domingo, diciembre 17, 2006

Aquellos maravillos años: BIG

Josh (David Moscow) tiene doce años, es un chaval sano y normal que adora a su madre (Mercedes Ruehl) y comparte con Billy (Jared Rushton), su mejor amigo, las travesuras y las fantasías habituales en cualquier muchacho de su edad. Un acontecimiento bochornoso en un parque de atracciones (no le permiten subir a la montaña rusa por su estatura, lo cual le avergüenza ante una chica a la que quería impresionar) le lleva a pedir un deseo a una extraña máquina de deseos con un adivino, Zoltar. “Quiero ser grande” dice Josh. Los ojos del mago se iluminan aun cuando la maquina está desconectada y a la mañana siguiente un Josh de 32 años, encarnado por Tom Hanks aparece en la cama. Con la ayuda de Billy finge un secuestro y busca empleo en una empresa juguetera, como forma eventual de subsistencia hasta que la feria regrese a la ciudad y con ella la atracción del adivino Zoltar. En su periplo adulto Josh ascenderá como la espuma en su trabajo, al demostrar conocer perfectamente los gustos de los niños en materia de juegos y juguetes, impresionando al presidente de la compañía (Robert Loggia) en una de las escenas más celebradas del film, el famoso baile sobre la alfombrilla musical que realizan Loggia y Hanks. La ejecutiva “agresiva” Susan, (Elizabeth Perkins) se sentirá atraída primero por el ascendente Josh, pero luego acabará descubriendo en Josh el amor sincero y desinteresado, la alegría de vivir y la entrega total que sólo una persona como Josh, inocente aún, puede ofrecerle. Las obligaciones laborales, su relación sentimental con Susan transforman paulatinamente a Josh y aceleran su incorporación al mundo adulto. Será Billy la voz de la conciencia que le hará ver en lo que se ha convertido finalmente, un yuppie aburrido con casa, coche y rutina, sin alegría. La vuelta de la feria devolverá las cosas a la normalidad, aunque antes de volver a ser niño otra vez Josh confesará a Susan su extraña historia. Ésta, incrédula, acabará viendo como un Josh niño entra en casa para abrazar a su madre…

(Con este film Tom Hanks se ganó el favor de la crítica y recuperó el del público. Aún pasaría mucho tiempo antes de que se dedicara principalmente a papeles dramáticos, pero Big fue un aviso de lo mucho bueno que llegaría después).
Dirigida por Penny Marshall en 1988 la película fue un éxito rotundo, enderezando la carrera de un Tom Hanks que había venido dando bandazos desde Despedida de Soltero (1984) y aún daría unos cuantos más hasta Algo para recordar. Con su actuación en el film Hanks siguió demostrando que era un gran actor cómico, con gran dominio de la gestualidad, pero a la vez incorporó ya una gran facilidad para pasar de un registro a otro, del slapstick, a la comedia romántica, al melodrama, más o menos los tres estadios por los que discurre Big. Con un sólido reparto de secundarios, cada uno de ellos aporta elementos importantes en el transcurso del film. Mercedes Ruehl refleja el mundo perdido de Josh, el dolor de la infancia dejada atrás. Billy nos permite acompañar a Josh en ese maravillado descubrimiento de un mundo lleno de sorpresas, novedades excitantes y emocione “adultas” vedadas hasta el momento. Susan introducirá a Josh en el mundo de las relaciones sentimentales, del sexo como instrumento (al principio su relación será interesada) y como complemento del amor. En este sentido me parece deliciosa la escena en que Josh y Susan hacen el amor por primera vez. Ella apaga la luz pero un Josh asustado y excitado a partes iguales la encenderá repetidamente para no perder un solo detalle. Precisamente a través de la tópica evolución del comportamiento de la pareja en la alcoba, que finaliza con ambos leyendo la prensa antes de dormir, refleja la rutina y el aburguesamiento en que ha acabado toda aquella novedad y excitación primera. La relación paterno-filial que establece con McMillan (Loggia) viene dada primero por el interés, por la necesidad de uno de un ejecutivo honesto pero que conoce los gustos de los niños en un mundo de tiburones de las finanzas y los gráficos de venta, y por la necesidad del otro de un sueldo que le mantenga. Es el personaje de Paul (John Heard), ex de Susan y mano derecha de McMillan, el que refleja lo peor de la vida adulta: el interés, la lucha por el poder, el egoísmo, la mezquindad. Será cuando al final Josh vea a Paul como aquello en lo que se está conviertiendo, cuando se dará cuenta del verdadero camino a seguir. Básicamente el film refleja cómo en el mundo adulto todo parte de un interés previo que se plasma en relaciones interpersonales de diversa índole que, al fin y a la postre, acaban teniendo otro interés final que en ocasiones, acaba cambiando a la persona. Por supuesto, al tratarse de un film americano con “moralina” final, Josh acabará renunciando al oropel de la vida adulta fácil y elegirá recorrer el camino difícil, esto es, andar por sí mismo todo el camino en compañía de los suyos (personificada en su madre y en Billy, pero simbolizando por extensión a la familia y a los amigos como parte fundamental de la evolución de una persona) y adquiriendo las experiencias paulatinamente y del modo más duro. Sufriéndolas una a una y en el momento que toca.



Lo más interesante de la película, es que vista con mis dieciséis y vista con mis treinta y dos, me permite tener dos puntos de vista, dos interpretaciones, sino opuestas sí que es cierto que diferentes. Vista en su momento todo se antoja una fábula excitante y maravillosa en la que un muchacho con cuerpo de adulto consigue triunfar, enamorar a una bella mujer, pasárselo bien y luego regresar a su vida original, más tranquila y reposada. A ello contribuye el tono de comedia alocada y amable de los dos primeros tercios del film. Pero vista y revista (es una de esas películas que ves una escena en la tele mientras haces zapping… y ya no cambias hasta los créditos, como la mayoría de las películas que irán apareciendo por aquí) con el paso de los años, lo más interesante, destacado y meritorio de Big es su tercio final, en el que si elimináramos la “solución mágica” del planteamiento argumental, veríamos a un treintañero desencantado de la vida, atrapado en una relación sentimental complicada (¿acaso no lo son todas de una u otra forma?), con serios problemas de integración en su ámbito laboral y una situación familiar desestructurada (al no tener contacto con ningún familiar). ¿Es de extrañar que esa persona quiera regresar al momento de su vida en que no existían preocupaciones y todo era muy sencillo? ¿En que el abrazo de tu madre y la risa de tus amigos era lo más importante y verdadero? Ver Big sigue siendo un placer, y espero que lo siga siendo por muchos años, pero mucho me temo que cada vez me gustará más ese tercio final.

Por cierto, ahondando en esa última interpretación del film, se dice que hay un final alternativo de la película, eliminado por el escaso éxito en esos screeners que tantos desastres han provocado a la hora de alterar montajes y distribuir películas, en el que Josh se reincorpora a la escuela. Una vez allí la maestra les presenta a una nueva alumna, de nombre Susan y con un extraordinario parecido a cierta ejecutiva neoyorquina, pero con veinte años menos… Si esa máquina con Zoltar el adivino llegara a vuestra ciudad, ¿lo visitaríais?


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(No he sido el único al que el reciente pase televisivo de Big llamó la atención, ya que este "tubo" pertenece a dicha emisión. ¡Mi agradecimiento a ese otro nostálgico!).

POST SCRIPTUM: Para que luego digan que no existe feedback, gracias a ustedes amplío la reseña:
La canción que no nos sabíamos de Big:
Simisimi cocoboc
simisimi rooooock
Yo tengo una chica, bonita,
le pido una cita, repita
Quiere un helado de limón
que le gusta un montón
uuuuuuuuuuuuuuun mareo
damos un paseo
que no es nada feo
La canto, la bailo,
la saco y la distraigo,
pero a pesar de todo...
no la podré ligar.......

La máquina que no recordábamos de Big:


Aquellos maravillosos años: El nacimiento de una sección

Aprovecho la tranquilidad dominical para iniciar una nueva sección dedicada al cine, dado que el espacio dedicado a John Carpenter está a punto de acabar (y ese es precisamente el motivo por el que me resisto a publicar las dos últimas entregas, ¡demonios!). Ya llevaba tiempo dándole vueltas al asunto, rumiando contenidos e intenciones, y en las últimas dos semanas me decidí a recuperar, sin orden establecido ni criterio más allá de la personal devoción, todas esas pelis que marcaron mi infancia y adolescencia, pero siempre encuadradas en un lapso temporal muy concreto, LOS AÑOS 80. El motivo más que nada es que en esa década están muchos de mis clásicos modernos, y clásicos en el mejor sentido de la palabra, películas que marcaron mi educación moral y sentimental entre los 6 y los 16 añitos. El contenido de cada post se centrará en argumento, valoración crítica del film y contextualización personal en su momento, pero siempre desde la peculiar visión del que humildemente les dirige estas líneas. Y habría muchos títulos posibles para la sección, pero me decanto por el de Aquellos maravillosos años, no tanto porque me gustara la serie en cuestión (que me parecía un plomo soberano) sino porque creo que refleja perfectamente el espíritu de lo que quiero hacer poco a poco. ¿Y porqué maduré la idea estas últimas semanas? Quizá por un ciclo de cine de los 80 que programó la Concejalía de Juventud con films como Cazafantasmas o Los Goonies, o porque la cadena Cuatro emitió la pasada semana…

viernes, diciembre 15, 2006

Mes esmeralda: La raíz del mal

Este mes Planeta Comics celebra el mes Linterna Verde con una andanada de novedades dedicada a tan icónico personaje. Como soy un seguidor de las andanzas de Hal Jordan y Cía desde los primigenios tiempos de Zinco, no sólo me alegro soberanamente sino que me sumo a dicho mes con las reseñas de todas y cada una de las novedades dedicadas al personaje. Pero antes de nada, pongamos en antecedentes al personal.

Hal Jordan apareció por primera vez en el Showcase 22 con fecha de portada octubre de 1959. Punta de lanza de lo que se consideraría después la Edad de Plata en el Universo DC -y que tan espléndidamente reflejó Darwin Cooke en La Última Frontera-, la renovación de iconos de la casa como Green Lantern o Flash fue un soplo de aire fresco para la editorial. Desde ese momento aparecieron los Guardianes de Oa, el Cuerpo de Linternas Verde, Ciudad Costera y toda una serie de personajes secundarios (Carol Ferris, Tom Kalmaku) que se mantuvieron en acción hasta 1994. Todo cambiaría bruscamente de la mano del guionista Ron Marz, quien, de un plumazo, y como una de las secuelas más duraderas -y nefasta para muchos- de las sagas La muerte de Superman y El reinado de los Superhombres, decidió renovar a Linterna Verde y todo lo que a él concernía. En la segunda de esas sagas se inicia Crepúsculo esmeralda, historia que culminaría en el número 50 USA de Green Lantern. Asistimos en ella a la llegada del villano cósmico Mongul y al exterminio de Coast City de un plumazo. Todo el mundo de Hal Jordan volaba por los aires, dejando al hombre al borde de la locura y la desesperación y al héroe sumido en un dilema moral cada vez más pronunciado. ¿Debía emplear su poder, sometido tan sólo a los límites impuestos por su fuerza de voluntad, para tratar de repara o incluso evitar la catástrofe? El miedo a la soledad y la pérdida de los seres queridos le conducen a la locura y a recrear la ciudad con el poder de su anillo. Al usar el poder en su propio beneficio es reclamado a Oa para ser sometido a juicio por tal abuso. Cada vez más alienado Hal decide ir contra sus antiguos jefes, los Guardianes del Universo. Para frenar a un Hal Jordan salvaje y enajenado los Guardianes no dudan en mandar contra él a todo el Cuerpo, que es aniquilado sin compasión.



(Póster promocional del momento, donde queda claro que los 90 fueron una época muy dura para los héroes en general. Matamos a Superman, rompimos a Batman... ¡Linterna Verde es el siguiente!)

Uno de los momentos más duros de la saga Crepúsculo Esmeralda es cuando Hal se enfrenta con Kilowogg, al cual desintegra sin dudar un sólo momento. Para muchos ese momento marcó el fin del mito de Hal Jordan como ÉL Linterna Verde, aunque también marcó el comienzo de un desencanto por unos editores y guionistas que no sabían qué hacer con sus personajes. La desesperada situación obligó a los oanos a liberar a Siniestro, el Linterna Verde renegado, para que luchara contra Hal, pero nada podía frenar a éste. Jordan partía el cuello de Siniestro como si de una ramita se tratara, y el desencanto rallaba ya en incredulidad. Hal entraba en la batería de poder y él mismo se convertía en el receptáculo viviente de la energía verde de la batería, renunciando a la herencia del Cuerpo y adoptando la identidad de Parallax. De un plumazo desaparecía el Cuerpo, los Guardianes, Siniestro y Hal Jordan como héroe... Eran los 90, el dark and gritty triunfaba por doquier y parecía que no era el momento de héroes totalmente positivos y sin máculas. Adiós a los iconos, hola a los ídolos con pies de barro y a las medidas extremas.


El descenso a los infiernos -literalmente- de Hal no acabaría ahí, sino que se ahondaría en tres crossovers. En Hora Zero, las crisis que Dan Jurgens se sacó de la manga para solucionar las incongruencias surgidas con los años tras Crisis en tierras infinitas, fueron un follón de viajes temporales en el que un Parallax desbocado pretendía reescribir el tiempo desde su mismo inicio para así evitar la masacre de Ciudad Costera y todos los eventos posteriores. Sería la flecha de su mejor amigo la que acabaría con sus planes momentáneamente.


En La noche final, un crossover muy digno que aquí sólo pudimos leer en la edición de VID con guión de Karl Kesel y dibujos de Stuart Immonen, una fuerza conocida como el Devorador de soles intenta acabar con la estrella del sistema solar. El sacrificio in extremis de Parallax en el corazón del sol devuelve la esperanza a la tierra y un asomo de redención para el personaje, aunque para muchos ese sacrificio no lavaba la sangre que manchaba las manos de Jordan.


(Un crossover digno y épico, que pasó injustamente desapercibido en nuestro país durante el vacío VID.)

Y llegamos a El día del Juicio, saga que convertía a Hal Jordan en receptor del Espectro, el espíritu de la Venganza condenado a castigar a aquellos que lo merecieran con penas tan crueles como los crímenes que hubiesen cometido.

(El Espectro Jordan con el simbolito de la linterna en el pecho. Ni muerto dejaron descansar al pobre Hal.)

El clamor entre el fandom fue impresionante desde el primer momento, llegando a crearse asociaciones cuyo único fin era que se restaurase a Jordan como el auténtico Linterna Verde y desaparecieran los "imitadores" (sic). El caso es que Kyle Rainer, personaje más que simpático y con grandes posibilidades (como demostraron guionistas como Morrison o Winick) no merecía ese sambenito. En mi opinión, para intentar hacerle grande a él no hacía falta destruir de ese modo treinta y tantos años de historia. Hace unos meses dejé por aquí el intento junto con Pep de volver a traer a Hal Jordan al lugar que nunca debía haber abandonado, y al parecer no éramos los únicos en pensar así. Sería otro el encargado de hacerlo condenadamente bien.

miércoles, diciembre 13, 2006

Adios al Jovencito Frankenstein

Nos deja Peter Boyle, un actor que pese a encasillarse en papeles de secundario “duro” por su físico en los inicios de su carrera supo hacerse un hueco en los corazones de todo buen cinéfilo que se precie con esta película….


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martes, diciembre 12, 2006

Sketch-busters XXXVI: Victor Santos (I)

Y como lo prometido es deuda, aunque con algo de retraso, bien es cierto, aparece en esta sección el dibujo que Víctor Santos tuvo la amabilidad de dedicarme en una tranquila sesión de firmas en el stand de Dolmen. Una femme fatale dibujada magistralmente con su peculiar estilo y que me hace pensar inmediatamente en lo bien que quedará Angelina Jolie interpretando a Ava Lord en Sin City 2, aunque la señorita dibujada por Santos no tenga relación alguna. A modo de curiosidad decir que Víctor utilizó para abocetar el dibujo un lápiz azul especial empleado por los animadores, que no deja ni rastro a la hora de escanear el dibujo. ¡Ni rastro! Constato una vez más la facilidad de este hombre para dibujar lo que quiera, sin perder por un momento su estilo propio.

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lunes, diciembre 11, 2006

Lunes en frío

Así, de sopetón, nos ha llegado el frío por tierras levantinas, y así me ha cogido, medio desprevenido. Si a eso le sumamos lo duro que resulta afrontar una semanita completa de trabajo tras las festividades de la semana previa, pues cabe decir que si lo sé me quedo en la camita. Por lo demás, se adivina tranquilidad en el horizonte y escasas novedades, salvo cierto evento del que tendrán cumplida noticia en su momento (que será dentro de dos semanitas, por cierto).



En otro orden de cosas, este fin de semana Mel Gibson ha demostrado que sobrevive contra viento y marea (o más bien contra lobbys judíos y periodistas arteros) dentro de la industria hollywoodiense. El estreno de Apocalypto ha conseguido colocarse en el primer puesto de la taquilla yanqui superando a la comedia romántica Vacaciones y al thriller de acción Diamante sangriento. O lo que es lo mismo, una película sin actores conocidos, hablada en un extinto dialecto maya con subtítulos y clasificada para mayores de 18 años por su violencia explícita ha desbancado a la enésima comedia romántica protagonizada por Cameron Díaz y Jude Law y al intento de Leo Di Caprio de protagonizar una película de acción con toques de denuncia política. Servidor espera impaciente el estreno de la mencionada Apocalypto, ya que me considero fan irredento de Gibson como actor y director, que es lo que a la postre me importa, ya que como ser humano no creo que llegue a conocerlo jamás ni tenga que soportarle como jefe o vecino (aunque no me importaría, ojo). Lejos de cargar las tintas de antemano sobre las licencias históricas que se han tomado (pero seguro, vamos, para ver documentales ya esta el National Geographic Channel) a la hora de recrear los estertores finales del Imperio Maya o sobre las abundantes dosis de violencia que pueda contener el film, yo me froto las manos ante el poema visual que a buen seguro Gibson habrá manufacturado, un poema sangriento y salvaje, dinámico y electrizante cargado de imágenes inolvidables como el resto de cintas dirigidas por un autor personal como él solo que arriesga en cada proyecto su propio dinero y su prestigio. Y por cierto, de ambos, todavía no ha perdido ni un poquito.


(Imagen insertada dentro del primer trailer de la cinta, con Gibson de esa guisa rodeado por actores caracterizados. Si estaba ebrio o bajo los efectos de psicotrópicos lo dejo a la libre interpretación de cada cual.)

Y ante tan apocalyptico panorama, nada mejor que una canción sobre el fin del mundo para comenzar la semana. Abríguense ustedes y recuerden, tengan cuidado ahí fuera.

It’s the end of the world as we know it... (and I feel fine)
R.E.M


That's great, it starts with an earthquake, birds and
snakes, an aeroplane and Lenny Bruce is not afraid.
Eye of a hurricane, listen to yourself churn - world
serves its own needs, dummy serve your own needs. Feed
it off an aux speak, grunt, no, strength, the Ladder
start to clatter with fear fight down height. Wire
in a fire, representing seven games, and a government
for hire at a combat site. Left of west and coming in
a hurry with the furys breathing down your neck. Team
by team reporters baffled, trumped, tethered cropped.
Look at that low playing. Fine, then. Uh oh,
overflow, population, common food, but it'll do to Save
yourself, serve yourself. World serves its own needs,
listen to your heart bleed dummy with the rapture and
the revered and the right, right. You vitriolic,
patriotic, slam, fight, bright light, feeling pretty
psyched.


It's the end of the world as we know it.
It's the end of the world as we know it.
It's the end of the world as we know it and I feel fine.


Six o'clock - TV hour. Don't get caught in foreign
towers. Slash and burn, return, listen to yourself
churn. Lock it in, uniforming, book burning, blood
letting. Every motive escalate. Automotive incinerate.
Light a candle, light a motive. Step down, step down.
Watch your heel crush, crushed, uh-oh, this means no
fear cavalier. Renegade steer clear! A tournament,
tournament, a tournament of lies. Offer me solutions,
offer me alternatives and I decline.


It's the end of the world as we know it.
It's the end of the world as we know it.
It's the end of the world as we know it and I feel fine.


The other night I dreamt of knives, continental
drift divide. Mountains sit in a line, Leonard
Bernstein. Leonid Brezhnev, Lenny Bruce and Lester
Bangs. Birthday party, cheesecake, jelly bean, boom! You
symbiotic, patriotic, slam bug net, right? Right.


It's the end of the world as we know it.
It's the end of the world as we know it.
It's the end of the world as we know it and I feel
fine...fine...

viernes, diciembre 08, 2006

Commsissionando XVI: Víctor Santos

No suele ser habitual que los dibujantes españoles acepten commissions, algo muy habitual y extendido en el mercado americano. Gracias a Edu me enteré que Víctor Santos, dibujante español conocido sobre todo por su trabajo en Los Reyes Elfos y que ahora lo está intentando en el mercado yanqui con la serie Zombee, aceptaba encargos de ilustraciones en blanco y negro y a color. Ya en Expocomic tuve ocasión de charlar con Víctor en el stand de Dolmen y me puso sobre la pista de estas jugosas commissions. Siempre siendo fiel a su estilo peculiar Víctor realiza desde ilustraciones basadas en sus propias obras hasta cualquier cosa que el aficionado pueda pedirle. Para muestra, un par de botones, y para que nadie se queje, uno del universo Marvel y otro de DC. Para una lista pormenorizada de precios y más muestras del trabajo de Mr. Santos, pueden visitar su web.



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jueves, diciembre 07, 2006

Crónica tardía de Expocomic 2006

Bueno, vamos con el repaso a estos días con algo de retraso. Después de ir contra reloj superando el retraso del tren, la aglomeración del metro y el tráfico infernal del centro, pudimos disfrutar del concierto de los DKT/MC5 del que ya os hablé el lunes. Si había una forma mejor de comenzar un fin de semana especial, yo no la conozco, aunque para ser fieles a la verdad, el cansancio que supuso pasar tres horitas sudando y dando botes fue algo que arrastramos ya todo el Expocomic.

(Duelo de guitarras entre Wayne Kramer y Adam Pearson. La calidad es nefasta, pero ustedes sabrán disculparme)

El viernes aprovechamos para saludar a la peña y dar un somero vistazo a los stands, destacando el de Norma por sus jugosos lotes saldados, el de Dolmen y sus sesiones de firmas o el de originales, custodiado por Nacho y Alberto, frikis donde los haya, pero que supieron contener la tentación de arramblar con todo el material a su alcance. Y ya de ahí a hacer colas. Perdónenme ustedes el chiste, que no tiene nada de gratuito: Leti Sparks y yo tenemos la misma norma de trabajo en los salones que una actriz de cine para adultos, nos tragamos todas las colas que se nos ponen por delante. Lo cierto es que citar de memoria el correcto orden de consecución me resultaría imposible, así que sólo diré que cumplimos con nuestros objetivos: Johnson, Jiménez, Azpiri, López Espí, Campos, Santos, Lafuente, March, Pérez, Ruiz, Milligan, Ferry, Sarnago, Tooks y Taylor. Mención especial merecen los Bull Damm Boys, a los que dedicaré post más adelante.

(Ilustres veteranos, entre los que destacarían Carlos Giménez, Azpiri o Purita Campos)



(El comic más actual en sus diferentes expresiones: Buckingham, Johnson, Delano, Vidal, Milligan y March)


Este año no hubo modelos disfrazadas, o por lo menos yo no las vi, pero acabamos en el stand de maquillaje haciéndonos un tatuaje de henna la mar de simpático. Si es que somos frikis monotemáticos, qué le vamos a hacer.

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(La amable y guapísima Reina Blanca, miembro del Club Fuego Infernal gatuno)


Sólo hubo dos pegas en este Expocomic, la primera fue el asfixiante calor que reinó en el recinto toda la tarde del sábado, y decir infernal es quedarse corto. Más de uno se mareó con la atmósfera cargada y el calor reinante, agravado por la impresionante presencia de público que abarrotaba los pasillos entre stands y la zona de firmas.

La segunda es un problema que venimos arrastrando de unos años para acá y que se agrava en grandes eventos como éste, donde la mayor asistencia de público y de sketch-busters hace que los nervios estén a flor de piel y que todo se magnifique. Y vamos a pinchar hueso señores. Todos conocen perfectamente lo que es un sketch-buster, más que nada porque la mayoría de lectores de este blog lo son, al igual que servidor: coleccionistas de los dibujos que los artistas asistentes a salones, jornadas y convenciones tienen a bien hacer a los aficionados. Se trata de un regalo de tiempo y esfuerzo que los dibujantes o entintadores tienen a bien ofrecer a sus seguidores y fans. Esta es una situación de privilegio que vivimos los aficionados al comic en España y que muchas veces no apreciamos adecuadamente. Además, es un doble privilegio. Por un lado, respecto a otros campos artísticos, ya que sería impensable que gente como Bisbal o Mick Jagger se sentaran delante de una cola de treinta o cuarenta personas y además de dedicar sus discos a los aficionados les obsequiasen con una canción mientras lo hacen. Por otro, gozamos de la posibilidad de conseguir dibujos más o menos currados de forma completamente gratuita, sin necesidad de visitar el Artist’s Alley tan frecuente en las convenciones USA donde los aficionados pagan por commissions muy bien terminadas. El hecho de que yo pueda contar en mi colección con cerca de cuarenta dibujos que pueden englobarse perfectamente dentro de esa categoría es para mi una suerte, un honor que agradezco a esos autores y un privilegio como aficionado. Ése es el planteamiento.

Ahora vayamos al problema. El mundillo de los sketch-busters es muy cerrado, siempre somos los mismos, y nos encontramos en los mismos eventos. Sabes perfectamente quién asiste a Ficomic, quién aparecerá por Expocomic y quién se dejará caer por Avilés. Todos buscamos lo mismo, y nos enfrentamos a limitaciones de tiempo (el que dura una sesión de firmas) y de reparto del mismo (el número de aficionados que forman una cola). Sería muy fácil llegar a la cola de, por ejemplo, Coipel, y comprobar cuántos aficionados esperan su dibujo. Si hay cinco presentes, uno calcula y decide si esperar o no. Es su tiempo y puede malgastarlo donde quiera. El problema es que en Coipel no hay cinco personas esperando, sino quince, que a su vez están en colas de gente como Lloyd o Gibbons. El mismo ser humano ocupando un espacio quimérico en tres colas. Cambien esos nombres por los asistentes a Expocomic y tendrán una clara definición del problema. Y no estamos hablando de un consenso en el mundillo, ya que el desconcierto entre los aficionados suele ser de órdago cuando se multiplica la gente que aparece delante de uno, las colas no avanzan y los mismos tres o cuatro están en la cola de tres autores a la vez. La gente se pone nerviosa, comienzan las discusiones por el orden exacto, detrás o delante de quien va cada cual y los nervios se van alterando. Dado que este es nuestro tiempo libre, nuestro esparcimiento, nuestra afición, tal vez debiéramos empezar a considerar la forma en que nos comportamos en dichas colas. En mi caso y el de muchos más, más que pasión se trata de una devoción que he sentido durante más de veinticinco años, y de la que espero seguir disfrutando durante muchos más, pero también es cierto que hay comportamientos que no pienso aguantar. O empezamos a pensar en una forma cabal de racionalizar las colas, o servidor va a replantearse la presencia en según qué eventos. Y eso que pensé que con Ficomic 2006 se había tocado fondo, pero algunos de los nerviosos de allí reaparecieron por Madrid. Además, he notado ilustres ausencias de algún sketch-buster conocido. Sólo les daré un dato indicativo de cómo está el tema: el stand de Com Radio en Barcelona solía traer algún autor invitado para promocionar su espacio Mes Enlla de la Vinyeta, por lo menos durante los últimos 5 años. Hasta el affaire Adam Kubert y el follón que se montó con las colas de un día para otro y los aficionados franceses. Yo conseguí un dibujo en aquella ocasión pero después de perder dos mañanas enteras, y una de ellas con un nivel de estrés muy elevado. Y ese comportamiento exagerado de “consigue un dibujo o muere” es el que está empezando a predominar. Los sketchs son una parte muy importante de mi vida (y nunca llegarán a comprender enteramente lo que significan para un servidor y para Leti Sparks, pero sólo les diré que jugaron un papel determinante en dos momentos cruciales de nuestra vida) pero no son ni serán nunca TODA mi vida. Espero que podamos llegar a una comprensión entre nosotros, a una organización que surja de nosotros mismos, a una racionalización que evite ciertos comportamientos. La organización de Expocomic acabó teniendo que hacer listas para cada autor y así evitar problemas, aunque no se pudo evitar que la misma persona estuviera en dos y hasta tres colas al tiempo. Ante este tipo de problemas yo padezco un problema ético bastante grave, ya que me vencen las situaciones cuya única solución es “pues haz tú lo mismo”.

En fin, quizá tengamos que ir a un supermercado a ver cómo se organizan las colas de la carnicería y la pescadería, aunque no sé si será el mejor ejemplo. Hasta allí hay gente que intenta colarse y estar en misa y repicando.

Y próximamente, otra reflexión. E de Extinción, no digo más. ¡Plissken se nos ha puesto filósofo!

miércoles, diciembre 06, 2006

Hot Fuzz: Después de Spaced, después de Shaun of the dead...

Es pública y notoria mi devoción por Spaced, serie que revisé recientemente y volví a disfrutar como un enano. Los artífices de esa joya del humor televisivo británico volvieron a hacer de las suyas con un homenaje en clave de humor al cine de muertos vivientes de Gerge Romero, divertidísimo y repleto de guiños al aficionado. Shaun of the dead (que aquí se tradujo muy adecuadamente por otro título completamente distinto y además igualmente en inglés, Zombies Party, ¡vivan los traductores/distribuidores! ¡¡¡VIVA!!!) mantenía la gracia de Spaced aunque se perdía un poco en su parte final, donde no acababa de decidirse entre comedia terrorífica o película de terror con toques de comedia.



Próximamente en nuestras pantallas, el último despiporre perpetrado por el trío calavera más friki de la televisión británica. Dirigida por Edgar Wright e interpretada por Simon Pegg y Nick Frost, Hot Fuzz promete unas cuantas carcajadas sanas a costa de las buddy-movies, las persecuciones imposibles y los tiroteos impensables del cine de Jerry Bruckheimer.

Esperaremos con ganas hasta el 27 de abril, pero hasta entonces, echen un ojo al trailer.


martes, diciembre 05, 2006

Largo lunes después de Expocomic

El fin de semanita ha resultado de órdago a la grande. Decir que he empezado la semana exhausto es quedarse corto. Hoy es martes y todavía me siento como si fuera el mismo día de ayer. Un bíceps que sufrió un tirón, piernas cansadas, rodillas resentidas, ojeras kilométricas. Nada de eso quita que este Expocomic haya sido como otros años una magnífica ocasión para reencontrarse con los amiguetes de dentro y fuera del mundillo, para comprar comics atrasados y conseguir algún que otro saldo y por supuesto para seguir haciendo acopio de esos sketchs que tanto gustan por aquí y que tantos sudores (en este caso literalmente) y disgustos (también literalmente, por desgracia) cuestan. Me extenderé más al respecto cuando haga un breve repaso al salón, pero los aficionados tenemos que comenzar a examinar nuestro propio comportamiento y saber ver algunas de las cosas que están convirtiendo el mundo del saloneo en una jungla cada vez menos agradable de frecuentar. De hecho, ya se puede decir que incluso algunos habituales han comenzado a emigrar allende los mares a eventos en los que quizá tengan que pagar por conseguir dibujos pero a buen seguro no sufren empujones, comentarios maliciosos, pullitas y multi-colas a tutiplén. Mañana más sobre este tema.

Por otro lado, no puedo dejar de señalar que el largo fin de semana empezó siguiendo la regla de oro de Cecil B. De Mille, comienza con un terremoto, y de ahí en adelante aumenta la emoción y el espectáculo. Y es que el jueves por la noche, sin apenas tiempo material y nada más dejar las maletas en el hostal, fuimos en taxi -todo lo deprisa que el gruyere en que Gallardón ha convertido a Madrid permitía al tráfico rodado- hasta el Calderón, donde a las diez y media de la noche comenzó el concierto de los MC5 supervivientes. Los roqueros de Detroit (Motor City Five) Wayne Kramer, Dennis Thompson y Michael Davis estuvieron acompañados por el guitarra Adam Pearson (Sisters of Mercy) y los vocalistas Lisa Kekoula (Bellrays) y Dick “guapo” Manitoba (Dictators). Con un lleno bastante apreciable y un público joven y entregado, los pogos acabaron desplazándonos hasta un lateral de la primera fila pese a que comenzamos bastante centraditos, todo por culpa de un par de “frágiles” que no sé que pintaban en un concierto de los MC5 y mucho menos en la primera línea de fuego del concierto. Toda una pasada de rock enérgico con apuntes soul obra y gracia de Lisa y un repaso al repertorio clásico de una banda mítica pese a contar con tan sólo tres discos y cuya influencia musical se extiende incluso hasta nuestros días. No podía empezar esta semana de otra manera que con un tema suyo, no el más emblemático pero sí uno de mis preferidos.

Así que esta semanita la tengo más o menos hecha con el repaso al salón, un comissionando hispano, un sketch de los allí “cazados”, y una paranoia muy personal e intransferible. Así que permanezcan en sintonía y no olviden ustedes lo que siempre les digo… ¡Vayan por ellos antes de que ellos vayan a por ustedes!


Shakin Street
MC5


Little Orphan Annie and Sweet Sue too
They've been coming around
Gives 'em somethin' to do
Their mamas all warned 'em not to come to town
It got into their blood
Now they gonna get down
Shakin' street it's got that beat
shakin' street where all the kids meet
Shakin' street it's got that sound
Shakin' street say you gotta get down
Streetlight Sammy decided to make the trip
All the way from New Jersey
On his girlfriend's tip
He pulled into town and met Skinny Leg Pete
Said come here, boy I heard about the streets
I heard about the place where all the kids go
Now, I'm about to flip
I just gotta know about
Well the kids on shakin' street never give in
'Cause all of their lives they've been livin' in sin
You know that they're bad / You know that they're mad
They take for the takin'
They shake for the shakin'
Shakin' Shakin' Shakin'
The folks keep complaining they find it so shockin'
All the kids wanna do is just keep on rockin'
They ain't got no time to think about stoppin'
They gotta get down and do a little stompin'
Now Sally Baker wants to shake her shaker
And Bobby C. says he's gonna take her to
Shakin' street . . .

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