jueves, octubre 17, 2013

El Servicio Secreto: Espías de hoy en día

El joven Gary malgasta sus días en los arrabales de Londres, en un hogar de bienestar social junto a su hermano pequeño, su madre y su padrastro, un hooligan con afición a la bebida y a hacer que su hijastro pequeño le líe los porros mientras sus amigotes le ríen las gracias. Asfixiado por un entorno sin salida y sin futuro alguno, Gary pasa las noches realizando incursiones nocturnas junto a sus colegas, robando coches que conducen a toda velocidad por las calles y eludiendo a la policía como buenamente pueden. Una de esas escapadas nocturnas acaba con los huesos de Gary en el talego, y su madre se ve obligada a recurrir al tío Jack, un hermano que se desentendió años atrás de esa rama de la familia y que ha llegado a ocupar un cargo indeterminado de cierta categoría en las fuerzas de seguridad británicas. Gracias a ello Jack consigue una vez más sacar a su sobrino Gary del aprieto y devolverlo sano y salvo al infierno que el muchacho llama hogar. Durante el camino de vuelta Jack es consciente de lo mucho que ha dejado de lado a hermana y sobrinos, y decide contarle a Gary la cruda verdad. El tío Jack no es un simple funcionario del gobierno, o un agente de las fuerzas del orden, el tío Jack es...



Jack London, al Sevicio de Su Majestad, es el agente mejor preparado, más efectivo y más letal sobre el terreno con el que cuenta el Servicio Secreto británico, un super espía capaz de infiltrarse en las fortalezas más vigiladas, de derrotar a los cuerpos de seguridad mejor preparados sin siquiera comenzar a sudar, y de seducir a las mujeres más hermosas con un simple gesto. La ajetreada vida de Jack London le ha mantenido ajeno a la situación real de aquellos que más debieran importarle, aquellos que en el fondo suponen la base más cercana de aquello por lo que lucha, el pueblo británico. Decidido a hacer algo por su sobrino, Jack London conseguirá que Gary sea admitido en el programa de preparación de espías, un selecto y exigente proceso de entrenamiento al que pocos consiguen acceder y del que todavía menos consiguen graduarse con méritos.



Así, mientras que Gary debe descubrir si en el fondo es el hombre que su tío ha creído ver y trata de exprimir todas las habilidades y capacidades que posee para superar con éxito las difíciles pruebas que los aprendices de espía afrontan a diario, Jack London se enfrentará a un reto digno de su reputación. A lo largo y ancho del planeta eminencias de la ciencia, la cultura y el espectáculo están siendo secuestrados por una organización de vastos recursos cuya dirección permanece en el más absoluto misterio. Un plan cada vez más siniestro y de proporciones más gigantescas se irá desvelando al tiempo que tío y sobrino, agente y aprendiz, se conocen y se aproximan a dar la medida de lo que su país espera de ellos. Ni más ni menos que lo mejor de sí mismos, y llegado el caso, hasta la última gota de sangre por el bienestar y la gloria de la Corona Británica.



El Servicio Secreto es una serie limitada de seis números, escrita por Mark Millar -con la aportación de Mattew Vaughn para la concepción de la historia- y dibujada por Dave Gibbons que fue publicada en el año 2012 dentro del sello editorial Icon Comics perteneciente a Marvel, y en el que los autores mantienen los derechos intelectuales sobre su propia obra. No es el primer trabajo de Mark Millar en este sello, en el que además han aparecido otras series suyas como las pertenecientes a la ahora franquicia Kick Ass, la más que estimable y recomendable Nemesis o Superior. Con un marcado carácter autoconclusivo, nos encontramos con una historia perfectamente cerrada -aunque con la posibilidad de desarrollar a los personajes en otras historias- que toma como punto de partida el concepto de agente secreto acuñado por Ian Fleming a mediados del pasado siglo en las novelas de James Bond, posteriormente adaptadas al cine en una serie de producciones que se han convertido en todo un icono de la cultura pop y en un mito trasladable a cada nueva generación mediante las nuevas personificaciones de ese agente secreto elegante, cosmopolita, seductor cuando la ocasión lo requiere, y en todo momento letal y capaz de los actos de violencia necesarios para mantener el equilibrio político y la paz mundial.


Con ese referente en mente, Millar y Vaughn nos vuelven a presentar a un protagonista juvenil, desnortado y sin futuro -similar al de Kick Ass, pero en un entorno más degradado- que encontrará en su tío una figura de referencia y modelo que le impulsará a encontrar dentro de sí mismo aquello que le convertirá en alguien completamente diferente. Así, Gary pasa de ser un delincuente callejero a esforzado aprendiz de espía, no sin que Millar se tome a choteo algunas de las convenciones del género, como la estructura burocrática del MI6, el entrenamiento en seducción o habilidades sociales y el empleo de gadgets. En este apartado de la historia los guionistas consiguen momentos de genuino humor que no me duele en prendas reconocer me arrancaron verdaderas carcajadas. Por contra, el segundo nivel de la historia, que desarrolla la trama de espionaje propiamente dicha en la que se ve inmerso Jack London, oscila entre las espectaculares escenas de acción y el empleo de los diversos tópicos a los que nos ha acostumbrado el género: el malvado megalómano y la exposición de sus planes de dominación mundial, la seducción de la fémina de turno, las conversaciones elegantes entre superiores y subordinados...


Entre ambas tramas, Millar se las ingenia para que Jack y Gary tengan un par de conversaciones íntimas que resultan de lo más destacable de la historia, acercando por un lado a ese joven que ha sido poco menos que arrojado por la sociedad a un vertedero sin posibilidad de futuro y por otro al agente y espía que presenta una pose de lujo y sofisticación al servicio de Su Majestad y de las sucesivas misiones pero que en la realidad se plasma en una vida espartana, anodina y gris en la que sólo hay intervalos entre uno y otro trabajo y poco queda para el hogar o el futuro. La costumbre de London de guardar los recortes de sus "hazañas" y empapelar con ellas la pared de su casa es otro gran hallazgo del guionista, que además supone una verdadera pulla a los media británicos y a sus sofisticados e interesantes contenidos, todo un reflejo de la decadencia social y cultural del antaño glorioso Imperio Británico. Soy reticente a otros trabajos de Mark Millar en tanto que es un guionista que a pesar de sus buenas ideas se deja llevar por una tendencia a epatar al lector con fuegos artificiales vacuos, muchas veces complacientemente referenciales, aunque en este caso el escritor consigue refrenar esa tendencia y sólo la aparición de algunas figuras destacadas de la cultura popular -alguna de las cuales sufrirá un destino más que aciago- caen en esa tendencia que me resulta ciertamente molesta pero que en esta serie es un elemento menor fácilmente sosyalable por los muchos aciertos de la historia.


En el apartado gráfico nos encontramos con un Dave Gibbons prodigioso que pone al servicio del Servicio Secreto -si me permiten la redundancia- todo su buen hacer narrativo, depurando su estilo hacia una limpieza de trazo casi minimalista y reflejando a la perfección desde los entornos degradados de los suburbios londinenses hasta la sofisticada e imposible base secreta del villano en la típica y tópica localización improbable y exótica. Un homenaje más que sentido al universo de James Bond, con un sano y eficaz sentido del humor, con referencias culturales geek, un acertado toque cínico y desmitificador y una mirada amarga a la sociedad británica contemporánea -y por extensión, al resto del mundo, no nos engañemos-, con unos personajes interesantes de los que no me importaría en absoluto poder volver a leer futuras nuevas historias. Ni más ni menos eso es lo que encontrarán ustedes en The Secret Service. Ah, Mark, si siempre encontraras ese equilibrio entre lo que quieres que mole y lo que mola de verdad, todos tus tebeos serían mucho más molones, guays y cool...

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