








En la actualidad de hace 21 años, en 1987 más exactamente, un grupo de amigos ha dedicado la mayor parte de su infancia y primera adolescencia a leer todo libro o tebeo protagonizado por monstruos y seres de pesadilla y han devorado cualquier película protagonizada por vampiros, hombres lobo, criaturas reconstruidas o seres deformes. Como toda panda que se precie tienen un lugar de reunión secreto en una casa-árbol y se autodenominan Club del monstruo (Monster Squad en el original). El líder de la banda es Sean Crenshaw (Andre Gower), cuyo conocimiento de la mitología de los monstruos está a la altura de su valor... y de su inconsciencia juvenil. Su hermana Phoebe intenta desesperadamente ser admitida en ese club al que sólo acuden chicos que aún no han descubierto al sexo opuesto, y su padre trabaja en el departamento de policía manteniendo la paz y la tranquilidad en un lugar en el que nunca pasa nada.
Durante una rutinaria venta de garaje, la madre de Sean compra un viejo diario, presuntamente perteneciente a Van Helsing. La aparición del diario coincide con una serie de ominosos sucesos, como la aparición de un hombre trastornado en la comisaria de policía exigiendo a gritos ser encerrado para evitar el peligro de la luna llena o la llamada de un tal Mr. Alucard interesándose por la compra del diario de Van Helsing. Para Sean y sus amigos está claro que hay fuerzas tenebrosas convergiendo en su tranquila localidad y que la clave de todo el asunto está en el dichoso diario. La necesidad lleva a los muchachos a buscar un traductor del diario -escrito en alemán- aunque para eso deban hablar con el vecino más siniestro del barrio (Leonardo Cimino). Este les desvelará la aterradora verdad: Van Helsing escondió un amuleto de poder casi infinito en el sótano de una casa del pueblo para evitar que Drácula lo encontrara y conjurara su poder precisamente en el momento óptimo, dentro de unos días. La urgencia de la situación parece haber forzado a Dracula a reunir un grupo de monstruos a su servicio que le garanticen la victoria un siglo después del fiasco provocado por Van Helsing.
Así, un Drácula con más sed de sangre que nunca pero menos sangriento que de costumbre -misterios de las películas para todos los públicos- ha reunido lo mejor de cada casa y se ha rodeado de una banda de monstruos universalmente conocidos como son la Criatura de Frankenstein, el Hombre Lobo, el monstruo de la Laguna Negra y la Momia. El objetivo principal de todos ellos será hacerse con el diario de Van Helsing y descubrir el paradero exacto del amuleto en cuyo poder radica la victoria de la luz o de las tinieblas cada cien años. Si los monstruos aparecen en tu jardín, lo menos que puedes hacer es reunir a tu panda de amigos, pertrecharte de remedios caseros contra cada uno de ellos (ajo, agua bendita, objetos de plata) y guardar un as en la manga para buscar su definitiva destrucción, que en este caso es un conjuro en alemán que debe ser pronunciado por una joven virginal y sin mácula. Tras un par de enfrentamientos con los monstruos se produce el asalto definitivo de estos, confluyendo por las calles de la ciudad hacia el emplazamiento del amuleto, donde les aguarda el Escuadrón del Monstruo y donde se producirá el enfrentamiento definitivo en el que se forjarán inusuales alianzas y la bondad brillará en el lugar más inesperado.













Aunque este domingo hemos robado una hora a los hombres grises -mucho me temo que se trate de un préstamo y que antes o después tengamos que devolvérsela-, no es ese el reajusto al que hoy me refiero, sino a otros dos de diferente alcance e importancia que suponen cambios en dos aspectos de la vida de un servidor. Por un lado, que tanta desaceleración, ajuste, reajuste, recesión o crisis me han llevado a tomar una firme determinaión sobre el/los vicios relacionados con el mundo del comic. Si hace un tiempo que ya estoy prácticamente fuera del mercado de originales -aunque de cuando en cuando me permito un caprichillo como cierta commission que está en el horno- finalmente he caído del burro con el tema de acumular tebeos y más tebeos en las estanterías que esperan durante meses su turno para ser leídos, muchas veces de forma rutinaria y meramente completista. Así, el coleccionista compulsivo muere y deja paso al lector tranquilo y sosegado que, a pesar de todo, aún sigue un montón de colecciones mensuales más de las que verdaderamente tiene tiempo de disfrutar. Y reafirmándome todavía más en esa decisión, es más que probable que mis pedidos vía Previews desaparezcan en unos meses, en cuanto Crisis Final llegue a su fin y Flash alcance su número 250, con el que la cabecera alcanzará un número redondo y yo habré completado un periplo de ocho años leyendo las aventuras y desventuras de Wally West en su versión original, harto de no poder disfrutar en castellano de uno de los tebeos mejor realizados de los últimos 20 años. Obviamente, este panorama me deja por completo en las garras de Planeta y absolutamente vendido en el caso de un hipotético y futuro cierre de la linea DC o de un nuevo cambio -para peor- de los derechos de la franquicia. Mi natural optimismo espera, por contra, poder seguir leyendo durante muchos años más las aventuras de mis héroes favoritos en castellano y en unas ediciones que, pese a errores y fallos habituales en el medio, ha hecho muchísimo por popularizar y difundir colecciones y personajes desconocidos para el gran público.

El segundo punto se refiere al diseño de este vuestro blog amigo, y es que esta semana decidí eliminar los dos blogrolls -perdonen ustedes el palabro- que tenía hasta el momento para sustituírlos por sus homónimos proporcionados por Blogger, mucho más acordes con el diseño y más efectivos a la hora de cargar la página. Es por eso que les ruego se pasen lista ustedes mismos, porque como muy bien ha notado el bueno de Alberto (factotum de Empujando elefantes y devoto fan de Nikolai Tesla), su blog se había traspapelado en el cambio. No duden en dejar un comentario si se percatan de ello. Y al margen de los cambios de aspecto, en este caso para proporcionar al blog un aspecto más homogéneo y funcional, les avanzo los contenidos que podrán disfrutar a lo largo de esta semana, empezando por la galería de portadas del Tercer Kryptoniano, continuando con el segundo sketch de Fábulas que cerrará la serie dedicada a Mr. Buckingham, pasando por una nueva entrada dedicada a la galería de originales y terminando con la reseña dedicada a la segunda parte de Marvel Zombies, serie que ya comenté en su momento y a cuya secuela ando hincándole el diente en estos precisos momentos.
Una misteriosa fuerza alienígena pretende sustraer la Isla de Alcatraz por entero, y Superman y los Titanes lo evitan, pero sólo consiguen llamar la atención del ser que ha orquestado la operación. El Subastador, una especie de intermediario galáctico que busca objetos de interés por todo el universo y luego los oferta al mejor postor, ha encontrado un nuevo mercado: la venta de los legendarios héroes terrestres. Para su desgracia, Superman y compañía son un hueso demasiado duro de roer y finalmente decide aceptar la oferta del Hombre de Acero de abandonar el planeta sin llevarse ningún "recuerdo". Pero antes de su partida, el Subastador deja caer una bomba: además de Superman y Supergirl los sensores de su nave han detectado a un tercer ser oriundo del planeta Krypton viviendo en la Tierra.

La presencia de Superman desvelará que allí se encuentra escondido un nuevo superviviente del planeta Krypton, alguien cuya historia no deja de ser sorprendente por sus profundas raíces en la mitología del personaje y por los poderosos resabios clásicos que posee la historia, una mezcla entre la Anábasis, la Odisea y la Eneida que acompaña a un grupo de los mejores guerreros de Krypton en su peregrinar maldito por un universo entero en su contra tras la desaparición de la poderosa metrópoli planetaria a la que sirvieron durante décadas. El último refugio posible para el último superviviente de ese pelotón fue el tranquilo planeta Tierra, aunque su elección no fue realizada al azar. La presencia poderosa y notoria de Superman serviría de alarma en caso de ataque y permitiría una huida al Tercer Kryptoniano, algo que podría suceder cuando el letal cazarrecompensas que se dirige a la Tierra a toda velocidad alcance su objetivo.

