

ble. A bordo de la nave Serenity (de la clase firefly o luciérnaga, nombre que recibe por la peculiar forma del motor) se reúne una heterogénea tripulación. La segundo de a bordo, Zoe (Gina Torres) luchó junto al capitán en la llamada guerra de unificación, y mantiene hacia él una lealtad y respeto absolutos. De carácter fuerte y combativo, está casada con Hoban “Wash” Washburn (Alan Tudyk), el alegre piloto de la nave que adora a su mujer por encima de todo y no pierde la sonrisa en ningún momento. Kaylee Frye (Jewel Staite) es la mecánico de a bordo, un auténtico ángel que tiene una palabra tierna de apoyo para todo el mundo y una auténtica manitas con las herramientas y los recambios. Jayne Cobb (Adam Baldwin) es el mercenario de la nave, experto en armas y en el cuerpo a cuerpo supone la contrapartida de Zoe como guerrero. Al código de honor y lealtad que aquella posee, Jayne antepone el provecho personal y la propia seguridad, aunque no por ello deja de tener su corazoncillo y su fibra sensible. Por último tenemos a Inara Serra (Morena Baccarin), una acompañante que pertenece a una de las castas más elevadas de su categoría. Estas “acompañantes” escogen a sus propios clientes entre aquellos que solicitan sus servicios, y es por esa influencia y facilidad de movimientos que el capitán Reynolds permitió que Inara se incorporara con su propio transbordador a la Serenity manteniendo total independencia.
Pese a que el protagonismo es todo lo coral que la duración de los capítulos –unos escasos 42 minutos- permite, es la personalidad de Mal Reynolds la que mejor define Firefly. Fue el último soldado del ejército rebelde en rendirse, en la cruenta batalla del valle Serenidad, junto a Zoe, y desde entonces mantiene su pedacito de libertad a bordo de su propia nave. En ella es el amo, y allí mantendrá una personal idiosincrasia a veces a costa de su propia seguridad o –las más de las veces- tranquilidad. De igual manera, a la hora de aceptar los “trabajos” y de llevarlos a cabo, su peculiar honradez y su sentido de la moral le meterán en más de un atolladero. Igualmente, el cariño que siente por su tripulación –el cual es más que recíproco- convierte a los moradores de Serenity en una suerte de “familia” de parias de la sociedad que solo cuentan los unos con los otros para sobrevivir en un universo hostil. En especial, su relación con Inara se desarrolla de una manera similar a las peleas provocadas por la mutua atracción de parejas tan ilustres como Spencer Tracy y Katherine Hepburn o más recientemente Bruce Willis y Cybill Shepherd.





Como buenos "chaquetas marrones" -como se autodenominan los fans yanquis, que llegaron a protagonizar campañas de presión para impulsar el proyecto del film- solo queda esperar que todo se edite en España para que el común de los mortales pueda disfrutar de este pedacito de universo. Abajo, unos enlaces. Quizá alguien más quiera unirse a los browncoats...

Origen. Edad de Plata
En los años 50 el género de ciencia ficción vivía su epoca dorada en cine, comics y televisión, esplendor que se mantendría vivo durante una década más para acabar asumiendo un cariz más cínico, a través de visiones desencantadas y pesimistas claramente distópicas. Lejos quedaban las sociedades idílicamente avanzadas y los seriales fantásticos con vocación pulp que se prodigaban en ese momento. Es es ese marco general dentro del cual nació el personaje de Adam Strange de la mano del guionista Gardner Fox y del dibujante Mike Sekowsky. El lugar elegido para publicar sus primeras aventuras fue en el número 17 de la cabecera genérica Showcase (con fecha de noviembre del 58), dentro de la cual aparecerían personajes como Flash II, Los Exploradores de lo Desconocido, el Ranger del Espacio, Linterna Verde II, Rip Hunter (el viajero del tiempo) o el Átomo. El hecho de que aparecieran todos estos personajes en el plazo de un par de años viene a reflejar el derroche de imaginación y talento que se produjo en aquellos momentos, en que se estaba dando forma tebeo a tebeo a lo que hoy conocemos como
La mitología de Adam Strange se desarrolla en torno al planeta Rann, muy avanzado tecnológicamente pero necesitado de un defensor al carecer su pueblo del carácter guerrero o de la formación militar adecuada. Sardath, científico supremo de Rann desarrolló la tecnología del Rayo Zeta (en origen un rayo transmisor pero a la postre un potente radiotransportador) para transportar al planeta Rann a un campeón. El elegido fue Adam, arqueólogo de profesión y desde ese momento aventurero y explorador espacial de vocación. Los efectos del Rayo Zeta se fueron haciendo cada vez más temporales, y Adam Strange vivía a caballo entre los dos mundos, lo cual no fue obstáculo para que se enamorara de Alanna, la hija de Sardath y formara pareja estable con ella. La concepción y ambientación del personaje emparentarían a Adam Strange tanto argumental como estéticamente con héroes como Flash Gordon o John Carter de Marte.
Las aventuras de este personaje que se han visto en España han sido las más recientes (en cada momento, claro), salvo un par de aventuras recopiladas en aquellos tomos de Las mejores historias jamás contadas… que editara Zinco a finales de los ochenta. Aún así, y partiendo de su episódica intervención en Crisis en Tierras Infinitas junto a los Héroes Olvidados (donde también “fiché” a Buddy Baker, a.k.a. Animal Man), he disfrutado sobremanera con las historias en que este personaje ha intervenido o que ha protagonizado, y se ha convertido en uno de mis personajes favoritos. Comprenderán que esté disfrutando como un enano con sus últimas apariciones, y también que haya decidido sobre la marcha transformar esta semana en la semana Adam Strange.
Tres años después, en 1990, llegaría Adam Strange, miniserie prestigio de tres números escrita por Richard Brunning y dibujada al alimón por los hermanos Adam y Andy kubert, con un estilo muy influido por el de su padre. La historia continúa explorando el Rann reescrito por Moore, con un Sardath absorto en sus investigaciones e incapaz de ver el descontento social creciente entre su pueblo ante la injerencia de lo que ellos consideran un alienígena. Alanna espera un hijo de Adam, el primero en décadas. Por su parte, atrapado en la tierra a Strange le plantea Sardath la posibilidad de emplear un Rayo Zeta mejorado que le permitiría permanecer en Rann indefinidamente junto a su familia. Al hacerlo, el viaje le trastorna y provoca una crisis de destrucción en Rann, malhiriendo a Sardath en el proceson de los intereses de estado amigo le manipula en funci. Enajenado y perseguido, Adam Strange llega hasta el vergel que La Cosa del Pantano creara en el planeta como regalo para los rannianos. Allí la esterilidad reinante en el resto del planeta no existe. Mientras cada vez se le hace más evidente que el motivo de que Sardath le eligiera no fue el de convertirse en campeón, sino su compatibilidad con Alanna, Adam debe afrontar la revuelta social que asola Rann y le culpa a él de todos sus males y la amenaza de una invasión de una flota enemiga. Al finalizar la miniserie Adam se queda definitivamente en el planeta aun cuando su situación diste mucho de la idílica estampa familiar que él había añorado durante años. Me descolocó mucho el final de la historia cuando lo leí hace una década, y aunque con mirada esperanzadora hacia el futuro, la tristeza y la melancolía se apoderaban de nuestro héroe.
Afortunadamente, llegaría Mark Waid para salvar los muebles y retroactivamente devolver la leyenda de Adam Strange a toda su grandeza en una historia cósmica y épica desarrollada a modo de fill-in de dos números en la colección de

Waid, bendito Waid, se las arregla para reestablecer dentro de la continuidad el statu quo clásico del personaje mediante una historia espectacular y con algunos momentos inolvidables para el que suscribe -como el rescate de un Superman forzándose al límite o el reencuentro fugaz de los Strange-. Finalmente Adam es zeta-transportado una vez a la tierra, al haber eliminado de su cuerpo la energía Mega Zeta, a la espera del siguiente rayo que le devolverá a su hogar. Es la página final –además de dicho reencuentro, que aún hoy me pone la carne de gallina- la que me deja con un nudo en el estómago, donde Jonn y Adam miran a las estrellas en silencio compartiendo el dolor de la perdida y la sensación de darlo todo por un mundo que, en el fondo, no es el suyo.

La historia arranca con Adam siendo interrogado por la policía acusado de daños a la propiedad, provocados por el estado de ebriedad en el que se encontraba ante la ausencia de noticias de Rann y la no aparición del Razo Z que había de transportarle. Cuando es conducido a Arkham Strange es atacado por un par de cazarrecompensas alienígenas que buscan a toda costa saber el paradero de Rann, cosa que desconcierta y desquicia a Adam al no saber él mismo nada de su familia. Tras una persecución por media ciudad en la que debe emplear todos sus recursos para escapar a sus captores y tras hacerse con el transmisor Z que los cazarrecompensas han empleado para llegar hasta él, Strange regresa a Rann para averiguar qué demonios está pasando… sólo para materializarse cerca de una estrella que acaba de explosionar y sin hallar rastro alguno de su planeta-hogar ni señal de los suyos. Desde ese momento las aventuras de Strange le conducirán a Thanagar donde será condenado a muerte por los hostiles thanagarianos, será ayudado por una de ellos, la misteriosa Sy’r Valkyr. Siguiendo las escasas pistas disponibles llega hasta una base espacial abandonada con restos de energía Z donde se esconden los Omega Men (con un Tygorr tan majestuoso y noble como siempre). A partir de este momento se va desvelando la trama de la serie, entrando en juego el auténtico villano de la función, el Vampiro Cósmico Starbreaker y su misterioso aliado Durlano, el cuerpo de seguridad privada intergaláctico L.E.G.I.O.N, y su orgulloso líder Vril Dox o los restos de la fuerza galáctica Darkstar. Todos esos actores protagonizarán el último acto de esta space-pulp-opera sobre los rojizos cielos del nuevo emplazamiento de Rann, acto lleno de momentos épicos, de arrojo y generosidad suprema, de sacrificio total y de venganza irracional. Y sí, también en esta serie tenemos una de esas reuniones familiares à
La caracterización de los personajes, una de las facetas mejor explotadas por Diggle en sus trabajos previos (Los perdedores) tiene aquí una gran importancia, y es en los retratos del determinado Adam, de Tygorr (generoso y valiente, como buen felino) o del soberbio –pero a la postre noble- Dox donde la serie consigue enganchar con un lector que quizá carezca en general del background necesario que le permita emocionarse en su justa medida con algunos de los acontecimientos de la historia. Los finales de continuará de cada número por un lado, y por otro el dinamismo y la tensión de la trama son lo suficientemente atractivos como para que la lectura de esta miniserie sea altamente recomendable.
Punto y aparte para el arte de Pasqual Ferry, que firma aquí el que hasta ahora es para mí su mejor trabajo, con un dinamismo espectacular en las composiciones de página, un trazo muy simple –aparentemente- pero que dota de gran expresividad a los personajes y de espectacularidad a las escenas de acción, y sobre todo, con una narrativa clara, clarita, que facilita la lectura del tebeo evitando distracciones epatantes en las composiciones de página.


(Más vale esta imagen que todo el post a modo de resumen de la miniserie. Y en primer término Tigorr, uno de mis felinos favoritos, todo él corazón, malas pulgas y buena puntería.)

(Si se rompe el Universo, nada mejor que lanzarse contra la fractura de cabeza, a ver qué pasa.)
La serie cuenta con guiones de un Dave Gibbons cada vez más cómodo en las labores de guionista, ofreciendo un entramado de personajes y sucesos muy bien documentado -aparecen de un modo u otro casi todas las grandes razas alienígenas de DC de un modo que no se había visto desde la saga Invasión- y con claras reminiscencias de la historia real reciente. El paralelismo con la I Guerra Mundial sería más que evidente en esa sucesión de pactos que van obligando a intervenir a un planeta tras otro ocupando territorios y atacando a terceros sistemas planetarios. Por su parte Iván Reis, dibujante brasileño con una gran progresión desde sus números de Superman -y una mejor proyección, pues habrá que ver cómo evoluciona y se consolida su estilo- nos narra a lo grande una historia repleta de acción y movimiento, con planificaciones dinámicas de página y una espectacularidad cósmica muy apropiada cuando se pasa de las escaramuzas bélicas a la acción superheroica contra Onimar Synn. Habría sido ideal que fuera Pasqual Ferry el encargado de rematar el excelente trabajo artístico iniciado en Planeta Robado, pero los lápices de Reis no se quedan atrás. Además, en este caso me gustaría señalar el entintado -y en algunos momentos quizá hasta algo más- de Joe Prado y Marc Campos, entintadores habituales de Ivan en otros proyectos.
Lo mejor de esta miniserie, que en algún momento puede agobiar por la cantidad de personajes poco conocidos para el lector y por la sucesión frenética de peleas, traiciones y viajes de un lado a otro de la galaxia, es la recuperación de una faceta del Universo DC que había estado abandonada durante los últimos años. Pese a los momentos de gloria que conocieron series como Omega Men, Green Lantern Corps o Atari Force en los 80, ha habido escasos intentos de recuperar y cohesionar esos mundos (mundos claramante definidos por ese futuro del Siglo XXX, de la Legión de Super Héroes y sus miles de razas y planetas), siendo los más destacados la saga del destierro de Swamp Thing por Alan Moore y la saga de Starman Llegar a las estrellas, y Las estrellas, mi destino. Es curioso que en ambas Adam Strange jugara un papel primordial, como ha sido también en este último caso. Se abre una nueva época en que los aficionados a la Space Opera y la Ciencia Ficción también podremos disfrutar de ella dentro del Universo DC.













