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viernes, septiembre 19, 2025

El baul de Plissken: Las precuelas de Superman Returns

 El año 2006, casi dos décadas después de Superman IV, el Hombre de Acero volvía a las pantallas de todo el mundo, esta vez de la mano del director Bryan Singer, avalado por el prestigio crítico de sus primeras obras y por el éxito de público conseguido con sus versiones de la Patrulla X. Para ir caldeando el ambiente y para servir de puente a la historia narrada en Superman Returns, la editorial DC Comics lanzó una serie de cuatro especiales que narraban los sucesos anteriores a la película, resolviendo el hiato temporal existente entre Superman II y las nuevas aventuras de Superman. En aquel año 2006 un servidor de ustedes leyó con ilusión aquellas precuelas en formato comic, preparándose para volver a disfrutar de una nueva película con Superman. La intención era, además, reseñar la película, pero las toneladas de mierda que se vertieron sobre la misma justo después de su estreno me desanimaron ampliamente, y dejé estar el asunto. Mira por donde, que Warner, DC y Zack Snyder me iban a dar la oportunidad de reivindicar años atrás una película de la que les hablaré mañana. Vaya por delante esta contextualización de la historia... Por cierto, que al recopilar las dos entradas he constatado dos cosas, que ya entonces dejé reflejo del fracaso económico que no artístico en mi opinión de la película, y de mi escasa pericia con el escáner, justo antes de pasar precisamente en mi trabajo diario, a desarrollar labores de escaneado y retoque digital de imágenes. La de cosas que pueden cambiar en seis añitos de nada... Esta sería la tercera vez que el material aparece en el blog. Si entonces hablaba de 6 años de distancia hoy hablaría de 30. Si todo esto tiene algún sentido es el de poner en contexto que hemos llegado a un momento muy prometedor para los fans de DC en general, y del Hombre de Acero en particular. Sigamos con la recuperación.



De Krypton a la Tierra: La historia de un viaje de ida y vuelta

Como ya comenté, tanto la Warner como DC han mimado el proyecto del regreso del Hombre de Acero a la pantalla grande. Dentro de la campaña de marketing previa, y dado que han pasado dos décadas desde el anterior film (Superman IV, 1987), se creyó necesario recordar al Superman cinematográfico a las jóvenes generaciones que sólo lo han conocido a través de las series Lois & Clark y Smallville. Ciertamente parece una jugada algo arriesgada el realizar una película-secuela a más de 20 años de distancia. Nada mejor que el lanzamiento de cuatro especiales que preparan el terreno para ese público potencial y que nos recuerdan los viejos buenos tiempos a los veteranos que tenemos cierta nostalgia por aquellas primeras veces. Entre el simple recuerdo y el llenar los vacíos de la historia que nos narrará la película oscilaran los cuatro números en cuestión, con diferentes equipos creativos pero coordinados directamente por Bryan Singer, Dan Harris y Michael Dougherty (director y guionistas, respectivamente).


El primero de ellos, De Krypton a la Tierra, vuelve a contar con pelos y señales el origen alienígena del personaje. Desde los fútiles intentos de Jor-El por avisar al consejo científico del Planeta Krypton de la inminente catástrofe cósmica que les destruirá a todos hasta los preparativos del resignado científico para poner a salvo a su hijo en una nave espacial. Con diálogos sacados directamente del guión de Superman (1978) este Jor-El parece y habla como Marlon Brando. Nada nuevo bajo el sol en este especial, que acaso sea el más importante. En tanto que ubica el origen del personaje, nos recuerda la continuidad establecida en este particular universo cinematográfico. La mayor traba es que no ofrece ningún elemento novedoso para los conneiseurs, tan sólo esa mirada repleta de nostalgia y cariño a unos momentos que –hablo personalmente- me marcaron desde bien niño. El dolor de la madre mientras dejaba al bebe en la fría y estéril aeronave, la serenidad con la que Jor-El realizaba los preparativos, su voz educando y preparando a su vástago durante los años de viaje para lo que habría de afrontar en su planeta natal…


Todo ello queda perfectamente reflejado en el guión de Jimmy Palmiotti y Justin Gray y en los maravillosos lápices de Ariel Olivetti, que pese a tener que buscar cierto parecido físico con los actores logra que el resultado no sea el típico pastiche de adaptación al comic de peli de éxito, sino un tebeo repleto de momentos intensos que van desde lo emotivo hasta lo espectacular. Para muestras de ello, los tres botones que ilustran este post.

Dentro de poco, más de lo mismo.

¡Arriba, arriba y lejos!


Ma Kent: El guardián entre el centeno

Aquí tienen la reseña de la segunda de las precuelas, la dedicada a Ma Kent, obra de Marc Andreyko a los guiones y Kart Kerschl en los lápices. Este es un retrato muy introspectivo a la vida familiar del hombre de acero, a su trasfondo familiar. En último término, es un vistazo a aquello que formó en Clark Kent la personalidad desprendida, sacrificada y valiente que luego daría lugar a la personalidad superheróica de Superman. Muchas veces se ha hablado de lo irreal que supone el personaje, de lo maniqueo que resulta un boyscout casi todopoderoso que mira por los intereses de los demás antes que por los suyos propios. Bueno, pues servidor opina todo lo contrario.


Lejos de lecturas deconstructivistas o de aventuras que alteran la retrocontinuidad del personaje, la historia de Superman siempre ha oscilado en torno a su doble herencia, la humana y la alienígena, a las enseñanzas recibidas por sus padres adoptivos y a las que le fueron transmitidas por Jor-El (de un modo u otro dependiendo de si hablamos de los comics, de las películas o de las series de TV). Si una persona recibe amor y valores y sólo ve generosidad en los que le rodean difícilmente podrá concebir otra forma de ser. Entraríamos en disquisiciones sobre el determinismo, sobre el conductismo, sobre el poder civilizador de la educación… No hace falta hilar tan fino. Sabiendo que Lara y Jor-El se sacrificaron para permitirle una vida en un planeta lejano, que Martha y Jonathan le recibieron con los brazos abiertos y le educaron y le quisieron como si de su hijo carnal se tratara, ¿estaríamos hablando de algo improbable, maniqueo o imposible? ¿O de lo que sucedería en la vida real?



En las páginas de esta historia se alternan los flashbacks (extraidos directamente del film original del 78) con las reflexiones de Martha en su vida cotidiana. El reflejo de la añoranza por el marido años ha fallecido, y la preocupación por la ausencia prolongada de su hijo no empañan los recuerdos que a diario la asaltan en la granja de los Kent, en la cafetería de Smallville, en las conversaciones con los vecinos. Pero en el corazón de Martha Kent está el claro convencimiento de que Clark, SU Clark, volverá tarde o temprano, y ella estará allí, en su HOGAR, para recibirle con el abrazo tierno de una madre que ha añorado a su retoño demasiado tiempo.

[Las capturas reflejan uno de mis momentos favoritos de Superman: el lamento del hijo por la muerte del padre -"con todo lo que puedo hacer, con todos mis poderes... y no he sido capaz de salvarle"-, y la despedida de Martha en el campo de maiz. Pelos como escarpias.]


Lex Luthor: Ni un pelo de tonto

Sigo reseñando la tercera de las precuelas en comic de lo que ya podemos decir que ha sido el gran fracaso económico –que no artístico, en mi opinión- del verano, Superman Returns. De la mano de los guionistas habituales, Gray y Palmiotti, y con la siempre eficaz colaboración de Rick Leonardi en los lápices, nos llega este especial centrado en la figura de Lex Luthor, la mente criminal más grande de nuestro tiempo.

Encerrado en la cárcel, donde le dejó Superman (al final de Superman II), nuestro villano repasa los fallos de sus planes previos, examina su odio hacia la figura de Superman y, por supuesto, empieza a plantar las semillas de su futuro en su relación con dos mujeres, la enfermera Kitty y una anciana millonaria a la que enamora con su meliflua correspondencia. También muestra, aunque de pasada, como los secuaces de Superman Returns eran compañeros de trullo. Reflejando la mordacidad e ironía del personaje, los guionistas nunca pierden de vista que bajo la causticidad de Lex Luthor se esconde un ser maquiavélico y paciente que, agazapado, espera el momento de asestar el golpe mortal a su enemigo. De nuevo, este comic nos recuerda algunos de los momentos de la primera entrega, como la conversación en la guarida subterránea con Superman (y los cameos de Ottis y la srta. Teschmacher).

Y ya sólo queda uno por leer. A ver cómo eluden la cuestión de la inmaculada concepción en el especial de Lois Lane…

Lois Lane: Detrás de la noticia

Y llegamos al final con este especial en el que Doug Hazlewood (a quien los veteranos del lugar recordamos como entintador de Chas Truog en Animal Man) hace lo que puede ilustrando el guión de Gray y Palmiotti.




Lois Lane recibe el encargo de Perry White de escribir un nuevo artículo sobre Superman, pero uno especial, acerca de su desaparición aparente. Lois debe examinar entonces su relación profesional con la figura de Superman a la vez que sus sentimientos personales. Rememorando sus primeros encuentros, la entrevista que dio a conocer al mundo al último hijo de Krypton o algunas de sus hazañas Lois Lane reflexiona sobre el modo en que el mundo percibe a Superman y la huella que las acciones de éste dejan en la humanidad. Mientras que el artículo va madurando entra en la vida de Lois Richard White, sobrino de Perry que pronto adquirirá una importancia mucho mayor en su vida. Finalmente, y tras dar a luz a un niño (sin que en ningún momento se mencione quién puede ser el padre, aunque será Richard quien la acomañe en el paritorio) Lois escribe el artículo Porqué el mundo no necesita a Superman, que le valdrá el premio Pulitzer.




Este es un especial muy importante para lo que narrará Superman Returns, ya que por un lado debe explicar la evolución en la personalidad de Lois, que rehace su vida a nivel profesional y sentimental al margen de Superman, y por otro debe introducir a un personaje completamente nuevo, Richard, y lograr que no caiga antipático ni sea demasiado blando. Además, la evocación de algunos de los momentos imborrables de Superman, como el vuelo nocturno o el rescate del helicóptero ponen los pelos de punta. Lástima que el dibujo de Hazlewood sea tal vez el menos lucido de los cuatro especiales. Otro gallo hubiese cantado si Adam Hughes, autor de las portadas que van de lo nostálgico a lo preciosista (caso de la de Lois Lane, sin ir más lejos) se hubiese encargado de dibujar alguna de las historias.



Por si se han quedado con ganas de más, DC recopiló los cuatro especiales en un bonito tomo que, además, Planeta sacará a la venta este mismo mes, así que si quieren atar todos los cabos, no se lo pierdan.

Por cierto, pido perdón por la calidad de los escaneos, que como ya habréis comprobado no es lo mío. Las escenas en panorámico sobrepasaban el tamaño de mi máquina, pero es que son tan bonitas y me traen tantos recuerdos que no me he podido resistir.

jueves, noviembre 07, 2013

El Clavo/Otro Clavo: Alan Davis y el Universo DC en todo su esplendor

Por culpa de un clavo la herradura se perdió,
por culpa de una herradura el caballo se perdió,
por culpa de un caballo el caballero se perdió,
por culpa de un caballero la batalla se perdió,
Por culpa de una batalla el reino se perdió.
Y así un reino se perdió... todo por culpa de un clavo.


El Clavo: Un mundo sin Superman

Una tranquila noche en Kansas, 20 años en el pasado. El matrimonio formado por Martha y Jonathan Kent se preparan para un paseo nocturno en coche cuando contemplan con fastidio la rueda pinchada de su furgoneta. Renunciando a su salida nocturna, en el cielo, sobre ellos, brilla con fuerza un cuerpo celeste proveniente de un extinto y lejano planeta, con el que ya no tendrán un crucial encuentro.

En el presente, el mundo está en un momento de cambio y convulsión. Las actividades super-heroicas se hallan en el punto del huracán mediático por las consecuencias de acciones como las llevadas a cabo por la Liga de la Justicia, en las que algunos de sus miembros acaban gravemente heridos -Green Arrow- o muertos -Hawkman-. La imagen entre la ciudadanía se deteriora todavía más cuando el periodista Perry White dirige una campaña de descrédito contra los miembros del grupo que pueden ser considerados ajenos a lo humano, alienígenas por su procedencia o condición, como es el caso de Wonder Woman, Aquaman o el Detective Marciano. Por contra, sus compañeros Green Lantern, Flash o Atom, humanos, sufren el acoso de una opinión pública que más que como héroes los percibe como peligros para la seguridad pública. Otro miembro de la JLA, Batman, abunda en esa mala imagen cuando una de sus incursiones en el manicomio Arkham, tomado por los reclusos dirigidos por un Joker más letal que nunca, finaliza con catastróficas consecuencias, dejando la imagen de Batman dañada y su psique y su moral completamente destruidas.


Poco a poco la campaña de White, apoyada desde la alcaldía de Metropolis por Lex Luthor, hace más irrespirable el ambiente para la comunidad super-heroica, a lo que contribuye una serie de misteriosos y letales ataques contra grupos como la Patrulla Condenada o los Outsiders. Los miembros de la JLA viajan a lo largo y ancho del planeta en busca de respuestas, Batman se hunde en la auto compasión y Lex Luthor finalmente da el paso definitivo, implantando una suerte de estado de sitio en el que los héroes serán perseguidos y encarcelados, todo ello garantizado por un cuerpo de robots conocido como los liberadores. Al borde de una crisis mundial de proporciones aterradoras la comunidad heroica deberá unirse, restañar sus heridas y alzarse contra el mal que les rodea, quizá contando con la ayuda de un amigo de otro mundo al que todavía no habían podido encontrar.


Otro Clavo: El Universo al borde del abismo

El milenario enfrentamiento entre los mundos de Apokolips y Nueva Genesis ha llegado a un punto sin retorno cuando Darkseid encuentra el arma definitiva con la que llevar a cabo sus planes de conquista y destrucción universales. Solo la intervención del Cuerpo de Linternas Verdes y el sacrificio de uno de los Nuevos Dioses es capaz de frenar la amenaza de Darkseid y su Bomba de la Condenación. Esos eventos, ocurridos durante la crisis de Lex Luthor en la Tierra, son referidos  a sus compañeros por Linterna Verde a modo de aviso. Los sucesos ocurridos a eones de distancia pueden llegar a amenazar a la Tierra y a la existencia entera en cualquier momento.


Un Superman que ha adoptado el papel de campeón de la humanidad y se ha unido a la JLA busca encontrar su lugar en un mundo que es completamente ajeno y diferente a todo lo que conocía. Mientras, sus compañeros investigan la presencia de sicarios de Apokolips en la Tierra y la extraña pérdida de energía que está sufriendo la batería central de poder en Oa. Batman y Batwoman, enzarzados en una atormentada e interminable lucha contra el crimen en Gotham se ven acosados por los demonios de su pasado, unos demonios que van cobrando una tangible y aterradora realidad. Para terminar de redondear la situación, Flash y Átomo cruzan accidentalmente la barrera entre universos y llegan a Tierra 3, donde llamaran la atención de su viciosa contrapartida, el Sindicato del Crimen de América. Finalmente los héroes serán capaces de descubrir la entidad que se esconde tras todas y cada una de esas amenazas, una entidad arcana y primigenia frente a la cual, quizá, ni todos los poderes reunidos del Universo puedan hacer nada.


Los Otros Mundos DC de Alan Davis

Con El Clavo y Otro Clavo nos encontramos con dos series limitadas en formato prestigio de tres números de extensión cada una de ellas, ambas englobadas en su momento en la línea Elseworlds de DC, en la que la editorial situaba todas aquellas historias alternativas que no tenían cabida en el universo DC tradicional al jugar con conceptos o personajes alterados ubicándolos en situaciones e historias nuevas. Esto permitía una gran libertad creativa a los autores de esa línea, que aunque con los años permitió la aparición de decenas de truños editados con el único y exclusivo interés crematístico, también facilitó que un reducido grupo de artistas colocaran a los héroes DC en sitaciones alocadas y extrañas que iban desde el terror a la fantasía o la ciencia ficción, ofreciendo obras de cierta enjundia, bastante por encima de la media. Sin ánimo de ser exhaustivo, y por citar algunas de esas obras, nos encontraríamos la fundacional Batman: Luz de Gas (y su secuela Amo del futuro) de Mike Mignola, Superman: Hijo Rojo (Millar y Johnson), la obra maestra absoluta que es Kingdom Come (Waid y Ross), Superman/Batman: Generaciones de John Byrne (que consta de tres series, dos de ellas absurda e inexplicablemente inéditas en nuestro país) o JSA: Los Archivos de la Libertad (Jolley y Harris). Lo cierto es que el hecho de que haya tanta historia alimenticia y tebeo olvidable sólo contribuye a una cosa, a que historias como El Clavo y Otro Clavo brillen todavía más y destaquen por encima del resto.


El artífice absoluto de ello no es otro que el dibujante británico Alan Davis, que ejerce en estas dos series de autor completo. Davis, que cuenta con una dilatada trayectoria profesional que comenzara  en Gran Bretaña en los primeros años 80 pronto llamó la atención del mercado americano. Sus primeros pasos allí fueron en la editorial DC, donde formó un fructífero equipo artístico con el guionista Mike W. Barr, con el que trabajaría en las series Batman y los Outsiders y en Detective Comics. Aunque su trayectoria profesional le llevaría a una larga etapa trabajando para Marvel en decenas de títulos, con joyas como Excalibur (junto a Chris Claremont) o ClanDestine (como autor completo), se nota que existe un cierto aprecio por esos primeros trabajos y los personajes con los que trabajó en DC. Llegado cierto momento de su carrera, Alan Davis se desvinculó de lo que vendría a ser el trabajo en series regulares y se dedicó a etapas cortas o a series limitadas como Killraven o Cuatro Fantásticos: El Fin. En esta coyuntura surge un proyecto como El Clavo, una serie limitada que fue editada en el año 1998, en la que ejerció como autor completo y en la que contaba con libertad absoluta para trabajar con personajes icónicos conocidos por el autor.


Lo primero que llama la atención de las series es el profundo conocimiento del Universo DC del que hace gala Davis. Además, deja de lado las tradicionales presentaciones o prólogos argumentales que tanto lastran este tipo de proyectos, y con tan solo dos páginas plantea el meollo argumental de la historia: ¿qué habría sucedido si los Kent, por culpa de un inoportuno pinchazo, no hubiesen descubierto la nave espacial en la que Kal-El llegó a la Tierra? A partir de ahí construye un relato in medias res en el que la JLA atraviesa un periodo de falta de confianza interna y recelo externo, con decenas de personajes en danza a los que el conocedor del UDC ubicará al instante pero a los que el lector casual entenderá en el contexto de su historia pero no les sacará todo el partido argumental al desconocer de donde provienen o el porqué de lo chocante de su situación o de sus acciones. El respeto y cariño por los personajes se aprecia especialmente en el trato a Batman y a la línea argumental que se extiende a lo largo de las dos miniseries en su enfrentamiento con el Joker y con los remordimientos por las pérdidas sufridas en su larga e interminable lucha contra el crimen.


A nivel argumental nos encontramos con dos planteamientos diferenciados pero coherentes. En El Clavo nos presenta a unos héroes carentes de un referente moral superior, de una piedra de toque  que permita ajustar el conjunto y centre su papel en el mundo. La amenaza en la sombra que mezcla los tejemanejes de la prensa y la política y la sorprendente mano oculta que orquesta todo el conjunto nos permite asistir a una historia de caída en desgracia y redención por parte de toda la comunidad heróica, con especial cuidado en mostrar un momento tan icónico como la revelación al mundo de la presencia del Último Hijo de Krypton. Por contra, Otro Clavo hace hincapié en la vertiente cósmica del UDC, con un largo prólogo ubicado en el universo del Cuarto Mundo creado por Jack Kirby, y especial atención a los personajes de Darkseid como némesis definitiva y Big Barda y Mr. Miracle como héroes de la función. No sólo ellos tendrán especial importancia en esta historia, sino que la presencia de los Nuevos Guardias y los Linternas Verdes será determinante para el devenir de la historia, así como la intervención de algunos héroes místicos de la editorial. Davis coge los juguetes con los que ya se había acostumbrado a trabajar y multiplica los cameos, las referencias, los juegos argumentales, para no dar descanso ni al lector casual que quiera leer un buen tebeo de pijamas ni al DC fan que busca y encuentra el sentido de aventura y maravilla tan a menudo difícil de encontrar en las series regulares y un tratamiento lleno de cariño y respeto para los personajes que ama.


A nivel gráfico poco podemos decir del trabajo de Alan Davis que no se haya dicho ya... pero lo vamos a intentar. Con influencias reconocidas de autores de la talla de Neal Adams, Gil Kane o Barry Smith, Alan Davis ha llegado a ser uno de los artistas más reconocibles e imitados -o copiados, según a quien le pregunten- del panorama actual. Con gusto por el dibujo de formas suaves y redondeadas, llenas de volumen, un claro sentido de la narrativa, siempre fluida y clara pero no ceñida a ataduras formales, el dibujante británico no pierde de vista el público al que van destinados sus comics, y el amplio espectro de edad que abarca. Concretamente en estos trabajos mantiene un nivel narrativo exquisito, y adopta una estructura casi capitular adaptada a la habitual división de las historias de la JLA en momentos autoconclusivos protagonizados por parejas o miembros en solitario. Cada uno de esos momentos es rematado por una espectacular splash page de acción, sin dejar de lado para los momentos finales de acción de algunas de esas páginas dobles ante las que un lector no puede hacer otra cosa más que quitarse el sombre, ponerse en pie y aplaudir.


¿Porqué les hablo hoy, a finales del 2013, de un tebeo que fue mi primera adquisición del Previews, allá por 1999, en una librería que lleva 13 años cerrada? Pues porque recientemente hemos podido ver en las estanterías de nuestras librerías la enésima última nueva edición de una obra que ha sido publicada ya por tercera vez en nuestro país. Entiéndanme, no me quejo de que se edite de nuevo El Clavo, un tebeo impresionante de obligada lectura para todos los aficionados al comic de super-heroes. Sí me quejo de que nos encontramos ante otra edición independiente tratando como si de una novedad se tratara a un tebeo que tiene ya tres lustros a sus espaldas y cuya continuación, publicada en el 2004, cuenta ya casi con una década. ECC ha jugado a repetir la tirada sin arriesgar lo más mínimo y sin pensar en el lector hispano que, quizá, habría agradecido un recopilatorio -no integral, ni ultimate, ni leches- simple y llano de las dos series, un Clavo/Otro Clavo por 20 euritos que habría sido regalo perfecto para estas navidades. Pero por qué hacer eso, cuando en breve aparecerá la segunda parte -siempre que esta venda lo suficiente-, y en un par de añitos nos espolsarán, entonces sí, el tomo doble en tapa dura a precio ajustado para el momento... Y esta es la triste historia del lector de DC en España, comprando los MISMOS comics en ediciones no tan DIFERENTES desde 1989... Y con 75 años de tebeos e historias a sus espaldas, eso acaba picando un poco... Para terminar. Los que no lo tienen o no lo han leído, pecado perdérselo. Para los que lo hayan disfrutado, o ya tengan alguna edición previa, pues aprovechen para releerlo, que sigue mereciendo muy mucho la pena. Y a ver si le dejan hacer a Mr. Davis esa tercera historia que tenía en mente, una especie de The Final Nail que cerraría la que a buen seguro sería una trilogía redonda.

jueves, octubre 17, 2013

El Servicio Secreto: Espías de hoy en día

El joven Gary malgasta sus días en los arrabales de Londres, en un hogar de bienestar social junto a su hermano pequeño, su madre y su padrastro, un hooligan con afición a la bebida y a hacer que su hijastro pequeño le líe los porros mientras sus amigotes le ríen las gracias. Asfixiado por un entorno sin salida y sin futuro alguno, Gary pasa las noches realizando incursiones nocturnas junto a sus colegas, robando coches que conducen a toda velocidad por las calles y eludiendo a la policía como buenamente pueden. Una de esas escapadas nocturnas acaba con los huesos de Gary en el talego, y su madre se ve obligada a recurrir al tío Jack, un hermano que se desentendió años atrás de esa rama de la familia y que ha llegado a ocupar un cargo indeterminado de cierta categoría en las fuerzas de seguridad británicas. Gracias a ello Jack consigue una vez más sacar a su sobrino Gary del aprieto y devolverlo sano y salvo al infierno que el muchacho llama hogar. Durante el camino de vuelta Jack es consciente de lo mucho que ha dejado de lado a hermana y sobrinos, y decide contarle a Gary la cruda verdad. El tío Jack no es un simple funcionario del gobierno, o un agente de las fuerzas del orden, el tío Jack es...



Jack London, al Sevicio de Su Majestad, es el agente mejor preparado, más efectivo y más letal sobre el terreno con el que cuenta el Servicio Secreto británico, un super espía capaz de infiltrarse en las fortalezas más vigiladas, de derrotar a los cuerpos de seguridad mejor preparados sin siquiera comenzar a sudar, y de seducir a las mujeres más hermosas con un simple gesto. La ajetreada vida de Jack London le ha mantenido ajeno a la situación real de aquellos que más debieran importarle, aquellos que en el fondo suponen la base más cercana de aquello por lo que lucha, el pueblo británico. Decidido a hacer algo por su sobrino, Jack London conseguirá que Gary sea admitido en el programa de preparación de espías, un selecto y exigente proceso de entrenamiento al que pocos consiguen acceder y del que todavía menos consiguen graduarse con méritos.



Así, mientras que Gary debe descubrir si en el fondo es el hombre que su tío ha creído ver y trata de exprimir todas las habilidades y capacidades que posee para superar con éxito las difíciles pruebas que los aprendices de espía afrontan a diario, Jack London se enfrentará a un reto digno de su reputación. A lo largo y ancho del planeta eminencias de la ciencia, la cultura y el espectáculo están siendo secuestrados por una organización de vastos recursos cuya dirección permanece en el más absoluto misterio. Un plan cada vez más siniestro y de proporciones más gigantescas se irá desvelando al tiempo que tío y sobrino, agente y aprendiz, se conocen y se aproximan a dar la medida de lo que su país espera de ellos. Ni más ni menos que lo mejor de sí mismos, y llegado el caso, hasta la última gota de sangre por el bienestar y la gloria de la Corona Británica.



El Servicio Secreto es una serie limitada de seis números, escrita por Mark Millar -con la aportación de Mattew Vaughn para la concepción de la historia- y dibujada por Dave Gibbons que fue publicada en el año 2012 dentro del sello editorial Icon Comics perteneciente a Marvel, y en el que los autores mantienen los derechos intelectuales sobre su propia obra. No es el primer trabajo de Mark Millar en este sello, en el que además han aparecido otras series suyas como las pertenecientes a la ahora franquicia Kick Ass, la más que estimable y recomendable Nemesis o Superior. Con un marcado carácter autoconclusivo, nos encontramos con una historia perfectamente cerrada -aunque con la posibilidad de desarrollar a los personajes en otras historias- que toma como punto de partida el concepto de agente secreto acuñado por Ian Fleming a mediados del pasado siglo en las novelas de James Bond, posteriormente adaptadas al cine en una serie de producciones que se han convertido en todo un icono de la cultura pop y en un mito trasladable a cada nueva generación mediante las nuevas personificaciones de ese agente secreto elegante, cosmopolita, seductor cuando la ocasión lo requiere, y en todo momento letal y capaz de los actos de violencia necesarios para mantener el equilibrio político y la paz mundial.


Con ese referente en mente, Millar y Vaughn nos vuelven a presentar a un protagonista juvenil, desnortado y sin futuro -similar al de Kick Ass, pero en un entorno más degradado- que encontrará en su tío una figura de referencia y modelo que le impulsará a encontrar dentro de sí mismo aquello que le convertirá en alguien completamente diferente. Así, Gary pasa de ser un delincuente callejero a esforzado aprendiz de espía, no sin que Millar se tome a choteo algunas de las convenciones del género, como la estructura burocrática del MI6, el entrenamiento en seducción o habilidades sociales y el empleo de gadgets. En este apartado de la historia los guionistas consiguen momentos de genuino humor que no me duele en prendas reconocer me arrancaron verdaderas carcajadas. Por contra, el segundo nivel de la historia, que desarrolla la trama de espionaje propiamente dicha en la que se ve inmerso Jack London, oscila entre las espectaculares escenas de acción y el empleo de los diversos tópicos a los que nos ha acostumbrado el género: el malvado megalómano y la exposición de sus planes de dominación mundial, la seducción de la fémina de turno, las conversaciones elegantes entre superiores y subordinados...


Entre ambas tramas, Millar se las ingenia para que Jack y Gary tengan un par de conversaciones íntimas que resultan de lo más destacable de la historia, acercando por un lado a ese joven que ha sido poco menos que arrojado por la sociedad a un vertedero sin posibilidad de futuro y por otro al agente y espía que presenta una pose de lujo y sofisticación al servicio de Su Majestad y de las sucesivas misiones pero que en la realidad se plasma en una vida espartana, anodina y gris en la que sólo hay intervalos entre uno y otro trabajo y poco queda para el hogar o el futuro. La costumbre de London de guardar los recortes de sus "hazañas" y empapelar con ellas la pared de su casa es otro gran hallazgo del guionista, que además supone una verdadera pulla a los media británicos y a sus sofisticados e interesantes contenidos, todo un reflejo de la decadencia social y cultural del antaño glorioso Imperio Británico. Soy reticente a otros trabajos de Mark Millar en tanto que es un guionista que a pesar de sus buenas ideas se deja llevar por una tendencia a epatar al lector con fuegos artificiales vacuos, muchas veces complacientemente referenciales, aunque en este caso el escritor consigue refrenar esa tendencia y sólo la aparición de algunas figuras destacadas de la cultura popular -alguna de las cuales sufrirá un destino más que aciago- caen en esa tendencia que me resulta ciertamente molesta pero que en esta serie es un elemento menor fácilmente sosyalable por los muchos aciertos de la historia.


En el apartado gráfico nos encontramos con un Dave Gibbons prodigioso que pone al servicio del Servicio Secreto -si me permiten la redundancia- todo su buen hacer narrativo, depurando su estilo hacia una limpieza de trazo casi minimalista y reflejando a la perfección desde los entornos degradados de los suburbios londinenses hasta la sofisticada e imposible base secreta del villano en la típica y tópica localización improbable y exótica. Un homenaje más que sentido al universo de James Bond, con un sano y eficaz sentido del humor, con referencias culturales geek, un acertado toque cínico y desmitificador y una mirada amarga a la sociedad británica contemporánea -y por extensión, al resto del mundo, no nos engañemos-, con unos personajes interesantes de los que no me importaría en absoluto poder volver a leer futuras nuevas historias. Ni más ni menos eso es lo que encontrarán ustedes en The Secret Service. Ah, Mark, si siempre encontraras ese equilibrio entre lo que quieres que mole y lo que mola de verdad, todos tus tebeos serían mucho más molones, guays y cool...

viernes, octubre 04, 2013

Antes de Watchmen (IV): Breves reflexiones finales y dos palos... ¡¡¡dos palos!!!

Creo que a nadie se le escapa que nos encontramos con Antes de Watchmen con un proyecto destinado a explotar un fenómeno del medio como la serie limitada creada por Alan Moore y Dave Gibbons hace casi tres décadas, una explotación legítima por parte de una editorial que no solo posee los derechos de la historia y los personajes, sino también la de aquellos que sirvieron de punto de partida y modelo para los autores británicos. Puestos en la tesitura de emprender un proyecto de marcada índole comercial, también queda claro que la editorial recurrió a sus autores más destacados o a solventes profesionales de la industria, buscando lograr el mejor resultado posible. En este caso ese resultado óptimo sería el de no atentar en demasía contra la obra original por un lado y por otro conseguir un rendimiento comercial aceptable. Creo que vistos los resultados, también podemos afirmar que DC ha logrado un éxito a medias, ya que se ha hinchado a vender tebeos y tomos recopilatorios pero ha obtenido unos resultados artísticos un tanto mediocres, por lo menos por lo que a mí respecta. Conste que no tenía ninguna animadversión de partida hacia el material. La explotación cultural de iconos que me gustan ha probado con el paso de los años que se puede ofrecer material muy digno partiendo de lo escrito por otros, por mucho nivel que este tuviera. Un caso paradigmático serían las andanzas de Sherlock Holmes fuera del canon, pastiches de tal nivel como La liga de los Hombres Extraordinarios creada por el propio Alan Moore o el homenaje a la cultura popular desarrollado por Warren Ellis en Planetary.


Pero partimos de la base de que, según se afirmó en su momento, habría máxima fidelidad a la obra original, se trataría el material con respeto, esto, aquello, blablabla y lo demás... Y luego pasa lo que pasa. Si de algo se puede acusar a Antes de Watchmen es que falla en sus cimientos, al carecer de una dirección clara a nivel editorial que estipule unas bases homogéneas para todas las series y las mantenga a lo largo del transcurso de las mismas, logrando una unidad formal más allá de los logos de las portadas. Igualmente ya he ido señalando a lo largo de las breves reseñas dedicadas a cada una de las series que los guionistas, y concretamente Darwin Cooke y Brian Azzarello, caen en el profundo error del revisionismo de la obra de Moore, enmendándole la plana a aquel en dos cuestiones que quedaban sugeridas en la obra original y que transforman a su antojo para conseguir forjar el esqueleto argumental de sus respectivas series. Tanto es así que si hubieran respetado el canon de Watchmen ninguno de los dos -sobre todo Azzarello- habría podido contar la historia que narran en Minutemen o El Comediante. Algo que ha parecido escasear en los últimos tiempos en la editorial, como es la libertad creativa, es lo que redunda en perjuicio de estos planteamientos argumentales.

Vamos ya directamente con los dos palos que hacen que un servidor piense que se encuentra ante un intento meritorio pero fallido. El primero es formal, y comprende todas las series, excepto una, la más fiel al original y una de las mejor valoradas por mí. Me refiero a la del Doctor Manhattan, en la que Adam Hughes apoyado por el espectacular color de Laura Martin logra una mimesis con el modelo original escalofriante, hasta el punto de que podría ser un apéndice a aquel famoso número de Manhattan en Marte. Si algo ofreció Watchmen en su momento a nivel formal fue un formato estricto que entre otras muchas cosas seguía dos principios básicos: una narración estructurada en una estructura de 9 viñetas por página divididas en tres filas, que Gibbons alteraba a voluntad atendiendo a las necesidades de la historia, y la total ausencia de efectos de sonido -onomatopeyas- en las escenas de acción o contextualización. Quizá lo primero resulte constrictivo para la libertad creativa de los artistas, que quieran narrar los acontecimientos con su propio criterio, pero de hecho nos encontramos con que Jae Lee crea su propio modelo narrativo con profusión de viñetas circulares y logra un resultado muy meritorio. En lo que sí caen la mayoría de las series es en el empleo de onomatopeyas varias y efectos de sonido que rompen directamente con lo que podría haber sido una homogeneidad formal de un proyecto que pretendía rendir tributo al original.


El segundo palo va a la salud de Brian Azzarello y de los editores que no quisieron sentarse con él y hacerle recapacitar el planteamiento argumental de su historia. El asunto es reflejar la dicotomía entre el clan Kennedy y las brutales acciones del Comediante, un asunto repleto de drama, dolor y traición con una escena tan presuntamente conmovedora como aquella en que Moloch y Blake contemplan las imágenes del magnicidio de Dallas. En un artículo que acompaña a la edición española, y en referencia a la implicación de Blake en dicho asunto, el firmante indica que "en la obra de Moore no hay alusión directa a dicho asesinato, tan solo un chascarrillo que Blake..."... Sostener la falacia de que Moore no sugiere lo que incluso los guionistas de la adaptación cinematográfica explicitaron es aventurado, pero además enmendar la plana al propio Moore para encajar esa historia es un colofón digno para alguien que no debe haber leído Watchmen con demasiada atención. No me resultó difícil localizar la viñeta en la que el hombre más inteligente del mundo desvela los engranajes ocultos a sus adversarios y por ende al lector y establece con claridad todo lo contrario.


Leídas todas las series, superada la decepción de unas, lograda la lectura árida de otras y disfrutadas con bastante interés aquellas que más reparos podrían haber presentado -Manhattan y Ozymandias, para que conste en acta- cabe decir que Antes de Watchmen habría debido ser un proyecto englobado dentro de un Otros Mundos, una suerte de mundo alternativo al de los vigilantes en el que el Comediante no mató a JFK y en el que Justicia Encapuchada era lo que aquí nos cuentan que fue -restando además maldad al personaje de Blake y convirtiéndole en poco menos que un héroe a su pesar-. Lo que resulta más curioso de todo es que el propio Straczinsky plantea esa posibilidad en su serie en la que ofrece múltiples posibles futuros dependiendo de las acciones que emprenden los personajes de la serie. Me quedo con Watchmen serie limitada, con la película como digna adaptación, y honestamente, no creo que vuelva a leer estos tebeos... A menos que hagan un Después de Antes de Watchmen con nuevas aventuras de Rorschach, Búho y compañía, en cuyo caso refrescaré la memoria para encontrarle fallos al nuevo material y trolear a gusto... Y como diría Forrest Gump, esto es todo lo que tengo que decir sobre esto...

miércoles, octubre 02, 2013

Antes de Watchmen (III): Vigilantes en serie (II)

Continuamos con el repaso a las series que conforman este proyecto que ha tardado más de dos décadas en salir a la luz y que si bien a nivel de crítica parece haber pasado sin pena ni gloria, tenemos que reconocerle a Dan DiDio su olfato carroñ... estooo comercial a la hora de seleccionar una historia que homenajear y unos creativos a la altura de aquellos dos ingleses locos que se pusieron a deconstruir el género allá por los años 80. Lo cierto es que las series de las que hablaremos hoy se centran en el grueso de la nueva generación de vigilantes que nació a la sombra de los Minutemen.

Espectro de Seda

La historia: Laurie es la hija de Sally Jupiter, la Espectro de Seda que en los años 40 fue heroína, figura mediática y mujer objeto. Toda su vida se ha desarrollado entre las expectativas que su madre ha depositado en ella, y en su compleja relación con los hombres, como su antiguo agente y padrastro, o los compañeros de su madre, como Hollis Mason y Eddie Blake. Atravesando la crisis de la adolescencia en los convulsos años 60, Laurie decide emprender junto a su novio una fuga a San Francisco, la ciudad de las flores y el amor en pleno auge del movimiento hippie, la psicodelia y la experimentación con las drogas. Lo que encontrará en esa ciudad tendrá muy poco que ver con el amor y mucho con la traumática asunción de su propia herencia.


Los autores: Segunda aportación de Darwyn Cooke, que en esta ocasión se encarga de escribir una historia sumamente ingenua y que tira de todos los tópicos habidos y por haber en lo referente al movimiento hippie y beatnik que se desarrolló en los años 60 en torno a la ciudad de San Francisco.  En el aspecto gráfico nos encontramos con una maravillosa Amanda Conner, cuyo estilo vistoso, limpio y suave resulta perfecto para reflejar la belleza de la ciudad de San Francisco y la variedad de escenarios que se nos presentan, desde los antros protodiscotequeros con mafiosos con cara de estrella de cine, a los alrededores del Golden Gate, pasando por las reuniones de espíritus libres de aquella época o los delirios psicodélicos provocados por la ingesta de drogas.

El resultado: Lo mejor de la historia es el desarrollo de las relaciones que Laurie establece con dos figuras paternales tan opuestas en su metodología y diferentes en sus caracteres como serían el Búho y el Comediante, el antiguo amante y el mejor amigo a los que recurrirá Sally Jupiter para recuperar a su hija. La serie se resiente del contrapunto entre el planteamiento ingenuo y casi naif de Laurie enfrentado a la realidad de una red criminal que extiende sus redes sobre la ciudad extendiendo el consumo de sustancias alucinógenas, tan bien plasmadas por Amanda Conner. Sin duda el punto más destacable de esta serie -el gráfico, no las sustancias alucinógenas, no me sean malpensados-. 6/10

Búho Nocturno

La historia: La pareja formada por Rorschach y Búho Nocturno causa estragos entre los criminales de la ciudad. Un fortuito encuentro con una misteriosa mujer dedicada a la prostitución sadomasoquista, Lady Crepúsculo, provocará un enfrentamiento entre los compañeros. Mientras que Dan Dreiberg, el nuevo Búho Nocturno, caerá subyugado bajo los notables encantos y la fuerte personalidad de la mujer, Rorschach proyectará en ella toda la rabia y la frustración acumuladas en su infancia por culpa de su madre. El equipo separará sus caminos temporalmente, el primero afrontando una serie de brutales crímenes contra el mundo de la prostitución y el segundo orientando su camino hacia el mundo de la fe, aunque sus caminos acabarán confluyendo de forma irremediable y ambos se verán enfrentados a unos demonios ocultos bajo la superficie que amenazarán su propia existencia.


Los autores: J. Michael Straczynski escribe esta serie con la intención de desarrollar la dicotomía entre las personalidades de Dreiberg y Kovacs, además de presentar algunas de sus aventuras en común y de paso explicar aquella foto dedicada en el piso de Dan sobre la que bromeaba con Laurie en un momento de Watchmen. Buenos diálogos y algún que otro giro previsible pero no molesto es lo que nos depara una historia que en lo gráfico reunía a un equipo creativo de lujo, Andy Kubert al dibujo y Joe Kubert a las tintas. O lo que es lo mismo, hijo y padre o alumno y maestro, ofreciendo un trabajo cargado de lineas y contrastes, urbano y sucio acorde a lo narrado. Desgraciadamente el fallecimiento de Joe Kubert a mitad del proyecto provocó que tuviera que ser terminado por Bill Sienkiewicz.

El resultado: En este caso la cabecera debiera haber sido Búho Nocturno y Rorschach, porque ambos comparten protagonismo casi al cincuenta por cien, quizá por aquello de que Dreiberg parece un personaje menos rico en matices y posibilidades que el vigilante de la gabardina y el test de manchas en la cara. Lo cierto es que la historia se desarrolla a dos niveles entre la trama de relación personal y trama criminal emprendida por Búho y Crepúsculo, y la búsqueda de Rorschach de hallar algo de paz en su convulso mundo interior y de encontrar una brújula moral adecuada que guíe sus pasos. Lo cierto es que aquí, una vez más se cae en el gran error del proyecto, que es forzar las cosas al máximo, y se hace afrontar a Rorschach un horror por lo menos asimilable al de aquel abismo que le devolvía la mirada en la serie original, sin que al parecer le afecte ni la mitad. Cosas que tienen los asesinatos, nunca sabes cual es el que verdaderamente te va a cambiar la vida... 6/10

Rorschach

La historia: En el corazón podrido de la ciudad de Nueva York, Times Square, la banda de Rawhide se ha ido apoderando progresivamente de los negocios de prostitución y tráfico de drogas, acaparando el control de los mismos. Un Rorschach en el filo de la navaja, prosiguiendo su obsesiva carrera contra el crimen, emprenderá una cruzada para acabar con Rawhide y sus secuaces, afrontando una lucha brutal en la que su propia vida correrá peligro. Sólo hallará refugio en la cafetería Gunga Diner, en la que una amable camarera podría ser capaz de resquebrajar sus miedos y traumas y atravesar la armadura con la que Walter Kovacs ha protegido el débil hálito de cordura que su madre, la sociedad y el crimen le han dejado en el fondo de su mente. Pero otro depredador camina por las calles de Nueva York, escurridizo, letal, silencioso, invisible...


Los autores: De nuevo nos encontramos con Brian Azzarello escribiendo a otro de los personajes duros de la serie original, en un entorno de crimen y degradación urbana que deberían adaptarse a la perfección tanto al personaje como al entorno que describe la historia. Lo mejor que puedo decir del guión de Azzarello es que es funcional y que enclava el relato en las claves que esperamos del personaje: desequilibrio psicológico, inestabilidad social, violencia extrema... En el apartado gráfico nos encontramos a un excepcional Lee Bermejo haciendo gala de un estilo de dibujo hiperrealista que refleja perfectamente el decadente entorno urbano del Nueva York de los años 70 en el que se desarrolla la historia.

El resultado: La mirada a la oscuridad y el horror del personaje adorado por los lectores acaba por ser eso, una simple mirada que repite el esquema que todos esperaríamos del personaje: reflexiones deprimentes y negativas en el diario, escenas de brutalidad y decadencia urbana, y un ambiente un tanto apocalíptico en el entorno criminal de la ciudad que nunca duerme. A Rorschach se le vapulea con demasiada facilidad, no infunde respeto alguno entre los criminales, y al final las tramas parecen resolverse por ciencia infusa o dejarse al albur de un azar que no termina de ser del todo realista. Sobresale el gran trabajo de Lee Bermejo para ilustrar una historia funcional que cumple simplemente, y eso hablando de un proyecto de estas características, es toda una decepción. 6/10

Dr. Manhattan

La historia: El Dr. Manhattan se halla perdido en sus reflexiones atemporales, sumido en su universo de simultaneidad cuántica, repasando los acontecimientos que le han llevado hasta Marte y la incertidumbre de un futuro cercano que se le presenta lleno de muerte y destrucción y que por primera vez en su existencia como señor del tiempo y la materia aparece oscuro e incierto. Una duda, una leve alteración durante una de esas visiones acaba por generar algo aterrador para Manhattan, toda una miriada de universos alternativos en los que Jon Osterman no ha sufrido el accidente fatal de la separación de campos intrínsecos, o en el que su relación con Janey Slater no se rompe por su atracción por Espectro de Seda. Cada nueva decisión de cada alter ego acaba generando nuevas realidades paralelas, nuevos universos, nuevas posibilidades, que amenazan la existencia del propio universo. El Dr. Manhattan, como una rata en un laberinto, se verá forzado a elegir entre volver a lo que fue en primera instancia o en afrontar otra, todas o ninguna de esas realidades diferentes.


Los autores: Llegamos ya a la última de las series con el tercer trabajo de J. Michael Straczynski como guionista, situando su historia antes, durante y después de la trama narrada en Watchmen, y encajando su relato de posibilidades, dudas e incertidumbres entre los intersticios de lo estipulado y narrado por Moore con la habilidad de un orfebre. Acompañándole en la labor gráfica nos encontramos con un Adam Hughes estupendo que acerca su propio estilo al de Dave Gibbons para acercar todavía más esta miniserie a su alma mater.

El resultado: Junto con Ozymandias, para mí, la mejor serie del proyecto, que no tiene miedo de volver a repetir diálogos o situaciones de la serie original para enclavar una historia dentro de aquella, sin invenciones absurdas, sin contradicciones argumentales o sin alterar alegremente la esencia de los personajes. La indiferencia y la frialdad de un dios azul perdido en el tiempo y sumido en la perplejidad eterna cobran fuerza con las palabras de un Straczinsky que se mueve como pez en el agua en el campo de la ciencia ficción y con la potente narrativa de Adam Hughes, que llega a extremos de experimentación visual bastante interesantes para reflejar la progresiva aparición de esas realidades alternativas en las que sus personajes se encuentran cada vez más inmersos y más perdidos. 7/10

domingo, septiembre 29, 2013

Antes de Watchmen (II): Vigilantes en serie (I)

Vamos a repasar de manera somera y rápida las series de las que ha constado Antes de Watchmen, reseñando sus equipos creativos, la historia que nos narra en líneas generales y un breve apunto sobre cada una de ellas. A la hora de realizar el repaso he preferido seguir un orden más o menos cronológico de las mismas, aunque el criterio de ordenarlas por sus equipos creativos también habría servido.

Minutemen

La historia: En los años 60 un maduro y retirado Hollis Mason, ex policía y antiguo vigilante enmascarado bajo la identidad de Búho Nocturno, prepara unas memorias que recopilan todos los acontecimientos que condujeron a su carrera heroica y su participación como miembro del grupo de enmascarados conocidos como los Minutemen. Sus dudas sobre el material escrito las comparte con todos sus antiguos compañeros, que se muestran cuando menos reticentes a que muchos de los hechos narrados por Hollis salgan a la luz. Bajo la brillante y colorista imagen de aquel grupo que en los años 40 luchó contra quintacolumnistas y criminales se esconde una realidad vulgar y unos hechos oscuros y aterradores cuya revelación podría destruir la reputación de varias personas. La verdad sobre el Comediante, Espectro de Seda, Silueta, Polilla, Justicia Encapuchada, el Capitán Metrópolis, Dolar Bill o el propio Búho Nocturno puede ser mucho más de lo que el pueblo americano está preparado para asimilar.


El autor: Nadie parecía sobre el papel una mejor elección para realizar esta serie limitada de seis números que Darwin Cooke. Su magistral The New Frontier, todo lo cerca que estarán los personajes de la Edad de Plata de DC de tener su propio Watchmen le convertía en el candidato ideal, y en líneas generales realiza un buen trabajo de contextualización histórica, aportando al relato una gran dosis de melancolía y poniendo en imágenes y hechos la génesis de los Minutemen, a quienes nunca se vio en acción en la serie original. Con su habitual estilo cartoon, su habilidad para la escritura de diálogos fluidos y su excepcional narrativa, nos encontramos con un tebeo que busca un aspecto retro para reflejar una historia llena de matices y de claroscuros. Mención especial para el apartado del color, realizado por Phil Noto que maneja una paleta de colores primarios reflejando la aparente simplicidad del momento y los tebeos de la época.

El resultado: Para mi gusto el revisionismo en el que cae Cooke es excesivo, sobre todo en lo relacionado con el personaje de Justicia Encapuchada, con el que evita todo misterio o ambigüedad posible y, siempre desde mi punto de vista, acaba realizando uno de los cambios más injustos de todo el proyecto. La idea de hacer que Hollis Mason sea el hilo conductor mantiene el esquema argumental del arranque de Watchmen, con las visitas de Rorschach a todos los vigilantes en busca de respuestas. Reitero que quizá Darwin Cooke fuerza las cosas para que todo resulte interesado, egoísta, grotesco y cruel, aunque por lo menos hay que reconocerle el esfuerzo de ser más o menos fiel a un material previo sobre el que se explaya bien a gusto. 6/10

Dolar Bill

La historia: El joven Bill Brady, estrella del fútbol, vio truncado su futuro por una lesión inoportuna. Ante un futuro incierto y con pocas posibilidades, Brady acabó como mascota corporativa de un gran banco, interpretando al luchador contra el crimen Dolar Bill, cuya carrera acabaría cruzando los límites entre fantasía, trabajo y realidad de una manera que el propio Brady jamás habría supuesto.


Los autores: Len Wein escribe de forma correcta y funcional este número único dedicado a uno de los personajes más olvidados de los Minutemen, haciendo una suerte de biografía de Brady sin más florituras. Steve Rude, más clásico que nunca, mantiene su estilo personal al servicio de una historia sin mucha más historia.

El resultado: Quizá el más superfluo aporte del proyecto, un vistazo a una época y a un personaje que en realidad no aportan demasiado al cuadro general, con un estilo completamente neutro en lo argumental que mantiene el tipo gracias al buen hacer visual de Rude. 5/10

El Comediante

La historia: Eddie Blake, el vigilante conocido como El Comediante se cobijó bajo el ala protectora del gobierno al poco de ser expulsado de los Minutemen tras su "incidente" con Sally Jupiter. Encargado de realizar operaciones encubiertas y eliminaciones de carácter político tanto dentro como fuera del país, Blake llega a desarrollar una profunda amistad con el clan de los Kennedy, que le tratan como a alguien de la familia. Con los primeros escarceos de enfrentamiento militar en la antigua Indochina, el entramado industrial-militar estadounidense moviendo sus propios hilos para manejar la política interior de acuerdo a sus propios intereses y la corriente de renovación y cambio impulsada por los Kennedy entran en conflicto pleno. Las acciones llevadas a cabo por Blake le acabarán poniendo entre la espada y la pared y cierta isla desaparecida de los mapas que jamás debiera haber sobrevolado...


Los autores: Otra elección que parecía obvia para escribir esta serie limitada -6 números- era la de Brian Azzarello, guionista conocido por saber reflejar la psicología de personajes difíciles y por manejar argumentos complicados. La historia bascula entre los acontecimientos históricos de los 60 y 70 como si una suerte de Forrest Gump cínico y asesino pasara sobre el ascenso y caída de los Kennedy, los disturbios raciales o el inicio de la guerra de Vietnam. Para ilustrar ese descenso a los infiernos se optó por el dibujante J.G. Jones, con un estilo muy realista y la narrativa limpia que suele aplicar a sus trabajos.

El resultado: En este caso Azzarello se mea directamente en la obra madre, traicionando algo que estaba explicitado en la misma sólo para poder ajustar su propia historia y plantear una tesis que de partida resulta harto improbable, que un asesino despiadado y descreído como Blake fuera el mejor amigo del golfo, conectado con mafiosos irlandeses y la postre fallido presidente John Fitgerald Kennedy. Una gran oportunidad perdida, en tanto que este es el gran personaje de Watchmen, el que más matices podía haber permitido, y el convidado de piedra que más podía haberse desarrollado. Mañana me extenderé más sobre esta traición argumental que condena de partida una serie que podría haber sido mucho más digna. 4/10

Ozymandias

La historia: Adrian Veidt, rico heredero y niño superdotado, conoce desde bien pronto lo que es ser el más listo entre sus semejantes, despertando envidias de compañeros y suspicacias de sus maestros. Huérfano a los 16 años, decide desprenderse de su fortuna familiar y emprender un viaje de autodescubrimiento por Asia siguiendo los pasos de Alejandro Magno, su modelo e inspiración. La formación en artes marciales, su devoción por la cultura de los faraones y una coyuntura en la que resurgen los vigilantes enmascarados le llevarán a adoptar la identidad de Ozymandias y luchar contra el crimen. ¿Pero qué hará el hombre más inteligente y rico del mundo cuando le cuenten un chiste sobre la inevitable destrucción del mundo?


Los autores: Volvemos a encontrarnos con un Len Wein que en este caso urde los mimbres secretos que manejaban los hilos de la historia oculta de Watchmen para ofrecernos la historia pormenorizada de cómo Adrian Veidt llegó a ser el hombre que fue, y lo hace rellenando los huecos sin poner demasiado más que aquello que podría haber añadido el propio Alan Moore. Sin florituras ni poesía pero con el oficio que le dan sus años de experiencia, Wein cumple con creces. En el apartado gráfico nos encontramos a un excepcional Jae Lee, que parte de su estilo habitual y ofrece en los primeros números unas estampas americanas dignas de Norman Rockwell, y más adelante unas imágenes de gran belleza con la Antártida o Bubastis como protagonistas.

El resultado: La gran sorpresa del proyecto, la que debería haber sido más ardua y superflua lectura se torna en un fluido y entretenido relato que no inventa, sino que completa lo narrado o sugerido por Moore en el original de forma ágil y atractiva, ofreciendo momentos tan divertidos como los cruces dialécticos entre Veidt o su asistente. 7/10

Moloch

La historia: Condenado por un aspecto monstruoso a una vida de burla y aislamiento, el joven Edgar William Jacobi vuelca su frustración en el mundo de la magia. Su odio y resentimiento le abocará a una vida de crimen y disolución y a continuos enfrentamientos con los Minutemen y sus herederos espirituales. Tras uno de sus pasos por prisión,  una sorprendente oportunidad de redención se presentará ante Moloch...


Los autores: J. Michael Straczynski se enfunda las orejas del repudiado social y criminal Moloch y nos ofrece un retrato muy humano con un personaje con el que resulta muy fácil empatizar, y que no deja de ser otro de los grandes perdedores del fresco de Watchmen, con un destino condenado a repetir una y otra vez el ciclo de renacimiento y fracaso que acaba con sus huesos en la cárcel o con su destino en manos de terceros que lo utilizarán como un medio para sus aterradores fines. En la parte gráfica el argentino Eduardo Risso cumple con creces a la hora de reflejar la sordidez del mundillo criminal de Jacobi, y ofrece un retrato vivido de la redención monótona y a la postre cruel que vivirá el personaje.

El resultado: Digna aportación que permite conocer mejor a aquel pobre pringado que en la obra original no hacía más que recibir visitas inoportunas en su casa -hasta tres vigilantes se dejaban caer por la misma- y del que poco más resultaba conocido, lectura amena, con detalles que ayudan a empatizar todavía más con otro gran pequeño personaje de ese tapiz inmensamente rico y lleno de detalles que es Watchmen. 6/10


domingo, septiembre 15, 2013

Mundo Putrefacto (II): El final de todas las cosas vivas

La naturaleza del universo preserva el equilibrio de los seres vivos y su bienestar mediante una serie de protectores del reino animal y vegetal, conocidos como el Parlamento de los Tótems y el Parlamento de los Árboles. Los primeros protegen el Reino espiritual de lo Rojo, del cual todos los seres vivos extraen sus habilidades, y cuyo protector siempre ha sido un avatar conectado a lo Rojo y a todos los animales del planeta. Por su parte, los segundos protegen el Reino de lo Verde, todo lo relativo a la vida vegetal, y su protector a lo largo de los siglos siempre ha estado vinculado con una tragedia y un ser humano dotando de su esencia a un avatar vegetal. Esta tradición de cientos de años se ha perpetuado hasta nuestros días en las figuras de Animal Man y la Cosa del Pantano. Pero hay una tercera fuerza, personificada en el color negro, conocida como la Putrefacción, que basa su poder en la corrupción y muerte de todo lo anterior, una fuerza que periódicamente asalta a los reinos opuestos y que hasta el momento ha sido frenada por los avatares.



El asedio sufrido por Buddy Baker y su familia y por Alec Holland ha llevado a que todos ellos alcancen su límite de resistencia. Perseguidos y acosados, con amigos y familiares sufriendo el ataque indiscriminado y feroz de los Tres Cazadores (avatares físicos de la Putrefacción), y con un horizonte nada halagüeño transmitido a través de sueños y premoniciones, los dos protectores de sus respectivos reinos llegan a una misma conclusión. La única solución que se les presenta posible es la de emprender una misión suicida y hacer frente a la Putrefacción en su propio terreno inmaterial, confluyendo en la fuente del reino podrido en un pantano tanto la familia Baker (Buddy, Ellen y Maxine) como la Cosa del Pantano y Abby Holland. La misión les llevará hasta un infernal mundo de pesadilla poblado por criaturas bizarras e imposibles, pero su misión fracasará antes de empezar cuando la personificación humana del Reino Putrefacto, Anton Arcane, corte su anclaje con el mundo real y les deje a su suerte en el plano inmaterial.


El regreso de Animal Man y la Cosa del Pantano a la realidad desvelará una aterradora alteración en la misma. Su breve incursión en el otro plano se ha materializado sobre la faz de la Tierra en todo un año de muerte, destrucción y dominio absoluto de la Putrefacción, que ha convertido el planeta en un lugar yermo y sin vida, poblado por criaturas abyectas a la caza de los pocos supervivientes que han logrado sobrevivir. En este punto, tanto Buddy como Alec emprenderán una búsqueda desesperada de aliados en una guerra cada vez más imposible de ganar contra la Putrefacción, llegando hasta los últimos reductos de lo Verde y lo Rojo y planteando allí las bases de la última, necesaria y condenada al fracaso resistencia de todo lo vivo frente al imparable avance de las criaturas y avatares de la Putrefacción.


El primer año de las colecciones de Animal Man y Swamp Thing conduce de forma directa a este cruce de colecciones, narrándose en el número 12 de cada una de ellas a modo de prólogo esa incursión en el mundo de lo Podrido que acabará generando una nueva realidad, aterradora y asfixiante. A partir de ese momento, Mundo Putrefacto se desarrollará en 17 comic books divididos en tres partes diferentes de la misma historia, centradas en los acontecimientos divergentes que Animal Man, la Cosa del Pantano y Frankenstein (tercero en discordia que presenta los acontecimientos que han llevado al planeta al borde de la extinción) vivirán por su cuenta, una resolución y un epílogo en cada una de las series principales. El equipo creativo aúna esfuerzos a la hora de escribir los cruces, y así Scott Snyder y Jeff Lemire guionizan a cuatro manos las series de Animal Man y Swamp Thing, mientras que Matt Kindt mantiene su control sobre la serie Frankenstein, Agente de S.H.A.D.E.


En el apartado artístico nos encontramos con varios dibujantes participando en cada una de las colecciones. Así, Alberto Ponticcelli es el encargado de ilustrar la epopeya de Frankenstein en su parte de la saga conocida como Los Secretos de los Muertos. Dentro de la colección de Animal Man, en la historia que desarrolla El Reino Rojo, encontramos a un viejo conocido del personaje, Steven Pugh -dibujante que fuera de otra memorable etapa de la colección, la desarrollada por Jamie Delano-, compartiendo trabajo con el dibujante Timothy Green II que ilustra las secuencias en el mundo real. Finalmente, dentro de la colección de la Cosa del Pantano encontramos la historia El Reino Verde, en la que Yanick Paquette prosigue con su estupendo trabajo como dibujante regular de la colección con la aportación en sendos números del dibujo de Marco Rudy y Andy Belanger. Cabe decir que todos ellos consiguen crear un mundo apocalíptico creíble, con diseños de criaturas de pesadilla realmente repugnantes y con la revisión de algunos personajes del Universo DC de acuerdo a las nuevas condiciones del planeta bastante eficaces, ya se hallan convertido en reductos de postrera resistencia o en agentes del Parlamento de la Decadencia.


Cuando DC anunció como parte de su nueva política editorial que colecciones tan arraigadas y asociadas con el sello Vertigo -que daba mayor libertad creativa a los autores y permitía un tratamiento más adulto de personajes e historias- como Animal Man y Swamp Thing volverían a integrarse en la línea super-heróica de la compañía, fuimos bastantes los que pensábamos que la cosa no pintaba nada bien. De hecho, la trayectoria de Animal Man durante los años inmediatamente anteriores sugerían la vuelta de un personaje dedicado a la aventura con ribetes de space opera. Por suerte, nada más lejos de la realidad. La visión de Lemire y Snyder para estos personajes estaba poblada de historias bizarras, de seres asquerosamente imposibles y de giros argumentales que volvían a poner patas arriba el statu quo de cada uno de ellos. Aunque no soy aficionado a tanta vuelta de tuerca y cambio en la retrocontinuidad, y asumiendo que las etapas de Alan Moore y de Grant Morrison en esas colecciones son -desde mi punto de vista- insuperables, hay que reconocer que se han introducido los elementos suficientes partiendo del material establecido como para que no exista una negación absoluta de todo lo anterior ni una repetición de temas e ideas que haga aburrida o predecible la lectura.


Mundo Putrefacto es una historia muy entretenida que hará las delicias del aficionado al comic de terror. Una sólida historia desarrollada en tres partes interconectadas ofrece momentos de todo tipo, desde el drama familiar que desarrollan los Baker a la tormentosa relación de Abby y Alec, todo ello dentro del marco general de un mundo abocado a su extinción que ofrece su último acto de resistencia desesperada con todos los elementos que los reinos animal y vegetal pueden reunir. Mención especial merece el fragmento relacionado con Frankenstein, que narra los eventos vividos en el planeta durante el ascenso de la Putrefacción, y que va adquiriendo un tono creciente de épica desesperada realmente espectacular, finalmente plasmado en una escena de esas que ponen los pelos como escarpias y que no desentonaría en absoluto en una historia de enjundia como El Señor de los Anillos. Lectura agradecida como les digo que aquí en España podrán disfrutar en tres tomos editados por ECC que reúne todos los números del evento. Si acaso, por buscar algo negativo a Rotworld, sería el hecho de indicar que un lector que quiera estar al cabo de la historia completa, entendiendo perfectamente las motivaciones y los acontecimientos vividos por todos los implicados en la saga, debe cascarse unos 37 comics además de dos anuales, lo cual para leer es un ratillo pero para el bolsillo en estos tiempos que corren es un verdadero dispendio. Eso sí, en confianza, esos tebeos son de lo mejorcito que ha publicado DC en lo que lleva de New 52, y esperemos que deje a Jeff Lemire y a Scott Snyder la suficiente manga ancha como para seguir masacrando a sus personajes como les venga en gana.

jueves, septiembre 12, 2013

Mundo Putrefacto (I): Quiénes somos y cómo hemos llegado a serlo

A la hora de hincarle el diente a una saga como esta, y ofrecer un vistazo a la misma comprensivo y coherente, he creído necesario hacer una mínima introducción sobre cada uno de los personajes, con una breve pincelada sobre su trayectoria editorial de los últimos años. Si bien existe una clara ruptura con la misma merced a la introducción de una nueva y simplificada continuidad a raíz del evento de los Nuevos 52, nunca está de más saber qué andanzas han llevado a Alec Holland y a Buddy Baker a verse envueltos en un lío de tamaña magnitud y proporciones como el que les ha tocado lidiar en la saga Mundo Putrefacto. Como suele ser habitual, otros han hablado antes y mejor del tema, como es el caso de Fran Constantine, por lo que les recomiendo que complementen con una lectura alternativa este breve repaso a las andanzas de la Cosa del Pantano y Animal Man previas a Rotworld.


La Cosa del Pantano

Antes de New 52... Empecemos con Alec Holland, científico embarcado en la búsqueda de un hiperfertilizante cuyo laboratorio fue boicoteado, falleciendo en la explosión. Su cadáver, sepultado en el pantano, alojó una colonia de líquenes y musgo potenciados por la fórmula y creando a la criatura vegetal conocida como La Cosa del Pantano. Afortunadamente llegó Alan Moore para dar un poco de coherencia y magia a esa idea, volteando por completo el concepto del personaje en la mítica historia Lección de Anatomía. A partir de ese momento, y sentando mes a mes no sólo las bases del comic de terror adulto que cimentaría el nacimiento del sello Vertigo sino también la apasionante y sólida mitología vegetal que rodearía al personaje, fuimos conociendo la verdadera naturaleza de la Cosa del Pantano como avatar del Verdor, el representante vivo del Parlamento de los Árboles para defender la naturaleza de las agresiones de cualquier clase. En cuatro años Moore, con la inestimable ayuda de los dibujantes Stephen Bissette, Rick Veith y John Tottleben, desarrolló tres sagas de antología, de esas que todo lector debería disfrutar por lo menos una vez en su vida, como fueron el enfrentamiento contra Anton Arcane, Gótico Americano y la saga del exilio espacial.



Tras esa memorable etapa el personaje fue dando tumbos, con etapas completamente inéditas en nuestro país pese al nombre de sus artífices, como la inmediatamente posterior a la citada, obra de Rick Veitch; el tercer volumen guionizado por Brian K. Vaughn y centrado en la figura de Tefé, la hija de Swampy y Abigail Holland -con una ayudita de John Constantine, que puso el cuerpo y los soldaditos en esa particular fecundación in vitro-; o un cuarto y efímero volumen con guiones de Andy Diggle,Will Pfeiffer y Joshua Disart que volvía a incidir en el aspecto de elemental del personaje. Finalmente, no teniendo una idea clara de qué hacer con el personaje, y aprovechando la coyuntura de la saga El día más brillante, la editorial nos presentó a un Alec Holland que volvía a considerarse como la esencia real y humana del constructo vegetal conocido como la Cosa del Pantano, y mostrando una cara más combativa y beligerante contra los que atentaban contra el medio ambiente.



Después de New 52... Nos encontramos con Alec Holland, vivito y coleando y con el recuerdo de su anterior existencia como ser elemental, musgoso y enfrentado a toda clase de seres monstruoso. Ajeno a su anterior vida, de la que reniega, Alec entra en contacto con el nuevo avatar del verde, que le advierte de dos cosas: el advenimiento de una fuerza imparable y nefasta opuesta al Verde, la Negrura (o Putrefacción), y la presencia de una mujer de pelo blanco. Pronto la vida de Alec Holland se complicará cuando las fuerzas del Otro personificadas en un niño con poderes mortales comiencen a actuar y sólo la fuerza y el coraje de Abigail, una hermosa joven de pelo, podrán mantenerle a salvo. Cómo Alec Holland afrontará su cada vez más desesperada situación y cómo poco a poco el Verdor se va viendo amenazado por esas fuerzas imparables es el punto de arranque con que el guionista Scott Snyder, conocido de este espacio, y el dibujante canadiense Yanick Paquette, presentan al personaje dentro de una nueva continuidad, sentando las nuevas bases del mismo en una colección repleta de acción, misterio, repulsión y no pocas sorpresas.



Animal Man

Antes de New 52... Buddy Baker, durante una excursión campestre, se encontró de bruces con un artefacto alienígena, cuya explosión alteraría su cuerpo y le dotaría de poderes animales. Conectado al campo morfogenético de la Tierra, Buddy era capaz de extraer del mismo las habilidades de cualquier animal y aplicarlas a sí mismo. Con la identidad de Animal Man emprendió una gris carrera como héroe enmascarado, cuyo momento de máximo esplendor fue el luchar con los Héroes Olvidados codo con codo durante Crisis en Tierras Infinitas. Posteriormente adquiriría una sólida conciencia medioambiental tras enfrentarse a la Bwana Bestia y emprendería una cruzada por los derechos animales de infaustas consecuencias para su familia y para la realidad, emprendiendo finalmente un periplo metaliterario que le llevaría a otros universos y a romper las barreras del mismo medio. Tan psicotrópico catálogo de desventuras fue orquestado en los primeros años 90 por el guionista escocés Grant Morrison y por el dibujante Chas Truog, que emprenderían una memorable etapa deconstructiva con el personaje para dejarlo en manos de Jamie Delano y Steven Pugh, que siguieron alterando la esencia de Buddy hasta dejarlo en los mismos huesos para, a partir de ahí introducir toda una serie de conceptos nuevos, como el mundo de lo Rojo y la esencia de Animal Man como una personificación o avatar del mismo.



Aunque en su propia colección, alojada en el sello Vertigo, las historias tenían un carácter eminentemente adulto, Animal Man nunca perdió su dualidad de héroe alternativo y mayoritario, formando parte de la Liga de la Justicia Europa. Ya con su propia serie cancelada Animal Man vivió un periplo espacial muy recordado en la serie 52 junto a Adam Strange y Starfire, personajes con los que haría buenas migas y mantendría colaboración en la colección Countdown to Adventure. Finalmente, una historia alternativa, con el nombre de The last days of Animal Man narraría la aventura final de Buddy Baker en el año 2024, aunque ese tebeo, escrito por Gerry Conway con dibujo de Chris Batista, permanece inédito en nuestro país.



Después de New 52... Buddy Baker ha logrado una especie de estabilidad en su ajetreada vida dejando de lado las locas aventuras y centrándose en su vida familiar. Trabajando como actor en una película independiente sobre héroes con problemas y manteniendo su lucha en defensa de los animales, Animal Man se enfrentará a una amenaza completamente diferente a todas las afrontadas hasta el momento. Lo Rojo ha decidido que su hija Maxine sea su nuevo avatar en la Tierra, y la tarea de Buddy será protegerla de sus enemigos, nada menos que la personificación física de lo Putrefacto en la figura de los Tres Cazadores, tres implacables y repulsivos seres que pueden disfrazarse con la piel de otros seres vivos y que no se detendrán ante nada en su misión de acabar con Maxine y destruir el poder de lo Rojo en el Planeta. En una carrera contra reloj, Buddy deberá mantener a salvo a los suyos y conectar con el Parlamento Animal para intentar buscar una salida para la familia Baker que no acabe con su hija muerta y en manos de los agentes de la Putrefacción. La otra gran serie del relanzamiento de DC en el campo del terror, aunque sin necesitar un sello distintivo como el de la linea Vertigo, y orientada claramente a un público mayoritario, Animal Man cuenta con los guiones de Jeff Lemire y el feísta y espectacular dibujo de Travel Foreman, que pueblan cada número de seres repulsivos y antinaturales en un crescendo que pondrá al lector al borde del abismo putrefacto al que se asoman sus personajes.


Y con estas pinceladas de la trayectoria de los personajes, a vuela pluma, les dejo, con la intención de dejar cumplida cuenta en la próxima entrada, del argumento y algunas cuestiones artísticas relacionadas con la saga Mundo Putrefacto, una de las lecturas más agradecidas de los últimos tiempos. Lo veremos todo Negro, entre lo Rojo y lo Verde, en un día o dos.

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