sábado, febrero 14, 2009

Sketch-busters CIV: Óscar Jiménez (III)

Un viejo conocido de la sección vuelver por todo lo alto a visitarla, en una entrada conmemorativa especial por dos motivos. En primer lugar, porque si ustedes leyeron el post de ayer sobre el volumen 3 de la colección Universo DC Flash, recordarán lo mucho que me gusta la relación existente entre Linda Park y Wally West y lo mucho más que me gusta el dibujante Óscar Jiménez. En segundo lugar hoy es "ese" día inventado por los grandes almacenes para vender objetos ñoños y ridículos y por los restaurantes para cobrar menús especiales para parejas al doble del precio habitual, pero buen, también es "ese" día en el que ensalzamos lo botito del amor verdadero y la posibilidad de que dos personas se entreguen plenamente la una a la otra. Y en el campo de la ficción comiquera Linda y Wally son uno de los mejores exponentes de esa plenitud y esa autenticidad. Cuando digo que Óscar es un viejo conocido me refiero a que él fue uno de los primeros dibujantes con los que tuve contacto en un Salón del Cómic, y en aquella experiencia primera en Ficomic no pude tener más suerte, al juntar a uno de mis personajes preferidos con uno de mis dibujantes favoritos. El año siguiente, mismo escenario, mismos protagonistas, y de nuevo la experiencia resultó inolvidable para un servidor.
La historia de este dibujo resulta cuando menos curiosa. Unicomic es famosa entre los aficionados locales por la cercanía con los autores y la organización, la calidez del ambiente en las charlas y sesiones de firmas, sus noches de juerga por el barrio de Alicante... y por sus carteles con altas y bajas. El año 2003 fue un año especialmente catastrófico, y fallaron los autores previstos para la jornada del sábado -en concreto Larry Hama-, teniendo que recurrir a un refuerzo de última hora. El elegido por la organización fue Óscar Jiménez, que dio una charla antológica y emotiva de esas que uno recuerda con cariño a lo largo de los años, y en la que se estableció un diálogo fluido entre asistentes, organización y autor. Llegada la hora de la sesión de firmas nosotros nos ubicamos los últimos, ya que teníamos dibujo de Óscar y preferíamos que otros que no tenían la misma suerte pudiesen conseguir una dedicatoria del dibujante. El caso es que Óscar se puso a dibujar, la concurrencia se sentó en las butacas próximas, el vigilante de seguridad no desalojó cuando tocaba, las horas pasaban y a las once de la noche aún seguíamos allí charlando, contando chistes y viendo dibujar a un gran artista que se curraba todos y cada uno de los dibujos. Llegado nuestro turno, a las tantas, se decidió que ya era hora de dejarlo estar y que Óscar tenía que cenar, pero él se comprometió a hacernos un dibujo que nos haría llegar a través de la organización o que nos entregaría en persona en Barcelona. Y allá que nos encontramos, un par de meses después, en las atestadas paradas de la estación de Francia, entre frikis compulsivos y puestos de merchandising, y Óscar nos regaló este dibujo. A mí se me hizo un nudo en el corazón, y mejor no les cuento la reacción de miss Sparks. Así que aquí les dejo con este sketch de Unicomic 2003 que recogimos en Ficomic 2003.

viernes, febrero 13, 2009

Universo DC Flash 3: Alcanzando la velocidad terminal (!!)

Durante su epopeya temporal Wally West trascendió su humanidad y se fundió con la Fuerza de la Velocidad, una energía que otorga sus poderes a los velocistas y que los conecta a todos a través del tiempo y del espacio. En ese campo de energía más allá de todo, Wally vislumbró relámpagos de información sobre acontecimientos pasados y futuros, siendo testigo de un trágico suceso que le acompañará de regreso, empañando la alegría de reencontrarse con Linda, Jay, Bart e Iris. Sobre las espaldas de Flash se cierne la certeza de una terrible desgracia que le amenaza a él y a alguien cercano, una amenaza que ya ha comenzado a materializarse en los primeros enfrentamientos con el Imperio Kobra (y no precisamente el juego de mesa) y que tendrá fatales consecuencias. Alterado y aterrado por lo que está por venir, Wally levanta un muro defensivo para que sus seres queridos no lean su preocupación y se lanza como un poseso a evitar con todas sus fuerzas el desastre inminente. Comienza Velocidad Terminal, saga iniciada en el número 95 de la colección y cuyos capítulos desgranan una cuenta atrás hacia el número 100 USA en el que todo quedará desvelado y cumplido... o tal vez no.

Portada del para mí histórico y ya añejo tomo de Ediciones Zinco en que se recopilaba el final de la saga Velocidad Terminal. Mi primer tebeo firmado, de rebote. Lo compré de segunda mano, y su anterior propietario, un tal Miguel, lo tenía dedicado por Óscar Jiménez. Era el destino que acabara en mis manos.

Los esfuerzos de Wally por encontrar un sucesor lo antes posible le llevan a celebrar una reunión de velocistas a los que comunica su próxima desaparición. Uno de ellos deberá recoger el testigo de Flash y salvar el día una vez que Wally ya no esté en condiciones de hacerlo. Jay Garrick, Max Mercury, Johnny y Jesse Quick y Bart Allen escucharán atónitos esa asombrosa revelación al mismo tiempo que ponen todo su empeño en desbaratar los planes de Kobra en las ciudades gemelas de Keystone y Central City y en proteger a Linda e Iris, en el punto de mira de la organización por sus perspicaces investigaciones periodísticas. Por desgracia para Wally parece que la elección de sucesor no es nada fácil y los acontecimientos se van desarrollando justo de la manera que querría evitar a toda costa, confirmándose cada vez más la futilidad de sus esfuerzos y la inevitabilidad del destino.


Pero es en esos momentos de máximo peligro en el que todos los implicados pondrán su vida en el filo de una navaja cada vez más afilada cuando Linda y Wally se demostrarán el uno al otro la autenticidad de un amor que hemos visto crecer número a número, madurar con el devenir de los acontecimientos y transformarse en una pasión arrolladora por encima de la vida y de la muerte en la que cada uno de ellos es capaz de sacrificarlo todo por el otro. La revelación pública de las artimañas de Kobra fuerza a los héroes a actuar aún a sabiendas del sacrificio que van a afrontar. Linda decide acudir por su cuenta al escenario de la batalla para ayudar en la medida de lo posible y los hechos se precipitan en un clímax explosivo inolvidable que se convierte en uno de esos tebeos de superhéroes modélico, de libro, con acción, épica, emoción y un sentimiento de la magia y de la maravilla como sólo un fanboy con talento -mucho talento- como Mark Waid puede escribir.

Primera página íntegra dibujada en solitario por Óscar Jiménez para la colección que le lanzaría a la fama. No se puede empezar mejor una carrera...

Tras la tempestad llega la calma relativa, y Wally arregla todos los malentendidos causados por su actitud extrema y por sus polémicas decisiones durante la recién superada crisis al tiempo que colabora en la reconstrucción de la ciudad que es su hogar. Entre Bart y Wally existe ya una relación a medio camino entre el respeto y la amistad, y Jesse Quick entra a formar parte de pleno derecho de la familia de velocistas. El tomo se cierra con una serie de números en los que asistimos a historias más breves, que enfrentan a la pareja formada por Linda y Flash con un Mongul desatado en Keystone City, con una secta arcana que mezcla la magia con la ciencia para invocar a un ser primordial y atraerlo a nuestro plano de realidad y con un Señor de los Espejos letalmente artero en busca de su amor perdido.

Han pasado ya varios años desde que Mark Waid se hiciera cargo de la colección, y su confianza en el dominio del personaje y en el mecanismo narrativo de las historias de los velocistas escarlata es total. Las subtramas fluyen siempre hacia delante, y detalles nimios apenas entrevistos o incluidos en otra trama en curso preparan acontecimientos futuros de manera natural. Cada paso que da la colección es hacia adelante, y eso se aprecia tanto en lo que cuenta la historia como el modo en que la cuenta. Por un lado, y como el propio Waid comenta en el postfacio del tomo, su intención a la hora de escribir Velocidad Terminal era la de consolidar la relación entre Linda y Wally más allá de lo que normalmente vemos en un tebeo convencional. El personaje ya ha superado sus deudas con el pasado y se ha liberado de la pesada carga de vivir a la sombra de su mentor (El regreso de Barry Allen), ha afrontado sus propias limitaciones como héroe (el juicio de Wally) y dado un paso importantísimo hacia la madurez personal asumiendo él mismo el papel de mentor -si bien esto será temporal- del joven y, ejem, impulsivo Impulso.

Con la saga que celebra el centenario -en numeración- de la colección de Flash se establece una relación inolvidable que a día de hoy sea una de las más estables, duraderas y bien construidas de la ficción superheróica contemporánea, en buena medida gracias a que el personaje está al margen de cambios editoriales absurdos (estilo rupturas cool en 4F o en Spiderman que reflejan la incapacidad de escribir sobre personajes manteniendo una relación de pareja estable y convencional) y a que los linajes Allen y West pueden ser considerados en conjunto como defensores de la familia y del respeto al legado ajeno. Si a ello le sumamos que guionistas posteriores (aquí destaca Geoff Johns, como siempre) han sabido respetar ese concepto de pareja enamorada cuya relación se basa en unos pilares sólidos basados en el respeto, la confianza y el amor incondicional, nos encontramos con que Waid está en la base de todos esos conceptos, y Velocidad Terminal es la primera de las muchas ocasiones en que este par emocionarán al lector más curtido.


Pero la otra gran faceta en la que destaca Waid como escritor de tebeos es en la de saber construir grandes historias épicas. De su mano ha salido por ejemplo una de las mejores etapas del Capitán América, una más que digna aportación a la historia de los 4F o la que muchos consideran su obra magna y la que yo considero su Obra Maestra, el Kingdom Come, canon hacia el que DC parece orientar cada vez más su universo superheróico y que basa su éxito, además de en las preciosistas pinturas de Alex Ross en una historia perfectamente dosificada y estructurada que sabe hacer uso de la épica más espectacular y desesperada y de una cierta melancolía crepuscular que encaja a la perfección en el relato. En anteriores números de Flash ya ha forzado sus límites al máximo, pero aquí Waid fuerza la máquina y obliga a la familia Flash a ir todavía más allá, en un clímax tremendo y electrizante repleto de momentos épicos.


Y en el apartado artístico también tenemos bastante tela que cortar. Al margen de unos funcionales Kris Renkewitz (entintado por un bisoño Mike Deodato Jr.), Roger Robinson o Ron Lim, que se encargan de los fill-ins, llegamos al final de la etapa de Wieringo como dibujante del velocista de Keystone City. Con los números Mike Wieringo va cogiendo soltura a la hora de realizar composiciones que reflejen la velocidad -o la ausencia de la misma en la historia "fuera del tiempo"- y el dinamismo del personaje, y consigue que las abundantes escenas de diálogo entre personajes no resulten monótonas o aburridas de leer. La expresividad de Linda, Wally y los suyos gana enteros con el transcurrir de los números, hasta llegar al fantástico número 0 en el que Wally se encuentra con su versión del pasado y con el "misterioso desconocido" que encaminó su vida hacia un futuro mejor. Pero si Wieringo es un buen dibujante, no lo son menos los españoles que debutarán sucesivamente a lo largo de la saga Velocidad Terminal plantando una pica en el mercado americano y demostrando con su debut que todos ellos tenían calidad más que sobrada para permanecer en él. Por supuesto, me estoy refiriendo a Salvador Larroca, Carlos Pacheco y Óscar Jiménez, que llegan a colaborar en el dibujo del número 100 y que aportan un dinamismo y una espectacularidad al título como no se había visto en tiempo.

Gustándome con locura el dibujo de Larroca y Pacheco, lo mío con la versión de Flash realizada por Óscar Jiménez es de locura, ya que creo que hay pocos dibujantes que hayan sabido plasmar una galería tan amplia de sentimientos y reacciones y a la vez componer unas escenas de acción tremendamente espectaculares, que, si bien no pueden lucir todavía en las pocas páginas suyas de Velocidad Terminal ya apuntan maneras en el enfrentamiento con Mongul. De ahí a Calor Muerto, la próxima saga, nos espera un salto enorme en calidad y experiencia que compone otro de los mejores tebeos de superhéroes escrito en los años 90.

miércoles, febrero 11, 2009

Universo DC Flash 3: Alcanzando la velocidad terminal (I)

En el anterior tomo dejamos a Wally West en una situación francamente comprometida, afrontando un juicio por negligencia durante su enfrentamiento con Chillblaine, en el curso del cual una dependienta había sufrido gravísimas heridas. Para sorpresa de su abogado, familia y amigos, Wally se muestra abatido y anímicamente destrozado durante las sesiones judiciales. Ni siquiera el testimonio de colegas enmascarados o de personas a las que ayudara en el pasado le sacan de su ensimismamiento. La sensación de fracaso y el sentimiento de culpa por haber fallado a una persona en concreto le han enfrentado con una realidad cruel y empírica con la que no estaba preparado: ni siquiera el hombre más rápido del mundo puede estar en todas partes a la vez y salvar a todos los que lo necesiten. Durante el transcurso del proceso otra verdad se hará patente para Wally: que la cruel y artera mano de uno de sus más mortales enemigos ha movido los hilos de una desafortunada situación para golpear a Flash donde más le duele, en su genuina preocupación por sus conciudadanos.


Para resolver ese sentimiento de impotencia, Flash acude a Johnny Quick y le pide la fórmula matemática con la que invoca su propia supervelocidad. De ese modo, y sumada a la suya propia, Wally espera poder superar sus límites y llegar a más gente y amenazas todavía. Un robo de alta tecnología en el puente de Keystone City exigirá que Flash tome la decisión de sumar la velocidad de Quick a la suya para evitar un desastre de proporciones catastróficas, aunque las consecuencias serán imprevisibles, y su velocidad se multiplicará de forma tan exponencial que el velocista escarlata queda Fuera del tiempo (Flash 91). Wally queda atrapado en un mundo congelado en el que tan sólo él tiene percepción del tiempo. En ese mundo de seres congelados en el tiempo y en el espacio aparece, realizando un esfuerzo sobrehumano y dando muestras de su habitual serenidad y sabiduría, Max Mercury, que con cada aseveración, consejo o insinuación pretende ir guiando a Wally hacia el conocimiento de sus poderes y del origen de los mismos, una misteriosa Fuerza de la Velocidad de la que todos los velocistas obtienen la capacidad de moverse más rápido que las personas normales.

Los sucesos no dan tregua a personajes y lector, y así, en Imprudente Juventud (Reckless youth, Flash 92-94) asistimos a un doble desarrollo de acontecimientos vital para el futuro de Linda y Wally. Por un lado, desde el siglo XXX llega el nuevo bombazo de la colección. Iris Allen, presuntamente muerta, desvela su origen en tal época y los viajes temporales que su esencia vital realizó, primero al siglo XX para compartir su vida junto a Barry y luego de vuelta al siglo XXX tras su muerte a manos de Zoom. En el breve tiempo que Iris y Barry pasaron juntos allí, antes de las Crisis y del heróico sacrificio del mayor héroe de todos los tiempos, tuvieron tiempo de engendrar a dos hijos, Dawn y Don, los Gemelos Tornado. A su vez, Don tuvo un hijo, Bart Allen (y los asiduos a este blog ya saben que un servidor se considera fan del personaje, al que dediqué dos entradas, centradas en su vida y en su muerte), cuyos poderes de velocidad carecían de control provocando el rápido envejecimiento del muchacho.


Para paliarlo fue encerrado en una burbuja de tiempo y conectado a un sistema de realidad virtual, a través del cual el muchacho recibía información del exterior como si de un simulador o de un videojuego se tratara, pero Iris decidió arriesgarlo todo y viajar con el muchacho a través de la corriente temporal para buscar la ayuda y consejo de Wally, en el siglo XX. Por desgracia, el trauma del viaje y la desorientación de un mundo completamente para el muchacho le han lanzado a una confusa y desbocada carrera que está provocando su envejecimiento a marchas forzadas. Wally recorre medio mundo en una carrera contra reloj para frenar al muchacho y devolverlo junto a su tía. Inconscienta a los peligros del mundo real, impulsivo hasta decir basta, Wally desarrolla la teoría de la sinapsis única (del pensamiento a la acción en un único paso) y bautiza al muchacho como Impulso.

Por otro lado, Linda está investigando una serie de oscuros negocios que parecen indicar la existencia en Central City de una organización criminal de envergadura internacional y caracter ultrasecreto con agentes capaces de actuar a todos los niveles, investigación que pondrá la vida de Linda Park en serio peligro. Un atentado directo contra su vida desvelará la identidad del contrincante en la sombra que maneja los hilos de la vasta conspiración que afecta a Keystone City. El culto de Kobra cuenta con instalaciones a ambos lados del río y cientos de agentes dispuestos a morir para mayor gloria de su líder. El Flautista, Argos, Flash y Wally se enfrentarán a varios de estos agentes, y en la inspección de una de las plantas ocultas de Kobra Wally se reencontrará con Kadabra al tiempo que se ve catapultado de nuevo, y por obra y gracia de los eventos de Hora Cero, fuera de su tiempo...

Los viajes temporales son una constante en la etapa de Waid, pero pocos tienen la intensidad emotiva y el significado de este en el que Wally viaja, Retrocediendo al Pasado (Flash 0), a los momentos más significativos de su vida, como el accidente causado por el rayo que le dio poderes o el entusiasmo sentido en sus primeros días como velocista amparado por su tío Barry. Pero la corriente temporal conduce a Wally hasta un momento muy concreto, el de una celebración familiar en la que siendo niño y pasando por un momento anímico especialmente bajo recibió el consejo de un familiar que le ayudó a seguir adelante. Wally intenta averiguar quién fue el que le alentó cuando más lo necesitaba, quien le ayudó de forma tan vital a convertirse en la persona que sería años más tarde, pensamientos que le habían estado atormentando a lo largo de los últimos meses y que se confunden vagos en su memoria. La revelación puede sorprender más o menos, pero deja uno de esos momentos de magia y de sentimiento en el que tenemos a dos personajes conversando durante tres páginas, destilando melancolía, emoción y colocando todas las fichas en su sitio para lo que está por venir...


Y agárrense, que vienen curvas. Con Kobra actuando subrepticiamente en la ciudad e intentando acabar a cualquier precio con la vida de Linda Park y de aquellos que conocen parcialmente sus actividades, con Impulso intentando hacerse un hueco en el mundo del siglo XX y con Wally de vuelta de su paseo temporal y de más allá de donde ningún velocita había regresado jamás, la Fuerza de la Velocidad, se inicia la saga Velocidad Terminal (Flash 95-100).

martes, febrero 10, 2009

Commissionando C: Kevin West (III)

Termino el repaso a las commissions del dibujante Kevin West con un repaso a sus dibujos a color, que personalmente encuentro bastante atractivos dentro de su sencillez, ya que la mayoría de ellos son de un único personaje sin fondo, algo que muchas veces abarata la pieza considerablemente pero que en su caso "sólo" supone 65 dólares de diferencia. Podéis encontrar más muestras de su trabajo y una detallada lista con las tarifas de Kevin en las páginas The Artist Choice y Serendipity Art Sales, así que no dejen de darse una vuelta para disfrutar de muchos más dibujos y una divertida nota biográfica sobre el autor. Yo les dejo ahora bien acompañados por una espectacular selección de superheroinas de Marvel y DC entre las que destacaría a Tormenta y a Kitty Pride, a la sensual pareja que comparte medias de rejilla en su uniforme formada por Zatanna y Canario Negro, a unos dinámicos Batman y Batgirl en plena acción, un no menos enérgico enfrentamiento entre la Antorcha y el Escarabajo y finalmente un retrato del bad boy cósmico definitivo del universo Marvel, Thanos...
















lunes, febrero 09, 2009

Lunes espacialmente muerto

Comienzo esta semana haciendo un breve acto de contrición, y es que los últimos días creo haber ganduleado más de la cuenta en lo referido a ese imperativo categórico moral no remunerado económicamente en que he convertido el mantenimiento de este vuestro blog amigo. Realmente no ha habido cúmulo de circunstancias atenuantes ni motivos de peso. He leído algo, poquito, lo justo, como para hacer que la pila de atrasados no desbordara la mesa del comedor y, ahí sí, he apretado el acelerador en cuanto a puesta al día de series catódicas. Rompiendo otra vez mi propósito de no engancharme a nuevas "sustancias" televisivas he caído bajo el yugo de una sitcom que he devorado casi en su totalidad -al menos de lo emitido- en apenas cinco días y a la que le quedan apenas un par de capítulos para dar por finiquitada su primera temporada. Precísamente el repaso de esa serie, desde el frikismo y la devoción más absolutos, será uno de los artículos que les reservo para esta semana, en la que además del último repaso a las commissions de Kevin West tendrán ustedes un par de posts perfectamente conectados entre sí y con la fiesta empalagosa con que esta semana amenaza culminar.

Pero no quiero escaquearme más, así que ha llegado la hora de confesarles que la semana pasada realicé una serie de maratonianas sesiones consoleras dando buena cuenta de los capítulos en que se divide el survival horror Dead Space, y ahí seguimos, perdidos en la inmensidad fría y silenciosa del universo, a bordo de la nave Ishimura, carguero cuya tripulación pereció brutalmente a manos de una infección alienígena de origen desconocido con la que un servidor está lidiando en solitario, equipado con armas ineficaces, escasa munición y mínimo apoyo y rodeado de organismos letales cada vez más difíciles de desmembrar, desintegrar o incinerar.


Bailar pegados no es destripar...

Termino hoy con un breve recuerdo para el recientemente fallecido Lux Lumine, voz y alma del grupo The Cramps, una auténtica bestia parda del escenario que dejaba la piel y los huevos en cada actuación y en cuyo repertorio de filias había unas cuantas que un servidor hace suyas. Desde la banda sonora de ese clásico del género zombi que es El regreso de los muertos vivientes, les dejo este Surfin' Dead con el que comenzar la semana con un buen mordisco en el mismo cerebro. Creo que lo mejor es pedirles que vayan a por los zombis antes de que los zombis vengan a por ustedes, aunque en cualquier caso, tengan mucho cuidado ahí fuera.

Lux Lumine y Poison Ivy Rorschach

Surfin' Dead
The Cramps

Ah, my favorite brain soup -
Cream of nowhere

Ooh baby, your asphalt eater hung ten
The hoedads and gremmies say you reached top end
So do the dead, through the lights
The surfin' dead, oooh make it tight
The livin' dead now baby lose their heads
Now baby, doin' the dead

Yeah you're a high-rev hauler with all four on the floor
But your a-bone's busted and you're through the door
So do the dead, juice the Coupe
Come on the livin' dead, ooh you're in the soup
The livin' dead now baby, like I said now baby, do the dead

Your carburetor don't carb, got a hammer down this
Your generator gens but your pistons don't work
Do the dead, run for ten
The surfin dead, c'mon turn it in
The livin' dead insist, it's the latest twist, do the dead
Run run run run, now do it

Stay sick!

You square brains out there better beware

Oh this phantom driver down in the ground
You better plant 'em right or they'll come around
Move out baby, move that mound
Or they'll dig it up and they'll shut you down
So c'mon, aw c'mon, aw c'mon . . .

Now life is short and it's filled with stuff
So let me know baby when you've had enough
Oh do the dead, turn blue
Yeah the surfin' dead, as dead as you
There's nothing on the radio when you're dead
There's nothing at the movie show when you're dead
There's nowhere left for you to go when you're dead
Do the dead, yeah do the dead
Do the dead, surfin' dead

sábado, febrero 07, 2009

Sketch-busters CIII: Carlos Giménez

Mantenemos durante una semana más la atención en Carlos Giménez, recordando la más que encomiable iniciativa de la Plataforma Pro-Premio Príncipe de Asturias para Carlos Giménez y dedicándole la sección de sketchs de esta semana. El dibujo fue realizado durante una de las sesiones de firmas conjuntas en el Expocomic del año 2006, último antes de nuestro "abandono" del salón de la capital durante un año -por causas de fuerza mayor, claro- hasta nuestro regreso el pasado noviembre y nuestro reencuentro con amigos, autores, frikis y saunas varias. Uno de los aspectos por los que este salón se ha caracterizado es en prestar mucha atención a los autores españoles, ya sean aquellos que están luchando duro por abrirse camino en un mundillo cada vez más difícil, autores consagrados que nunca han dejado de estar en lo más alto o dibujantes que por una u otra manera han pasado una época en el limbo y cuya obra ha sido redescubierta y vuelta a poner al alcance de los aficionados. Así, en una de esas sesiones de firmas uno podía encontrar a dibujantes como Víctor Santos, Pere Perez, Kenny Ruiz, Guillem March o Iván Sarnago, cada uno con su estilo y en su género, pero todos con la misma ilusión de ofrecer las historias que quieren contar y hacerlas llegar a la mayor cantidad posible de público. Y en otra uno se encontraba con este panorama...

Usero, Giménez, Martín Saurí, Azpiri y Campos.

Es difícil reunir tanta calidad, tanta experiencia compartida y tantas páginas de buenos tebeos -cada uno en su estilo y para su público- en un espacio tan reducido. En muchas ocasiones la presencia de la estrella mainstream de turno eclipsa a otros autores cuya importancia es intrínsecamente superior y cuya huella en el noveno arte será mucho más indeleble que la de la estrellita de turno, pero uno -y hablo por mí, oigan, que es la única mente que conozco y escruto hasta su más sucio fondo cada día- deja pasar la posibilidad de charlar con Giménez o con Martín Saurí o con Bernet pensando que habrá otro salón, otra ocasión en la que conseguir una firma, una foto o un apretón de manos. Y a veces ya resulta de justicia, y una obligación, atender a una de esas citas, algo que el año 2006 realizamos cumplidamente, consiguiendo la dedicatoria correspondiente en el primer album de la recopilación de Los profesionales, lujosamente editado por Glenat, y este retrato que tanto podría ser una versión de sí mismo como la del españolito de a pie que ha sobrevivido a más vicisitudes de las que habría querido y que, pese a todo y a todos, sigue adelante. Los más guapos de Europa, ahí es nada...

jueves, febrero 05, 2009

Top 10. Más allá del último distrito: No hay descanso para los héroes de azul

Han pasado varios años desde los tumultuosos incidentes provocados por la comisario Ultima, pero los policías del Distrito 10 no han tenido un momento de paz desde entonces. Aprovechando los refuerzos de una fuerza policial jurásica de un mundo paralelo recuperan fuerzas y se ponen al día durante el tradicional picnic veraniego. Desgraciadamente para ellos, el mal nunca descansa, puede adoptar las formas más insospechadas y provenir del lugar más alejado y recóndito del universo. Todas esas circunstancias se dan en el Peregrino de la Zanja Infernal, una presencia que posee aleatoriamente a huéspedes humanos y robóticos por igual y que transforma la realidad en un mundo de caos y horror. Los cientihéroes de Neópolis se preparan para investigar el extraño suceso, pero como suele suceder, los problemas nunca vienen solos...


Así, además de tener que integrar a una panda de nuevos agentes en la comisaría, algo que el sargento canino Kemlo soluciona emparejando a novatos con veteranos (entre los que nos encontramos a los viejos conocidos Smax, Duane, Toy Box, la nueva encarnación de Chica Uno, Peregrina o Irma Geddon), hay que investigar la aparición de una nueva y poderosa droga en las calles de la ciudad con mayor concentración de superseres del multiverso que facilita la posesión de los consumidores por el Peregrino y además hay que investigar las subversivas y cafres actividades de un grupo contracultural autodenominado los Derridadaistas. Tal vez esta ocasión Toy Box y sus amigos se hayan metido en más problemas de los que puedan solucionar...


O tal vez no. Con esta miniserie de cinco números volvemos a pasear por la ciudad de Neópolis, una vieja conocida para los lectores de comic gracias a los anteriores trabajos de Alan Moore, Gene Ha y Zander Cannon Top 10, Smax El Bárbaro y Top ten: Forty Niners. En este caso los autores del tebeo son el escritor Joe de Filippo (escritor de ciencia ficción reconvertido a guionista y autor además de esta serie de Doc Samson) y el dibujante Jerry Ordway (guionista y dibujante con décadas de trabajo no sólo conocido por su faceta de dibujante en Infinity Inc., Superman, o Shazam sino por sus más que competentes entintados de dibujantes como George Perez o Dan Jurgens), y realizan un trabajo digno a la hora de reflejar un caos colorista, lleno de maravillas y de milagros. Lamentablemente, se ha perdido por el camino el apartado de investigación policial y de culebrón ambientado en comisaría (inspirado en Canción Triste de Hill Street), y se ha abandonado un enfoque serio o "realista" de la historia, para realizar un tebeo con cientos de super-héroes llenando cada viñeta y decenas de referencias por página, pero ofreciendo poca chicha que nos permita ahondar en el desarrollo de los personajes o avanzar en una hipotética historia general de los avatares en torno a la comisaría del Distrito 10 (tras conocer la historia de sus orígenes y uno de sus peores momentos con el fiasco Ultima).


No puedo decir que sea un mal tebeo, ya que se lee con interés, la historia está clara, aunque avanza a trompicones y de forma algo caótica en ocasiones, centrando la acción en muchos personajes a la vez, con lo que somos testigos de un montón de historias pero mostradas con escasa profundidad, mientras que la trama de fondo, la del Peregrino de la Zanja Infernal, se resuelve en apenas diez páginas. Lo malo de un tebeo así es que tiene que lidiar con la etiqueta de "personajes creados por Alan Moore", y con un listón así de alto resulta bastante difícil cumplir con el lector, algo que creo Di Filippo logra alejando su versión de la historia del dramatismo y de la melancolía de las historias de Moore y optando por un enfoque en el que el desenfado y el humor prima por encima de otros factores. Aunque no faltan los momentos dramáticos en la historia, son los menos, y frente a ellos tenemos muchos otros centrados en diálogos adornados por un sano sentido del humor y situaciones que oscilan entre el sentido de la maravilla y el espectáculo propios de Millar o del Morrison más asequible y la narración de la vida llena de maravillas en una ciudad como esta Neópolis prima hermana de la Astro City de Kurt Busiek.


La parte del león sin duda, el mayor mérito de este tebeo, se lo lleva el dibujante Jerry Ordway, alguien acostumbrado a trabajar con grupos o a entintar páginas con cientos de personajes que aquí se lo pasa teta llenando viñeta tras viñeta de homenajes (sin ir más lejos la visita a la sala de pruebas es un repaso a lo mejor del comic pijamero desde los años 60), chascarrillos (el Café de la Linea Clara, el orfanato de la Abuela Bondad), referencias y versiones alteradas de personajes de TODA la historia del comic: golfos apandadores, Looney Toones, mujeres fatales del comic y un juego muy divertido de emparejamientos (las diferentes versiones de Hourmans o Manhunters, heroínas con medias de rejilla -Zatanna y Canario Negro- o pechugonas con escote imposible -Phantom Lady y Vampirella-, mercenarios letales -Deathstroke, Deadshot y Masacre-), aparece diseminado por todo el tebeo para aquel que quiera entretenerse en disfrutar de un complemento ideal para la historia y que no distrae del tono festivo y maravilloso del tebeo.


En resumidas cuentas, si ustedes son seguidores de Top 10 o han disfrutado con la lectura de los anteriores tebeos dedicados a narrar las andanzas de este particular cuerpo de cientihéroespolicías, no duden ni un instante en hacerse con este tomo. Los demás, mejor recurran a algún amiguete caritativo que se lo preste, que no está la cosa como para dejarse llevar por el coleccionismo compulsivo. O sí.

lunes, febrero 02, 2009

El lunes de la marmota

Hoy dos de febrero se celebra una de esas fiestas tan localistas, pintorescas y añejas como populares para un servidor por obra y gracia de la magia del cine. Porque si yo no hubiese visto hace ya ¿quince años, dieciséis? el clásico Groundhog Day (aquí, como siempre, más espabilados, Atrapado en el tiempo) jamás habría oído hablar de Phil la marmota de Punxsutawney ni de la curiosa tradición que establece una relación directa entre si la marmota ve o no su sombra y la prolongación del invierno por un periodo de seis semanas más. El caso es que los lunes uno se siente marmota, aún sin haber terminado de recuperar el sueño suficiente, con el corazón encogido por un rebrote traicionero de las frías temperaturas y atrapado en otro bucle sin fin de trabajo -y que no falte, ojo, que mis consejeros financieros me dicen que la cosita está muy mal y que mis acciones han bajado un cuartillo de punto con lo que sólo tengo doscientos cillones de plisskendólares en el banco virtual del país de los sueños-. ¿Hay mejor manera de empezar la semana?


Reunidos hoy en chez Sparks-Plissken la marmota Phil y los gatos Leia y Obi Wan, ha sido imposible determinar si el invierno se prolongará seis semanas más o si por contra las altas temperaturas que un servidor padece en su entorno laboral se trasladarán al resto del mundo, con lo que el apocalipsis y el infierno se desatarán sobre la tierra y ni Phil, ni Leia ni Obi-Wan podrán o querrán hacer nada al respecto. La marmota ha hablado.

Pues sí la hay, claro que sí, y aquí estamos dando la habitual lata. La semana pasada, extrañamente, pude cumplir con todos y cada uno de los objetivos que ingenuamente me había marcado el lunes, y con vistas a no desmerecer tamaña constancia, esta semana voy a ser más modesto si cabe, prometiéndoles el habitual sketch semanal, una nueva paginilla de mi colección personal y alguna que otra cosilla que iremos improvisando sobre la marcha y que como siempre espero que ustedes compartan con la misma ilusión con la que yo me esmero en copiar y peg... esto en elaborarla para ustedes exprimiendo todo mi -escaso- talento y mi -mínimo- talante.

Esta semana no podía iniciarle más que con la canción que despierta a Bill Murray todas las mañanas, que son la misma mañana, que el caballero pasa en la pequeña localidad de Punxsutawney. Sonny y Cher nos dejan una joyita pop que ya está en el imaginario popular ligada indisolublemente al Día de la Marmota (bueno, y a aquel video que hizo con Beavis y Butthead en los 90 pero del hoy pocos se acordarán). Parafraseando al cínico y amargado Phil Connors, déjenme que les de una predicción sobre los lunes invernales: son fríos, son grises, y durarán por el resto de su vida laboral. Vuelvan por aquí la semana próxima a más tardar, y busquen su sombra, a ver cuánto más nos va a durar el invierno, y recuerden, tengan mucho cuidado ahí fuera. Uno nunca sabe cuando una marmota con mala idea y la capacidad de atraparnos en el tiempo se puede cruzar en nuestro camino.

I got you, babe
Sonny and Cher

HER: They say we're young and we don't know
We won't find out until we grow
HIM: Well I don't know if all that's true
'Cause you got me, and baby I got you

HIM: Babe
BOTH: I got you babe
I got you babe

HER: They say our love won't pay the rent
Before it's earned, our money's all been spent
HIM: I guess that's so, we don't have a pot
But at least I'm sure of all the things we got

HIM: Babe
BOTH: I got you babe
I got you babe

HIM: I got flowers in the spring
I got you to wear my ring
HER: And when I'm sad, you're a clown
And if I get scared, you're always around

HER: Don't let them say your hair's too long
'Cause I don't care, with you I can't go wrong
HIM: Then put your little hand in mine
There ain't no hill or mountain we can't climb

HIM: Babe
BOTH: I got you babe
I got you babe

HIM: I got you to hold my hand
HER: I got you to understand
HIM: I got you to walk with me
HER: I got you to talk with me
I got you to kiss goodnight
I got you to hold me tight
I got you, I won't let go
I got you to love me so

BOTH: I got you babe
I got you babe
I got you babe
I got you babe
I got you babe


I've Got You Babe - Beavis and Butthead Feat. Cher

domingo, febrero 01, 2009

Chuck: Alias meets Friends

Chuck Bartowsky (Zachary Levi) es un veintañero adicto a la cultura popular en sus más variadas formas y un auténtico manitas. Su habilidad como técnico de reparaciones le ha permitido conseguir un puesto de trabajo en la Guarida del Empollón del Compramás, un hiper dedicado a los electrodomésticos y a la electrónica en el que también trabaja Morgan (Joshua Gomez), su mejor amigo, confidente y compañero casi a tiempo completo. La pareja de colegas formada por Morgan y Chuck se extiende hasta a la vida hogareña del segundo, ya que Morgan pasa casí más tiempo en casa de los Bartowsky que en la suya propia, lo que no hace excesivamente feliz a Ellie (Sarah Lancaster), hermana de Chuck y compañera de piso. La existencia de Chuck se reparte entre las sesiones de cine o de videojuegos con Morgan y los rituales de la vida cotidiana con Ellie con los que ambos han superado el fallecimiento de sus padres.


Pero al margen de su situación familiar de jóvenes huérfanos emancipados, no todo es de color de rosas en la vida de Chuck Bartowsky. Años atrás fue expulsado de la Universidad de Stanford tras la denuncia de su compañero de habitación, Bryce Larkin (Matthew Bomer), de que Chuck había copiado en un examen. Por si fuera poco, el propio Larkin había roto la relación entre Bartowsky y su novia de toda la vida, dejando a Chuck compuesto, sin posibilidad de graduarse y sin novia. Pero Bryce, agente de la CIA fugitivo en problemas, no ha olvidado a Chuck y por ello en su momento de máxima necesidad recurre a su antiguo compañero y amigo enviándole los archivos que acaba de sustraer de un superordenador de la CIA. Chuck abre el mail enviado por Larkin sin sospechar que su vida está a punto de cambiar para siempre y su cerebro absorbe en una noche el millón de imágenes con información clasificada asociada a cada una de ellas que Bryce ha sustraído a la CIA.


Desde ese momento Chuck Bartowsky se convierte en el tío más peligroso del planeta al manejar de forma subconsciente toda la información recogida durante años por las agencias de espionaje mundiales y al mismo tiempo en la herramienta más útil para los cuerpos de seguridad hasta que se arregle el dichoso superordenador. Esa doble vertiente de la situación se refleja en los agentes enviados, primero a descubrir quién es Bartowsky, luego a vigilarle y finalmente a proteger su anonimato y su bienestar físico. Por parte de la CIA, la sensual y letal Sarah Walker (Yvonne Strahovski), antiguo interés sentimental de Larkin, será la encargada de vigilar de cerca a Chuck, mientras que la Agencia Nacional de Seguridad envía al adusto, no menos letal y brusco John Casey (Adam Baldwin).


Dispuestas todas estas piezas sobre el tablero, la vida de Chuck se convierte en una auténtica locura en la que debe lidiar con su vida familiar y con su trabajo, impedir que las corruptelas y peligros del espionaje salpiquen a sus seres queridos y escapar de todos aquellos espias o agencias internacionales que quieran acceder a la información que acumula en su cerebro y que, respondiendo a estímulos aleatorios, desvela desde tramas de tráfico de armas a escala planetaria hasta complots para asesinar a miembros de la cúpula militar norteamericana, algo para lo que, afortundamente, cuenta con dos de los mejores espías del país.


Me resistía a empezar a ver otra serie abierta, por temor a sumar otra adicción catódica más a la cada vez más recargada lista de series de obligada visión para un servidor, aunque finalmente decidí darle una oportunidad a Chuck... Y no puedo estar más contento de haberlo hecho. Para empezar, el protagonista encajaría dentro de una reunión de colegas de muchos de los lectores de este blog. Aficionado al Call of Duty, a Star Wars, Dune, Tron u Old Boy, preocupado por su familia y amigos, cumplidor en el trabajo, Chuck es el exponente perfecto de tío normal que se ve envuelto contra su voluntad en una serie de problemas que le superan ampliamente, y con el que por tanto resulta fácil empatizar. El reparto de secundarios que oscilan a su alrededor resulta glorioso: la adorable hermana y su novio, el capitán asombroso (Ryan McPartlin), el colega a veces cargante pero que está siempre ahí, para lo bueno y para lo malo -aunque a veces lo malo lo haya provocado él, pero, hey, la amistad no es perfecta-, la plantilla del Compramás, desde los frikis asociales y absurdos pasando por el compañero trepa y llegando al obeso y malhumorado Big Mike que intenta dirigir aquel sindios de la forma más tranquila para todos.


Además de este variopinto plantel que permite variar un tanto las situaciones presentadas en cada capítulo -por lo general autoconclusivas-, son Walker y Casey los que roban la función como guardaespaldas de Chuck en la mayoría de ocasiones en las que aparecen. Sarah establece desde el primer momento una difícil relación con el muchacho a medio camino entre el deber, la simpatía y la química sexual, jugando con el equívoco y con el modo en que los demás perciben su relación estrictamente profesional. Casey -al que reencuentro en un papel carismático y del que me he quedado prendado, tras ponerlos en mi olimpo televisivo años atrás por su papel de Jayne, el no menos capullo y rudo pistolero de Firefly-, por contra, es el capullo cuadriculado que sigue órdenes ciegamente y para el que servir a su país es la máxima aspiración a la que dedicar su vida. La rivalidad entre agencias y agentes se traslada al modo en que tratan al muchacho, y entre los tres se crea una química televisiva espectacular que ofrece tanto descacharrantes momentos propios de la mejor comedia de enredo como tensas situaciones de peligro y acción en que alguno de los vértices de ese peculiar triángulo debe sacar las castañas del fuego a los demás.


El tono cómico, jocoso y festivo de la serie se agradece bastante en estos tiempos en que prácticamente todo lo que sigo resulta angustioso, tenso, deprimente o dramático, y el hecho de ser capítulos autoconclusivos ayuda a verlos de dos en dos pero sin la compulsión con que devoro, por ejemplo, las temporadas de Perdidos. Es una serie que te deja buen cuerpo, repleta de momentos cómicos bastante conseguidos, de secuencias de acción más que aparentes para una serie de estas características y con toda una serie de guiños cinéfilos (desde las referencias continuas a Casablanca hasta el baile del gusano de Dune) y de bromas a costa del género de espias que convierten el visionado de esta serie en una auténtica fiesta salva-días-chungos.

viernes, enero 30, 2009

Plataforma Pro-Premio Príncipe de Asturias para Carlos Giménez

A mediados de enero surgía en la red una iniciativa con la que no puedo estar más de acuerdo y a la que he querido prestar todo mi apoyo de la única manera que sé. Difundiéndola en la medida de mis modestas posibilidades y compartiendo con todos vosotros un sueño, objetivamente muy difícil de realizar, pero que supondría el reconocimiento a toda una vida de arte y genio dedicada a esto de la viñeta y el bocadillo. Me refiero a la Plataforma Pro-Premio Príncipe de Asturias para Carlos Giménez. Esta iniciativa se dio a conocer en el blog de Rafa Marín, Crisei, de obligada lectura diaria, y contó desde el primer momento con el entusiasta apoyo de Marín y de Carlos Pacheco. La difusión de la iniciativa se extendió inmediatamente por la blogosfera, propició la creación de un grupo de Facebook dedicado a aglutinar a todos los que apoyan la iniciativa (y que cuenta con casi 700 miembros) y encontró en la Liga de los Bloggers Extraordinarios a unos fervientes defensores de la misma. A continuación reproduzco la nota íntegra publicada por Rafa Marín en su blog:


Porque los tebeos son cultura. Y cultura grande.

Porque la reflexión, la poesía, la diversión, el mensaje, el pundonor, el arte y la artesanía, el amor a la profesión y al medio, la humildad constante al pie del cañón de Carlos Giménez lo ejemplifican.

Porque es quien más y mejor ha sabido dar obras que nos explican cómo somos y qué camino hemos recorrido.

Porque si hay alguien que se merezca, en nombre del medio y en nombre de las muchas y grandes obras maestras que nos ha ofrecido en más de cuarenta años de profesion, es él.

Porque Carlos Giménez es todos nosotros: el cómic en su encarnación máxima, el cómic que trasciende fronteras y medios, el cómic que demuestra que todas las historias pueden contarse, y contarse como se escribe un poema, o se pinta un cuadro, o se rueda una película, o se toca un clarinete, o se marca un gol o se gana un campeonato.

Porque ya es hora de que se reconozca y se iguale el trabajo de una profesión humilde con el de otras profesiones de más relumbre.

Creemos que es hora, hoy, ya, de empezar a movernos, desde los blogs, desde las revistas, desde otros ámbitos de la cultura, desde los salones y jornadas del cómic, desde la crítica y desde el aficionado, desde la Universidad y desde los periódicos, para solicitar el Premio Príncipe de Asturias para Carlos Giménez.

Y queremos que sea un premio pedido por todos, y conseguido para quien es el primero entre los primeros, en España y en el mundo.

Hagamos ruido. Pidamos lo posible.



Carlos Giménez es uno de los pocos autores españoles que he leído extensamente, prácticamente todos sus álbumes editados por Toutain, gracias a la biblioteca de mi pueblo y a las maratonianas sesiones de estudio dedicadas a la carrera. Cada jornada contaba con un descanso de 20 minutos que dedicaba a leer la prensa o a coger algún album de la sección de comics, escasa por lo general, pero bien abastecida en cuanto a tebeos firmados por Giménez. Así, las desventuras de los huérfanos de Paracuellos, uno de esos tebeos que acongoja y que enfrenta al ser humano con lo más abyecto de sí mismo, los avatares iniciáticos del joven artista que marchaba a Barcelona a trabajar en una agencia de dibujantes en la que las bromas pesadas se alternaban con la sana camaradería y las argucias para llegar a fin de mes en Los Profesionales, la crónica social, económica, histórica y política de un país en plena transición, en pleno cambio, que retrató de forma tan acerada, cruel, melancólica, humorística o cínica, dependiendo de cada historia, de cada personaje, en las series de Romances de Andar por Casa, Historias de Sexo y Chapuza o Sabor a Menta. Todos y cada uno de esos álbumes invitaban a la reflexión, a la relectura, en ocasiones a la lagrima contenida y en otras -en muchas otras, para qué negarlo, ya que me supusieron más de una situación embarazosa con ese agradable y comprensivo cuerpo de funcionarios municipales denominados bibliotacarios- una carcajada histérica por la resolución de una historia o por un gag concreto imbricado magistralmente en una historia dramática. Mucha gente identifica a Carlos únicamente con sus álbumes más combativos y políticos, con su serie de Paracuellos o con la más reciente 1936-39, y creo que se están olvidando de toda una obra riquísima en conceptos que no ha despreciado ningún género (Hom, Dani Futuro, Bandolero) y que se ha convertido en crónica viva de toda una época y de varias generaciones, transmitiendo, a través de unas vivencias y de una crónica sentimental la radiografía de varios momentos complejo y convulsos de nuestra historia contemporánea. Así pues, un servidor apoya incondicionalmente esta iniciativa y ojalá que Carlos pueda recibir en vida un reconocimiento que sin duda merece.


Suso Peña, Adolfo Usero, Esteban Maroto, Víctor de la Fuente y Luis García. Sentados, Carlos Giménez y Pilar. Acongoja ver tanto talento junto en la misma instantánea.

No dejen de visitar ustedes la página web de Carlos Giménez, una de las más completas de cuantas he visto dedicadas a un autor español, con un amplio dossier de sus obras, datos biográficos de interés, una album fotográfico repleto de nombres destacados del mundo de la historieta de los últimos cincuenta años, e incluso una sección de originales para los que quieran -y puedan permitirse- un pedacito de historia viva del noveno arte.

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