miércoles, julio 15, 2009

Sketch-busters CXIX: Teddy Kristiansen

La trayectoria del dibujante danés Teddy Kristiansen ha gozado en todo momento de su peculiar personalidad y de su trazo exquisito. Se dio a conocer en el mercado internacional con el album Superman y la bomba de la paz, ilustrando en solitario el guión de Niels Sondergaard. La obra cuenta con la doble peculiaridad de ambientar las andanzas del Hombre de Acero en un escenario casi exclusivamente europeo y de ser la primera historia de Superman producida íntegramente fuera de los Estados Unidos. Su trabajo en la serie Grendel Tales, la historia Cuatro demonios, un infierno, con guión de James Robinson, resultó igualmente exquisito, dominando el color y jugando con figuras estilizados y composiciones expresionistas en una historia de redención y venganza inolvidable para un servidor. Sus posteriores trabajos ya lo asociarían de forma total con DC y con el sello Vertigo, realizando el especial Sandman Midnight Theatre y la serie House of Secrets con su colega Steven T. Seagle, con el que realizaría la aclamada novela gráfica Es un pájaro..., cerrando con ella un círculo casi perfecto en el comienzo y cima de su carrera con dos significativas aportaciones a la leyenda de Superman.

Kristiansen visitó España en el marco del Salón del Comic de Barcelona del año 2006. Su calidad de dibujante relacionado con Sandman/Dodds fue lo que me impulsó a hacer cola en su sesión de firmas, en un año en el que, por ejemplo, obvié a Dave Gibbons o a Giardino -el primero por haber coincidido ya anteriormente con él, y el segundo en espera de mejor ocasión-. El dibujante danés se mostró amable con la numerosa afición que buscaba una dedicatoria en su inimitable estilo, algo que además realizaba en rápidas y cuidadosamente acuarelas como la que acompaña a estas lineas. Lamentablemente, y aunque el equipo Sparks-Plissken estaba al completo en la cola, fallamos en nuestro objetivo, pero eso, claro, queda para otro futuro post. Esta semana sólo nos interesan Wesley Dodds y su peculiar universo onoirico.

martes, julio 14, 2009

El Teatro del Misterio de Sandman: Los callejones de la Edad de Oro (III)

Junto a la minuciosa recreación de una época y una sociedad concretas, el otro gran acierto de la serie es el estudio de personajes, desarrollado en torno a cuatro protagonistas centrales y sostenido por un buen número de secundarios no menos interesantes. Centrémonos en los protagonistas. Wesley Dodds, acaudalado hombre de negocios con una historia familiar tormentosa -padre ausente, hermano díscolo, sin poder arraigar en ningún lugar debido a los frecuentes cambios de domicilio- es un tipo de complexión normal, de maneras tímidas y extremadamente corteses, con una cultura y una sensibilidad excepcionales. La existencia acomodada y anodina del caballero neoyorquino se ve atormentada por las pesadillas que le niegan el descanso y le muestran los horrores que se esconden en el podrido corazón de la Gran Manzana. Ningún círculo social o grupo étnico está por encima de la envidia, la lujuria o la ira que impulsan prácticamente todos los crímenes. El propósito de los sueños parece doble, por un lado ofrecer pistas simbólicas sobre los mismos y por otro impulsar a Dodds a que haga algo al respecto. Wesley Dodds, más que actuar impulsado por un genuino amor por la ley y el orden y la defensa del status quo, lucha contra el crimen para aplacar sus demonios internos, empleando para ello el anonimato que le proporciona la máscara de gas de su padre y la pistola inventada por él que fuerza a aquellos que respiran sus gases a decir la verdad y confesar sus crímenes. Cada psicópata, atracador o violador detenido supone un momentáneo bálsamo para el vigilante, que recibe como premio una noche de sueño reparador sin pesadillas.


Dian Belmont es el otro gran personaje que domina toda la serie: la hija del fiscal del distrito, huérfana de madre, perspicaz, inteligente, divertida, decidida. Aunque conoce a Wesley Dodds y queda impresionada por la cultura y los modales de aquel, no será la suya una relación al uso. Sus continuos intentos de acercarse a la tímida personalidad de Dodds les llevarán a una relación de igual a igual en la que las opiniones y acciones de ambos, en un tira y afloja digno de las mejores comedias de Hawks o Cukor, irán determinando el cada vez mayor grado de implicación física y mental entre los dos. Además, se nos muestra a una Dian luchadora por los derechos de la mujer en el trabajo, defensora de tomar sus propias decisiones por terrible que sea el coste y, consciente de las graves carencias y desigualdades existentes en su ciudad, voluntaria en más de una actividad social que palie esa situación, desde galas benéficas para recoger fondos hasta ayudar en orfanatos y albergues para vagabundos. Su inteligencia y sagacidad resultarán vitales para muchas de las investigaciones de Sandman, llegando al extremo de que en el tramo final de la serie será Dian Belmont la primera Sandy, momentáneo sidequick en una hilarante y rocambolesca secuencia. Por ciertos eventos narrados en la colección de Starman se conoce el destino de la pareja, que acabaría viviendo una larga vida en comunión a lo largo de cinco décadas, en las cuales Belmont desarrollaría una fructífera carrera como novelista. Una sólida relación cimentada en sueños y arena que podemos ver crecer y hacerse más fuerte con cada adversidad en cada número de la serie.


El tercer personaje destacado de la serie es el teniente Anthony Burke, un duro policía investigador de la ciudad con más crímenes del mundo que ha dedicado toda su vida a la defensa de la ley y que ha dejado escapar las pocas ocasiones que se le han presentado de mantener una relación sentimental. Entregado a su trabajo de una forma visceral y con más pelotas que cerebro, aunque con un envidiable olfato de sabueso viejo, Burke no soporta que haya un vigilante actuando en su ciudad y deteniendo a sus criminales. De hecho, en una relación marcada por la estricta necesidad de compartir recursos en aras de un fin común, Burke y Sandman pueden pasar de ser colaboradores necesarios a enemigos mortales a respetuosos contrincantes atendiendo a las siempre difíciles decisiones que cada caso les obliga a tomar. Odioso en ocasiones, temible para el Hampa y para sus subordinados, admirado por otros, Burke es un gran personaje de novela policíaca que sabe coger los trenes que le corresponden y que protagoniza uno de esos momentos DC que tanto me gustan en su despedida de la serie.


Por último, pero no menos importante, resulta la presencia discreta y siempre atenta de Leslie Humphries, el mayordomo de la familia Dodds que ha acompañado a Wesley desde su juventud y permanece atento a sus necesidades materiales tanto como a las arriesgadas tareas que conlleva la lucha contra el crimen. Chófer, enfermero y confidente Humphries es el Alfred de Wesley, aunque mantiene una distancia mucho más profesional acorde a la época y a la educación recibida, que en muy pocas ocasiones se permitirá dejar de lado. No resulta extraño que el antepenúltimo arco argumental, La ciudad, se centre en ellos cuatro y se tome el tiempo necesario para terminar de definirlos y encarrilar el final de sus historias personales. Pero no podemos olvidar los demás personajes de la serie, como el abnegado padre de Dian, Larry Belmont, el juez Schaeffer (que ofrecerá interesantes reflexiones sobre las leyes de la época y concienciará a Dodds de lo delicado de la situación en Europa), o el forense Hubert Klein, un tipo especialmente eficiente y sensible a colaborar con Sandman casi desde el primer momento. Un tapiz rico y variado en el que los tipos criminales resultarán verdaderamente sorprendentes, por lo que dejo a la curiosidad futura del lector el descubrir al criminal y a su circunstancia en cada uno de los arcos y casos de Sandman.


Me queda, antes de enumerar todas las ediciones de la serie en España, señalar que la serie, aunque autocontenida dentro de cada arco y en sí misma, y centrada en desarrollar de forma retroactiva las vidas personales de Dodds y Belmont y la carrera como vigilante de Sandman, cuenta con sólidos anclajes no sólo con el Universo DC sino con la propia continuidad establecida con el personaje. Así, se hace encaje de bolillos para que Morfeo y Dodds estén relacionados, y que las andanzas del segundo se relacionen con los héreos que durante la II Guerra Mundial formarían la Sociedad de la Justicia. Además, junto a los ya citados Hourman y Blackhawk aparece el Vengador Escarlata (protagonista junto a Hourman, Wesley y Dian de esa escena surrealista antes avanzada que supone el tránsito de la era de los vigilantes pulp a la de los héroes de pijama), y Ted Knight, el Starman de la Golden Age. Wagner y Seagle, junto con Robinson, ayudaron en aquellos años con su recuperación de la Golden Age a reforzar aún más si cabe los conceptos de legado y respeto por un pasado lleno de buenos conceptos capaz de ofrecer historias interesantes para el público de hoy día.


Sandman Mistery Theatre ha contado con una edición española verdaderamente azarosa, pasando por tres editoriales y dilatándose quince años en el tiempo. Ediciones Zinco publicó en forma de tomo prestigio el annual de la colección, como forma de dar a conocer al personaje y atraer al lector español, algo que la desaparición de la editorial truncaría desgraciadamente. Años después Norma Editorial publicaría siete tomos dedicados al personaje, con los tres primeros arcos argumentales (La tarántula, La cara, La bestia) y el especial Sandman Midnight Theatre, que aprovechaba el tirón comercial de contar con Gaiman como guionista aunque la historia se situara cronológicamente mucho después. En los últimos tres años Planeta ha publicado la colección íntegra junto con los dos especiales, recopilando salvo excepciones cada arco en un tomo unitario. Cuando la editoria la caga, la caga a lo grande, pero cuando ofrece al público español una serie minoritaria como esta en una edición bastante respetuosa con la original y la mantiene aun cuando las ventas no sean espectaculares es algo que merece cuando menos, el sentido agradecimiento de un servidor.


Termino este artículo con las palabras de Wesley Dodds mientras vuela a Europa, junto a Dian, para hacer frente en la medida de sus posibilidades a la lucha por la libertad y la vida que se estaba llevando a cabo en el viejo continente: Mientras dejamos la ciudad atrás, siento cómo cae un peso de mi subconsciente. De algún modo sé que todos los problemas de la ciudad serán resueltos por los héroes que quedan en mi lugar... igual que sé que un nuevo mundo de pesadillas nos espera en alguna parte atravesando esos peligrosos cielos. Pero con esas visiones oscuras llega también un nuevo mundo de sueños. Y nos toca a Dian y a mi convertir esos sueños en realidades. Pues ante la adversidad, el triunfo de la voluntad está por encima del impulso de rendirse... y esa es la respuesta al mayor misterio de la vida.



lunes, julio 13, 2009

Otro lunes teatrero y misterioso

La verdad es que no pensaba que había tanta tela que cortar, pero la transcripción de los artículos, la revisión de algunas cuestiones de estilo, la ampliación de algunos de los datos y la reestructuración de varios párrafos han hecho que sean tres los post en los que acabe viendo la luz virtual el repaso a Sandman Mystery Theatre, serie que junto con Starman nunca me cansaré de recomendar a todos aquellos que quieran leer algo diferente dentro del mundillo de los super-héroes. En los próximos días seguiremos centrados en las andanzas de Wesley Dodds y Dian Belmont, y publicaré, junto con el fin de la reseña, entradas relacionadas con el personaje y con mi colección de arte original, concretamente un sketch y una página original -otra- de la serie en cuestión.

Por lo demás el veranito sigue torturándonos con su calor asfixiante o su desajuste de horarios y de vacaciones entre amigos y vecinos -con el consiguiente desbarajuste a la hora de organizar cualquier evento lúdico-festivo-. Pertrechado de un refresco bien fresquito y de una ingente reserva de material friki que devorar, servidor piensa hibernar en breve y desaparecer del mapa hasta que Lorenzo deje de dar por saco en el cielo y respirar sea algo menos parecido a inhalar brasas ardiendo. Afortunadamente este su blog amigo entra dentro de las actividades que se pueden desarrollar cómodamente en la tranquilidad del hogar, con lo que no tendrán ustedes descanso de un servidor. Por lo menos de momento.

Y esta semanita, en vez de un trallazo de energía les dejo una hermosa canción de la Electric Light Orchestra que invita a soñar en el transcurso de una de esas siestas tan apetecibles en estas fechas. Les dejo con un sueño de verano y con la promesa de que el Arenero velará por ustedes para que cuando despierten, el mundo sea por lo menos un poco mejor que antes de que cerraran los ojos. Pueden ustedes pensar que soy un soñador...



One summer dream
E.L.O.

So I go though it hurts me so
I'm crying for your love

Deep waters flow, out to the sea,
They never needed you or me.
One Summer Dream, One Summer dream.

Blue Mountains high and valley low,
I don't know which way I should go,
One Summer Dream, One Summer dream.

Warm summer breeze blows endlessly,
Touching the hearts of those who feel,
One Summer Dream, One Summer dream.

Bird on wing goes floating by,
But there's a teardrop in his eye,
One Summer Dream, One Summer dream.
One Summer Dream, One Summer dream.

Deep waters flow out to the sea
One summer breeze blows endlessly
One summer dream One summer dream
One summer dream One summer dream


sábado, julio 11, 2009

El Teatro del Misterio de Sandman: Los callejones de la Edad de Oro (II)

Sandman Mystery Theatre #1 apareció con fecha de portada de abril de 1993 como uno de los primeros títulos de la recién nacida línea Vertigo (aunque dentro de la misma se englobaron colecciones que ya contaban con una amplia trayectoria como Animal Man, Sandman, Hellblazer, Swamp Thing o Doom Patrol). El título estaba escrito por Matt Wagner y dibujado por Guy Davis, dos autores cuya trayectoria presentaba no pocas semejanzas. Ambos eran autores completos, y habían triunfado en editoriales independientes: Wagner con Mage y Grendel para Comico; Davis con Baker Street para Caliber Press. Con esos antecedentes, DC apostaba con fuerza por un equipo personal que fuera capaz de crear una colección de gran calidad que no dependiera exclusivamente de la mera respuesta comercial. En la labor de escritura pronto Matt Wagner contó con la ayuda del solvente Steven T. Seagle, el cual acabaría encargándose en solitario de los guiones de la etapa final de la colección (números 60 a 70). Por su parte Guy Davis contó con la ayuda de diversos dibujantes (John Watkiss, R. G. Taylor, Warren Pleece, Mathew Smith, Michael Lark) que se encargaron de algunos de los arcos argumentales para poder mantener el alto grado de calidad, detallismo y verosimilitud de su dibujo. Mención especial merecen las portadas de la serie, realizadas mediante espectaculares fotomontajes por Gavin Wilson y Richard Brunning. Cada una de las imágenes viene acompañada por una frase impactante relacionada con la historia, con una maquetación y composición tipográfica que en ocasiones remite directamente a las revistas policíacas pulp de los años 30.


Sandman Mystery Theatre se estructuraba en arcos argumentales de cuatro números, cada uno de ellos centrado en un caso diferente y manteniendo como historia de fondo la vida de un puñado de personajes que conectan cada historia. El esquema seguido en cada arco es similar y presenta una estructura clásica: presentación de los nuevos personajes y situaciones que darán lugar a la trama criminal; sueños simbólicos que impulsan a Dodds a actuar; investigación y desarrollo de la trama criminal; desenlace en el cuarto y último número. Como ya hiciera en Grendel (donde se exploraba el concepto de rabia, ira y agresión y su personificación en diversas entidades conocidas como Grendel), Matt Wagner tenía la intención de centrar la serie en los crímenes y las actitudes creadas por el odio, por la animosidad y los prejuicios contra lo que es una persona, en contraposición con lo que ha hecho o lo que posee. Creo que estos crímenes, básense en el género, el origen étnico o la edad, podrían enseñarnos a redefinir nuestro cambiante mundo mientras contemplamos a Wesley Dodds luchar por erradicarlos frenéticamente del suyo. El crimen como elemento agresor externo que define a la sociedad que lo engendra y la marca indeleblemente con sus actos.


Cada arco argumental dividido en cuatro actos se centraba en un caso concreto, recibiendo el nombre propio del criminal o protagonista central del mismo, lo cual nos muestra claramente las intenciones de los autores y de la colección. Más que de simples whodunits estaríamos ante verdaderos estudios psicologicos de la mente criminal: La Tarantula, La Cara, La Bestia (estremecedor relato que contiene uno de los momentos más sórdidos y terribles que he padecido leyendo), La Vampiresa, El Carnicero (quizá mi arco preferido de la colección, con un magistral clímax en las cloacas de la ciudad, algo mucho más simbólico y menos burdo de lo que puede parecer), destacando los centrados en Hourman (con la aparición de uno de los héroes coetáneos del personaje y futuro compañero de grupo en la JSA) o en El Halcón Negro (con la intervención del piloto polaco Janosz Prohaska, Blackhawk, personaje de comics bélicos de la Golden Age que permite introducir de primera mano el conflicto naciente en Europa y plasmar las diferentes formas de ser percibido en los Estados Unidos antes de Pearl Harbor). Mención especial merecen dos de las últimas historias de la colección, La Ciudad y El Héroe. La primera, con una estructura a lo Rashomon en la que somos testigos de los diferentes sucesos ocurridos en la ciudad en un mismo día dependiendo del punto de vista de cuatro personajes (Wesley Dodds, Dian Belmont, el Teniente Burke, Humphries), ofrece un cuidadoso tramado de vidas e historias cruzadas con un telón de fondo privilegiado, Nueva York, lleno de vida y de muerte a partes iguales, de alegrías y miserias que se confunden y que afectan de un modo u otro a todos los que viven y respiran en ese escenario. Por su parte, El héroe, supone el final del camino y explora aún más a fondo si cabe las motivaciones, temores y valores de Wesley y de Dian, y con un final hermoso y ciertamente emotivo autores y lectores apartamos la mirada de unos personajes que marchan a enfrentarse a la mayor amenaza que el mundo ha conocido en los últimos siglos.


Ademas de los 70 números de la serie regular, el personaje protagonizó dos especiales. Sandman Mistery Theatre Annual (1994) cuenta con guión de Wagner y Seagle y dibujo de varios artistas, entre ellos Alex Ross, George Pratt, John Bolton o el propio Guy Davis. Cada uno de ellos se ocupa de un capítulo, centrado en un personaje diferente y en el modo que percibe los crímenes de un misterioso asesino enmascarado que actúa en Central Park. Por su parte, el Sandman Midnight Theatre (1996), con guión de Wagner y Gaiman y dibujo de Teddy Christensen, es un especial doblemente relevante, pues, además de presentar a un personaje importante en futuros sucesos de la serie, supone el encuentro cara a cara de los Sandman, ya que en el transcurso de una investigación criminal en Inglaterra Wesley Dodds conocería finalmente a Morfeo en su cautiverio.


Aun cuando, en último término, en cada una de esas historias se trataba de descubrir a un asesino o desvelar un caso complicado de extorsión, robo o secuestro, tanto o más importante que la trama criminal resultaba la descripción de los tipos y caracteres sociales, el reflejo veraz de una ciudad de Nueva York encaminada hacia el horror de la II Guerra Mundial y que todavía se hallaba inmersa en las consecuencias terribles de otro horror interno, que había afectado en mayor o menor medida a toda la sociedad norteamericana: la Gran Depresión. Uno de los grandes aciertos de Wagner y Seagle es reflejar fielmente el ambiente de la época y sus profundas contradicciones y miserias, sin aplicar necesariamente un juicio de valor desde nuestra mentalidad actual. Así, como lectores somos testigos de las fiestas benéficas de la alta sociedad neoyorquina, de la ajetreada vida nocturna en los clubs y cabarets de la época, de la vida cotidiana de los desclasados y criminales de la ciudad, pasando por las minorías étnicas que habitan en zonas como Chinatown o el Bronx.


En todo momento hay interés por reflejar las diferentes maneras de expresarse en cada ambiente (algo mucho más claro en la versión original, a veces ilegible cuando reproduce el inglés de los estibadores, asiáticos o irlandeses afincados en la ciudad), cómo se desenvolvían los más necesitados o qué empujaba a cierta clase de personas a realizar actos salvajes y aberrantes contra sus semajantes. Para reflejar ese ambiente lleno de contradicciones y claroscuros de forma naturalista, seca y contundente, Wagner reconoce la influencia de escritores como Dashiell Hammett, Raymond Chandler, Jim Thompson, David Goodis o el contemporáneo James Ellroy. No menos encomiable que la descripción y la caracterización de los personajes a través del guión es la prodigiosa labor de Guy Davis a la hora de reflejar con su trazo sucio y lleno de detalles el Nueva York de los últimos años 30, con su arquitectura, sus coches y camiones, vestimentas y mobiliario... Todo aparece reflejado con tal detalle y convicción que uno no puede menos que creer estar leyendo historias que verdaderamente sucedieron en aquellos años 30.

jueves, julio 09, 2009

El Teatro del Misterio de Sandman: Los callejones de la Edad de Oro (I)

El personaje de Sandman, en su primera encarnación como Wesley Dodds, fue creado en 1939, y apareció de forma casi simultánea en dos publicaciones que se disputan por semanas ser la primera aparición del personaje: el especial New York's World Fair #1 y el Adventure Comics #40. Con guiones de Gardner Fox y dibujo de Bert Christman las aventuras de Sandman se centran en el justiciero Wesley Dodds, un acomodado neoyorquino que acosado por pesadillas en las que contemplaba crímenes horrendos decidía luchar contra los malhechores y aplacar de ese modo a sus peculiares demonios. Ataviado con un traje verde, sombrero fedora, capa morada y una máscara de gas dorada cubriendo su rostro, Sandman comenzó su lucha contra el crimen obligando a ladrones y asesinos a confesar sus crímenes. Compartiendo protagonismo en la serie se encontraba la novia de Wesley, la decidida Dian Belmont, un personaje que según dicen era bastante avanzado para su tiempo. Sus aventuras se narraban dentro de la cabecera genérica Adventure Comics, en la que varios personajes (Sandman, Hourman, Starman, Manhunter) protagonizaban una historia de extensión variable. La evolución natural fue la de unir a todos ellos en un mismo grupo, y de ahí nacería la Justice Society of America, de la que Sandman sería miembro fundador, en el All Star Comics #3.















Siguiendo la tendencia del mercado y el gusto del público el personaje sufriría un cambio radical de la mano del guionista Mort Weisinger y el dibujante Paul Norris, que cambiaron el traje de batalla de Wesley Dodds por un uniforme dorado y le proporcionaron un compañero juvenil, Sandy, el chico dorado, que resultaría ser sobrino de Dian Belmont. Posteriormente sería el equipo formado por Joe Simon y Jack Kirby los que continuarían las aventuras de Sandman y Sandy, historias que a partir de 1946 fueron perdiendo el favor del público y desaparecieron paulatinamente del Universo DC. Se le recuperó de forma episódica para los históricos crossovers anuales entre la JLA y la JSA y que tanto juego dieron a la hora de mezclar los héroes de Tierra 1 y Tierra 2. En la nueva formación de la JSA que se lanzó en 1976 Wesley Dodds ya ni siquiera aparecía, aunque en la nueva versión de los viejos héroes aparecida en 1981 Sandman fue un personaje secundario de cierto peso y algunas de las incongruencias relacionadas con el personaje, como el repentino cambio de uniforme, fueron explicadas de forma poco satisfactoria.




Pasó casi una década.

Imagina ahora que el mundo de los sueños está gobernado por Morfeo, uno de los siete Eternos, todopoderoso Señor de las Pesadillas y Ensoñaciones que visitamos cada vez que caemos dormidos. Imagina que un ególatra y algo desequilibrado mago decide invocar a Muerte para someterla a su voluntad. Y que sus hechizos fallan. Y que en lugar de Muerte es su hermano menor Sueño el eterno que resulta convocado y aprisionado en una lóbrega mázmorra durante décadas. Con ese brillante y magistral arranque argumental, contado en apenas 4o páginas, Neil Gaiman y Sam Kieth inauguraban la serie Sandman (#1, 1989), a la que me niego a aplicar calificativo alguno para no resultar injusto con esa maravillosa, deliciosa, inteligente y emocionante obra maestra del comic contemporáneo. Gaiman contó con una libertad creativa total, lo que le permitió no sólo crear a un nuevo personaje que encajara y enriqueciera el viejo concepto, sino desarrollar un complejo universo fantástico, onírico y mitológico lleno de historias pasadas, presentes y atemporales protagonizadas por personajes de nuevo cuño (Matthew el cuervo, el Corintio, el Campo del Violín), otros rescatados de las viejas publicaciones terroríficas de la casa (Caín y Abel, Lucien, Eva) o por personajes reales (Marco Polo, Robespierre, César Augusto, Shakespeare, Mark Twain) que enriquecen y dan profundidad a muchas de sus historias.


Como he dicho antes, Gaiman se cuidó muy mucho de invalidar la primera encarnación de Sandman. No sólo eso, sino que además dotó a la historia de Wesley Dodds de un trasfondo y unas implicaciones mucho más amplias y enriquecedoras para la mitología del propio personaje. Aplicando lo que en el medio es conocido como retrocontinuidad, se alteró desde la actualidad el origen del personaje y sus aventuras ocurridas en el pasado. De esa forma, la motivación principal de Wesley Dodds para afrontar la maldad y el crimen que se producía en su entorno provenía del encarcelado Morfeo, que a través de los sueños premonitorios impulsaba a Dodds a luchar contra las pesadillas reales que amenazaban el mundo de la vigilia. Sandman, la serie, constó de 75 números publicados entre 1989 y 1996, todos ellos guionizados por Neil Gaiman y dibujados por artistas de la talla de Sam Kieth, Mike Dringerberg, Kelley Jones, Jill Thompson, Shawn McManus, Marc Hempel, Michael Zulli o Charles Vess. La elevada calidad artística de la serie dio lugar a un fenómeno poco frecuente que aunó el éxito crítico unánime con la creación de una sólida y creciente legión de seguidores, siendo además una de las fuentes de inspiración principales para la naciente línea de comics para adultos que DC crearía en 1993, englobados en el sello Vertigo. Y precisamente uno de los primeros spin-offs o colecciones que manaron de esa fuente y que formaron del naciente sello fue la que volvía al origen de todo, al primer Sandman, a Wesley Dodds...

miércoles, julio 08, 2009

Sketch-busters CXVIII: Carlos (I)

Curiosa la entrada de hoy, pues pese a ser uno de los primeros dibujos de mi colección, y uno de los primeros obtenidos en las Jornadas de Avilés, no pertenece a ningún dibujante profesional, pese a la calidad y a las buenas maneras del dibujo. Durante aquellas jornadas mágicas en que descubríamos un mundo que aún hoy día nos tiene cautivados -y del que únicamente el vil metal y las obligaciones laborales o familiares nos podrían apartar, algo que, ay, este año me temo que se podría dar- conocimos a un caballero aragonés que había acudido a Avilés, al igual que nosotros, al tener noticia del buen ambiente allí reinante y de la presencia de numerosos dibujantes y guionistas de todo el mundo. Carlos, que tenía aspiraciones de dibujante, y dotes no le faltaban, acudió a las Jornadas con su portafolio debajo del brazo para recabar consejos y correcciones de los profesionales, así como para intentar aclarar una posible salida profesional. Entre charla con autor y sesión de firmas, y para que tuviéramos un recuerdo de aquel encuentro, Carlos tuvo la enorme amabilidad de realizar un par de dibujos para nosotros robando tiempo de donde no lo había, ya que en las Jornadas de Avilés SIEMPRE está pasando algo. Aficionado y lector de DC como un servidor, por aquel entonces estábamos comentando alguna de las series inéditas en España que nos gustaría llegar a leer algún día, y Sandman Mistery Theatre sin duda ocupaba un puesto muy alto en dicha lista, junto con el Starman de James Robinson y el Flash de Mark Waid. Nueve años después de aquel encuentro ya sólo la saga familiar de los Knight permanece injusta y lamentablemente inédita, aunque espero que de una vez por todas eso se arregle y se haga justicia con una, otra, de las grandes series que a lo largo de los noventa hicieron frente al dark and gritty y a los dientes apretados y las capas a lo Image en su propio terreno. Y ganaron.


martes, julio 07, 2009

La primera vez que vi a Wesley Dodds...

fue en el Clásicos DC número 17 (julio de... ¿1989? ¿1990?) con el que ediciones Zinco inauguraba la triunfal andadura de la serie Sandman en España. En apenas un par de viñetas se conectaba al personaje creado por Neil Gaiman con la mitología clásica del personaje establecida en los años cuarenta. Sin pena ni gloria, la oscura referencia a Wesley Dodds y a los sueños que le atormentaban no despertó en mi especial interés más allá de contextualizar al personaje y dotar de unidad y cohesión al mundo mágico de DC.


Unos años más tarde, en marzo de 1993 (y aquí la fecha está más clara gracias a esta currada bibliografía comparando las ediciones española y americana de Sandman) y leyendo el especial número 18 de la colección, un avance de novedades captó mi atención. Junto a una serie limitada de Morrison (que curiosamente y pese a la devoción que le profeso al guionista, a día de hoy aún no he leído), Sebastian O, aparecía anunciada Sandman Mistery Theatre, o las andanzas serializadas del Sandman de la Edad de Oro pero desde una nueva perspectiva, la del pulp y la novela negra clásica, algo favorecido por estar ambientada la serie en el NUeva York de los últimos años 30 del siglo pasado. A una premisa más que atrayente se sumaba una simple viñeta del tebeo en cuestión, en glorioso blanco y negro que dirían algunos, y que me encandiló por completo. Un diseño de personaje sencillo, pero espectacular para alguien como yo enamorado de los trajes de lana de tres piezas, de los sombreros fedora, de los abrigos largos y las gabardinas que mis héroes de infancia lucieron tan majestuosamente en mil y una historias en, aquí sí glorioso, blanco y negro. James Cagney, Edward G. Robinson, Humprey Bogart y Wesley Dodds... Mi imaginación lo hizo todo. Desde aquel momento, y sin haber leído nada del personaje, ya me había convertido en un devoto seguidor de la nueva versión del personaje.



lunes, julio 06, 2009

Lunes teatrero y misterioso

La verdad es que los calores me están dejando convertido en un verdadero guiñapo inactivo más allá de ir al curro y resguardarme en el mullido colchón de frescor que provee el aire acondicionado de casa. Hasta las ganas de ir al cine se le quitan a uno cuando lo que va a ver es una especie de película porno en la que los diálogos intrascendentes y las situaciones inverosímiles y ridículas sólo sirven para hilvanar explícitas secuencias de cuerpos frotándose. Bien es cierto que los cuerpos miden treinta metros de altura, son metálicos y más que frotarse se destrozan, pero en fin, Michael Bay ha sublimado la pornografía como género para adultos, la ha desprovisto de sexo y la ha adaptado para el consumo de las masas. Al menos algo de sudor y de maldad queda, aunque se trate de la de esta australiana de nombre tan hispano.




Como la semana pasada pusimos un listón bajísimo, completamos todos y cada uno de los objetivos marcados, y me alegra haber podido por fin dejar sucinta reseña de una de las series que más he disfrutado en los últimos tiempos. Recordar algunas de las andanzas de Yorick y de 355 y revisar el final de la serie me provocaron una sensación bastante agridulce, pero necesaria para conservar en la memoria algunas viñetas inolvidables que espero ustedes hayan disfrutado como yo o que, en su defecto, lo hagan en un futuro si así lo desean. Esta semanita, y es algo que me venía rondando por la cabeza hace tiempo, se va a centrar en otra de esas series de culto que el lector españo sólo ha podido disfrutar en castellano y en su integridad en los últimos dos años, pese a contar con dos lustros a sus espaldas. Me refiero a Sandman Mistery Theatre, una de mis series de cabecera que como muchos de ustedes conocí en los últimos tiempos de Zinco, inicié durante la etapa Norma y finalicé el año pasado en la edición de Planeta, pese a contar con la colección americana completa que, dado mi limitado conocimiento del inglés y lo farragoso del slang neoyorquino empleado en algunos arcos, no pude disfrutar por completo. Esta semana, y junto a un par de sketchs centrados en Wesley Dodds, y quizá un commissionando centrado en el personaje, les dejaré en varias entradas la versión revisada y ampliada de un artículo que se publicó en el año 2005 en la revista La gangsterera.

Empezaremos musicalmente esta semana con una canción cautivadora e hipnótica de los Pixies, una canción que estuvo sonando mientras escribía la reseña de Y y que en más de un momento llegó a ponerme los pelos de punta por la sintonía con el ánimo que tenía mientras redactaba el post. Les dejo también el videoclip con historia de la canción, un simple plano de 23 segundos ralentizado en el que los miembros del grupo corren hacia la camara y que se rodó con el único objetivo de conseguir una actuación promocional en un programa de la BBC.


My Velouria
The Pixies

Hold my head
While trampoline
Finally through the roof
And on to somewhere near
Falling down, Velouria
Her covering, and traveling career
She can really move
Oh Velveteen

My Velouria, my Velouria
Even I'll adore ya
My Velouria
Even I'll adore ya
My Velouria

You say to me 'where have you been?'
Finally through the roof
And how does lemur's skin, reflect the sea?
Velouria, where have you been?

My Velouria, my Velouria
Even I'll adore ya
My Velouria
Even I'll adore ya
My Velouria

Move away in the shine of the other
Move away in the shine of the other
Move away of in the tides of the summer
Every summer
Every
My Velouria, my Velouria

Forever green
I know she's here, in California
I can see the tears
of Shastasheen

My Velouria, my Velouria
Even I'll adore ya
My Velouria
Even I'll adore ya
My Velouria
Even I'll adore ya
My Velouria
Even I'll adore ya
My Velouria

domingo, julio 05, 2009

Sketch-busters CXVII: David Baldeón (II)

Manteniendo la reciente y sana costumbre de ir publicando los dibujos de forma más o menos ordenada y serializada, aquí les dejo el segundo sketch que el tandem Sparks-Plissken consiguió del dibujante David Baldeón durante la celebración del pasado Expocomic. En mi caso la elección del dibujo era muy sencilla, ya que se trataba de un personaje con el que el dibujante estaba familiarizado al haber trabajado hacía relativamente poco con él -y por eso el tebeo de Robin estaba todavía inédito en España-. Además, por si fuera poco Robin III siempre ha sido un personaje que me ha caído simpático, ya sea por la ajetreada existencia ficticia que le ha tocado vivir o por algunos de los grupos en los que ha militado -Justicia Joven, Jóvenes Titanes-. La habilidad del dibujante cántabro a la hora de dibujar a Tim Drake resulta innegable, así como encombiable su voluntad de que la mayor cantidad posible de aficionados consiguiesen su firma. Realmente se ha convertido en uno de esos jóvenes valores españoles a los que habrá que seguir muy de cerca en sus próximos trabajos, ya que estoy convencido que aún le quedan muchas páginas de buen comic que ofrecer a los lectores.

jueves, julio 02, 2009

Y, El último hombre: Mi mono Ampersand y yo

El 17 de julio de 2002 un evento planetario cambia el destino de la humanidad para siempre. Una plaga de origen desconocido aniquila a todos los especímenes macho de todas las especies del planeta. No hay forma de parar un fenómeno que coge de sorpresa a todo el mundo y que acontece de forma simultánea en todo el mundo. Más de dos mil millones de hombres fallecen en unas horas, decenas de millones de animales e insectos macho hacen lo propio. Sin embargo, el joven Yorick Brown, aspirante a artista de fugas, y su mono Ampersand, al que está entrenando como asistente para discapacitados, siguen vivos y sin mostrar señal alguna de enfermedad. En una sola noche Yorick se ha convertido en el último hombre vivo sobre la faz de la Tierra...


La cataclísmica plaga deja un mundo con la mitad de población y con unas secuelas psicológicas devastadoras: la incertidumbre de la situación, la necesidad de continuar adelante manteniendo las estructuras políticas y económicas pero adaptándose a unas nuevas necesidades y usos sociales, la falta de esperanza a largo plazo que condena a la humanidad a su extinción, el sentimiento de culpa con el que lidian las supervivientes, o de liberación, o de autodestrucción, dan lugar a la creación de una nueva realidad dominada por la mujer a todos los niveles en la que un perplejo, asustado y desubicado Yorick deberá sobrevivir.


Siguiendo el consejo de su madre, miembro del nuevo gobierno, Yorick emprende un viaje en busca de la doctora Allison Mann, una prestigiosa genetista cuyos estudios sobre la clonación la colocan en la mejor posición para primero averiguar la causa de la plaga y luego avanzar en el intento de crear clones partiendo del único especimen de hombre sano. Para salvaguardar a Yorick y al molesto Ampersand, cuya tendencia a arrojar sus cacas a cualquiera que se ponga a tiro sólo es compensada por una absoluta y particular devoción a su dueño, la presidenta ordena a la agente 355 que se ocupe de Yorick. Miembro del Culper Ring, 355 se convertirá en la sombra del muchacho y hará todo lo que esté en su mano para garantizar su seguridad, desde evitar cualquier amenaza externa que amenace su vida hasta curtir el carácter del muchacho para lograr así que se valga por sí mismo.


En el camino al laboratorio de la Dra. Mann 355 y Yorick se cruzarán con la Hermandad de las Amazonas, a la que se ha unido su propia hermana, Hero, y con un particular grupo de soldados de élite israelitas que consideran a Yorick como un objetivo militar prioritario que permitirá al gobierno que lo controle su supervivencia a largo plazo. Un peculiar regalo caído del cielo, la perenne sombra de su novia Beth, que había viajado a Australia justo antes de la plaga, las diferentes comunidades con las que toma contacto el peculiar grupo formado por Mann, 355, Yorick y Ampersand, una letal ninja, una travesía transoceánica agitada, la constatación de que la teoría del caos halla un particular sentido del orden cósmico no exento de humor negro, el descubrimiento de la plaga y el destino final de todos y cada uno de los protagonistas de la serie es lo que nos encontraremos antes de terminar de leer Y, El último hombre en su número 60.


La serie consta como ya hemos dicho de 60 números, publicados entre septiembre de 2002 y marzo de 2008, y constituye como serie del sello Vertigo una fascinante historia de ciencia ficción con sólidos retratos de personajes, diálogos adultos sobre las nuevas estructuras sociales o formas de relacionarse en el nuevo mundo, continuas referencias a la vieja cultura popular -la nuestra, vamos-, y un periplo muy dilatado en el tiempo que abarca varios años en el grueso de la serie y un epílogo que situado décadas después deja claro el destino final del peculiar y maravilloso nuevo mundo de Yorick Brown. Los principales encargados de haber llevado esta historia a feliz puerto son el guionista Brian K. Vaughn, uno de los calvos más prolíficos en la actual industria del comic mainstream, y la dibujante Pia Guerra. Vaughn, que es conocido por otras series como Ex Machina o Runaways hace gala aquí de algunas de sus mejores virtudes a la hora de escribir un guión.


En primer lugar, la historia gira en torno a los personajes, y estos deben estar solidamente construidos y definidos para que su evolución, cambios, muertes, provoquen una emoción, una reacción en el lector, y a la vez mantengan la atención del mismo sobre la trama conforme sus acciones la hacen progresar. Y de personajes atractivos anda realmente sobrada esta serie, empezando por Yorick, un tipo normal, ocurrente y bromista con una amplia cultura popular a sus espaldas que se ve convertido de la noche a la mañana en la persona más importante del planeta. No se quedan atrás la doctora Mann y 355, la primera con una complicada historia familiar detrás y llena de inseguridades, la segunda una letal y decidida máquina de matar que en el fondo oculta un corazón pequeñito pero de oro. Pero junto a ellos, protagonistas absolutos, encontramos todo un universo de personajes secundarios que les complementan y enriquecen y permiten ofrecer algunos momentos verdaderamente sorprendentes o inolvidables, como podrían ser las soldados rusas; Alter, la granítica e hijoputesca líder de las tropas israelíes; Hero, hermana de Yorick y uno de los personajes de trayectoria más convulsa; Beth, suerte de Dulcinea de nuestro héroe, cuya idealización articulará un viaje a través de tres continentes con explosivo final en París que, como suele suceder, dista mucho de ser como se esperaba; Rose, soldado australiana que entabla una relación con la Dra Mann y que resultará decisiva en el tercio final de la serie...


Si con ese elenco Vaughn hace maravillas gracias a diálogos que alternan la reflexión con mordaces toques de humor o de cinismo, el desarrollo de la historia resulta ejemplar. Partiendo de la situación particular de Yorick y Ampersand el plano se va abriendo hasta ser testigos de una historia de ciencia ficción que narra el fin de la humanidad tal y como la conocemos y el nacimiento de una nueva sociedad, que, como todo parto, viene acompañado de sus convulsiones y sus consecuencias dolorosas. Para narrar eso de forma fluida, la historia no duda en hacer elipsis narrativas de semanas o meses, colocando a los protagonistas en localizaciones diferentes sin previo aviso y explicando lo justo para que no nos perdamos pero tampoco para que nos aburramos con continuos recordatorios sobre dónde y cómo han llegado hasta allí. Las elipsis, primero breves, se hacen cada vez más largas, hasta alcanzar la última de ellas, un epílogo situado décadas en el futuro. El otro mecanismo narrativo que convierte a Y en un gran fresco con multitud de historias es el de los flashbacks que narran los orígenes de algunos de los personajes más importantes de la serie. Rompiendo la progresión natural de la trama, las historias de Ampersand, Mann, Alter o 355 aportan mayor profundidad si cabe a una serie que atrapa desde el primer momento y que a su finalización dejará un regusto extraño en el lector, agridulce y optimista a partes iguales.



En el apartado artístico contamos con la dibujante canadiense Pia Guerra como artista principal de la serie. Siendo este uno de sus primeros trabajos en la industria no podría haber empezado con mejor pie, dado que además de completar una de las series más aclamadas de los últimos tiempos, ha recibido el beneplácito de la crítica con un premio Eisner al mejor equipo artístico y un Joe Shuster al Artista más destacado. Con un estilo muy sobrio y realista, una gran capacidad para la expresividad gestual y facial y una narrativa muy fluida, Guerra se echa sobre los hombros la difícil tarea de conseguir que una serie en la que priman los diálogos entre por los ojos al lector. Al tiempo, las escenas de acción no rompen con lo anterior sino que se muestran de forma igualmente fluida, alcanzando en no pocos momentos unas dosis de dramatismo y de intensidad realmente fuertes. De hecho, me llevo a mi memoria comiquera un buen puñado de viñetas realmente emocionantes que me provocaron un nudo en la garganta, de las que la señora Guerra es artífice. Resultaría injusto olvidar la meritoria labor de otros dos dibujantes que colaboraron con Guerra a la hora de mantener el ritmo de publicación de la serie, encargándose de algunos arcos. Es el caso de Paul Chadwick, dibujante con más de un punto de contacto con Guerra, o de Goran Sudzuka, que contribuyen dentro de su estilo a mantener la homogeneidad artística de una serie que ha gozado de apoyo por parte del público, ha contado con excelentes críticas y reconocimiento en forma de premios y que ha sido uno de los pilares del sello Vertigo durante su periplo editorial. Tampoco podemos dejar de citar a esos dos monstruos de la ilustración que son J. G. Jones y Massimo Carnevale, que con sus portadas pintadas nos dan el primer atisbo de lo que vamos a encontrar en el interior del comic, verdaderos cuadros que juegan con el simbolismo, la caricatura y el diseño para ofrecer un vistazo apocalíptico, referencial y humorístico a ese particular mundo del mañana.



Personalmente no comencé la serie con la primera edición parcial española a cargo de Norma, sino que me subí al carro con los cuadernillos mensuales de Planeta. Posteriormente, con el paso a tomo y el baile de números repetidos, un auténtico desbarajuste que ha causado cierta confusión entre no pocos lectores a la hora de continuar la serie, la dejé durmiendo el sueño de las series incompletas, hasta que gracias a un amiguete friki del trabajo he podido terminar de leerla en condiciones y casi de tirón. Dada la extensión y emoción del rollo que les he metido creo que resulta ridículo que reitere mi opinión sobre la serie. Lo único que les recomiendo es que la lean. No que la compren. Eso vendrá luego, cuando quieran atesorar la historia de Yorick Brown y de su compañero Ampersand en un mundo sin hombres.