Génesis

Lo que mucha gente esperaba, junto con el duelo fratricida entre caballeros jedi, era ver cómo nacerían los mellizos Skywalker. Y Lucas, que cuando quiere es tan listo y apañado como el que más, se las ingenia para, después de toda la acción que nos sirve el Episodio III, y en un larguísimo epílogo, mostrarnos la génesis de lo que será la siguiente trilogía (aquella que primero conocimos, la que a muchos nos robó el corazón). Y así, en un montaje paralelo somos testigos de dos partos antitéticos. Por un lado, sobre la mesa de operaciones está el mutilado Anakin, al que unas máquinas limpian sus heridas y quemaduras sin ningún cuidado, a la vez que recubren su carne cubierta de ampollas con las prótesis biónicas que darán lugar al Vader “de toda la vida”. Por otro, en un entorno esterilizado, unos droides relucientes con voces atercipeladas atienden a una desfallecida y desfalleciente Amidala, ya sin ánimo para seguir viviendo, en el parto de lo que serán hermanos mellizos, Luke y Leia. Lo cierto es que ambas escenas tienen sus pegas (ese primer paso a lo Frankenstein de Vader, si bien tiene excusa argumental queda horrible en pantalla, y la niñera-robot es ridícula con los corazones en la frente y las manos fórcep), pero tienen todo el terreno ganado, ya que eso es precisamente lo que se esperaba que ocurriese. Que se podía hilar más fino, cierto. La muerte de Amidala, cuya única explicación es que se deja ir por desamor, podía haber sucedido de muchas otras maneras, al igual que la elección de los nombres podía haber sido rodada con algo más que monosílabos y miradas tiernas. Si en algo funciona el montaje es en la oposición de dos formas de ver la vida, y en ambos casos se produce una pérdida; en propiedad se podría decir que Anakin Skywalker fallece al tiempo que su mujer, y tendrán que pasar más de dos décadas hasta que un atisbo de su humanidad vuelva a aflorar por encima de la máscara.


5. Atardecer Binario

Y a modo de continuación de la anterior. Fantaseé durante meses con cual sería el plano final perfecto para las precuelas de Star Wars, y una imagen me venía a la mente clara y hermosa... La de ese gran personaje trágico que es Obi-Wan, zarandeado por los avatares del destino en su juventud y madurez, y que durante 20 años permanece oculto cerca de aquél a quien ha jurado proteger y educar llegado el momento (y a quien mentirá contando medias verdades y mandará de un lado a otro de la galaxia hasta ver cumplida finalmente la famosa profecía del equilibrio). Tras el nacimiento de los niños, y ya sin decir una sola palabra en los últimos minutos de proyección, Leia es encomendada al senador Bail Organa de Alderaan y Luke es llevado por Obi-Wan hasta Tatooine, planeta natal de su padre, donde el hermanastro de éste se hará cargo de él. Momento bellísimo de imágenes a la vez espectaculares (los planos generales descriptivos de Alderaan y de Tatooine) e intimistas (los bebes con sus respectivos padres adoptivos) que se ve apoyado por el inteligente –obvio, podríamos decir- montaje musical que mezcla los temas de Leia y Luke de la trilogía clásica. Y en Tatooine, antes de que el jedi Kenobi desaparezca por el horizonte, contemplamos como un Owen Lars absorto ve ponerse los soles gemelos tras las dunas del desierto en esa pose tan característica. Un personaje que ha sido circunstancial, al que se adivinaba apocado –y aún así, noble- en el Episodio II, pero que aquí, en dos planos, aparece determinado y seguro de sí mismo, tal vez alimentando los mismos sueños que su sobrino abrigará en un fututo no muy lejano, pero sacrificándose a una existencia gris en el culo de la galaxia, pasando todo lo desapercibido que una granja de humedad permite, y criando a un bebé ajeno como si fuera propio. Creo que la formación de un niño es muy importante en el desarrollo de su personalidad y de su forma de ser. Y con únicamente esos dos planos, apenas dos minutos de metraje, me gustaría pensar que parte de la generosidad, valentía, entrega, dedicación y tantas otras cosas que –al margen de la fuerza- harían tan grande a Luke Skywalker en el futuro, provenían en parte, sólo en parte, del abnegado Owen y de la tierna y no menos esforzada Beru Lars.

sábado, octubre 29, 2005

Cuatro...


8. Felpudos con malas pulgas y buen corazón

Una de esas historias de lo que pudo haber sido y no fue es la de que la luna de Endor debía haber estado habitada por Wookies y no por Ewoks. La batalla de los bosques de Endor habría sido otra cosa, sin duda alguna. A George Lucas debió quedarle el gusanillo de tener a decenas de wookies en pie de guerra. En el Episodio III Yoda viaja al planeta Kashyyyk para hacer frente a las fuerzas independentistas droides. Con la ayuda de Tarfful, un guerrero bravo y poderoso al que se adivina veterano en mil batallas, y un joven a la sazón Chewbacca, los wookies se enzarzan en una violenta escaramuza. La escena no es todo lo larga que me hubiera gustado, pero permite hacerse una idea clara de que los wookies son una raza de guerreros temibles. Pero la parte de Kashyyk que me encanta es la final. Cuando el emperador ha ejecutado su orden 66 y las tornas giran peligrosamente para los jedi y sus aliados, cuando Yoda debe huir del planeta para salvar su vida y a los wookies se les avecina un periodo de lucha por la libertad o la esclavitud. En ese momento incierto y peligroso, Chewie le tiende el brazo a Yoda con delicadeza para subirlo a sus hombros y conducirlo hasta su cápsula de huida. Reflejando los lazos que existían entre el maestro y los wookies, y la veneración por un gran guerrero en trance de perderlo todo. La despedida entre ellos es triste y premiosa. Deja la sensación de que realmente se trata de un adiós entre amigos. Y que desde ese mismo instante las cosas ya no serán fáciles para ninguno de ellos.


7. El insidioso Darth Palpatine

La infamia justa en el momento adecuado. La pregunta lanzada con malicia. La orden perentoria en el instante preciso. La insinuación, la mentira encubierta por preocupación amistosa. Desde el principio una oculta mano Sith ha manejado los hilos de políticos, clonadores, diplomáticos, militares e incluso jedi, encaminando el sistema hacia un peligroso punto de inestabilidad, el que encontramos en el comienzo de La venganza del Sith. El encapuchado Darth Sidious, que desde la sombra impulsara el bloqueo de la federación de comercio a Naboo o la creación de una alianza independentista que amenazara a la República, busca ahora lo que perdió a manos de los jedi: un aprendiz. Y nadie mejor que el elegido, “aquel que traería el equilibrio a la fuerza” (a eso se le llama acertar con una profecía; claro que Anakin traería el equilibrio al exterminar a todos los demás: dos jedi contra dos sith). Habiendo desplegado ya sus fichas sobre el tablero del senado de la República, Palpatine, canciller supremo con un poder cada vez mayor gracias a la guerra en curso, siempre con inteligencia artera y sutileza suprema comienza a pulsar las emociones de Anakin: el odio y la rabia acumulados, el miedo a perder a aquella que ama por encima de todo. El paralelismo de la primera aparición de Palpatine en el Episodio III con las escenas de El retorno del Jedi son un guiño al espectador en el continuo juego de espejos invertidos entre una y otra trilogía. La escena en la ópera resulta especialmente importante en el proceso de manipulación, al igual que la que tiene lugar en las estancias del futuro emperador, cuando Palpatine, ya seguro de su victoria moral sobre su pupilo, se revela a a Anakin como el lord Sith que toda la Orden andaba buscando, sin éxito, a lo largo y ancho de la galaxia. Skywalker no ve venir mucho de lo que le sucede en la película, y cae cada vez con más fuerza bajo el magnético influjo del Canciller, hasta que finalmente, lo inevitable sucede: “De ahora en adelante... serás conocido como Darth Vader”.

Cinco...

Faltan 5 días para que el Episodio III esté disponible a la venta, cerrando el círculo que comenzó Star Wars en 1977. Yo tenía 3 añitos por aquel entonces, así que la fiebre galáctica comenzaría algo más tarde, coincidiendo con el estreno del Imperio Contraataca. O sea, prácticamente toda mi vida adulta, unos 25 años, enganchado a unos personajes y a una historia. Que ya se ha cerrado en lo que a cine se refiere (si hacemos caso a George Lucas, que en esto el hombre nunca ha sido de fiar). Si esto de los gustos y opiniones ya es algo muy subjetivo, en este caso lo es todavía más, y yo aquí, me declaro sin criterio alguno para con lo referido al universo de Star Wars. Si lleva el sello Lucasfilm y ha sido aprobado por tito Lucas, a mí me vale, me gusta, me apasiona. Como he dicho, 5 días. Y haciendo un esfuerzo (y lo digo en serio, que estas semanitas el trabajo se me está comiendo por los pies) voy a intentar colgar un post diario, con mi TOP TEN de momentazos de la nueva trilogía, centrándome preferentemente en el Episodio III. Muy subjetivo seré, así que vuestra indulgencia os ruego, jóvenes aprendices de la Fuerza.

10. Duelo de destinos
El clímax del Episodio I fue, creo, el más espectacular visualmente de los vistos hasta entonces. Mediante un cuádruple montaje paralelo asistimos al asalto de la Reina Amidala al Palacio de Naboo, al ataque de los cazas a la estación de control droide, a la maniobra de distracción gungan... y al duelo de sables más vistoso (hasta ese momento, ojo) de la saga. Qui-Gon y Obi-Wan se enfrentan a Darth Maul, y la agilidad de Ray Park y la coreografía de la pelea te hacen pensar que, en efecto, se trata de una lucha en desigualdad de condiciones... para los jedi. Como ya ocurriera en Arma Letal 4, el hecho de que los "buenos" deban enfrentarse en superioridad numérica al villano de turno (en aquel caso Jet Li), no hace sino demostrar su inferioridad frente a él. Planificada como si de un duelo al sol en el Far West se tratara, los contendientes se despojan de sus ponchos y túnica antes de mostrar sus armas. Más adelante, Lucas nos mostrará un primer plano del rostro de cada uno de ellos estudiando al contrario, mostrando la determinación de Qui-Gon, la rabia de Obi-Wan o el odio de Darth Maul en una especie de stand-up mexicano, tan querido a Leone o Tarantino. Planificada a través de un vasto escenario, determinante para el desarrollo de la pelea (los haces de energía a modo de barrera, el pozo de ventilación, los pasillos que comunican los distintos niveles). La agilidad y energía que los duelistas presentan hereda la magia de los clásicos del género como Scaramouche o Robin Hood. Si a todo ello le sumamos un montaje basado en planos generales o medios que lo único que pretenden es mostrar la acción, sin mareos ni montaje videoclipero, y la impresionante composición minimalista de Williams apoyada por un estremecedor coro, este momento merece estar entre lo mejor de la saga.


9. La sombra de Vader es alargada
Meridiano del Episodio II, y por tanto de la nueva trilogía. Anakin ha regresado a Tatooine en busca de su madre, desoyendo los consejos de sus maestros y actuando impulsivamente, al igual que obrará su hijo 25-30 años más tarde, afrontando algo para lo que no está preparado. Shmi Skywalker, ahora desposada con el granjero de humedad Lars, ha sido secuestrada por los moradores de las arenas. Los intentos de rescate han sido infructuosos y su angustia y miedo han contagiado los sueños de su hijo desde la distancia. En el momento de despedirse de una Amidala bellísima en ese traje inmaculado sobre el desierto, Anakin, contrariado, estático bajo los soles gemelos, refleja su sombra contra la pared, y sí señores, es la sombra de un futuro oscuro y sombrío, de ominosos sucesos por venir que afectarán fatalmente a la vida de todos ellos... A partir de ahí, los acontecimientos no harán más que ahondar la herida en la que se plantará la semilla de Vader: el fallecimiento de su madre en sus brazos, la ira desbocada que le conduce a la masacre de todo un campamento Tusken, el dolor, la impotencia durante el funeral, el resentimiento, la soberbia de querer creerse omnipotente... El reverso tenebroso se ha hecho un hueco en el corazón del joven Skywalker, y a veces el diablo sólo necesita una rendija para entrar en la casa.

viernes, octubre 28, 2005

Desde que encontré a Serenity...

“-¿Cuánta munición nos queda?
-Tres cargadores y mis pelotas.”




Frase tan macarra dicha en el momento justo pertenece a la película Serenity, más que derivada, continuación directa de la serie Firefly, de la que tuve ocasión de hablaros hace un par de semanas. Muy buenas vibraciones tenía antes del estreno de la película, y debo decir que se vieron confirmadas apenas comenzada la proyección.
En cinco minutos introductorios, una profesora da una clase magistral de historia universal donde se nos cuenta el ascenso de la Alianza y su victoria sobre los Independentistas. Tras ello, el prólogo del film, que lo es también de la serie, nos cuenta como el doctor Tam rescató a su hermana del complejo médico en el que experimentaban con ella. Sin pausa, ya entramos de llenos en las andanzas de la tripulación de la Firefly casi al completo (Inara y el Pastor brillan por su ausencia). Un atraco complicado por una incursión Reaver (esos ominosos cavernícolas antropófagos y violadores de cadáveres que sólo aparecían mencionados en la serie de tv), la subsiguiente persecución por un desierto rocoso, peleas de bar, trampas urdidas por un misterioso y despiadado Operativo de la Alianza que no se detendrá ante nada para capturar a la fugada River Tam... El secreto que ésta oculta en lo más recóndito de su mente, capaz de hacer tambalear la estructura de la Alianza, será el motor que impulsará la trama, llevando a los personajes de un lado a otro de la galaxia en busca de unas respuestas que no serán nada fáciles de asimilar.
El ritmo de los acontecimientos no da tregua al espectador. Bien es cierto que sin el background de la serie Firefly, muchas de las referencias al pasado inmediato de los personajes (como la ausencia inicial de Inara o el reverendo), las pullas que se lanzan entre ellos (la rivalidad manifiesta entre Jayne y los Tam) o la evolución de algunos personajes, pueden resultar algo crípticas para el no conocedor del universo galáctico de Joss Whedon, pero la acción y el espectáculo inundan la pantalla tan a menudo que tampoco importa demasiado. Además, hasta cierto punto de la película, dichas escenas están rodadas con un tono festivo que remite directamente a las producciones clásicas de aventuras, esas donde Errol Flynn podía poner en peligro su vida con una sonrisa en la boca. Eso sí, llegados al tercio final del metraje el amigo Whedon deriva la trama hacia unos derroteros mucho más oscuros y peligrosos que lo que hacía suponer el tono general de la serie. Y es que los Reavers resultan un enemigo temible desde cualquier punto de vista: salvajes hasta lo indecible, imparables, su único impulso es la obtención de presas a cualquier coste para satisfacer sus muchos y brutales apetitos. Y la acción festiva se torna en huida desesperada, maniobras a vida a muerte y resistencia hasta el último aliento, estrechando en un pucho el corazón del espectador. Y no quiero desvelar nada más. La banda sonora de David Newman mantiene la ambientación de la serie, con guitarras folk y violines country. Los efectos CGI dan el pego bastante bien, y pese a contar con la tercera parte de presupuesto que Star Wars Episodio III los mundos que nos presenta y las batallas espaciales resultan de lo más conseguido. Eso sí, para lograr un mayor grado de espectacularidad, aquí las naves sí rugen y las explosiones espaciales retumban por doquier, alejándose de la sobriedad de sonido televisiva. En el debe, que algo hay, como en todo, el hecho de que la película sólo será apreciada en su totalidad por los chaquetas marrones, aquellos que hayan tenido la suerte de ver Firefly antes, ya que los personajes y las situaciones se dan por conocidos de entrada, y las explicaciones son las mínimas. También se desaprovecha mucho a algunos personajes, caso de Inara (viendo la película nadie sabría que pertenece al ramo de señoras de compañía), el reverendo, Wash, el piloto, o Kaylee. El protagonismo se centra principalmente en Mal y en River y ello hace que el tono coral de la serie se diluya un tanto y haciendo que algunos elementos que habrían podido dar mucho juego pasen casi de refilón ante nuestros ojos.
En resumidas cuentas, no me lo pasaba tan bien en el cine desde hacía bastante tiempo. Divertida, emocionante, con momentos emotivos y emocionantes, Serenity ha resultado ser el estupendo broche final para Firefly. Y dado el relativo fracaso económico de la cinta, mucho me temo que hemos sido testigos del grandioso y último periplo de la luciérnaga Serenidad.

Como buenos "chaquetas marrones" -como se autodenominan los fans yanquis, que llegaron a protagonizar campañas de presión para impulsar el proyecto del film- solo queda esperar que todo se edite en España para que el común de los mortales pueda disfrutar de este pedacito de universo. Abajo, unos enlaces. Quizá alguien más quiera unirse a los "browncoats"...

http://www.serenitymovie.com/

http://www.fireflyfans.net/

http://www.scifispace.com/html/firefly.php

http://www.scifi.com/firefly/

miércoles, octubre 26, 2005

John Carpenter, de profesión narrador (y VI)

Ya con un par de éxitos a cuestas, los presupuestos de sus films, exiguos hasta el momento, se agrandan, llegan los actores estrella, las grandes producciones estilo Hollywood... y cierta despersonalización del estilo carpenteriano, provocada mayormente por la necesidad de “producir” éxitos comerciales que proporcionen pingües beneficios a los productores. Así Christine (1983) -dirección, música- entra dentro de la oleada de adaptaciones de Stephen King, el midas de la literatura de terror, rodadas en esa década. Entre ellas podríamos destacar La zona muerta (dirigida por un Cronenberg resolutivo que también se alejaría de muchas de sus constantes habituales), Cujo, Ojos de fuego, Los chicos del maíz, Cuenta conmigo... Descontento con el resultado de muchas de ellas King acabaría dirigiendo Maximum Overdrive, y la verdad, hizo bien en volver a su máquina de escribir. Christine nos cuenta la historia de un joven problemático que compra y restaura un Plymouth rojo del 58, que resulta ser la encarnación del mal y acaba influyendo -negativamente, claro- en la vida del joven y de los que le rodean. Esta sosa historia de adolescentes, aburrida por momentos, sólo se salva por aquellos instantes en que el impresionante coche se convierte en el rey de la función. Antológica es la escena en que el automóvil persigue a los miembros de la pandilla de gamberros que lo destrozaron, y no precisamente para darles un paseo. King se quejó amargamente de la adaptación, aduciendo que simplificaba en exceso el argumento de su novela, y que sólo le gustaba la selección de música rock de los años 50. Algo de razón no le faltaba al buen hombre...
En el 84 nos llega Starman, protagonizada por Jeff Bridges, Karen Allen y Charles Martin Smith. Un extraterrestre se "encarna" en el marido muerto de la Allen, y juntos emprenden una huida desesperada de las fuerzas del gobierno que intentan apoderarse del alienígena antes de que este llegue al punto de encuentro con su nave nodriza. Film amable, no exento de ciertos momentos de gran lirismo (la resurrección del ciervo, el encuentro romántico en el vagón de tren) subrayados por una emotiva banda sonora de Jack Nietzche. El espectacular despliegue de efectos visuales de la ILM, marca de la casa no logró que el film tuviera el éxito que a lo mejor merecía. Poco más decir de esta película de mensaje positivo, expresado por el protagonista en el que acaso sea el mejor momento del film: "Lo que más me sorprende de los humanos es que sacáis lo mejor de vosotros mismos cuando peor están las cosas". La labor de Carpenter se redujo a la dirección, y quizá por ello este sea su producto más impersonal. Dos años después se produjo una serie de televisión con el mismo título.Protagonizada por Robert Hays, Starman (la serie) se centraba en la vuelta del extraterrestre para conocer a su hijo y a la huida que ambos debían emprender de una malvada agencia gubernamental. El relativo fracaso económico de la cinta tal vez hiciera replantearse al director el rumbo de su carrera y decidió jugarse el todo por el todo en su siguiente película, las extravagantes aventuras del camionero Jack Burton.

domingo, octubre 23, 2005

Sketch-busters (VI): Francisco Ibáñez



Y he aquí el fruto de nuestros esfuerzos. Una cola menos para futuros salones y un honor haber conocido a este hombre que tanto nos ha hecho reír a lo largo de los años.

sábado, octubre 22, 2005

Dibuja un Mortadelo, dibuja un Filemón...

Ayer saldamos una deuda histórica en esto del saloneo. Y es que año tras año, ya sea en Madrid o en Barcelona, siempre pasamos de hacerle cola al ilustre pope del humor en nuestro país, el creador de ese par de ineptos espías, de ese cegato aborrecible, de esos chapuzas tan hispánicos, de esa escalera de vecinos tan “normal”... Don Francisco Ibáñez. Ríanse ustedes de las colas que Stan Lee pudiera tener en su día, este hombre las repite año a año, y como que echaba un poco para atrás. Siempre había algún otro autor más goloso. Nos enteramos que celebraba una sesión de firmas en un centro comercial y ala, expedición planificada al canto. Y una cien personas, madre mía, que tirón tiene este hombre, menos mal que puso el modo turbo de “firmas a cascoporro” y nos ventiló en un periquete, aquí os lo dejo, al maestro en plena acción.

martes, octubre 18, 2005

Sketch-busters (V): Dave Dorman (II)

Aquí os dejo el segundo dibujín del amigo Dorman, este perteneciente a mi querida y santa friki pareja. Para los que no conozcáis la obra de Dorman, en su página web(http://www.davedorman.com/index.shtml) hay un montón de galerías sobre Batman, Aliens, Star Wars, etc. Para los que lo conozcan y lo admiren como artista, está la sección de encargos. Miedo me da preguntar cuánto costaría una ilustración pintada de la princesa Leia o de Darth Vader... Igual esta semanita toca ese superbote de 20 millones de eurazos y le encargo un par de óleos. Soñar es barato, y mi prosa es de saldo, así que por hoy me despido, dejandoos bien acompañados, eso sí.

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