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La juventud no sienta nada bien a un Kirk (Chris Pine) rebelde y lleno de rabia contra el mundo. Arisco, impulsivo y con tendencia a la destrucción y a la violencia, su vida es un continuo revolverse contra la autoridad. En el planeta Vulcano, por contra, un joven mestizo de nombre Spock (Zachary Quinto) ansía encajar en una sociedad fría y racional hasta extremos propios de una máquina que le discrimina por ser hijo de un vulcano y de una humana y por mostrar un asomo de la más grave tara que puede sufrir alguien de su pueblo, emociones. Una serie de fortuitas coincidencias acaban dando con los huesos de ambos en la Academia de la Flota Estelar, uno como cadete de última hora y otro como prometedor oficial de alto rango encargado de evaluar las pruebas de ingreso. Otro cadete con fuerte carácter que entablará una relación de amistad con Kirk es el doctor Leonard "Bones" McCoy (Karl Urban), mientras que la atractica experta en lenguas interplanetarias Niota Uhura (Zoe Saldana) captará su interés "sentimental". Noticias de una fuerte perturbación electromagnética surgen del espacio profundo y la Flota Estelar moviliza a todos sus cadetes. La nave USS Enterprise unirá el destino de todos ellos en un incierto y peligroso viaje hacia lo desconocido, hacia donde ningún hombre ha llegado antes...

La saga cinematográfica de Star Trek había contado con diez películas hasta el momento, seis pertenecientes al reparto original y cuatro a los protagonistas de La Nueva Generación. Los resultados fueron siempre dispares, contando con excelentes películas de ciencia ficción -La ira de Kahn (1982), Misión salvar la Tierra (1986), Aquel país desconocido (1991), Primer contacto (1996)-, dignas muestras de un producto franquiciado -Star Trek. La película (1979), En busca de Spock (1984), Generaciones (1994)-, y algún que otro despropósito como las dos películas que certifican la defunción de la saga atendiendo a sus resultados en taquilla -Insurrección (1998) y Nemesis (2002)-. Buena parte de la irregularidad de la saga fue debida a la diferente factura de la que gozó cada una de las películas, y se aprecia una clara diferencia entre las dirigidas por gente como Robert Wise, Nicholas Meyer o un afortunado Leonard Nimoy que aquellas en las que actores carismáticos pero con poca experiencia tomaron las riendas de la producción con dispares resultados, caso de William Shattner o Jonathan Frakes -que dio una de cal y una de arena, todo hay que decirlo-. Vistos los pobres resultados de Nemesis a nivel de taquilla y el escaso entusiasmo levantado entre el público trekkie al que iba dirigida, los productores dejaron dormir la franquicia el sueño de los justos hasta encontrar alguien idóneo para resucitarla...

Y en este punto entra el mago que ha revolucionado la televisión reciente con series como Felicity, Alias o Perdidos, un productor de olfato más que probado capaz de vender humo y fuegos artificiales sin timar a su audiencia (Cloverfield), y un director competente capaz de imponer su propia personalidad a una estrella y una franquicia establecidas en MI3. Estoy hablando, claro de J.J. Abrams, cuyo interés en el proyecto de Star Trek despertó ilusiones entre los cinéfagos más contumaces como un servidor y cierto recelo entre los seguidores de toda la vida ante la irrupción de un intruso que afirmaba tener conocimientos muy vagos sobre la franquicia. Las noticias sobre el reparto que iban surgiendo con cuentagotas se centraban en actores jóvenes relativamente desconocidos (Pine), provenientes de la televisión (Pegg, Quinto) o con una sólida carrera como secundarios de lujo (Urban, Saldana). Para arropar a la muchachada unos pocos actores veteranos del nivel de Ben Cross, Leonard Nimoy, Bruce Greenwood o Winona Ryder aportaban un plus de prestigio interpretativo al producto. Dando vida al villano de la función, aparecía Eric Bana, la estrella de la peli, aunque visto lo visto, su papel queda reducido a poco menos que un cliché sin peso dramático real que hace lo que hace porque es el villano y es el que debe hacerlo.

Con un reparto ya ensamblado y un diseño de producción realmente espectacular que recuerda en todo momento a los sets clásicos pero a la vez vistos con un sentido del diseño y de la estilización propios de hoy día -algo viejo, algo nuevo, podríamos decir- sólo quedaba crear una historia que satisfaciera a propios y extraños, a seguidores de toda la vida y a nuevos espectadores que se engancharan al nuevo Star Trek, a la primera película trekie genuina del siglo XXI. Los encargados de escribir el guión fueron Roberto Orci y Alex Kurtzman. Ambos cuentan con una dilatada trayectoria como colaboradores, trabajando en series televisivas con Abrams (Alias, Fringe), así como escribiendo conjuntamente los guiones de películas con indudable tirón comercial como La isla o Transformers (y la secuela de esta), ambas dirigidas por Michael Bay. La máxima prioridad de ambos estaba clara: crear una historia que no traicionase el pasado de la saga, tanto televisivo como cinematográfico, y a la vez garantizar el futuro de la película y por extensión de la franquicia. El resultado es modélico en tanto en cuanto esta película puede considerarse al mismo tiempo precuela y continuación directa de la saga original -y me cuido muy mucho de desvelarles detalles porque merece la pena ver el encaje de bolillos argumental y a nivel de continuidad-, y el envoltorio escogido para presentar esa historia es una película de acción y aventuras adrenalínica y espectacular que ha sabido conectar con los dos públicos a los que iba dirigida. La pega, y yo siempre encuentro una, es que la película nos coloca directamente en el segundo acto de la acción, mientras que el verdadero origen de Nero, así como el desencadenante de la tragedia cósmica que presenciamos, tiene lugar en el comic precuela del film Star Trek: Countdown, con lo que al fin y a la postre, en pantalla, tanto las motivaciones como la tragedia de Nero quedan reducidas a un simple y rutinario flashback que explican porqué es el malo, hurtando cualquier tipo de conexión emocional con el personaje.
La película ofrece lo que promete y en abundancia. La trama sigue el viaje iniciático de James T. Kirk en busca de sí mismo y de su lugar en el mundo. Las similitudes con Spock resultan evidentes, y la relación entre ambos progresa e impulsa el desarrollo de la acción, pasando de ser primero antagónica y luego mostrando atisbos de acercamiento y comprensión atendiendo a sus formas de ser complementarias y a las semejanzas en sus azarosas y complejas vidas personales. El enfrentamiento con Nero no es más que una simple excusa argumental para dar lugar a la formación de la tripulación estable y definitiva del USS Enterprise tal y como los seguidores de la saga la conocen, y dejar el camino abierto para toda una serie de hipotéticas futuras nuevas aventuras. Pero estos personajes, siendo los mismos que conocemos, son a la vez distintos. El joven pero eficiente Chekov (Anton Yelchin), el dinámico y aventurero Sulu (John Cho) o el extrovertido y brillante Scotty (Simon Pegg) completan una tripulación acorde con los tiempos que corren, más dinámica, propensa a la insubordinación o a tomar decisiones arriesgadas, y a jugar al límite de lo que permiten las reglas establecidas.
Es más que evidente, y algo reconocido por los guionistas, la búsqueda de un modelo de cine fantástico más dinámico y orientado hacia el gran público, con más movimiento y espectacularidad en pantalla, algo que ellos concretan en la saga de Star Wars y en la influencia que ha ejercido sobre esta nueva Star Trek, menos propensa a los diálogos rimbombantes y llenos de significados filosóficos y antropológicos y más dispuesta a buscar una buena pelea allá donde haga falta. La épica de los enfrentamientos con la astronave de diseño gótico espacial Narada, subrayada por unos vistosos efectos digitales y una impresionante banda sonora de Michael Giaccino (otro habitual colaborador de J.J. Abrams) está a la altura de cualquier batalla espacial rodada por Lucas, y tanto Kirk como Spock hacen alarde de una fisicidad y una fortaleza que sus predecesores apenas insinuaban, llegando incluso hasta el extremo de adoptar dudosas tácticas de infiltración más próximas a una misión suicida que a una estrategia cuidadosamente planificada y con visos de alcanzar el éxito.
Quiero destacar, una vez más, la importancia de contar con Abrams como director e impulsor de un proyecto que necesitaba como agua de mayo ideas frescas y sangre nueva ajena al mundillo endogámico en el que la franquicia parecía haberse instalado. La perspicacia de J.J. a la hora de saber conectar con las audiencias más jóvenes ha quedado demostrado con el éxito de público a lo largo y ancho del planeta, y sus habilidades como cineasta han sido unánimemente respaldadas por una crítica que ha considerado Star Trek como una de las mejores muestras de cine de entretenimiento vistas en mucho tiempo. Pero además de eso J.J. sabe que sus seguidores queremos un plus extra, un algo más que conecte esta cinta futurista con el Abramsverso, y ni siquiera en ese aspecto hemos quedado defraudados. Los guiños que Abrams se dedica a sí mismo y a sus obras anteriores (la esfera de materia roja de Rambaldi, la bebida Slusho, una criatura sospechosamente parecida a la de Cloverfield) están ahí para satisfacer a sus seguidores, pero el tipo es lo suficientemente inteligente como para saber que los guiños trekie son todavía más necesarios para ganarse a un público que quizá pueda sentirse algo desorientado o desplazado ante tanto cambio radical y tanta actitud actual en "sus" personajes. La lista sería interminable, así que citaré tan sólo las dos que más me llamaron la atención: el famoso -y bello-parlamento sobre la amistad de Spock a Kirk y la broma a costa de los tripulantes de rojo y su destino fatal, aunque hay muchas referencias al universo Trek tradicional como la presencia del Capitán Pike, la fugaz aparición de un tribble o la prueba del Kobayashi Maru.
Ya termino con esta reseña que se me ha ido un poco de las manos comentándoles la sensación que me deja esta Star Trek. Por un lado, como película independiente es lo más entretenido, divertido, espectacular y épico que he visto en lo que va de año en pantalla grande, y los resultados, como dije antes, han acompañado a la película garantizando futuras entregas, en las que espero se mantenga el mismo -o mejor, diantre, no debemos conformarnos- nivel de calidad alcanzado. Por otro, la verdad, creo que Abrams llevaba demasiada razón cuando afirmó que este no es el Star Trek de tus padres. Estoy a favor de la acción y del entretenimiento, y creo que era algo que le faltaba a la saga. Es pronto para decir que Star Trek ha perdido sus señas de identidad y que ha adoptado una nueva filosofía más acorde con los tiempos modernos, más guerrera y superficial, más molona en poses y adusta en actitudes y habrá que esperar a futuros títulos para ver cómo se desarrolla la cosa. Yo nunca he sido trekkie y la he disfrutado como un cosaco, aunque, y ya no me repito más, ciertas actitudes me chocan: un capitán y su segundo nunca abandonarían su nave para ir en misión suicida sin cobertura alguna, ante un enemigo vencido y humillado uno esperaría otra actitud que la mostrada en la película... Algo que es pecata minuta comparado con la diversión que, por fin, he vuelto a sentir en la oscuridad de una sala de cine y rodeado de amigos que la disfrutaron igual o más que yo.

Toca hoy dibujo de Tim Sale por dos motivos, por un lado para celebrar el final de la tercera temporada de Heroes -para nosotros, al menos- y para recordar la próxima celebración del Salón del Comic de Barcelona, al que este año mucho me temo que salvo milagro de última hora no acudiremos. Vayamos con Mr. Sale, dibujante que ha conseguido labrarse una legión de seguidores gracias a trabajos de altísima calidad artística en los que el diseño, la narración y la estilización del dibujante se han convertido en marca de estilo característica. Disfrutar de obras como El largo Halloween, Las cuatro estaciones, Spiderman: Azul, Batman: Cuchillas resulta algo escandalosamente fácil, pues junto a unos guiones afortunados de Loeb o Robinson encontramos a un artista cuya evolución ha sido espectacular. La jugada mediática del dibujante, que aportó sus dibujos como parte de la trama de Heroes a modo de pinturas proféticas, le reportó todavía más popularidad y royalties si cabe que los que ya disfrutaba por sus trabajos previos. Esto fue algo más que constatable el año pasado en Barcelona, pues el autor ya había visitado la ciudad condal cuatro años antes y ni mucho menos había convocado el gentío que se agolpaba en el stand de Planeta a lo largo del sábado buscando una firma y una dedicatoria de Tim Sale. Precisamente en aquella primera visita, en la cual realizó pocos dibujos y yo no tuve suerte alguna, se produjo otra de esas bochornosas anécdotas que suelo protagonizar de forma fortuita: tras darle unos tebeos para firmar, y viendo que no había posibilidad de que realizara dibujos en aquella sesión opté por darle un poster de Wizard para que lo firmara. En el preciso momento en que me lo entrega una caca de paloma se estampa justo en el centro del dichoso poster y yo quiero ser tragado por la tierra. Así que ni dibujo ni dignidad, pero ahí queda el poster firmado.
Por esa razón Sale fue uno de los objetivos prioritarios del pasado Salón de Barcelona, y lamentablemente por cuestiones de horarios nos vimos abocados a hacer cola el peor día para ello, el sábado sabadete en que acuden al Salón hasta los tatos en busca de firma, dibujo o lo que sea. Como he comentado antes, se notó horrores el tirón popular que la serie había creado, y más todavía con la publicación del tomo centrado en las andanzas de Claire Bennet, Matt Parkman, Nathan y Peter Petrelli y demás faunas con poderes y neuras. La gente se agolpaba literalmente alrededor del stand y cuando se repartieron los números para la sesión se agotaron en seguida. Dejando de lado aquellos que cogieron dos números para dos sesiones diferentes, se desató una verdadera histeria entre los que no habían conseguido número. Gente que no había comprado más que un tebeo en su vida -el de Heroes- y que no entiende ni de colas ni de realidad exigía que se dieran más números. Si en una sesión normal 10 o 15 personas pueden considerarse afortunadas de conseguir su dedicatoria con dibujo allí se exigía que se repartieran 40, 50 números. Los empujones, nervios y apretones fueron realmente exasperantes, y gran parte de las pocas ganas de repetir este año la tuvo esa sesión de firmas y el conato de pelea en la sesión de Moebius de la mañana del domingo. No sé ustedes, pero mi vida no se acaba por un dibujo más o menos. Finalmente, llegó nuestro turno y Leti pidió para ella esta sencilla Claire en traje de animadora. Sale comentó que era su personaje favorito de la serie, el que más disfrutaba dibujando, y la verdad es que se notaba, pues se esmeró un poco más en los detalles. Querría decir que mereció la pena, pero la verdad es que lo único que sentimos fue alivio cuando acabamos allí y nos marchamos al hotel. En fin, Salva a la animadora, salva al mundo... Y mantén siempre la educación.




