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jueves, agosto 08, 2013

Apocalipsis Z: La trilogía Zombi española de Manel Loureiro

No he querido englobar esta entrada dentro de la sección de El baúl... porque por lo menos la mitad de la misma es de nueva creación. ¿Por qué? Pues porque durante mucho, mucho tiempo una de las normas de este blog fue esa de "Si no puedes escribir algo bonito y friki de alguien no lo escribas", y con las sucesivas entregas de AZ el idilio entre autor y lector que hizo llevaderas algunas fallas del primer libro desapareción por completo. Pero no quiero adelantar acontecimientos. Les dejo con el repaso a un verdadero fenómeno editorial español, el germen de toda una linea editorial dedicada a los muertos vivientes y el escritor que consiguió que una de las mayores editoriales "serias" de nuestro país publicara un libro donde los muertos devoraban cadáveres y caminaban libremente sobre la faz de la tierra.

Apocalipsis Z: Los muertos caminan... en Galicia

En una urbanización de viviendas unifamiliares situada en una tranquila zona de Galicia vive un abogado -cuyo nombre no conoceremos a lo largo de toda la novela pues esta no es sino el diario en el que registra todas sus peripecias- y su gato Lúculo. Su vida transcurre entre contratos con empresas, viajes a ver a la familia, cuidados a su compañero felino y una muy sana curiosidad que le lleva a estar muy informado de los acontecimientos mundiales y a mantener un diario personal en internet en el que plasmar sus relexiones sobre los mismos. La gris y tranquila existencia de Lúculo y su dueño está a punto de cambiar...
Portada del libro editado por Dolmen Editorial
Un asalto de terroristas chechenos a una base rusa en la república de Daguestán libera un agente patógeno desconocido hasta el momento. En mitad de un bloqueo informativo cada vez más duro por parte de las autoridades rusas se suceden las noticias preocupantes: destrucción masiva en ciudades, informes de ataques salvajes llevados a cabo por decenas de personas, una misteriosa enfermedad de origen y forma de transmisión desconocida que tiene desconcertadas a las autoridades... Internet echa humo sobre el asunto y pronto los focos de esa misteriosa infección aparecen por todo el mundo: países del este y centroeuropa, China, India. Los infectados propagan de forma casi exponencial una epidemia que en cuestión de semanas pasa a ser global y que en España se origina en Zaragoza y Madrid principalmente. Conforme aumentan los afectados y los gobiernos se muestran incapaces de controlar la situación y frenar el avance del mal, la sociedad va perdiendo poco a poco muchos de los pilares que la sustentaban hasta el momento. No hay suministros ni comunicaciones, la ley marcial reduce el tráfico de personas y las libertades civiles... Finalmente la población es evacuada de sus casas y concentrada en puntos seguros en alguna de las principales ciudades españolas.
Fotomontaje realizado por un aficionado en el que se reflejan algunos de los momentos inciales del contagio.
Nuestro hombre decide permanecer en su hogar junto con su gato, incapaz de comprender qué está sucediendo exactamente ni de saber a ciencia cierta qué ha sucedido con sus padres o su hermana, esta última residente en Barcelona. El horror de estar viviendo una situación incierta de la que no se atisba una salida fácil, la soledad cada vez más terrible del protagonista, y la constación definitiva de que la plaga que asola el planeta es la de un agente patógeno que mata a las personas y luego reanima sus cuerpos dotándolos de una percepción distinta y de un ansia inagotable por la carne humana serán circunstancias que colocarán la vida y la cordura de nuestro hombre y su gato en el filo de una navaja cada vez más afilada. La supervivencia propia y la de Lúculo, la búsqueda de comida, de refugio, de otros supervivientes, serán una epopeya agónica y electrizante que conoceremos de primera mano y casi en tiempo real y que nos mantendrá enganchados a la lectura del libro desde la primera hasta la última página.


Buffet libre para los no muertos. La orgía de horror imprecindible en cualquier película, libro o tebeo de zombis que se precie de serlo.

Manuel Loureiro, abogado de profesión, gallego de nacimiento y escritor por vocación, es el papa de la criatura. Comenzó a escribir las andanzas de Lúculo y su dueño por un mundo infestado de muertos vivientes a modo de diario personal en internet. Pronto el boca a boca entre la comunidad de internautas, aficionados al terror, a los zombis o a los gatos (y en mi caso fíjense cuantos de esos factores se cumplen) fue haciendo que cada vez más y más gente se enganchara al terrorífico relato. El deterioro de la civilización tal y como la conocemos, el terror hacia lo desconocido, lo zombi como desencadenante del fin de la raza humana y su sustitución por una nueva especie (¿darwinismo zombi?) son constantes del género inaugurado magistralmente por Romero en su trilogía de Los muertos vivientes, pero todo ello está aquí ambientado en localizaciones preocupantemente cercanas y conocidas y narrado desde el punto de vista del españolito medio que no posee armas de fuego, ni sabe cómo usarlas -ni falta que hace, salvo en estos casos- y cuya máxima preocupación será el bienestar de los suyos. El éxito de Loureiro se plasmó en una comunidad cada vez más amplia de lectores que además aportaban otros relatos ambientados en el universo de Apocalipsis Z, y en el interés de Dolmen Editorial por recopilar el material en este volumen que hoy nos ocupa. Además, Manuel Loureiro ha seguido narrando las peripecias del abogado y su gato, y está prevista la publicación de un segundo volumen con el final de la historia, AZ: Días Oscuros. Por si fuera poco, hay además un proyecto en curso para trasladar AZ a un comic que será dibujado por Vicente Vegas y publicado por Dolmen, y varias productoras de cine y televisión se han puesto en contacto con Loureiro para adaptar el material. Estamos ante un verdadero fenómeno en nuestro país.


Diseños conceptuales de Vicente Vegas para algunas de las adorables criaturitas que veremos plasmadas en viñetas.

A mí, personalmente, me puede la envidia, y ha sido la última lectura zombi en la que me he enfrascado. Eso sí, en tres días el libro ha caído fulminado y las últimas cincuenta páginas han sido leídas de una sentada agónica en la que tenía que contenerme antes de ver qué pasaba a continuación. El libro desde mi humilde punto de vista no es perfecto, tiene algún fallo de ritmo y rompe un par de veces sus propias reglas introduciendo un narrador en tercera persona que rellena de forma innecesaria dos fragmentos de narración que habrían quedado igualmente bien con una elipsis narrativa que dejara algo a la imaginación del lector. Esos dos fragmentos escritos en tercera persona y por un narrador omnisciente rompen la ilusión que hasta ese momento existía de estar asistiendo al diario de un superviviente, algo que en cualquier caso, realizado desde el primer momento habría resultado igualmente válido. Por otro lado, el autor no termina de mojarse en una de las discusiones más enconadas entre los aficionados del género de los últimos años: la de los zombis lentos de toda la vida (Romero y Fulci son especialistas en los mismos) o la de los rápidos (y no me refiero a los infectados de 28 días después, sino a Dawn of the dead o Dead set, por citar los dos ejemplos que más me han impresionado en los últimos años). Por lo demás, meritoria labor la de Loureiro que ha trasladado a España los tópicos habituales del género: saqueos, puntos seguros que no lo son tanto, masacres indiscriminadas, gráficos detalle sobre los muertos vivientes, situaciones de encierro extremo y de huídas a cara de perro... Sólo queda esperar a que se edite AZ: Días Oscuros, el noveno tomo de Walking Dead o la siguiente aventura editorial de Max Brooks y tendremos una nueva oleada de zombis invadiendo nuestro cuarto de estar.

Apocalipsis Z. Los días Oscuros: Guerracivilismo y muertos vivientes en Las Canarias

Manel, Viktor, Lucía, Sor Cecilia y Lúculo, el equipo superviviente a toda una serie de desgracias y vicisitudes, alcanzan lo que parece un refugio seguro en el helicóptero que tanto les costó conseguir y poner en marcha: las Islas Canarias. Allí se ha refugiado un importante contingente humano, añadido a la población local, que ha huído de la infestación en los continentes europeo y africano. Las estrictas y duras medidas de seguridad impuestas por el gobierno militar de la región tienen como objetivo el mantener la zona libre de contagio y la población a salvo de un brote que sería catastrófico. Pese a las reticencias iniciales con que los recién llegados son recibidos, pronto se hace evidente para el mando militar de las islas la vital importancia estratégica de Manel y Pritchenko... Y es que sólo ellos han estado en una zona infectada y han podido escapar con vida.


Pronto los caminos de nuestros protagonistas se dividirán. Manel y Pritch irán junto a una misión de comando al Hospital de La Paz en Madrid en busca de una de las necesidades más básicas que padece la zona, medicinas. Por su parte, Lucía y Sor Cecilia quedarán ingresadas en un hospital, con la amenaza velada de un soldado que se ha encaprichado de una de ellas y hará todo lo necesario para conseguirla. Para terminar de redondear la explosiva situación, en el seno de la comunidad late una división interna irreconciliable entre una facción afín a la monarquía y otra que quiere instaurar un gobierno republicano. Las consecuencias de todos los factores puestos en juego serán terribles e inevitables, y los zombis volverán con su inexorable necesidad y su aterradora presencia a poner las cosas en su sitio.


Con AZ: Los días oscuros Loureiro da muchos saltos. El primero de ellos es editorial, pasando de publicar en el sello Dolmen a tener el paraguas de una grande como Plaza & Janes, y todo ello merced al gran éxito logrado con su primera novela, con uno de los mejores boca a boca que servidor recuerda y con lectores que referían una lectura ávida y compulsiva. El segundo es doble, y es que sobre la marcha cambia el estilo del libro, pasando de referir el diario de un superviviente a narrar una novela en primera persona con la aparición de un capítulo también contado desde el punto de vista del protagonista, pero en este caso de un no muerto. El tercero, triple mortal con tirabuzón, lo realiza Loureiro al expandir la trama abriendo el foco de la acción e incluyendo ya nuevos personajes y escenarios, y aquí, si bien mantiene el foco localista que tanto nos gustó a muchos en la primera novela, vuelve a incurrir en la creación de villanos de opereta necesarios para hacer avanzar la trama, vuelve a plantear situaciones habituales en cualquier película del género que se precie, y lo que para mí es el punto más flaco de la misma, introduce el elemento guerracivilista en la trama como parte de la misma. Que los muertos vivientes han servido para plantear cuestiones sociales y políticas es un hecho objetivo, y cuando se ha hecho bien -bendito Romero- ha creado reflexiones ácidas y pesimistas sobre el consumismo, la miseria humana, la estupidez del estamento militar... Honestamente, jamás pensé que vería trasladada esa manía de volver a las raíces de la Guerra Civil Española de manera burda y más bien injustificada como guiño a la galería en una novela de género. Desde el momento en que ese elemento centra la trama de las islas la credibilidad de la historia empezó a hacer aguas por todas partes. Lamentablemente para un servidor, aún quedaba lo peor.

Apocalipsis Z. La ira de los justos: Y Manel Loureiro quiso ser Stephen King

Sean ustedes bienvenidos a Gulfport, una sólida y poblada comunidad sita en el delta del Mississipi que ha conseguido eludir la amenaza de los zombis merced a una milicia bien armada y entrenada y a una inteligente construcción de muros y alambradas. Con mano firme, dirigida desde las alturas por Dios nuestro señor, el reverendo Greene rige los destinos mundanos y espirituales de la comunidad, rodeado por una guardia pretoriana de muchachotes blancos con poco pelo y gusto por las vestimentas de cuero y las armas grandes. Cómo y cuántos de nuestros protagonistas llegan a Gulfport es algo que dejaré en una elegante elipsis para todos aquellos que quieran acercarse de nuevas al mundo de Apocalipsis Z. Aceptados de nuevo con reticencia por una comunidad a la que resultan totalmente ajenos, la posibilidad de aportar información sobre lo acontecido al otro lado del charco garantiza a Manel y sus amigos el cobijo temporal en la comunidad de Gulfport.


Pronto se hará evidente que la comunidad se sostiene sobre unas bases muy frágiles y asentadas en la desigualdad, la segregación racial y el terror a caer en las garras de unos no muertos que rodean inmisericordes la ciudad. Entre los delirios religiosos de Greene y el gusto por la limpieza étnica de sus seguidores, la situación no tarda en volverse explosiva para Manel, que acaba en una búsqueda desesperada de aliados en el gueto hispanohablante de Gulfport. En medio de un estallido socio-racial, se produce la incursión de una tercera parte, nada menos que un comando de élite norcoreano que ha acudido a la región en busca de petroleo y ha recorrido para ello más de medio mundo. Los zombis se ponen la servilleta mientras los cadáveres se amontonan en el interior de la ciudad, esperando a darse un festín del que Manel, Lucía y Lúculo tendrán que escapar con cada vez menos opciones a favor.


Manel Loureiro finaliza su trilogía apocalíptica con una novela que sigue ya desde el primer momento todas las normas de un buen best-seller que se precie. Descripciones rápidas, continua sucesión de escenas de acción, tópicos reconocibles sobre los que hacer avanzar la trama, y todo ello aderezado con un nuevo cambio formal que en esta novela es llevado ya al límite, con capítulos narrados en tercera persona por un narrador omnisciente para la acción en general y otros narrados en primera persona cuando los protagoniza nuestro abogado gallego superviviente. Para redondear la jugada Lúculo debería haber tenido su propio capítulo narrado desde el punto de vista felino. Si hablábamos de credibilidad anteriormente, aquí es mejor no mencionar el concepto y hablar de posibilidad. Sí, es posible que un fanático monte un pequeño Auschwitz en la zona, sí, es posible que no haya más refinerías en el mundo que las de Gulfport, sí es posible que Manel se convierta en poco menos que un action hero en los páramos alrededor de la ciudad... Otra cosa es que un servidor pueda creérselo con la suficiente convicción para hacer llevadera la lectura del libro, lectura que mantiene la agilidad por no caer en desarrollos de personajes o descripciones de entornos innecesarias y que hace uso del final de capítulo con suspense de manera continuada para impulsar al lector a volver página tras página.


El papá de la criatura literaria, atrezado.

A modo de colofón final, no puedo negarle a Manel Loureiro la habilidad de haber sabido ver la existencia de una creciente afición por lo zombi que originariamente partía de los habituales de toda la vida acostumbrados a degustar las delicias de Romero, Fulci y Gordon y que saludaron con bastante alegría la aparición de una historia -primero novelada en el blog y posteriormente novelada a secas- ambientada en nuestro país y protagonizada por un españolito de a pie. Mientras que el perfil de la trama se mantuvo bajo y contenido, mi nivel de satisfacción era alto y entusiasta. Es cuando comienzan a aparecer los tópicos del género -militares malos, rivalidades internas, villanos de opereta, decisiones estúpidas sobre acciones inverosímiles- cuando la trilogía se va desinflando poco a poco. Por fortuna para el autor, la ola que ha venido popularizando este género hasta límites insospechados hizo que los frikis habituales de lo zombi dejáramos de constituir su base lectora primordial, y entrara en la misma el lector/a casual para el que mucho de lo contado por Loureiro resultaba fresco, aterrador y apasionante.

miércoles, agosto 07, 2013

El baúl de Plissken: El Universo Z de Max Brooks

Muchos de ustedes ya habrán disfrutado la pasada semana del estreno en cines de Guerra Mundial Z, la "adaptación" de que ha sido objeto la obra de Max Brooks, protagonizada por Brad Pitt y por millones de no muertos ansiosos de comer carne humana. Espero poder dejarles una breve reseña de la misma de cara al fin de semana, pero para ir abriendo boca aquí les dejo la recopilación de las tres entradas que entre el 2009 y el 2012 dediqué en el blog al trabajo de Max Brooks dentro de la literatura de género fantástico y con el sujeto zombi como principal protagonista. Con un acercamiento formal rompedor -primero un manual técnico de supervivencia, luego una recopilación de entrevistas y finalmente un comic- este guionista del Saturday Night Live reconvertido en escritor se ha convertido en uno de los máximos impulsores de la ola de productos centrados en lo Zombi que nos lleva invadiendo desde hace unos años, con la peculiaridad que, al igual que la serie de televisión -y en parte también el comic en que se basa- The Walking Dead ha conseguido popularizar el tema hasta límites insospechados y hacer que gente que jamás habría visto una película de Romero, Fulci o Gordon no se pierdan un capítulo de las andanzas de Rick Grimes o acudan en masa al cine a ver a Brad Pitt tenérselas a cara de perro con una infestación de muertos vivientes a escala global. Todo esto ha tenido su parte buena -la aparición de muchas buenas obras relacionadas con el tema- y su parte francamente mala, en tanto que la sobreexplotación y la saturación del mercado han podido provocar -al menos en mi caso- una suerte de hastío o fatiga sobre una materia que desde que lo friki fue apoderándose de mis gustos había sido uno de los pilares fundamentales de mis visionados o lecturas. Esperemos que el bache de calidad pase, las aguas vuelvan a su cauce y podamos seguir disfrutando por muchos años de buenas nuevas obras centradas en esa pesadilla viviente que es para un servidor lo zombi, la máxima plasmación de mis peores miedos y mis más angustiosos terrores nocturnos.

Guerra Mundial Z: Entrevistas para no dormir

El mundo aún está recobrándose de su mayor desastre. La especie humana ha afrontado la amenaza cierta de la extinción en su enfrentamiento con una plaga de muertos vivientes, zombies o zetas y ha sido capaz de prevalecer. El escritor Max Brooks, encargado por la ONU para elaborar un informe sobre la conocida como Guerra Mundial Z, decidió sacar a la luz una serie de entrevistas que reflejaban de primera mano, narradas por sus protagonistas, toda una serie de vivencias personales de los supervivientes. En esas narraciones se nos ofrece de forma muy fragmentaria datos aislados, retazos subjetivos, de lo que decenas de sujetos a lo largo y ancho del mundo experimentaron durante la plaga de zetas que asoló el planeta y provocó miles de millones de muertos y la desaparición del mundo tal y como lo conocíamos.


Cubierta de la edición española del libro

Estructurado en grandes capítulos temáticos, el libro se inicia con el testimonio de un médico chino que bien pudo conocer al paciente cero que extendió el contagio por primera vez y se cierra con una recapitulación personal de muchos de los testimonios recogidos en el libro sobre lo vivido y sobre su perspectiva de lo que el futuro puede deparar a la humanidad. Entre medias el lector encontrará todo lo necesario para que los errores de la humanidad no vuelvan a repetirse en el futuro y la humanidad no camine por el filo de la navaja nunca más. Desde los contrabandistas que ayudaban a escapar a los infectados o comerciaban con órganos contaminados, hasta los especuladores que se lucraron durante el Gran Pánico vendiendo una vacuna ineficaz. Desde los ricos que buscaron construirse opulentos refugios privados hasta los crudos testimonios de los primeros ataques en poblaciones urbanas y el caos y el terror subsiguientes, las migraciones descontroladas, los rumores sin fundamento... Desde la gran batalla de Yonkers en que se demostró la ineficacia de los arsenales y del entrenamiento militar convencional hasta la victoria de Hope (Esperanza), Nuevo México. Desde los salvajes diezmos del ejército ruso, en el que se ejecutaron uno de cada diez soldados para mantener el control de las tropas, pasando por el cierre de fronteras de Israel o la desaparición de la población entera de Corea del Norte -presuntamente en vastas estructuras subterráneas-, hasta la elaboración y aplicación a lo largo y ancho del mundo del Plan Redeker, una estrategia efectiva a la vez que genocida que no dudaba en abandonar a grandes núcleos de población civil a su suerte mientras otros grupos más reducidos se atrincheraban protegidos por el ejército y garantizaban de esa forma la pervivencia futura de la especia humana.


Cubierta de la edición original de Guerra Mundial Z

Son las vivencias personales de un puñado de supervivientes las que, a través de su historia particular nos permiten seguir el nacimiento de la epidemia de zetas, su rápida expansión, el pánico subsiguiente, la adopción de las primeras medidas para superarlo, el lento avance de la humanidad frente a un enemigo aterradoramente superior en número y contra el que muy poco se podía hacer por medios convencionales, y la costosa y lenta victoria final de la que emergería un esperanzador futuro. Los seres humanos que narran esas experiencias nos muestran sus miserias y sus ambiciones, sus esperanzas y sus remordimientos, sus actos de egoísmo o de entrega absoluta. A lo largo y ancho del mundo decenas de voces nos cuentan historias verdaderamente aterradoras: el soldado que en Yonkers (Nueva York) se enfrentó a millones de enemigos en una batalla que no se pudo ganar, el doctor brasileño que se enfrentó a un brote provocado por el tráfico de órganos, los políticos que no prestaron atención ni recursos al problema hasta que fue demasiado tarde, los analistas que habían recabado datos e informes que cayeron en saco roto, el ingeniero indio que narra el cierre de los pasos al valle del Himalaya a gracias al heroismo de un hombre, la piloto abatida en territorio infestado que sobrevivió contra todo pronóstico, el director de cine cuyas películas de propaganda alentaron el esfuerzo de guerra contra los zetas y disminuyeron la preocupante tasa de suicidios ofreciendo esperanza en la hora más oscura de la contienda, el traductor de Radio Tierra Libre encargado de procesar los informes de medio mundo sobre la infección y la lucha contra los zombies y las secuelas sufridas por los técnicos de radio que recibieron todas aquellas transmisiones repletas de miedo, desesperación y muerte procedentes de todo el mundo, el improvisado samurai ciego que sobrevivió en las montañas de Japón y que junto a su discípulo -un pusilánime y asocial ciber otaku reconvertido en superviviente- decidieron permanecer en un país abandonado para limpiarlo y cuidarlo para generaciones futuras...


Ilustración de John Petersen sobre el desastre militar de Yonkers ganadora del concurso de ilustración organizado por la web de WWZ

Sin duda, la sorpresa de Guerra Mundial Z es que detrás de todas estas voces, componiendo un inmenso tapiz en el que se entremezcla el horror con la política, la sociología, la economía y la historia militar está Max Brooks, hijo de Mel Brooks. Su anterior informe, Guia de Supervivencia Zombi ya fue todo un éxito de ventas y ayudó a que la población eliminara mitos y rumores sobre una amenaza muy real y peligrosa y mostró formas de enfrentarse y sobrevivir a los zetas. En un próximo futuro, Brooks ha recogido algunos nuevos testimonios sobre supervivencia que aparecerán recogidos en el libro Guía de Supervivencia: Ataques Registrados, y que hace un repaso por algunos contactos con lo zombi a lo largo de la historia de la humanidad. Es necesario que aprendamos de los pasados errores para que estos no vuelvan a repetirse, así que les recomiendo visiten la web World War Z en la que podrán encontrar una entrevista con el autor acerca de la oportunidad y utilidad de un libro de testimonios como este o un mapa con grabaciones de algunos de los testimonios más estremecedores o significativos recogidos en el libro.




La Marcha Zombi: No se vayan todavía. Aún hay más... zombis

En el sudeste asiático vive una comunidad muy particular, regida por sus propias normas sociales y con un estricto código de conducta y relación con el entorno con vistas a garantizar su supervivencia. Desgraciadamente el delicado equilibrio de su ecosistema saltará por los aires cuando la infección Z se extienda por la región y los seres humanos vayan viendo reducido drásticamente su número. ¿Serán capaces los vampiros de afrontar la pérdida de su única fuente de alimentación o hallarán una solución a su más que previsible extinción a causa de otra criatura aún más temible si cabe? Durante dicha epidemia Z la sociedad china sobrevivió gracias a un proyecto colosal que costó la vida de decenas de miles y aseguró la existencia de cientos de millones, la reconstrucción de una mejorada muralla china que aislara a los no muertos del grueso de la población. Para llevar a cabo esa empresa se contó no solo con el esfuerzo de miles de trabajadores, sino con el heroico sacrificio de aquellos que retrasaron el avance de la infección.


Steve huye de la infección a bordo de una moto potente, haciendo gala de todos sus conocimientos en conducción, manejo de armas de fuego y blancas, y excelentes habilidades físicas, y todo ello acompañado de una despampanante doctora experta en epidemiología. Sin saberlo, los destinos de ambos estarán unidos a los de un solitario superviviente conocido como Fred. Finalmente, tras el estallido zombi y la Guerra Mundial Z, los supervivientes reconstruyen un nuevo mundo. Pero las secuelas psicológicas de superar ese trance son tan inmensas que surge una empresa dedicada a ayudar a los dolientes vivos a superar su pena y a proseguir con sus vidas. Estas son las cuatro historias que el escritor Max Brooks nos ofrece en su libro de relatos La marcha zombi, y que llevan por título, respectivamente, El desfile de la extinción, Gran Muralla, Steve y Fred, y Cierre S.L.


No hay duda de que Max Brooks -recordemos que es hijo del gran cómico y cineasta de nombre Mel- ha sido junto a Robert Kirkman, el gran renovador de un género que deambulaba por la cultura popular como sus protagonistas -de forma agónica y titubeante, lejos de su momento de esplendor en las décadas de los 70 y 80- y el principal impulsor de un fenómeno cultural que ha acercado a los zombis a gente que jamás se habría planteado acercarse a nada relacionado con los mismos. Con dos libros -Guía de supervivencia zombi y Guerra Mundial Z-, un comic adaptando varios encuentros a través de la historia -Guía de supervivencia. Ataques registrados-, y la adaptación de la película de GM Z en camino, Brooks ha encontrado un filón en el género y ha permitido que muchos otros escritores hayan encontrado un público objetivo en el azaroso mercado editorial al que dirigir de forma concreta decenas de propuestas zombi en todos los escenarios, aproximaciones y variaciones imaginables.


El libro no deja de ser la unión de dos relatos presentados en antologías sobre muertos vivientes y dos descartes de Guerra Mundial Z, empleando los primeros una narrativa convencional en primera o tercera persona, mientras que Gran Muralla y Cierre S.L. mantienen la estructura de entrevista del libro previo y ofrecen un complemento y una suerte de epílogo a la que podríamos considerar la obra magna hasta el momento de Max Brooks. Ofreciendo una narración ágil y amena, con un estilo sin florituras al que, por ejemplo, le perjudica el intento de petulancia snob del relato vampírico, los relatos se leen en un suspiro y ofrecen varios aspectos destacables, como ese particular monster smash entre vampiros y zombis con los seres humanos como convidados de piedra, el análisis de la sociedad china a través de la construcción de la nueva muralla, el juego de referencias y metalenguaje no exento de humor de la historia de los dos supervivientes, y la parte del león, el estupendo epílogo de GM Z donde se analiza el impacto psicológico en los individuos supervivientes al brote zombi y una posible forma de afrontar esa "vergüenza de vivir" que sufren los que han mantenido su pellejo intacto. Mientras que aquí en España se ha optado por un título genérico que incluye además la palabrita zombi, para que no se despiste nadie, la colección original de cuentos, Closure, Ltd. resalta la importancia de ese relato, el mejor de la recopilación para un servidor.



Les recomiendo que se hagan con este librito -o lo lean simplemente, como he hecho yo gracias a mi buen amigo y superviviente Z en ciernes, Óscar Hellboy- para completar el panorama que el escritor Max Brooks nos ha venido ofreciendo sobre la única historia de zombis que conozco en la que se ofrecen tan explicitamente claves para una victoria de la humanidad sobre la plaga, a la espera de que decida meterse en harina y ofrecernos una posible Guerra Mundial Z 2. Por el momento tendremos que conformarnos con esperar hasta este verano para disfrutar -o sufrir- de la adaptación cinematográfica del libro en la que podría ser considerada la primera superproducción del género  y que cuenta con Brad Pitt como principal reclamo de cara a la taquilla con David Morse y Mattew Fox de escuderos de lujos. Los pilotos de tal tinglado son Damon Lindeloff -dios nos coja confesados- coescribiendo y Marc Foster dirigiendo, siendo la película una de las más conflictivas y azarosas producciones de los últimos años. Cuando apareció el trailer que precede a estas líneas uno no podía dejar de tener una sensación agridulce, porque por un lado la cosa luce espectacular y ofrece no pocas posibilidades de acción y tensión, pero por otro parece haberse optado por un enfoque plenamente convencional de la historia al tiempo que la elección a la hora de plasmar a los zombis resulta, cuando menos curiosa. Se habían visto zombis lentos, rápidos, inteligentes, con capacidad de habla, infectados, mutantes, pero zombis hormiga como estos que se comportan como un enjambre enfurecido y trepan por las paredes... Tiempo al tiempo...

Guía de Supervivencia Zombi. Ataques Registrados: Zombis en la historia

Los estragos que el virus Solanum ha causado a través de la historia han sido muchos. Antes de la Guerra Mundial Z hubo otros indicios que mostraron la aparición de muertos vivientes a lo largo y ancho del planeta con siglos de diferencia, sólo que quizá arqueólogos e historiadores no estuvieron preparados para comprender en toda su magnitud y complejidad el alcance de dicho fenómeno. El escritor Max Brooks, quizá la máxima autoridad mundial en el fenómeno Z y que nos ha legado tanto el manual de supervivencia imprescindible para hacer frente a la amenaza zombi como la crónica más completa de la guerra global que estuvo a punto de llevar a la raza humana a su extinción, nos deja en este caso un repaso a algunos de los ataques registrados más notorios y documentados que los infectados por el virus Solanum han realizado a lo largo de la historia de la humanidad.


Las señales estaban ahí, pero no habíamos sabido verlas. Una pintura rupestre en una cueva con restos humanos que mostraban señales de haber sufrido similares heridas en el cráneo. El motivo por el que los egipcios extraían el cerebro a los difuntos en sus prácticas funerarias. El origen de una de las más eficientes y estudiadas estrategias militares adoptada por el ejército de Roma. El peculiar rito iniciático de una ultrasecreta sociedad ninja. Las verdaderas causas de una cruenta rebelión de esclavos en una isla caribeña o el motivo por el que un buque repleto de esclavos desapareció en el olvido. El enfrentamiento de un destacamento de la Legión Extranjera con un enemigo aterrador. Los experimentos que japoneses y soviéticos desarrollaron, ya en el siglo XX, para conseguir el arma definitiva. Todo estaba ahí, ante nuestras narices, y nada pudimos hacer pese a eso para evitar el primer ataque registrado de la que sería la aterradora y apocalíptica GMZ.


La novela gráfica Zombi. Guía de Supervivencia: Ataques registrados es la continuación editorial de uno de los bombazos mediáticos más afortunados que la cultura Z ha sufrido a lo largo de historia, y que ha convertido al género de zombis infectados en cualquiera de sus variantes en uno de los más prolíficos actualmente. En un día como hoy, en que miles de personas van a estar pendientes del estreno en televisión de Los muertos vivientes, en la misma semana en que otros miles se disfrazaron de zombis por Halloween, o en la que servidor ha sufrido la lectura del último tomo de la serie de Kirkman y Adlard -porque Los muertos vivientes es una lectura tensa, compulsiva, nerviosa-, les traigo la reseña de este suerte de precuela en forma de novela gráfica de las aclamadas obras de Max Brooks Zombi: Guía de Supervivencia y Guerra Mundial Z.


Es el propio Max Brooks el encargado de describir de forma bastante concisa, casi como si se tratase de un manual de antropología o de un libro de historia, algunos de los encuentros que la humanidad ha padecido a lo largo de la historia con los infectados por el virus Solanum (este cachondo ha logrado eliminar la dicotomía zombis/infectados y en su universo de ficción los muertos vivientes son ambas cosas). El tono de las historias es frío, didáctico, expositivo, apenas hay lugar para la valoración de los hechos o para reflejar los sentimientos, no ya de los protagonistas históricos, sino del propio cronista ante el horror y la crueldad de lo contado. Las historias oscilan en extensión y tratamiento, desde la anécdota histórica (caso de la sociedad ninja, las tácticas de embalsamamiento egipcias o el horror del barco de esclavos) hasta los capítulos más elaborados en que se nos muestra una historia con su planteamiento, nudo y desenlace y que son a mi entender las más satisfactorias del libro (las ambientadas en Caledonia en época romana, en el Caribe en época colonial o en el norte de África en el siglo XIX). Las menos satisfactorias, al menos para mí, son las ambientadas en el siglo XX, y es que el estilo casi de exposición periodística y el carácter documental de esos acontecimientos no aportan prácticamente nada más que recalcar el carácter global de la amenaza y su aterrador camino hacia la infección mundial y los pacientes cero que afectaron a todo el planeta.



El dibujante encargado de ilustrar esta orgía de sangre, podredumbre y contagio a lo largo de los siglos es Ibraim Roberson, autor de origen brasileño que debutó en la industria con este trabajo y que por su versatilidad, claridad, dotes narrativas y rotundidad a la hora de plasmar las escenas de acción llamó inmediatamente la atención de las grandes editoriales. A día de hoy ya ha trabajado tanto para Marvel como para DC en colecciones como X-Men, Necrosha, DC Halloween Special, JLA: Cry for Justice, Catwoman o New Mutants. Un producto recomendable para los fans del fenómeno zombi que quieran un mínimo de calidad a cambio de su dinero y que, aún siendo un claro fenómeno de explotación de una franquicia, no engaña al lector. Ataques registrados y exposición de los mismos. Aceptablemente bien documentado y coherente con la historia de ese peculiar universo que Max Brooks nos ha llevado a visitar, supone el colofón hasta el momento de ese mundo Z que volveremos a visitar en el 2012 cuando se estrene esa adaptación cinematográfica protagonizada por Brad Pitt que elevará el género hasta cotas inéditas hasta el momento, cuando millones de fans del actor que jamás habrán visto una película de zombis, pasen por taquilla para sufrir y asustarse viendo a su estrella desenvolverse en la Guerra Mundial Z.

sábado, enero 05, 2013

La ciudad vestida de negro: Pesadillas urbanas para lectores cosmopolitas

¿Quién no se ha encontrado perdido en mitad de la noche en una gran ciudad, la suya o cualquier otra, y mientras vagabundeaba cada vez con menos esperanza de alcanzar el rumbo correcto comenzaba a imaginar los mil y un horrores que podrían acechar tras cada esquina o puerta cerrada? ¿O quién no se ha cruzado a lo largo de los cientos de horas en que nos encontramos pateando las calles de nuestras ciudades con encuentros fortuitos con la desgracia, la miseria, o directamente lo extraño e irracional? En el fondo del corazón de aquellos que amamos el entorno urbano y nos sentimos fuera de lugar en cualquier sitio con más vegetación que cemento y menos población que cantidad de oxígeno puro por centímetro cúbico de aire, se esconde una certeza absoluta, y es la de que ese amor se puede convertir en odio o desengaño en un abrir o cerrar de ojos. La soledad inherente a la vida en las grandes ciudades, la miseria moral escondida en los corazones de sus habitantes, las mil y una historia de necesidades insatisfechas y anhelos oscuros que alimentan sus ciudadanos, ya sean los del arrabal más lejano o los del vecino de la puerta de al lado, amenazan en cualquier momento por convertirse en los catalizadores de aterradores dramas que nos golpeen en nuestras confortables existencias y hagan saltar por los aires la comodidad y la rutina de nuestras cosmopolitas vidas.


El escritor y periodista David G. Panadero, especialista en cine y autor de certeras reflexiones sobre el fantastique actual con una meritoria vocación por el género negro ha rebuscado entre la producción literaria breve de veinte escritores españoles y ha logrado reunir para la antología La ciudad vestida de negro veinte trallazos sobre el papel dirigidos al plexo solar del lector que seguramente disfrutará de la lectura con un gesto incómodo en el rostro mientras mira por encima del hombro a sus acompañantes de vagón de metro o a sus vecinos de rellano. Con una ambientación en la mayoría de los casos negra, muchas veces opresiva, dejando espacio para el humor negro o el cinismo que impidan la asfixia total, se esconde en el fondo de alguna de estas historias cortas un hálito de pesadilla que va colándose en el mundo real por los intersticios más insospechados y banales -un falso perfil de facebook, un fortuito accidente de bicicleta, un cruce casual- y plantean situaciones que podrían poner en jaque la cordura del más pintado. Como suele suceder en las antologías de estas características, no todos los relatos tienen el mismo nivel, ni dejan la misma sensación en el lector, pero es cierto que todos mantienen un nivel de calidad literaria que contribuye a su legibilidad y a escuchar las voces de gente tan diversa como un oficinista separado, un periodista en apuros o un padre desesperado en busca de venganza.


Sin citar el nombre de cada relato, por no hacer farragoso el repaso somero a aquellos cuentos que más he disfrutado, pero sí citando al autor de cada uno de ellos, déjenme que les de un breve apunto de algunas de las pesadillas que podrán encontrar en La ciudad vestida de negro. Andreu Martín dirige una carta desesperada solicitando comprensión y piedad a un capo de la mafia turca que ha "malinterpretado" no pocas situaciones, la mayoría de ellas propiciadas por una pantera de melena rubia y gustos caros. Manuel Nonídez acompaña a un padre en la búsqueda paciente, planificada e inflexible de venganza sobre el asesino de su hijita, cuya resolución distará mucho de sus expectativas. Juan Madrid nos pasea por los callejones de Madrid en un retrato de perdedores, pringados, supervivientes y traidores, que además se parece a algo que tenía en mente desde hace años -algo que habría llamado La condición del perdedor y que, demonios, es casi idéntico a esto salvo en la resolución-. Con Carlos Aguilar de nuevo nos encontramos con la venganza, con el crimen contra un niño, con el asesino vocacional que busca dotar de estilo y escenografía a la consumación de la revancha moral contra el criminal. Estebán Gutiérrez inaugura el tema de los cruces fortuitos, el de los pasajeros cotidianos que diariamente establecen una suerte de conexión fugaz y como lo insólito, lo perturbados puede alterar algo tan común como un viaje en metro. David Roas, que encabeza su relato con una cita de mis adorados Pixies, plantea una de las pesadillas más comunes para los viajeros, la de encontrarse perdido en la noche de una capital extranjera y caer cada vez más en una espiral de solitaria nocturnidad urbanita de la que poco a poco parecerá imposible escapar.


Fernando Cámara plantea de forma inexorable -adjetivo que se podría aplicar a todos los relatos en mayor o menor medida pero que aparecerá únicamente en este relato y en otro posterior, dos de mis favoritos junto con el anterior- el descenso a los infiernos de una familia que sufre un fortuito accidente a la salida del colegio. Agobiante, mezclando el horror psicológico con el drama familiar y la investigación detectivesca, daremos un paseo por el carril bici directos al infierno. David Jasso vuelve a los encuentros fortuitos, a los extraños en la noche. Una prostituta, un oficinista y un aspirante a pandillero cruzarán sus caminos en una noche de la que ya no escaparán jamás y que ejemplifica de manera perfecta lo fácil que es tirar la vida ajena y la propia por la borda cuando las circunstancias escapan a nuestro control. No sé si de forma consciente por parte del antólogo o de los propios escritores, pero hay una coincidencia que podría conectar ambos cuentos, con la presencia de un ciclista en bici amarilla que tienen la rodilla pelada. Anita Haas nos da una de cal y una de arena. Por un lado plantea el retrato minucioso de la descomposición de una pareja y los coqueteos con la locura y la paranoia de una escritora que juega a crear una identidad falsa en facebook que poco a poco se va tornando aterradoramente real. Acertado retrato de la deshumanización impersonal de las relaciones sociales en los tiempos digitales, en su recta final no se decide a ofrecer una explicación satisfactoria, que queda a la imaginación del lector.


Santiago Eximeno retrata otro breve cruce de caminos entre un oficinista y un anciano. En medio de la soledad y desgracias propias, entablan una breve conversación y un mínimo acercamiento cortés. Dos manzanas después lo que el lector ha estado temiendo de forma ambigua se va materializando de manera inexorable sobre el papel, dejando un poso de terror y angustia sobre la situación narrada y sobre todo, sobre la reacción del protagonista, acaso la única posible para mantener la cordura. No se puede decir más con menos. Francis P. Hernández nos sumerge en la paranoia y la incertidumbre de un trabajador acosado y perseguido por no se sabe quién o qué, pero con la certeza que el departamento de RR.HH. sabe más de lo que debería sobre todo lo que le está  sucediendo. Real como la vida misma.  Javier Quevedo Puchal inicia su relato con otra de las mujeres fatales de la antología, que conduce a la ruina y al odio a su antaño adorado mantenedor, que de forma fortuita emprende una peculiar búsqueda de venganza y de oro que le llevará por territorios extraños.


 Personalmente soy un tipo profundamente urbanita, ya se lo he comentado al principio de la reseña. Me encanta callejear, andar con nocturnidad y alevosía por calles vacías sumidas en la penumbra y el silencio. Y es por ello que ese constante pateo con el paso de los años me ha hecho cruzarme en ocasiones con situaciones dramáticas o extrañas, como el anciano al que mi abuelo y un servidor impedimos tirarse por el puente,  cuando ya levantaba una pierna para saltar, o ese otro anciano con el que me crucé en otro puente años después, y tras mirarle a los ojos me pareció observar un extraño gesto de desesperación y determinación, sólo para constatar a los pocos minutos, que alguien acababa de saltar... Y siempre sospeché que se trataba del hombre con el que acababa de cruzarme. Y otro cruce,  nocturno y solitario. Un muchacho rechoncho que va al centro a tomar unas copas y un tipo vestido con ropajes militares de camuflaje, gesto adusto y un saco en el que se  movía algo y del que escapaba una ordalía de maullidos quejicosos y lastimeros. Como decía la Orquesta Mondragón en tiempos, la ciudad junta a dios y al diablo, al funcionario y al travestí, la ciudad donde vivo es un niño limpiando un fusil, [...] es el templo del bien y del mal. Mucho de lo negativo encontrarán en La ciudad vestida de negro, pero nunca está de más ir preparado por lo que pueda cruzarse con nosotros en el metro, el bus, o el rellano de nuestra propia escalera.

jueves, diciembre 13, 2012

La marcha zombi: No se vayan todavía... Aún hay más Zombis de Max Brooks

En el sudeste asiático vive una comunidad muy particular, regida por sus propias normas sociales y con un estricto código de conducta y relación con el entorno con vistas a garantizar su supervivencia. Desgraciadamente el delicado equilibrio de su ecosistema saltará por los aires cuando la infección Z se extienda por la región y los seres humanos vayan viendo reducido drásticamente su número. ¿Serán capaces los vampiros de afrontar la pérdida de su única fuente de alimentación o hallarán una solución a su más que previsible extinción a causa de otra criatura aún más temible si cabe? Durante dicha epidemia Z la sociedad china sobrevivió gracias a un proyecto colosal que costó la vida de decenas de miles y aseguró la existencia de cientos de millones, la reconstrucción de una mejorada muralla china que aislara a los no muertos del grueso de la población. Para llevar a cabo esa empresa se contó no solo con el esfuerzo de miles de trabajadores, sino con el heroico sacrificio de aquellos que retrasaron el avance de la infección.


Steve huye de la infección a bordo de una moto potente, haciendo gala de todos sus conocimientos en conducción, manejo de armas de fuego y blancas, y excelentes habilidades físicas, y todo ello acompañado de una despampanante doctora experta en epidemiología. Sin saberlo, los destinos de ambos estarán unidos a los de un solitario superviviente conocido como Fred. Finalmente, tras el estallido zombi y la Guerra Mundial Z, los supervivientes reconstruyen un nuevo mundo. Pero las secuelas psicológicas de superar ese trance son tan inmensas que surge una empresa dedicada a ayudar a los dolientes vivos a superar su pena y a proseguir con sus vidas. Estas son las cuatro historias que el escritor Max Brooks nos ofrece en su libro de relatos La marcha zombi, y que llevan por título, respectivamente, El desfile de la extinción, Gran Muralla, Steve y Fred, y Cierre S.L.


No hay duda de que Max Brooks -recordemos que es hijo del gran cómico y cineasta de nombre Mel- ha sido junto a Robert Kirkman, el gran renovador de un género que deambulaba por la cultura popular como sus protagonistas -de forma agónica y titubeante, lejos de su momento de esplendor en las décadas de los 70 y 80- y el principal impulsor de un fenómeno cultural que ha acercado a los zombis a gente que jamás se habría planteado acercarse a nada relacionado con los mismos. Con dos libros -Guía de supervivencia zombi y Guerra Mundial Z-, un comic adaptando varios encuentros a través de la historia -Guía de supervivencia. Ataques registrados-, y la adaptación de la película de GM Z en camino, Brooks ha encontrado un filón en el género y ha permitido que muchos otros escritores hayan encontrado un público objetivo en el azaroso mercado editorial al que dirigir de forma concreta decenas de propuestas zombi en todos los escenarios, aproximaciones y variaciones imaginables.


El libro no deja de ser la unión de dos relatos presentados en antologías sobre muertos vivientes y dos descartes de Guerra Mundial Z, empleando los primeros una narrativa convencional en primera o tercera persona, mientras que Gran Muralla y Cierre S.L. mantienen la estructura de entrevista del libro previo y ofrecen un complemento y una suerte de epílogo a la que podríamos considerar la obra magna hasta el momento de Max Brooks. Ofreciendo una narración ágil y amena, con un estilo sin florituras al que, por ejemplo, le perjudica el intento de petulancia snob del relato vampírico, los relatos se leen en un suspiro y ofrecen varios aspectos destacables, como ese particular monster smash entre vampiros y zombis con los seres humanos como convidados de piedra, el análisis de la sociedad china a través de la construcción de la nueva muralla, el juego de referencias y metalenguaje no exento de humor de la historia de los dos supervivientes, y la parte del león, el estupendo epílogo de GM Z donde se analiza el impacto psicológico en los individuos supervivientes al brote zombi y una posible forma de afrontar esa "vergüenza de vivir" que sufren los que han mantenido su pellejo intacto. Mientras que aquí en España se ha optado por un título genérico que incluye además la palabrita zombi, para que no se despiste nadie, la colección original de cuentos, Closure, Ltd. resalta la importancia de ese relato, el mejor de la recopilación para un servidor.


Les recomiendo que se hagan con este librito -o lo lean simplemente, como he hecho yo gracias a mi buen amigo y superviviente Z en ciernes, Óscar Hellboy- para completar el panorama que el escritor Max Brooks nos ha venido ofreciendo sobre la única historia de zombis que conozco en la que se ofrecen tan explicitamente claves para una victoria de la humanidad sobre la plaga, a la espera de que decida meterse en harina y ofrecernos una posible Guerra Mundial Z 2. Por el momento tendremos que conformarnos con esperar hasta este verano para disfrutar -o sufrir- de la adaptación cinematográfica del libro en la que podría ser considerada la primera superproducción del género  y que cuenta con Brad Pitt como principal reclamo de cara a la taquilla con David Morse y Mattew Fox de escuderos de lujos. Los pilotos de tal tinglado son Damon Lindeloff -dios nos coja confesados- coescribiendo y Marc Foster dirigiendo, siendo la película una de las más conflictivas y azarosas producciones de los últimos años. Cuando apareció el trailer que precede a estas líneas uno no podía dejar de tener una sensación agridulce, porque por un lado la cosa luce espectacular y ofrece no pocas posibilidades de acción y tensión, pero por otro parece haberse optado por un enfoque plenamente convencional de la historia al tiempo que la elección a la hora de plasmar a los zombis resulta, cuando menos curiosa. Se habían visto zombis lentos, rápidos, inteligentes, con capacidad de habla, infectados, mutantes, pero zombis hormiga como estos que se comportan como un enjambre enfurecido y trepan por las paredes... Tiempo al tiempo...

domingo, enero 22, 2012

Como una moto: La corta pero intensa vida de John Belushi

El cinco de marzo de 1982 el cuerpo sin vida de John Belushi fue hallado en su apartamento del Chateau Marmont, un complejo residencial situado en Sunset Boulevard. El cuerpo mostraba señales evidentes de consumo de drogas y la autopsia confirmaría las elevadas dosis de cocaína y en menor grado heroína que la sangre y la orina del actor contenían. A sus 33 años, con 140 kilos de peso, solo, y tras un largo período en el dique seco a nivel artístico y profesional, dejaba este mundo uno de los actores cómicos más intensos y sólidos de cuantos nos han hecho reír a lo largo de las últimas décadas. El periodista y escritor Bob Woodward, conocido mundialmente por haber coescrito el libro Todos los hombres del presidente junto a Carl Bernstein en el que destapaban el escándalo del Watergate que inició la caída de la administración Nixon, recibió el encargo de hacer una serie de artículos para el Washington Post sobre la muerte en extrañas circunstancias de Belushi.


Los pasos preliminares fueron visitar a la viuda de John, Judy, en su casa de Martha's Vineyard, y en una investigación previa con los más allegados al actor, su mánager Bernie Brillstein o su compañero y amigo Dan Aykroid. Pronto se hizo evidente para Woodward que John Belushi era un sujeto demasiado grande para una mera serie de artículos. En palabras de Brillstein, "John es un libro". Y así Bob Woodward, escritor de prestigio que ha sido un grano en el culo para prácticamente todas las administraciones que han gobernado EEUU desde los años 70, dedicó dos años de su vida en escribir un monumental retrato sobre un hombre que vivió como quiso y cuya intensidad dentro y fuera de la pantalla pequeña y grande le marcaron como artista y como ser humano. A través de cientos de entrevistas con 217 personas relacionadas con John y los testimonios de una cincuentena de testigos no acreditados que corroboraban total o parcialmente las historias de los primeros, y contando con el respaldo documental de un vasto corpus de agendas, diarios, extractos bancarios y de tarjetas de crédito, informes médicos y policiales, registros de hotel, facturas de taxi, restaurantes, limusinas, Woodward elabora un exhaustivo relato de la vida de John Belushi que se publicó en EEUU en 1984 con el título de Wired: The fast times and short live of John Belushi.



En España, tan adelantados en todo y atentos a todo aquello que pueda interesar al lector medio, tan solo hemos tardado 27 años en poder acceder a una traducción de ese libro, editado por Papel de Liar con el título de Como una moto: La vida galopante de John Belushi. Resultaría ridículo recordarles lo mucho que adoro a ese actor que, con tan sólo siete películas -únicamente decentes la mitad de las mismas-, tres discos y cuatro temporadas en el Saturday Night Live se convirtió en uno de los actores más queridos en su país merced a la interpretación de personajes tan icónicos como el Samurai Futaba, Bluto Blutarski, Joliet Jake Blues o Wild Bill Kelso. Leer las más de 500 páginas del libro de forma compulsiva, a veces con una sonrisa en los labios, a veces con una mueca de disgusto, ha sido una experiencia agridulce, repleta de luces y sombras, las mismas que Woodward nos retrata a lo largo de su intenso retrato del actor, un relato que pasa de lo general -sus inicios, su carrera en Hollywood, la relación con sus amigos- a lo particular, la pormenorizada reconstrucción de los últimos 18 días de vida de John Belushi.



El libro ofrece un exhaustivo repaso a los inicios de la carrera de Belushi, actor aficionado con dotes para la comedia, la improvisación y las imitaciones que huyó de la herencia familiar -restauración- para abrazar su sueño de actuar, primero en el circuito independiente de Chicago con sus amigos Insana y Beshekas y más tarde en el teatro Second City de Chicago, donde coincidió con Chevy Chase. Tras labrarse una prestigiosa reputación Belushi formó parte de un proyecto televisivo arriesgado e innovador en la época, sin saber ni soñar quizá que estaban iniciando una institución televisiva estadounidense aún hoy vigente y en forma y de la que acabaría siendo uno de sus pilares fundamentales y uno de sus más insignes representantes. Me refiero claro, al Saturday Night Live. Sus actuaciones eléctricas, intensas, con una presencia física arrolladora que se transmitía a sus sketchs o a sus célebres imitaciones -Marlon Brando, William Shatner o Joe Cocker parecía cobrar vida en él-. La rivalidad con sus compañeros de plató como Chevy Chase, las dudas sobre su talento o la voluntad de innovar desarrollando nuevos personajes junto a su colega y amigo Dan Aykroyd -los Blues Brothers- resultan familiares para el conocedor del actor pero se nos narran con agilidad, humor -se llegan a transcribir gags enteros- y una fría objetividad que aún así calan hondo en el lector.



Del SNL y la cada vez mayor popularidad del actor a Hollywood solo hay un paso, quizá el de actuar como secundario en la película Rumbo al sur (Jack Nicholson, 1978) junto a Jack Nicholson. Luego llegó Desmadre a la americana (John Landis, 1978) y la explosión de popularidad que supuso el papel de Bluto Blutarski, zafio, vago, borrachuzo, noblote... futuro senador de los Estados Unidos de América. El esperpento de las universidades americanas y sus hermandades tamizado por el humor del National Lampoon's fue un taquillazo y lanzó a John a la fama. Este fue el único éxito cinematográfico real de la carrera de Belushi. Indeciso sobre qué pasos seguir, aceptó un papel secundario en Viejos novios (Joan Tewkesbury, 1979) junto a Talia Shire, una muchacha que supera sus inseguridades del pasado enfrentándose a sus antiguas relaciones. Steven Spielberg, que había quedado impresionado por Bluto, casi le preparó un papel a medida para su farsa 1941 (Steven Spielberg, 1979), una película desaforada y mastodóntica sobre la histeria de masas que se vivió en Los Angeles tras el ataque a Pearl Harbour. El mayor fracaso de la carrera de Steven Spielberg ha acabado adquiriendo categoría de película de culto, pero en la época hizo mucho daño a su carrera y a la de Belushi, que parecía incapaz de repetir su primer gran éxito.



Su siguiente proyecto, el salto a pantalla grande de los Blues Brothers, un canto de amor al blues, el soul, la vida golfa y las relaciones fraternales que aquí conocimos como Granujas a todo ritmo (John Landis, 1980), se saldó con un relativo fracaso, y eso a pesar de que los discos de los Blues Brothers vendieron millones de copias. De nuevo el fracaso acabó convirtiéndose en clásico de culto con el paso de los años y hoy en día los Blues Brothers son una institución mundial con atracciones en parques temáticos, bandas tributo y continuos pases televisivos de la película. Sus dos siguientes proyectos se saldaron de nuevo con sendos fracasos de taquilla, paliados en parte por las estrategias de los ejecutivos. La comedia romántica Continental Divide (Michael Apted, 1981) y Neighbours (John G. Avildsen, 1981), una comedia negra sobre un gris habitante de suburbio que ve su vida puesta patas arriba por la llegada de unos estrambóticos vecinos, suponen un triste y decepcionante colofón para una carrera que ya jamás pudo llegar a remontar.



Si aquí están las luces y las mieles de John Belushi, Woodward nos ofrece la mirada al lado oscuro de la vida nocturna de Los Angeles, Nueva York o Chicago, las tres ciudades que marcaron la vida y el descenso a los infiernos del actor. Por las fiestas y farras de días, repletas de consumo de alcohol y toda clase de drogas circulan personalidades como Chevy Chase, Dan Aykroid, Carrie Fischer, James Taylor, Carly Simon, Candice Bergen, Robin Williams, Robert De Niro, Treat Williams, Ed Begley Jr., Jack Nicholson, Hugh Hefner, y toda una pléyade de acólitos, admiradores, amigos y compañeros que se veían completamente deslumbrados y absorbidos por la que describen como una de las presencias más arrolladores y fascinantes y al mismo tiempo patéticas y repulsivas de cuantas conocieran jamás. En concreto la tercera parte del libro, que reconstruye sus últimos días, nos presenta a un actor cada vez más al margen del sistema, incapaz de poner en marcha sus dos siguientes proyectos (una comedia junto a Ayckroyd que iba a ser dirigida por Louis Malle, Moon over Miami, y una farsa de enredo sobre un experto en vinos que se ve inmerso en una trama de tráfico de diamantes, Sweet deception, rebautizada como Noble rot), alejado de su mujer y rodeado de todas las tentaciones que la ciudad de los sueños rotos puede ofrecer. Playmates, amigas, suministradores, fiestas, colegas... Es una inmersión aterradora y fascinante, en la que muchos de sus conocidos refieren una especie de melancolía desesperada en un hombre que quería vivir a su manera. El crepúsculo del dios Belushi...



Para mí uno de los aspectos más emotivos del libro y que más me interesaba del mismo por motivos obvios es el retrato que se hace de la relación entre John y Dan, Belushi y Ayckroyd, los compañeros de programa con una relación simbiótica en la que el primero aportaba la energía electrizante y catalizadora y el talento bruto y el segundo la elaboración técnica de guiones y gags y la calma necesaria para garantizar la culminación de un proyecto. Inquietos, recorrieron el país juntos en coche, montaron bares de blues en Chicago y Nueva York para sí mismos y sus amigos, con el único objetivo de compartir su amor por esa clase de música y de disfrutarla siempre que quisieran. En el momento de la muerte de Belushi, Ayckroyd estaba trabajando en los guiones de dos películas que ambos habrían tenido que protagonizar: Cazafantasmas y Espías como nosotros, papeles que heredaron Bill Murray y Chevy Chase respectivamente. Se conocían tanto y tan bien, que John hizo prometer a Dan que en su funeral pondría una canción en concreto, 2.000 pound bee, de los Ventures, una broma privada sobre sus tiempos en el SNL. Y Dan lo hizo. Acabo esta pequeña reseña con las dos fotos que resumen a la perfección la alegría y la tristeza que me ha supuesto leer este libro, la amistad sincera de dos buenos colegas, la tristeza por el camarada caído...




jueves, agosto 04, 2011

El baúl de Plissken: Rant: El futuro que tendrás mañana no será el mismo futuro que tenías ayer

Empezamos la recuperación de entradas pretéritas de este año con la dedicada al libro Rant, de Chuck Palahniuk, entrada publicada en diciembre del 2007 para un libro que viajó a Londres un mes antes y que me acompañó en las horas muertas de aeropuertos y transportes varios. Dos libros después Rant sigue siendo una pequeña joya que mantiene todo lo que me enganchó de Palahniuk. El estilo hipnótico y musical, la imaginación desbordada y un sano y creativo subfondo de rabia contra la sociedad que ha creado a sus personajes bastante inspirador. Es uno de los pocos escritores vivos a los que he comenzado a releer de forma sistemática y metódica porque, bueno, es imposible que me canse de él. Aún no he cogido Pigmeo de la estantería, en detrimento de Fábulas, pero al ritmo que voy creo que antes de acabar las vacaciones habré dado buena cuenta de su último delirio. Cuatro añitos... Lo de siempre. Cómo pasa el puñetero tiempo...


Buster Landru "Rant" Casey ha tenido una vida corta pero sin duda bastante intensa, marcada por el dolor, el aislamiento, el inconformismo, la negación de cualquier tipo de tabú o de constricción social y una extraña habilidad para averiguar cosas sobre las mujeres en base al olor de su sexo y encontrar monedas antiguas de incalculable valor en los sitios más insospechados. Su infancia y juventud se desarrolan en la pequeña localidad de Middleton, donde dejará una madre cuyas dotes culinarias sólo pueden ser calificadas como de peculiares, un padre bonachón y a la vez misterioso que le conminará a encontrar a su verdadero progenitor en la ciudad y un único amigo con el que Rant compartía su pasatiempo favorito: introducir brazos y piernas en madrigueras y escondrijos de animales, alimañas o insectos y dejarse morder por bichos venenosos y mamíferos rabiosos.


La vida en la ciudad no será más normal para Rant Casey. Encuadrado en la casta de los nocturnos, despojos sociales desheredados que viven en el gueto horario delimitado por la puesta de sol y el amanecer -lo que comunmente llamamos noche, vamos- Rant pronto trabará amistad con un grupo de adictos a las Choquejuergas. Éstas son eventos muy ritualizados y codificados que se realizan a bordo de coches que enarbolan "banderas" temáticas en su techo para indicar al resto de participantes que están “jugando”. Los temas son tan diversos como “bebe a bordo”, “árbol de navidad”, “hora del te” o "recién casados". El objetivo es llegar a chocar con otro vehículo, ya sea dejándose dar un golpe en el guardabarros trasero por compasión o impactando con vehículos de lujo que hombres de negocios pagan para “asesinar” a conductores expertos. Relacionado con su banda de choquejuergas Rant propagará entre los nocturnos la Rabia (que ya lleva en la sangre como un componente más gracias a los años de toxinas e infecciones adquiridos por mordeduras varias) por el tradicional método del beso con lengua tanto a amigos como a amigas, llegando a generar un problema epidémico tal que hasta los diurnos se verán afectados, primero como moda y luego ya como víctimas de una infección vírica descontrolada. Su muerte durante una choquejuerga y tras una espectacular persecución es retransmitida a millones de espectadores, pero cuando se busca entre los restos del coche accidentado no hay ni rastro del cuerpo.


La historia de Rant está escrita como si de una recopilación de relatos orales se tratara, y para conocer al personaje en sí mismo antes hemos de conocer a todos aquellos que le describen y que ofrecen su propia perspectiva del muchacho. Sólo así podremos llegar a entender algunas de las motivaciones de Rant, su modo de comportarse o las consecuencias de sus acciones para aquellos que le rodearon. Aparte de la fauna de Middleton, todo un recital trágicomico de la vida rural estadounidense con sus luces (comunidad unida, lazos sociales fuertes) y sus sombras (mojigatería, chismorreos), el tour de force narrativo viene de la mano de las descripciones de los cuatro integrantes de choquejuerga que se relacionan con Rant: Echo Lawrence, con la que Rant mantuvo una relación sentimental, prostituta deforme que gana un dineral generando compasión en sus clientes y construyendo bizarros juguetes sexuales para ellos; Shot Dunyun, mejor amigo en la ciudad de Rant y director de clips neurales que procesa de las más variadas formas para lograr los resultados más extraños y estimulantes; Tina Nosecuantos, expulsada de la pandilla tras la llegada de Rant y dedicada a narrar con todo lujo de detalles los accidentes de automóvil para una emisora de tráfico; y finalmente Green Taylor Simms, autodenominado historiador, factotum en la sombra de muchos de los acontecimientos narrados en el libro y tipo asquerosamente insoportable. Son tantos los personajes que intervienen de una forma u otra a lo largo de la narración que al final se agradece el quién es quién con una breve nota sobre el destino final de cada uno de ellos.


Rant contiene todos los elementos de la literatura de Chuck Palahniuk, tanto formales como temáticos. La narrativa minimalista, poblada de frases cortas y estructuras repetidas a lo largo y ancho del libro a modo de estribillos en este caso es aún más compleja si cabe, pues debe establecer diferentes voces literarias para cada uno de los narradores testigo de los hechos. La estructura circular de casi todas sus novelas lo es más que nunca, y si en anteriores novelas ya había flirteado con el género de horror e introducido elementos sobrenaturales (Nana, Diario, Fantasmas) en este caso estamos ante una novela de ciencia ficción, aunque el viraje a este género puede resultar un tanto brusco en el último tercio del libro. Me cuidaré muy mucho de estropear alguna de las muchas sorpresas que la trama depara al lector, pero si que les recomiendo la lectura no sólo de esta novela, sino de toda la producción literaria de uno de los autores más interesantes del panorama contemporáneo. Y si quieren hacerlo bien, háganlo por orden comenzando por El club de la lucha, oda al terrorismo contracultural, a la anarquía absoluta y a la resistencia feroz contra el actual sistema que tuvo la mala fortuna de publicarse unos años antes del 11S, mala fortuna acentuada por el hecho de que la segunda novela de Palahniuk, Superviviente, se inicia nada menos que con el protagonista, un iluminado religioso harto de vivir, a bordo de un avión vacío que pretende estrellar cuando se le acabe el combustible. A raíz de la ola de patriotismo conservador desatado tras los atentados del 11S se aprecia una mayor sutileza en las cargas de profundidad del escritor, todavía presentes pero ocultas en tramas de "género" que siempre ayudan a digerir mejor las críticas demoledoras al sistema. En breve Palahniuk volverá a poner a prueba la resistencia de sus fieles como lectores con una nueva novela, Snuff, que se adivina visceral y tremendista como es habitual en él, pero para un futuro a largo plazo anunció nuevas aproximaciones al mundo de Rant y a la vida de Buster Landru Casey. Las esperaremos con impaciencia.

Los que tengan más curiosidad sobre la novela pueden visitar el sitio web dedicado a la misma en inglés, con contenidos multimedia y el primer capítulo a disposición de los internautas.

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