lunes, julio 15, 2013

Lunes estelar -309463.688. Cuaderno de Bitácora de Plissken

La inmensidad de las estrellas, su oscuridad infinita y su silencio ominoso aguardan en mi inmediato futuro. El ardiente y luminoso orbe conocido como el Sol arroja con fuerza sus rayos sobre esta pequeña expedición de reconocimiento que ha osado asomarse por segundo lunes consecutivo a las pantallas del ciberespacio, en busca de recorrer los viejos lugares cibérnéticos del antiguo hogar y de recuperar el terreno perdido por la desidia y el desconcierto. La tripulación aguarda a que su capitán les envíe el informe de situación, el futuro se presenta incierto pero con la ilusión de saber que cualquier cosa que nos traiga nos conducirá a un lugar mejor, a un sitio virtual al que ningún friki ha llegado antes...

Con esta entradilla tan particular me permito generar mi dosis semanal de humillación pública y vergüenza ajena, y de paso les avanzo lo que podrán encontrar a lo largo de los próximos días en este espacio que ha tenido una verdadera arrancada de caballo tras la decisión de volverlo a reactivar tras los dos meses de hiato sufridos en mayo y junio. Si la semana pasada saldaba no una, sino dos cuentas pendientes con Superman -el repaso a sus dos últimas andanzas cinematográficas aderezado por la recuperación de algunas entradas dedicadas a tebeos del personaje así como una breve reseña de las películas estrenadas a lo largo de la década de los ochenta del pasado siglo-, esta semana pretendo hacer algo similar aprovechando el estreno de Star Trek: En la Oscuridad, película que aún no he visto -cosa que espero solucionar de cara al final de esta semana- así como de la reciente publicación de un nuevo comic dedicado a la franquicia a modo de precuela de la película, que nos ha traído a España la Editorial Likantro con su habitual buen hacer. Arropando a esas dos entradas de nueva creación tendrán ustedes una nueva dosis de arqueología plisskeniana con la republicación de las entradas dedicadas a los comics previos a Star Trek: Un nuevo comienzo y al estreno de la película en sí misma, que vieron la luz hace unos añitos y que nunca está de más recuperar ante un estreno tan afortunado como el de la nueva película de J.J. Abrams. Ya para más adelante esto recuperará un ritmo de publicación más cabal y habitual con entradas más centradas en los comics o en el arte original, pero por el momento, no quería dejar pasar la ocasión de orquestar dos semanas temáticas tan acordes a los gustos y el espíritu de este espacio.

Para cerrar la supersemana que comenzara el pasado lunes, y con decenas de canciones entre las que elegir, me he decantado por una pequeña joyita nostálgica del año 78 compuesta por Ray Davies para los Kinks, en el que el tono del grupo deriva hacia una festivaleo discotequil sin abandonar la elegancia y la calidad que les convirtiera en referentes de la música británica en los años 60. Sean ustedes buenos y recuerden, como siempre, tener mucho cuidado ahí fuera.


(Wish I could fly like)Superman
The Kinks

Woke up this morning, started to sneeze
I had a cigarette and a cup of tea
I looked in the mirror what did I see
A nine stone weakling with knobbly knees
I did my knees bend press ups touch my toes
I had another sneeze and I blew my nose
I looked in the mirror at my pigeon chest
I had to put on my clothes because it made me depressed
Surely there must be a way
For me to change the shape I'm in
Dissatisfied is what I am
I want to be a better man

Superman Superman wish I could fly like Superman
Superman Superman I want to be like Superman
I want to be like Superman
Superman Superman wish I could fly like Superman

Woke up this morning, what did I see
A big black cloud hanging over me
I switched on the radio and nearly dropped dead
The news was so bad that I fell out of bed
There was a gas strike, oil strike, lorry strike, bread strike
Got to be a Superman to survive
Gas bills, rent bills, tax bills, phone bills
I'm such a wreck but I'm staying alive

[Look in the paper, what do I see,
Robbery, violence, insanity.]

Hey girl we've got to get out of this place
There's got to be something better than this
I need you, but I hate to see you this way
If I were Superman then we'd fly away
I'd really like to change the world
And save it from the mess it's in
I'm too weak, I'm so thin
I'd like to fly but I can't even swim

Superman Superman I want to fly like Superman
Superman Superman wish I could fly like Superman
Superman Superman wish I could fly like Superman
Superman Superman I want to be like Superman
Superman Superman I want to fly like Superman

domingo, julio 14, 2013

El Hombre de Acero: Algo nuevo, algo viejo, algo azul...

El planeta Krypton afronta un momento crucial en su existencia cuando el científico Jor-El (Russell Crowe) comunica al consejo de gobierno la proximidad de un desastre natural de proporciones cósmicas. El consejo desoye sus advertencias, al tiempo que sufre un intento de golpe de estado liderado por el general Zod (Michael Shannon) y por su lugarteniente Faora (Antje Traue), lo cual sume a Krypton en una oleada de caos y destrucción sin precedentes. Jor-El busca poner a su hijo recién nacido a salvo, pero junto al niño, el primer nacido en Krypton de forma natural en siglos, el científico pretende salvar el Códice genético de los habitantes del planeta, la matriz genética que determina la existencia y futuro de todos los kryptonianos. El recién nacido Kal-El es enviado en un cohete a un planeta lejano cuyo sol le proporcionará habilidades y poderes muy superiores al de sus pobladores nativos, lo cual le otorgará unas mayores posibilidades de supervivencia.


Dos décadas después el joven Clark Kent (Henry Cavill) vagabundea por el mundo de empleo en empleo, siempre adoptando diferentes identidades hasta que su innata habilidad para realizar actos extraordinarios al servicio del bien y de la integridad de sus semejantes le obligan a marcharse a otro lugar. Ese peregrinaje estoico y solitario le permite muchos momentos de introspección en los que siempre tiene presente las enseñanzas de sus padres, Martha (Diane Lane) y Jonathan Kent (Kevin Costner) sobre el modo de afrontar el mundo y de mostrar su verdadera naturaleza hacia los demás. Esas enseñanzas sufrirán un duro golpe cuando el ejército de los Estados Unidos localiza una nave kryptoniana en el Artico. Adelantándose a la investigación de la intrépida reportera del Daily Planet, Lois Lane (Amy Adams), Clark Kent descubrirá en el interior de esa nave la grandeza y la responsabilidad de su herencia natal, y entrará en contacto directo con su padre biológico, Jor-El.


La llegada de un ejército de kryptonianos renegados escapados de la Zona Fantasma tras la desaparición del planeta Krypton, liderados por el implacable Zod, pondrá a la Tierra al borde de la extinción. Con unas habilidades extraordinarias ningún ejército es capaz de hacerles frente, y su desprecio por la vida humana es notorio, plasmándose en una actitud genocida al tratar de terraformar el planeta y convertirlo en una suerte de Nuevo Krypton. Sólo la presencia del héroe que llegará a ser conocido como Superman, con un Clark Kent que asume todo el peso de su herencia kryptoniana y viste el símbolo de la casa de El puede arrojar un mínimo halo de esperanza para la humanidad.


Ya hemos hablado en entradas anteriores de la situación económica agotada de una franquicia dedicada a un personaje icónico como el Hombre de Acero y de un intento de revitalización fallido. Tras el éxito sin paliativos de la trilogía de Batman desarrollada por la batuta maestra de Cristopher Nolan dirigiendo los guiones de David S. Goyer, la Warner decidió dar un nuevo enfoque al personaje contando con la misma base que había dado tan buenos resultados a otra franquicia tan muerta como la del Hombre Murciélago. Con Nolan asumiendo las funciones de productor, imprimiendo su sello en el tono solemne, adulto y serio de la película, y con Goyer escribiendo un libreto que se toma sus libertades con el personaje pero que acude a la esencia del mismo para destilarla y adaptarla a los tiempos que corren (lo que hemos venido llamando en el mundillo ultimatización de personajes), el director elegido para montar el tinglado fue Zack Snyder, un tipo que afrontaba su tercera película relacionada con el cómic -tras 300 y Watchmen- y al que no le tembló el pulso de ponerse al frente de una superproducción como esta tras el relativo fracaso económico de su anterior proyecto, la personal, desmesurada y fascinantemente hipnótica Sucker Punch.


Los mimbres con los que se comenzó a tejer esta producción ya eran lo bastante sólidos, pero la elección cuidada de un nuevo reparto, totalmente diferente del de Superman Returns, de acuerdo con el tono de reinicio que se quería dar a esta película, nos presenta un universo completamente nuevo poblado de rostros reconocibles que aportan sobriedad y solvencia a papeles muy sacrificados por el encorsetamiento narrativo que conllevan. Rusell Crowe compone un padre majestuoso y melancólico, capaz de actos de osadía y violencia cuando la ocasión lo exige. Michael Shannon ofrece un Zod visceral y desatado, la composición de un militar golpista para el que no existe freno alguno a sus ansias de poder. Kevin Costner y Diane Lane, en un montaje no lineal de su relación con Clark y la educación del muchacho en su infancia y juventud, presentan a dos personajes honestos y sacrificados, la sal de la tierra de Kansas que es consciente de las miserias provocadas por el miedo y la envidia consustanciales al ser humano, pero al tiempo sabedores de la generosidad y la grandeza que ese mismo ser humano atesora de manera innata. Amy Adams, intrépida periodista, mujer audaz, interés sentimental en ciernes, cumple con creces todo lo que se espera de un personaje como Lois Lane, y cuenta con Henry Cavill para darle cumplida réplica, un tipo cuya grandeza física llena completamente las mallas de Supermán pero que a la vez consigue dotar a su encarnación de Clark Kent de la melancolía y del carácter solitario y sacrificado que un personaje en fuga continua debería sentir.


Como he mencionado anteriormente, nos encontramos con un Superman ultimatizado, con la presentación de unas situaciones que ya hemos leído o visto en varias ocasiones pero que se nos presentan de una manera acorde a los gustos y preferencias de las nuevas generaciones consumidoras de esta clase de productos. Quizá el mayor cambio a la leyenda conocida de Superman sea presentar a Lois Lane y a Clark Kent mucho antes de que este llegue a Smallville como el bisoño nuevo reportero del Planet. Aunque ya sabíamos que Zod era malo nunca le habíamos visto cometer actos de tamaña destrucción y crueldad, por lo menos hasta la reciente saga Last Son donde Metropolis sufre una destrucción sin precedentes provocada por tropas kryptonianas. Se da la curiosidad de que esa historia contó con el argumento de Richard Donner, y que guarda algunos puntos de contacto con la historia del Hombre de Acero, por lo que podríamos decir que la sombra de Donner es tan alargada que ni siquiera el reinicio de esta nueva aventura de Superman escapa a su influjo. Otro rasgo de modernización a la ultimate de la película podría ser la inclusión del actor Larry Fishburne como Perry White, siguiendo la estela de ese Nick Furia de color interpretado por Samuel L. Jackson en las películas marvelianas. 


Con una narrativa no lineal, que pasa de contar el origen kryptoniano a una sucesión de momentos que alternan los peregrinajes de Clark Kent con momentos significativos de su infancia y juventud (contados no necesariamente en orden cronológico), la historia va cogiendo carrerilla pasando de escenas relativamente intimistas, casi reflexivas, hasta desembocar en un largo clímax de cuarenta minutos en los que la destrucción y la violencia campan a sus anchas en la pantalla. Lejos ha quedado la batalla a soplidos de Superman II, y la tecnología de efectos especiales en la actualidad puede ofrecer peleas en vuelo a puñetazo limpio, rayos gravitatorios terraformadores o la destrucción masiva de una ciudad de forma espectacular, creíble y apabullante. La magnitud del enfrentamiento es tal que ha provocado cierta polémica entre algunos espectadores, que se han llegado a tomar la molestia de calcular el coste monetario y en vidas de un enfrentamiento como el de Zod y Superman en el centro de una gran urbe como Metropolis/New York: unos dos trillones de dólares de nada en daños a la propiedad y un coste humano de unos 129. 000 muertos y unas 250.000 personas desaparecidas. Minucias.


Si nos centramos en la misma sucesión de datos objetivos que busqué a la hora de evaluar Superman Returns, en este caso nos encontramos con el caso diametralmente opuesto. Mientras que la crítica especializada le otorga un cinco y medio raspado (como se puede ver en Metacritic o en Rotten Tomatoes), la valoración de sitios como IGN o IMDB donde el peso de las opiniones de los usuarios es mayor resulta mucho más positiva, de acuerdo a la espectacularidad del film. Y para terminar de redondear la jugada, nos encontramos con que a nivel económico, partiendo de un presupuesto estimado de unos 225 millones de dólares, la película ha recaudado cerca de unos 600 millones de dólares a nivel mundial, situándose como una de las cintas más taquilleras del año y garantizando la salud de esta nueva franquicia superheroica, como mínimo con la realización de una segunda parte para 2014 que podría desembocar en el tan soñado proyecto de La Liga de la Justicia. Tiempo al tiempo. Por el momento toca disfrutar de una película espectacular y apabullante, fiel en esencia a lo que supone la figura de Superman pero con concesiones de cara a la galería en lo que a violencia se refiere, pero que tiene dos graves taras, en mi opinión. La banda sonora no consigue transmitir en ningún momento la grandeza o la belleza que los dos temas más reconocibles de John Williams sí aportaban en su momento, y la grandeza del Superman de Richard Donner sigue sin ser superada pese a todos los avances en técnicas digitales y en efectos especiales. La emoción que me transmite Donner, el sentido de maravilla, la diversión sin embages, aun estando presentes en la nueva película de Zack Snyder no logran volar a las mismas cotas de altura y calidad que en la producción del 78. Y qué quieren que les diga. Reitero lo que dije en la reseña de Sucker Punch. El gran problema que siempre tendrá el amigo Snyder es que para mí, su mejor película siempre será la primera...


sábado, julio 13, 2013

Superman Returns: Porqué este blog necesita a Supermán

Durante años, estuvo en el aire hacer una nueva película de Superman, se consideraron varios directores, actores y líneas argumentales, pero el proyecto que quizá más cerca estuvo de materializarse fue el que desarrolló Kevin Smith con Nicholas Cage ajustándose un traje negro y adaptando la trama de la muerte de Superman. Es muy conocido el video en que Smith detalla las barbaridades y vaivenes que los productores ejercieron sobre el proyecto, afortunadamente cancelado.  La nueva ola de producciones de género impulsada por Marvel y el éxito económico de las mismas impulsó a la Warner a buscar al hombre que inició esa nueva ola, Bryan Singer, para que desarrollara una nueva película centrada en Superman...


La Historia

Han pasado cinco años desde la última vez que alguien viera a Superman. El mundo ha seguido su camino. Lois Lane (Kate Bosworth) ganó el Pulitzer por un artículo titulado ¿Porqué el mundo no necesita a Superman? y rehizo su vida sentimental junto al sobrino de Perry White (Frank Langella), Richard (James Marsden), con el que tiene un niño de cinco años. Al otro lado de la sociedad, el antaño villano Lex Luthor (Kevin Spacey) ha logrado salir de la cárcel con la ayuda de una anciana cuya ayuda y fortuna resultan vitales para su libertad y sus propósitos. Junto a su banda de secuaces Luthor regresa a la Fortaleza de la Soledad y roba los últimos cristales de Krypton, tras averiguar lo que contienen y de lo que son capaces cuando entran en contacto con el agua, nada menos que generar un terreno kryptoniano virtualmente de la nada.


Pero Superman (Brandon Routh), que ha pasado cinco años en el espacio en un periplo que le ha llevado hasta el lugar donde se halló originariamente el planeta Krypton -del que solo quedaban restos sin vida-, vuelve a la Tierra y su presencia pronto se hace notar al salvar un prototipo de avión experimental repleto de periodistas o al detener a una banda tecnificada y fuertemente armada de ladrones de bancos. Tanto él como Clark Kent tendrán que recuperar su posición en un mundo que dejaron atrás tiempo ha, adaptándose a la nueva situación de los seres queridos, volviendo al hogar donde Ma Kent (Eve Marie Saint) ha esperado pacientemente todo ese tiempo, y afrontando la nueva amenaza que Luthor lanza contra el mundo, una amenaza que pondrá en peligro el continente americano y que obligará al Hombre de Acero ha llevar sus poderes y su fuerza de voluntad incluso más allá de sus limites para tener siquiera una mínima posibilidad de supervivencia y de éxito.


La película

Hay que decir que, de base, la película tiene una deuda enorme con el Superman de Richard Donner, tanto por la inspiración que supuso para los creadores del film como por el hecho de que Bryan Singer llegó a intercambiar ideas con el propio Donner sobre el tratamiento de la historia, que se convierte en secuela directa de Superman II y descarta los sucesos ocurridos en las entregas III y IV de la franquicia. A pesar de eso se incurre en una mínima incongruencia argumental, al mantener la presencia de la Fortaleza de la Soledad que habría quedado destruida al final de Superman II. Singer contó con la ayuda de los guionistas de X-Men 2, Michael Dougherty y Dan Harris, con lo que contamos con el equipo creativo básico de una de las cimas de las películas Marvel trabajando directamente para la competencia. Esto afectó negativamente al desarrollo de X-Men: The last stand, en tanto que el director abandonó la posibilidad de trabajar en la tercera entrega y la contratación de James Marsden provocó su burda eliminación del film en una secuencia inicial sonrojante que se cargaba sin miramientos a uno de los mejores personajes de la Patrulla.


El nuevo casting fue otro de los puntos fuertes de la película, contando con un actor de peso y carisma para dar vida al villano de la función, con una selección de actores secundarios solventes y reconocidos como Langella, Saint o Posey, y con dos jóvenes actores relativamente noveles para interpretar a los verdaderos protagonistas del film. A pesar de su bisoñez tanto Bosworth como Routh ofrecieron una buena composición de sus respectivos personajes, funcionando tanto en las escenas intimistas como en las movidas secuencias de acción del tramo final de la película. Por desgracia, la carrera de ambos se estancó notablemente tras participar en Superman Returns, y la más notable aparición de Routh sería como el personaje némesis de Chuck o adaptando a otro personaje del comic italiano, Dylan Dog. Bosworth ha mantenido una carrera más activa, pero centrada en papeles y producciones más modestas. Dato curioso es que repitió junto a James Marsden en el remake de Perros de Paja que se rodó en el año 2011.


Llegamos al punto más espinoso de esta reseña, y es el buscar una serie de datos objetivos para valorar el éxito o el fracaso crítico o económico de la película. En el primer caso, hay que constatar que la mayoría de críticas profesionales emitidas sobre la película fueron positivas. El tono sobrio del film, la manera clásica de plantear una historia con tintes mesiánicos y el respeto por la versión de Richard Donner le granjearon un buen puñado de buenas reseñas, contando a día de hoy con un 75% de críticas especializadas positivas (frente a un 67% de buenas opiniones emitidas por la audiencia) en Rotten Tomatoes, y con una nota media de 72 en Metacritic de la crítica profesional (frente al 5.8 que la audiencia le otorga a la película). Siendo estas dos páginas los dos agregadores de reseñas y críticas más importantes de la red, y comparando esos resultados con los de otras producciones, queda constatado que Superman Returns está muy lejos de poder ser considerada una mala película, una basura o una mierda, todos ellos calificativos que fueron bastante utilizados en aquel lejano 2006 para referirse a una película digna y honesta, fiel a su modelo, cuya mayor falla fue la de nadar contra corriente y alejarse de las modas del momento para ofrecer una película que habría satisfecho a las audiencias de los años 80 antes que a las hordas de adolescentes actuales.


Y ya que hablamos de la soberana audiencia, vamos a centrarnos en los datos económicos. Con un presupuesto de 180 millones de dólares, la suma del total acumulado de gastos de desarrollo del proyecto desde los años 90 -que se dice pronto-, hizo que el presupuesto final de Superman Returns se disparase hasta los 263 millones de dólares, a los que hay que sumar los gastos de promoción a nivel mundial. Un verdadero disparate. Con una buena apertura en cines, la película recaudó unos 400 millones a nivel mundial, siendo ese año la sexta película más taquillera en Estados Unidos y la novena película más taquillera a nivel mundial. Si nos atenemos a las películas de la saga Superman, SR es la segunda en datos de recaudación puros y duros tras El Hombre de Acero, pero si aplicamos el ajuste de la inflación la cosa cambia notablemente y pasa a ocupar el cuarto puesto tras Superman I y II y Hombre de Acero. Así que, con estos datos en la mano, tengo que decir que, si bien Superman Vuelve no fue el bombazo que los ejecutivos de la Warner habrían deseado, y que habrían lanzado al personaje a una nueva era de esplendor cinematográfico, lo cierto es que la película no fue ni un fracaso ni una debacle económica.


Una valoración final

Esta fue una de las películas más vapuleadas a nivel de la frikisfera en su momento, con una verdadera oleada de linchamientos en foros y blogs que  contribuyeron a alejar a muchos espectadores que quizá con menos ruido de fondo le habrían dado la oportunidad a una película que como mínimo merecía eso. No es mi película favorita del personaje ni de lejos, pero sí me parece la digna heredera del espíritu de las películas de Richard Donner y un esfuerzo encomiable por parte de su director, Bryan Singer, de afrontar un material desde el cariño y el respeto y de ofrecer un digno espectáculo al margen de las modas y de la tiranía del público, algo que este director ha repetido por ejemplo en proyectos como Valkyria, película a la que se podría aplicar mucho de lo escrito anteriormente. Routh voló alto y breve, pero eso le ha llevado a ocupar un hueco muy cotizado en el olimpo de la cultura popular contemporánea, y es que han sido muy pocos los que han podido lucir la gran S roja con orgullo. 


viernes, julio 12, 2013

El baúl de Plissken: Las precuelas de Superman Returns

El año 2006, casi dos décadas después de Superman IV, el Hombre de Acero volvía a las pantallas de todo el mundo, esta vez de la mano del director Bryan Singer, avalado por el prestigio crítico de sus primeras obras y por el éxito de público conseguido con sus versiones de la Patrulla X. Para ir caldeando el ambiente y para servir de puente a la historia narrada en Superman Returns, la editorial DC Comics lanzó una serie de cuatro especiales que narraban los sucesos anteriores a la película, resolviendo el hiato temporal existente entre Superman II y las nuevas aventuras de Superman. En aquel año 2006 un servidor de ustedes leyó con ilusión aquellas precuelas en formato comic, preparándose para volver a disfrutar de una nueva película con Superman. La intención era, además, reseñar la película, pero las toneladas de mierda que se vertieron sobre la misma justo después de su estreno me desanimaron ampliamente, y dejé estar el asunto. Mira por donde, que Warner, DC y Zack Snyder me iban a dar la oportunidad de reivindicar años atrás una película de la que les hablaré mañana. Vaya por delante esta contextualización de la historia... Por cierto, que al recopilar las dos entradas he constatado dos cosas, que ya entonces dejé reflejo del fracaso económico que no artístico en mi opinión de la película, y de mi escasa pericia con el escáner, justo antes de pasar precisamente en mi trabajo diario, a desarrollar labores de escaneado y retoque digital de imágenes. La de cosas que pueden cambiar en seis añitos de nada...


De Krypton a la Tierra: La historia de un viaje de ida y vuelta

Como ya comenté, tanto la Warner como DC han mimado el proyecto del regreso del Hombre de Acero a la pantalla grande. Dentro de la campaña de marketing previa, y dado que han pasado dos décadas desde el anterior film (Superman IV, 1987), se creyó necesario recordar al Superman cinematográfico a las jóvenes generaciones que sólo lo han conocido a través de las series Lois & Clark y Smallville. Ciertamente parece una jugada algo arriesgada el realizar una película-secuela a más de 20 años de distancia. Nada mejor que el lanzamiento de cuatro especiales que preparan el terreno para ese público potencial y que nos recuerdan los viejos buenos tiempos a los veteranos que tenemos cierta nostalgia por aquellas primeras veces. Entre el simple recuerdo y el llenar los vacíos de la historia que nos narrará la película oscilaran los cuatro números en cuestión, con diferentes equipos creativos pero coordinados directamente por Bryan Singer, Dan Harris y Michael Dougherty (director y guionistas, respectivamente).


El primero de ellos, De Krypton a la Tierra, vuelve a contar con pelos y señales el origen alienígena del personaje. Desde los fútiles intentos de Jor-El por avisar al consejo científico del Planeta Krypton de la inminente catástrofe cósmica que les destruirá a todos hasta los preparativos del resignado científico para poner a salvo a su hijo en una nave espacial. Con diálogos sacados directamente del guión de Superman (1978) este Jor-El parece y habla como Marlon Brando. Nada nuevo bajo el sol en este especial, que acaso sea el más importante. En tanto que ubica el origen del personaje, nos recuerda la continuidad establecida en este particular universo cinematográfico. La mayor traba es que no ofrece ningún elemento novedoso para los conneiseurs, tan sólo esa mirada repleta de nostalgia y cariño a unos momentos que –hablo personalmente- me marcaron desde bien niño. El dolor de la madre mientras dejaba al bebe en la fría y estéril aeronave, la serenidad con la que Jor-El realizaba los preparativos, su voz educando y preparando a su vástago durante los años de viaje para lo que habría de afrontar en su planeta natal…


Todo ello queda perfectamente reflejado en el guión de Jimmy Palmiotti y Justin Gray y en los maravillosos lápices de Ariel Olivetti, que pese a tener que buscar cierto parecido físico con los actores logra que el resultado no sea el típico pastiche de adaptación al comic de peli de éxito, sino un tebeo repleto de momentos intensos que van desde lo emotivo hasta lo espectacular. Para muestras de ello, los tres botones que ilustran este post.

Dentro de poco, más de lo mismo.

¡Arriba, arriba y lejos!


Ma Kent: El guardián entre el centeno

Aquí tienen la reseña de la segunda de las precuelas, la dedicada a Ma Kent, obra de Marc Andreyko a los guiones y Kart Kerschl en los lápices. Este es un retrato muy introspectivo a la vida familiar del hombre de acero, a su trasfondo familiar. En último término, es un vistazo a aquello que formó en Clark Kent la personalidad desprendida, sacrificada y valiente que luego daría lugar a la personalidad superheróica de Superman. Muchas veces se ha hablado de lo irreal que supone el personaje, de lo maniqueo que resulta un boyscout casi todopoderoso que mira por los intereses de los demás antes que por los suyos propios. Bueno, pues servidor opina todo lo contrario.


Lejos de lecturas deconstructivistas o de aventuras que alteran la retrocontinuidad del personaje, la historia de Superman siempre ha oscilado en torno a su doble herencia, la humana y la alienígena, a las enseñanzas recibidas por sus padres adoptivos y a las que le fueron transmitidas por Jor-El (de un modo u otro dependiendo de si hablamos de los comics, de las películas o de las series de TV). Si una persona recibe amor y valores y sólo ve generosidad en los que le rodean difícilmente podrá concebir otra forma de ser. Entraríamos en disquisiciones sobre el determinismo, sobre el conductismo, sobre el poder civilizador de la educación… No hace falta hilar tan fino. Sabiendo que Lara y Jor-El se sacrificaron para permitirle una vida en un planeta lejano, que Martha y Jonathan le recibieron con los brazos abiertos y le educaron y le quisieron como si de su hijo carnal se tratara, ¿estaríamos hablando de algo improbable, maniqueo o imposible? ¿O de lo que sucedería en la vida real?



En las páginas de esta historia se alternan los flashbacks (extraidos directamente del film original del 78) con las reflexiones de Martha en su vida cotidiana. El reflejo de la añoranza por el marido años ha fallecido, y la preocupación por la ausencia prolongada de su hijo no empañan los recuerdos que a diario la asaltan en la granja de los Kent, en la cafetería de Smallville, en las conversaciones con los vecinos. Pero en el corazón de Martha Kent está el claro convencimiento de que Clark, SU Clark, volverá tarde o temprano, y ella estará allí, en su HOGAR, para recibirle con el abrazo tierno de una madre que ha añorado a su retoño demasiado tiempo.

[Las capturas reflejan uno de mis momentos favoritos de Superman: el lamento del hijo por la muerte del padre -"con todo lo que puedo hacer, con todos mis poderes... y no he sido capaz de salvarle"-, y la despedida de Martha en el campo de maiz. Pelos como escarpias.]


Lex Luthor: Ni un pelo de tonto

Sigo reseñando la tercera de las precuelas en comic de lo que ya podemos decir que ha sido el gran fracaso económico –que no artístico, en mi opinión- del verano, Superman Returns. De la mano de los guionistas habituales, Gray y Palmiotti, y con la siempre eficaz colaboración de Rick Leonardi en los lápices, nos llega este especial centrado en la figura de Lex Luthor, la mente criminal más grande de nuestro tiempo.

Encerrado en la cárcel, donde le dejó Superman (al final de Superman II), nuestro villano repasa los fallos de sus planes previos, examina su odio hacia la figura de Superman y, por supuesto, empieza a plantar las semillas de su futuro en su relación con dos mujeres, la enfermera Kitty y una anciana millonaria a la que enamora con su meliflua correspondencia. También muestra, aunque de pasada, como los secuaces de Superman Returns eran compañeros de trullo. Reflejando la mordacidad e ironía del personaje, los guionistas nunca pierden de vista que bajo la causticidad de Lex Luthor se esconde un ser maquiavélico y paciente que, agazapado, espera el momento de asestar el golpe mortal a su enemigo. De nuevo, este comic nos recuerda algunos de los momentos de la primera entrega, como la conversación en la guarida subterránea con Superman (y los cameos de Ottis y la srta. Teschmacher).

Y ya sólo queda uno por leer. A ver cómo eluden la cuestión de la inmaculada concepción en el especial de Lois Lane…

Lois Lane: Detrás de la noticia

Y llegamos al final con este especial en el que Doug Hazlewood (a quien los veteranos del lugar recordamos como entintador de Chas Truog en Animal Man) hace lo que puede ilustrando el guión de Gray y Palmiotti.




Lois Lane recibe el encargo de Perry White de escribir un nuevo artículo sobre Superman, pero uno especial, acerca de su desaparición aparente. Lois debe examinar entonces su relación profesional con la figura de Superman a la vez que sus sentimientos personales. Rememorando sus primeros encuentros, la entrevista que dio a conocer al mundo al último hijo de Krypton o algunas de sus hazañas Lois Lane reflexiona sobre el modo en que el mundo percibe a Superman y la huella que las acciones de éste dejan en la humanidad. Mientras que el artículo va madurando entra en la vida de Lois Richard White, sobrino de Perry que pronto adquirirá una importancia mucho mayor en su vida. Finalmente, y tras dar a luz a un niño (sin que en ningún momento se mencione quién puede ser el padre, aunque será Richard quien la acomañe en el paritorio) Lois escribe el artículo Porqué el mundo no necesita a Superman, que le valdrá el premio Pulitzer.




Este es un especial muy importante para lo que narrará Superman Returns, ya que por un lado debe explicar la evolución en la personalidad de Lois, que rehace su vida a nivel profesional y sentimental al margen de Superman, y por otro debe introducir a un personaje completamente nuevo, Richard, y lograr que no caiga antipático ni sea demasiado blando. Además, la evocación de algunos de los momentos imborrables de Superman, como el vuelo nocturno o el rescate del helicóptero ponen los pelos de punta. Lástima que el dibujo de Hazlewood sea tal vez el menos lucido de los cuatro especiales. Otro gallo hubiese cantado si Adam Hughes, autor de las portadas que van de lo nostálgico a lo preciosista (caso de la de Lois Lane, sin ir más lejos) se hubiese encargado de dibujar alguna de las historias.



Por si se han quedado con ganas de más, DC recopiló los cuatro especiales en un bonito tomo que, además, Planeta sacará a la venta este mismo mes, así que si quieren atar todos los cabos, no se lo pierdan.

Por cierto, pido perdón por la calidad de los escaneos, que como ya habréis comprobado no es lo mío. Las escenas en panorámico sobrepasaban el tamaño de mi máquina, pero es que son tan bonitas y me traen tantos recuerdos que no me he podido resistir.
Posted by Picasa

jueves, julio 11, 2013

Superman III, IV y Supergirl: Superexplotaitions a cascoporro (Creerás que un truño se puede estrenar)

El éxito de las dos primeras entregas de Superman habían convertido a los Salkind en unos productores que se las prometían muy felices ante un halagüeño futuro repleto de éxitos y de beneficios en taquilla. Superman (1978) había triplicado la inversión en la venta de entradas, Superman II (1980) duplicó su presupuesto en taquilla. Pese a que la tendencia parecía clara, aún les quedaban un par de proyectos en la manga con los que seguir exprimiendo al Hombre de Acero.


Superman III (1983) Dir. Richard Lester

La historia

Los caminos de Metropolis son inexcrutables, y solo la locura urbanita de una ciudad como esa podía cruzar los caminos de un parado con excepcionales dotes para la informática y escasos escrúpulos como Gus Gorman (Richard Pryor) con los del ávido y avieso magnate de los negocios Ross Webster (Robert Vaughn). La habilidad de uno para manipular a su antojo las computadoras y la desmedida ambición del otro llevarán a una situación de colapso económico mundial con la industria energética al filo del desastre. Superman, que en esta ocasión se debate entre su vida en Metropolis y los recuerdos de su juventud en Smallville, personificados en la vital y encantadora Lana Lang (Anette O'toole), sufre una curiosa emboscada que disocia su parte buena de un lado oscuro que se apodera de su personalidad y lo aboca a cometer actos de maldad por medio planeta, siguiendo los designios de Webster. Clark Kent y Superman tendrán que luchar entre sí para recuperar el dominio de sí mismo y frenar un complot que amenaza el bienestar de la raza humana.



La película

La deriva hacia la comedia bufa iniciada en Superman II aquí llega a su culmen, empezando por una larga secuencia inicial repleta de golpes, caídas y tortazos y cristalizando en el verdadero despropósito del film, la contratación del -por otro lado genial, pero aquí desaprovechado- cómico Richard Pryor, que se convierto en el co-protagonista de la película. Dejando de lado los tics y escenitas protagonizados por Pryor, y el empleo oportunista de la pujante industria informática, poco hay de salvable en una película que apenas echa un vistazo nostálgico a la juventud de Kent en Kansas y se pierde en muchas otras cosas. Robert Vaughn como villano de la función está más comedido que Gene Hackman en las anteriores películas, pero su molesta hermanan ya da la nota por ambos.


Queda, además, totalmente desaprovechada la interesante idea de un Superman malvado, cuyas acciones más terroríficas son apagar la antorcha olímpica de un soplido o enderezar la torre de Pisa, y del enfrentamiento mental subyacente entre las facetas humana y alienígena o superheroica de Clark Kent-Superman, materializada en la escena del desguace. La deriva en el tramo final hacia lo computerizado y cibernético es lo único que queda de la intención original de usar a Brainiac como villano, y ofrece una escena bochornosa en el clímax con el control del sistema de misiles empleado contra Superman, con la música del Pac-Man y globos de puntuación cuando los misiles impactan contra él. Una última infamia contra la película: el papel de Lois Lane fue reducido a cinco minutos y doce frases a causa del apoyo prestado por Margot Kidder a Richard Donner.



Supergirl (1984) Dir. Jeannot Szwarc

La historia

Kara Zor El (Helen Slater) es una joven que vive en la idílica ciudad de Argos. Inquieta y sensible, se relaciona con Zaltar (Peter O'Toole), una suerte de mago y artista que ha tomado prestada la fuente de poder que mantiene a la ciudad, el Omegaedron, para realizar una de sus obras. Un desafortunado accidente provoca que el Omegaedron se pierda, y Kara partirá en su busca, llegando hasta el planeta Tierra. Para su desgracia el orbe de energía ha ido a parar a las malvadas manos de Selena (Faye Dunaway), una suerte de bruja malvada con ínfulas de gobernar el mundo que empleará el Omegaedrón para esclavizar a sus conciudadanos, enamorar al jardinero Ethan (Hart Bochner) y convocar a una serie de entidades malignas que se enfrenten a Kara Zor El en la identidad y forma que ha adoptado en nuestro mundo, nada menos que la de Supergirl, la prima de Superman.



La película

El estertor final de la saga cinematográfica de Superman desarrollada por los Salkind fue este intento de expandir la franquicia hacia otros miembros de la Super-familia, en este caso su carismática prima, figura harto reconocible con atractivo potencial para captar al público femenino y sueño lúbrico de muchos adolescentes -entre los que me contaba en aquella época- que tuvieron en Supergirl a su primer amor platónico. Con un tono ingenuo en todo lo que se refiere al personaje de Kara, rallando en lo ridículo, y un tratamiento absurdo de la brujería empleada por Selena para dominar el mundo, que incluye asar pollos, enamorar a jardineros o secuestrarlos con excavadoras poseídas, esta película carece de algo parecido a una estructura argumental creíble o a un desarrollo de personajes coherente. Lo único salvable, para un servidor, es el excepcional poster sentimental atesorado en el recuerdo de una Helen Slater a la que el traje de Supergirl le quedaba tan bien como el de Superman a Cristopher Reeve, que no es moco de pavo. Lo peor, la oportunidad perdida de haber visto a ambos personajes compartiendo pantalla, algo que estuvo planeado originalmente pero que no se produjo. El fracaso en taquilla abortó los planes de iniciar una nueva franquicia, y al fin y a la postre, con las ganas de los Salkind de abordar otra aventura con Superman.


Superman IV: En busca de la paz (1987) Dir. Sidney J. Furie

¿La... historia...?

Un muchacho escribe una carta a Superman pidiéndole que evite la escalada nuclear de las potencias y logre de esa manera la paz mundial. Ni corto ni perezoso éste coge todos los misiles de la Tierra y los lanza al sol. Mientras, el Daily Planet es absorbido por un papanatas (Sam Wanamaker) que pone a su bella hija (Mariel Hemingway) a dirigirlo. Mientras, Lex Luthor escapa de la cárcel con ayuda del idiota de su sobrino (Jon Cryer) y elabora un plan para con ayuda de la genética desarrollar un Hombre Nuclear (Mark Pillow) que se enfrente y aniquile a Superman. Escrito suena mucho mejor de lo que aparece en pantalla, créanme.


El bodrio

Los derechos de Superman pasaron en esta ocasión a la pareja formada por Menahem Golam y Yoram Globus, avispados productores que dieron lo mejor de sí en los 80 con títulos como El Guerrero Americano (y todas sus secuelas), Cobra, Yo El Halcón, Delta Force, etc. Ese es el nivel con que afrontaron una producción de mermado presupuesto que redujo la calidad de los escenarios y acabó con la credibilidad de unos efectos especiales en los que por primera vez en la saga se veían los hilos que sustentaban a los actores. No hay nada salvable en una película deleznable en la que Reeve participó además como escritor y cuyo fracaso económico y crítico sin paliativos acabó enterrando la franquicia. Las interpretaciones rutinarias de Jackie Cooper, Margot Kidder o Gene Hackman poco pueden hacer salvo mantener una mínima dignidad en sus escenas, que repiten lo visto en anteriores entregas de modo formulaico y sin alma. No vi esta película de niño y me alegro de ello. Creo que mi infancia habría llegado a su fin junto con la carrera del Superman de Cristopher Reeve.

Una valoración final

Parece claro que los inicios de la saga fueron muy prometedores, con unos sólidos valores de producción y un equipo de gente que sabía lo que se hacía y una dirección clara que seguir. Cuando los Salkind se encontraron con 45 años de historias que adaptar y un icono americano entre sus manos pero sin un director capaz al mando de la nave fílmica, esta comenzó a hacer aguas por todas partes. De película de superhéroes a comedia bufa con escenas imposibles, chuscas, chabacanas, lo peor de una década muy dada a esta clase de excesos. De las películas hoy mencionadas solo salvo Supergirl, tan mala con las anteriores, por el simple hecho que me enamoró el verano de 1985 y aquella fue una sensación que me ha acompañado de una u otra manera a lo largo de mi vida adulta. Lo mejor del repaso a la saga clásica de Superman ha sido reencontrarme con los grandes momentos de Superman I y II, descubrir el montaje de Donner y lamentarme por que su visión no encontrara la suerte que merecía en su momento y volver a canturrear la canción de La colegiala que me viene a la cabeza cada vez que me acuerdo de Helen Slater. Qué bien le quedaba el traje de Supergirl...


miércoles, julio 10, 2013

Superman I, II y II.5: Cuando creímos que un hombre podía volar

Superman, el Hombre de Acero, el Último Hijo de Krypton, apareció como personaje de cómic hace casi 75 años. Casi desde el momento mismo de su aparición se convirtió en un icono del medio y progresivamente de la cultura popular a través de sus traslaciones a medios como la radio, los seriales y la televisión, el modelo en el que muchos otros se inspiraron y en el ideal que ha marcado a generaciones de lectores y seguidores desde entonces. No sería hasta el año 1978 que sus aventuras darían el salto a otro medio, el cinematográfico, y por todo lo alto. Con una cuidada producción, un elenco de lujo y un equipo técnico cuidado Superman, The Movie llegó a los cines de medio mundo con una frase promocional que fue a la vez una promesa cumplida y un gozo para los chavales de medio planeta: Creerás que un hombre puede volar. Con tres secuelas directas (Superman II, III y IV) y un spin-off (Supergirl), la franquicia -primero orquestada por los Salkind como productores y luego perpetrada por ellos mismos y por los deleznables Yoram y Globus- acabó alcanzando cotas de miseria fílmica difícilmente igualables por otras producciones del género, empañando los gloriosos comienzos de la saga cinematográfica de Superman. Pasarían casi 20 años hasta que alguien se atreviese a retomar el personaje y lo devolviera a la pantalla grande con Superman Returns, una suerte de homenaje y secuela directa de Superman II que recibió una tibia recepción por parte del público y un injusto linchamiento en la blogosfera que creo la película no merecía. El estreno hace unas semanas de El Hombre de Acero, seis años después, supone el reinicio de una saga con energía, adaptando al personaje a las modas del cine de género en la actualidad y vistos los resultados en taquilla, garantizando que el personaje pueda volvernos a visitar en otras futuras producciones. Veamos qué nos ha traído hasta aquí...



Superman (1978). Dir. Richard Donner

La historia.

El planeta Krypton está condenado, pero sus habitantes se niegan a reconocer la verdad. El científico Jor-El decide poner a salvo a su hijo en un cohete y enviarlo a través de las 27 galaxias conocidas hasta el planeta Tierra, donde la radiación del sol otorgará al niño, Kal-El, extraordinarios poderes. Tras el periplo cósmico la nave se estrella en un maizal de Kansas, donde el matrimonio formado por Martha y Jonathan Kent contemplan asombrados cómo de él emerge un niño. El muchacho, adoptado por el matrimonio, crecerá en el entorno rural de Smallville desarrollando extraordinarios poderes y recibiendo el amor de los Kent y sus sabios consejos para adaptarse a su nuevo entorno. Tras el fallecimiento de su padre adoptivo el muchacho, de nombre Clark, inicia un peregrinaje hacia el norte donde cristalizará su herencia natal kryptoniana en la forma de la Fortaleza de la Soledad, lugar donde conocerá a su verdadero padre, sus orígenes, y el conocimiento acumulado de milenios de cultura e historia y decenas de culturas, dando lugar a la creación de un personaje dedicado a hacer el bien, dotado de extraordinarios poderes y vestido con un llamativo uniforme azul, rojo y amarillo.


La presencia de un misterioso ser capaz de salvar el avión del Presidente o de luchar contra el crimen pronto se hace notar en Metropolis, llamando la atención de la prensa -en la forma de Lois Lane, reportera estrella del Daily Planet- y de Lex Luthor, una suerte de especulador en la sombra con oscuros intereses inmobiliarios capaz de provocar un desastre nacional si beneficia a sus intereses. Bautizado como Superman, Kal-El se esconde a plena vista como Clark Kent, periodista del Planet, haciendo frente a los conflictos de una vida personal gris y anodina y a las amenazas que como defensor de la verdad y la justicia deberá afrontar a todos los niveles. Los planes de Luthor pondrán en peligro todo lo que Superman defiende y Kent ama, y llevarán a Superman a cuestionarse los límites de su actuación en el planeta y las fronteras de su propio poder.



La película.

Bajo la férrea batuta de Alexander e Ilya Salkind, promotores de la idea, y de su socio Pierre Spengler, se fue creando un sólido equipo de producción para dar forma a una auténtica superproducción que siguiese satisfaciendo las necesidades de un público ávido de efectos especiales y de producciones fantásticas tras el extraordinario éxito de Star Wars un año antes. Con Richard Donner como director, un guión previo de Mario Puzo -excepcionalmente bien pagado pero del que se dice no se utilizó ni una palabra, John Williams elaborando una de las partituras más reconocibles de la historia del cine, y un sólido equipo de profesionales afrontando las labores técnicas del film, Superman apuntaba a un verdadero éxito. Para redondear la faena, se consiguió uno de los repartos más recordados de la época, con Marlon Brando y Gene Hackman como cabezas de cartel, y actores de la talla de Glenn Ford, Trevor Howard, Jackie Cooper, Ned Beatty, Margot Kidder, Valerie Perrin, o Susannah York dando vida al abundante plantel de secundarios de la cinta. Tras un arduo proceso de selección, donde nombres como Robert Redford, Paul Newman o Burt Reynolds fueron considerados, finalmente fue elegido Cristopher Reeve para enfundarse las botas de Superman y hacernos creer que unas gafas y una actitud apocada podían ocultar a los ojos del mundo que Clark Kent era el mismísimo Hombre de Acero. Cuando Superman llegó a las pantallas de todo el mundo creo un verdadero fenómeno, y tuvo un éxito arrollador.



Superman II (1980) Dir. Richard Lester


La historia


Los criminales de guerra kryptonianos Zod, Ursa y Nun, condenados por Jor-El a la Zona Fantasma para toda la eternidad escapan a su cautiverio gracias a una fortuita explosión producida en el espacio por una bomba que Superman ha lanzado desde la torre Eiffel para evitar un desastre. Con los mismos poderes que Superman y la fuerza del número, los tres kryptonianos asolan una misión espacial internacional y llegan a la Tierra con un único objetivo, convertirse en los amos del planeta. Tras apoderarse de la Casa Blanca y ser aconsejados por un sibilino Lex Luthor, Zod y sus secuaces se concentran en eliminar el único obstáculo que se interpone entre ellos y el dominio global, Superman, el heredero de su juez y verdugo, Jor-El. La situación pasa de explosiva a desesperada en tanto que Clark Kent, descubierto por su compañera de trabajo Lois Lane, ha decidido renunciar a su herencia kryptoniana y a sus poderes para poder llevar una vida normal junto a ella. Cómo podrá hacer frente Clark a esa lucha de sentimientos entre el deber y el sentimiento, y si Superman será capaz de derrotar no a un igual, sino a tres seres tan poderosos como él mismo serán los dilemas que como espectadores veremos resueltos a lo largo del espectacular clímax del film.




La Película

La secuela fue concebida casi como una misma producción que Superman y se rodó simultáneamente, aprovechando decorados y reparto. Por desgracia, un desencuentro entre Richard Donner y los productores acabó produciendo el despido del primero cuando se había rodado gran parte de la película. Para solucionar el entuerto los Salkin contrataron a Richard Lester, director británico famoso por haber realizado los films de los Beatles y las aventuras de los Mosqueteros de los años 70, que rodó de nuevo parte de la película y añadió ciertos cambios al planteamiento original del film, eliminando por ejemplo la participación de Marlon Brando para ahorrar su sustanciosa nómina e introduciendo un marcado tono humorístico en el desarrollo de la acción.


Otro elemento de ahorro fue la contratación del músico Ken Thorne como autor de la banda sonora, eso sí, manteniendo y adaptando la partitura de John Williams a las nuevas aventuras de Superman. A destacar la incorporación en papeles más relevantes de los actores Terence Stamp, Sarah Douglas y Jack O'Halloran como el trío de villanos kryptonianos del film, que ofrecieron un espectáculo inusitado en la época de destrucción y dieron a la franquicia una de sus frases más recordadas (Arrodíllate ante mí, hijo de Jor-El...). El éxito de crítica y público bendijo de nuevo el resultado y la máquina de hacer billetes parecía funcionar a todo trapo para los Salkind, que no entendieron que los mimbres que estaban empleando se los había preparado Richard Donner.

Superman II.5 (2006) Dir. Richar Donner

La historia

Tras detener uno de los misiles desviado por Lex Luthor, Superman lo manda al espacio, donde explota sin consecuencias visibles, aparentemente. La onda expansiva acaba por alcanzar la prisión del general Zod y sus secuaces Ursa y Nun, que llevaban penando por la galaxia desde poco antes de la desaparición del planeta Krypton, condenados por Jor-El y por el consejo. Consciente poco a poco de la magnitud de sus poderes y de la debilidad de sus oponentes en la Tierra, Zod inicia una campaña de conquista global a la que solo un Superman que se debate entre su amor por Lois Lane y su responsabilidad para con toda la humanidad podrá hacer frente en un explosivo enfrentamiento en las calles de Metropolis y en la helada superficie de la Fortaleza de la Soledad.



La película

Richard Donner había rodado gran parte de Superman II antes de ser despedido. Con buena parte de la película planificada y rodada, había además material adicional conservado de pruebas de cámara, y escenas de casting que completaban buena parte de una película sustancialmente diferente del montaje estrenado en 1980. Existía un clamor de fondo de los aficionados a Superman solicitando la creación de un Montaje del Director que mostrara la visión de Donner de Superman II, y gracias al estreno de Superman Returns se pudo realizar esa versión inédita hasta el momento. Lo que llama la atención es la cohesión con la primera parte, de tal suerte que casi podemos hablar de una película de cuatro horas de duración con un largo primer acto de presentación del personaje, un nudo que cristaliza con el plan de Lex Luthor y un largo clímax, directamente originado por lo anterior, que muestra el enfrentamiento de Superman con sus némesis kryptonianas. Se elimina toda la parte de la torre Eiffel, se añaden escenas que muestran de forma más natural la relación entre Lois y Clark, se aligeran algunos detalles humorísticos y, por encima de todo lo anterior, se recuperan las escenas de Marlon Brando que dotan de sentido y sentimiento tanto a la decisión de Clark de dejar de lado su herencia como a la resolución de dicha decisión, obviada en el montaje de Lester. Para mi gusto, se mantiene erroneamente la escena en el restaurante con el camionero, que va totalmente en contra del personaje y que redunda en aquello que decía Lucas de que los Jedis no se vengan... Pues Superman, tampoco...



Una valoración final

Estamos hablando de dos películas que marcaron a toda una generación de espectadores que tuvo la suerte de ver, de niños, en pantalla grande, con el espíritu de estar descubriendo todo un nuevo mundo de aventura y fantasía, películas como estas o la trilogía original de La Guerra de las Galaxias. La repercusión de estas películas con el paso de los años es indudable, y la calidad intrínseca de Superman I hace que incluso hoy, muchos la sigamos considerando como una de las mejores, si no la mejor, película de super-héroes de la historia del cine. La épica del personaje, la tristeza de la soledad juvenil, la melancolía que traslucen los momentos en la granja, las frases lapidarias que salpican los discursos paternos de Ford y Brando -y que aún hoy me siguen poniendo la carne de gallina-, el sentido de maravilla que transmiten las apariciones de Superman -apoyadas por la competencia técnica de unos efectos especiales que han aguantado bastante bien el paso del tiempo y por una partitura reconocible hasta decir basta que forma parte del patrimonio cultural de la humanidad-, convierten a estas películas en lo que son, dos clásicos contemporáneos disfrutables una y cien veces que siguen haciéndonos pensar, cada vez que las vemos, como si fuéramos niños, que en verdad un hombre venido de otra galaxia lejana puede llegar a volar...

martes, julio 09, 2013

El baúl de Plissken: Superman: Una vuelta a la grandeza por Geoff Johns

Hay que reconocer que la actual poseedora de los derechos de publicación de DC en España ha realizado un esfuerzo colosal para hacer llegar la figura del Hombre de Acero a la mayor cantidad posible de lectores y aficionados. Junto a una cuidada selección de material publicado, con novedades jugosas y reediciones que deberían estar en la comicoteca de cualquier seguidor de los tebeos de superhéroes que se precie, destaca una novedosa iniciativa que ha tratado de divulgar aún más si cabe la figura de Superman, tratando de acercarla a aquellos que más lo necesitan, los que no lo conocen bien. La edición en formato económico de la serie Superman: Origen Secreto de Geoff Johns y Gary Frank y su distribución en la cadena de supermercados Lidl puede suponer que personas que no habían dado oportunidad al personaje se acerquen al mismo y encuentren una historia a la altura de las casi 8 décadas de existencia del mismo, un repaso respetuoso y actual a los orígenes de Kal El y una aventura majestuosa gracias a los lápices del siempre eficaz Gary Frank. Como nunca está de más repasar algunas de las grandes historias que este equipo artístico han dejado con el personaje, aquí recupero dos entradas donde repasaba dos sagas de verdadero peso e importancia en el antiguo UDC, hoy temporalmente obsoletas gracias a ese evento del que ya se cumple más de un año y que me sigue llenando de melancolía y de no poca rabia a partes iguales. Mal Flahspoint me parta, con lo que podía llegar a molar el Universo DC cuando los autores tenían la suficiente cancha para ofrecer historias como estas...


Esto le puede parecer una aberración a la generación de lectores que sólo ha conocido la presencia de los tebeos en librerías especializadas, pero antaño uno podía encontrar en el Carrefour o en Simago cajoneras llenas de tebeos a precios de saldo que ayudaban a iniciarse en el mundillo y a conseguir verdaderas gangas. Piratas del Espacio, Kikckboxers y Star Slammers a cien pesetas cada una... Qué tiempos...

Superman y la Legion de Super-Héroes: Regreso al futuro

Es un día como otro cualquiera en el Daily Planet. Clark es ignorado por todos sus compañeros excepto por Jimmy Olsen y el carácter pusilánime del periodista le hace acreedor de una reprimenda de su editor en jefe Perry White. De repente gritos en la calle alertan los sentidos de Clark, que raudo y veloz desaparece para dejar paso a su alter ego superheroico, y así Superman acude al rescate de los ciudadanos de Metropolis. Este comienzo que podría perfectamente ser una escena de Superman. La película o formar parte de cualquier comic del Hombre de Acero de los últimos... setenta años, supone el prometedor, clásico, nostálgico arranque de una nueva etapa en la colección de Action Comics que se augura realmente espectacular.


La amenaza que ha provocado el pánico en la ciudad es un robot Brainiac gigante, aunque la persona oculta tras el robot no es el Brainiac del presente, sino un descendiente del futuro, del siglo XXX para ser más exactos, que ha querido llamar la atención de Superman para despertar en él recuerdos largamente escondidos en la mente del Kryptoniano. Así, de repente, Kal El recuerda cómo, siendo él joven y viviendo en Smallville, recibió la visita de tres jóvenes que provenían del lejano futuro y que querían conocer al que con los años llegaría a ser el mayor héroe de la Tierra y la inspiración para todos los que desde entonces quisieron defender la justicia y el bien a lo largo de la galaxia. Relámpago, Cósmico y Saturn Girl invitaron al joven Clark a unirse al recién formado club de héroes del futuro conocido como Legion de Super-héroes y a viajar con ellos al siglo XXX para vivir allí divertidas y excitantes aventuras.


Este descubrimiento repentino y brutal de una parte de su pasado dormida en la memoria no es el menor de los problemas de Superman, ya que siguiendo las indicaciones de Brainiac 5 viaja en una esfera temporal al futuro que ahora sabe repleto de amigos y conocidos, aunque la realidad que le espera no es ni mucho menos la esperada. La Legion está ahora proscrita, el legado de Superman corrompido y el mantenimiento del orden está a cargo de la Liga de la Justicia de la Tierra, grupo formado por antiguos héroes que intentaron formar parte de la Legion de Super-Héroes y que tras ser rechazados se dedicaron a atesorar su rencor y su vergüenza y a fraguar un plan con el que desbancar a los legionarios como defensores de los Planetas Unidos y convertirlos en parias.


Perseguido por esa particular Liga de la Justicia, sin poderes a causa de una extraña alteración del sol terrestre, que ha dejado de ser una estrella amarilla y su radiación es ahora roja, y ayudado por los mejores amigos que uno pudiera o quisiera encontrar en el siglo XXX (los ya citados Relámpago, Saturn Girl y Cósmico, Coloso, Polar, Estrella del Alba, Fuego Salvaje, Sombra, Nocturna), Superman volverá a demostrar porqué es el mayor héroe de todos los tiempos y porqué su legado ha encontrado en los legionarios a los mejores albaceas.

Tras unos primeros escarceos coguionizando a Superman junto a Richard Donner, Geoff Johns asume la tarea de escribir en solitario Action Comics, y lo hace con una saga de debut espectacular, emotiva y que devuelve al Hombre de Acero a su mejor etapa de la Edad de Plata, repleta de conceptos divertidos y llenos de imaginación, todo ello matizado con un sano sentido de la épica y momentos de acción a la altura de los personajes. Con la Saga del Relámpago vista en la JLA y JSA y esta historia (publicada en los números 858 a 863 de Action Comics y en los números 16 a 18 de la serie española de Superman), Johns devuelve a la continuidad a la Legión de Super-héroes clásica, el concepto más perjudicado en su momento por las Crisis en Tierras Infinitas, y que aquí aparecen de nuevo tal y como los lectores de la editorial Zinco los conocimos y disfrutamos a finales de los años 80. Se obvían los dos reboots de Waid que dieron origen a dos Legiones completamente diferentes y se deja todo en el aire para un futuro proyecto que aclare este follón de continuidad en una colección especial de cinco números llamada Legion of Three Worlds que cuenta con guiones de Johns y dibujos del gran George Perez y que está actualmente en curso.


Tres Legiones. Un Superman. Geoff Johns. George Pérez. ¿Hace falta decir algo más?

Pero dejando de lado esas cuestiones farragosas de continuidades, reinicios y cambios provocados más por decisiones editoriales antes que creativas, tengo que reconocer que esta serie me ha tocado la fibra sensible de friki por montones de razones. Para empezar, resulta casi increíble el modo en que Johns devuelve al personaje a lo mejor de su esencia sin que traicione la evolución que ha sufrido con el paso de los años, escribiendo una suerte de Superman atemporal que recoge lo mejor de décadas de trabajo de decenas de guionistas, y lo sintetiza en una historia a la vez clásica e innovadora, que juega a la perfección con los elementos de la mitología de la Legion de Super-Héroes y les da la vuelta como le viene en gana. Que los villanos de la historia sean algunos de los repudiados en las famosas rondas de reclutamiento de la Legion es algo que ya se ha visto con anterioridad, pero en este caso se nos permite un vistazo algo más en profundidad a unos personajes para los que supone un deshonor y una vergënza ante sus conciudadanos el ser rechazados, y el diferente modo en que los repudiados pueden reaccionar ante tal situación.


Parodia realizada por Sergio Aragonés sobre las rondas de reclutamiento. Por un lado destacan los poderes ridículos de muchos de los aspirantes, y por otro los inflexibles y mordaces juicios de valor de los legionarios en un precedente bastante ajustado de Risto Mejide o Miqui Puig.

Así, por un lado el resentimiento da paso al odio y a la venganza personificada en la Liga de la Justicia de la Tierra, mientras que el respeto por la institución y las ansias de mejorar y de formar parte de la leyenda dan lugar a la Legion de Héroes Sustitutos, concepto descacharrante y un tanto esperpéntico del que han llegado incluso a salir presidentes de la Legion como Polar, con un carismático protagonismo en esta saga, que también permite un momento de épica gloria a los Sustitutos enfrentándose de forma casi suicida y con poderes que van de lo peculiar a lo ridículo a la letal Liga de la Justicia Terrestre. Los anillos de vuelo, la camaradería, el sentimiento de pertenencia a un cuerpo que vela por la galaxia, el legado imperecedero de Superman y la necesidad de tomar decisiones que pueden costar la vida a uno mismo o a los camaradas son tópicos que en manos de Johns se leen como si fuera la primera vez, y no hacen sino acrecentar las ganas que un servidor tiene de leer sus próximas historias -que según mi buen amigo y vecino Pep no hacen sino mejorar número a número-.


Dejor para el final la parte gráfica, que en esta ocasión resulta un lujo para el lector y un deleite para los sentidos. Gary Frank regresa a DC, editorial en la que inició una carrera siempre ascendente y repleta de éxitos, y lo hace por la puerta grande, dibujando al personaje icono de la casa y al super grupo definitivo. Para empezar, Frank estiliza al personaje y le coloca el rostro de Cristopher Reeve, otorgándole al personaje un aspecto a la vez reconocible y frágil, más humanizado que de costumbre. Por si fuera poco, en su etapa debut el dibujante debe rediseñar los uniformes y aspectos de todos los legionarios (personajes que no han aparecido como tales en el Universo DC desde ) y conferir un aspecto amenazador a los villanos de la serie y al mundo del futuro, un siglo XXX devastado y sombrío que debe resurgir de sus cenizas tras esta saga. Los personajes resultan majestuosos, la acción elegante y espectacular y las escenas de lucha dinámicas y muy bien narradas, a la altura de los pasados trabajos de Gary Frank, quien mes a mes demuestra porqué es un fan favourite y por qué es uno de los dibujantes contemporáneos a los que nunca le faltará trabajo. La expresión retorno a la grandeza se emplea muchas veces en un mundillo como este en el que cada mes hay tres megaeventos, dos crossover y un reboot, pero en este caso creo que su empleo está más que justificado. De la mano de Johns y Frank a los seguidores del Hombre de Acero nos esperan muy buenas historias y toneladas del mejor entretenimiento.

Superman: Brainiac. Verde y en botella... malo

Hace 35 años, Kandor era una próspera metrópoli kryptoniana cuya armonía y cotidianeidad se vió rota bruscamente por el repentino impacto de una serie de vainas metálicas. De su su interior surgen unos aterradores exoesqueletos metálicos para masacrar a la población de la ciudad, que poco puede hacer frente a ellos. El general Zod y su lugarteniente Ursa únicamente pueden ser impotentes testigos de cómo los robots generan una energía desconocida que rodea a la ciudad de un impenetrable campo de fuerza, para desaparecer bruscamente frente a sus atónitos e incrédulos ojos.





Los años han pasado y Kandor es un recuerdo vago para el que durante muchos años fuera el Último Kryptoniano, ahora plenamente inmerso en su vida como el periodista Clark Kent y como el defensor de la Tierra Superman. En esa dualidad, no siempre se lleva la peor parte Supes, y así Clark vive un día de perros en el Daily Planet con la incorporación de un grosero e insufrible periodista deportivo, Steve Lombard, y el regreso de una vieja conocida, la sensual y algo vanidosa Cat Grant, encargada de la sección de cotilleos -o sociedad del Planet-. Tras una reunión ajetreada, Clark se viste de rojo, amarillo y azul y marcha a detener el impacto de un meteorito, el cual para su sorpresa resulta ser un robot Brainiac al que destruye fácilmente, pero no antes de que un arpón metálico haya extraído una muestra genética de sangre kryptoniana y haya transmitido a las estrellas esa información.


Una transmisión desde un sistema lejano llama la atención de Superman, que acude a luchar contra otra invasión de Brainiacs metálicos. Ante sus ojos, se repite el mismo proceso vivido por su planeta natal, y un inerme Superman será conducido a bordo de la nave insignia del coluano Brainiac y aprisionado en una de sus vainas de información, mientras se prepara la invasión de la Tierra y la asimilación de una de sus ciudades más importantes. Cara a cara con uno de sus más peligrosos contrincantes, Superman y Supergirl tendrán que rendir más allá de sus poderes y debilidades para derrotar a un coste altísimo al coluano, un coste que alterará para siempre la leyenda del Hombre de Acero...


La saga de Brainiac, narrada de forma contenida en cinco capítulos publicados originalmente en los números 866 a 870 de Action Comics (en España 26 a 28 de Superman), es un arco argumental escrito por San Geoff Johns y dibujado por uno de sus mejores profetas, con permiso de Ivan Reis o George Perez, Gary Frank. La serie prosigue en su evolución natural de enfrentar a Superman a amenazas cada vez más letales que exigen un coste elevado al personaje y en su afán de recuperar conceptos y personajes del universo clásico de Superman con un afán de canonicidad y respeto por sus anteriores encarnaciones muy encomiable. Por un lado, el tratamiento de Brainiac es muy potente a nivel visual, empleando las dos formas que habitualmente suelen aparecer por separado -el exoesqueleto característico, todo un prodigio de diseño que destila maldad- y la forma original del villano en su encarnación coluana, en este caso más musculado e imponente de como lo recordaba-, y por otro, la historia de Kandor se imbrica a la perfección en la nueva temporada de aventuras de Superman que está siendo la etapa de Johns al frente de la colección. El cameo de Zod y Ursa da continuidad a la historia y un poco de sentido a las motivaciones del personaje, así como el impacto que produce a Supergirl encontrarse de nuevo con su ciudad, sus viejos amigos y sus familiares más queridos.



Además, lejos de encontrarnos con arcos argumentales compactos y cerrados, asistimos a las semillas directas de lo que vendrá inmediatamente a continuación, en un crescendo imparable de emoción y maravilla que Johns sabe manejar a la perfección y de lo que ya ha dado muestra más que cumplida en sus etapas de JSA o Green Lantern. Por otro lado, la sombra de Richard Donner es alargada, y Johns -creo- le sigue rindiendo homenaje creativo con algunas escenas directamente inspiradas en los Supermanes de Donner, como es el caso de la invasión de la oficina del Daily Planet o las conversaciones de Clark con su padre en la granja, llenas de melancolía y de esa sabiduría natural que impregna a los ancianos proporcionada por los años de experiencia y la serenidad que da la edad a la hora de recordar y asimilar todo lo pasado y vivido.





Por su parte, Gary Frank vuelve a dar un recital, un espectáculo pirotécnico, un festival emotivo, impactante y épico con un dibujo claro, narrativamente espectacular y que juega perfectamente con los tempos a la hora de planificar las escenas, pasando del detalle particular al drama general de forma natural y rompiendo con el ritmo cuando a él le conviene para enganchar todavía más al lector. Incluso las escenas mal llamadas de transición -esto es, las interactuaciones en el Planet o las visitas a la granja de los Kent- están impregnadas de un agradable todo de comedia de situación en el primero de los casos y de melancólica reminiscencia del pasado en el segundo de ellos.




La edición española incluye en el número 28 el Jimmy Olsen Special, un número dedicado en exclusiva a Jimmy Olsen y a una investigación emprendida por el joven periodista en solitario que le llevará a recordar su paso por el proyecto CADMUS y su amistad con la Legión de Repartidores de Periódico o con el alienígena Dubbilex, y el descubrimiento de una operación ultrasecreta a nivel desconocido que parece tener en mente la destrucción definitiva de Superman. El guión, de James Robinson, muestra un escritor que con cada aportación a la leyenda de Superman se va encontrando más cómodo y dando mejores muestras de su capacidad para recuperar viejos conceptos e integrarlos en nuevas y emocionantes historias y de su capacidad para dar una voz reconocible e interesante a muchos personajes considerados como secundarios pero que ofrecen un altísimo potencial. El dibujo, a tres manos (Jesús Merino, Leno Carvalho y Steve Scott) cumple a la hora de ofrecer una historia que podrían integrarse perfectamente dentro del universo Astro City por su evocación a medio camino entre la melancolía y la exaltación de viejos héroes, clones desaparecidos y villanos ominosos. De nuevo, una historia fundamental para el futuro inmediato de las colecciones de Superman que merece muy mucho la pena leer.

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...