Ya está aquí, ya llegó otro año más el Gran Día del Culo, celebración que se sacó de la manga -o de sálvesea la parte- el gran bloguero verde comedor de oreos y descontextualizador nato -vulgo, Jotace- y que cada año ha ido congregando a cada vez más blogueros independientemente de su adscripción al mundo de la cultura popular en sus más variadas manifestaciones, bitácoras personales o grupales o blogs que de puro variado son harto inclasificables. Como suele ser habitual, yo dedicaré una entrada a algún dibujante de commissions obsesionado y obcecado con esta parte de la anatomía femenina, pero mis habituales escrúpulos me obligan a una suerte de justificación por sumarme a un evento que cada año aumenta en calidad y cantidad de culos, en la barbaridad políticamente incorrecta y en la sana intención de aportar humor y culos a un mundo cada vez más gris que, tiene coña la cosa, cada vez va más de culo.
Para empezar, aquí tienen ustedes una de las mayores glorificaciones del Trasero en todo su esplendor, una oda a los culos de gran calibre capaz de hacer fosfatina todo lo que se ponga por delante y con la que el rapero Sir Mix-a-lot de paso se despachaba a gusto contra la white trash repleta de prejuicios en una intro a la canción verdaderamente descacharrante. La canción, sexual y desvergonzada, fue prohibida en un primer momento por la MTV, aunque eso no impidió una sana carrera comercial y convertirse en una de las canciones más recordadas de su época. Toda una declaración de principios por parte de un caballero que tenía muy claro lo que le gustaba y anhelaba compartir esa pasión con la humanidad. La historia de la cultura estará para siempre en deuda con Sir Mix-a-lot por su clarividencia y por su osadía. Para empezar, ahí va eso.
Por motivos más que variados este lunes se me ha echado el tiempo encima más que nunca. Ajetreo de fin de semana que da paso a ajetreo entre semana que da paso a un bucle en el que por lo menos, vuelvo a encontrarme de forma más o menos normal, por más que en ciertos momentos uno siga acusando los cambios forzosos vividos en los últimos tiempos. Vuelta a la normalidad y vuelta esta semana a santificar el evento friki de cada febrero en el que se santifican los panderos tratando de relacionarlos de la mejor manera posible con los temas habituales de cada uno de los blogs participantes en el Big Culo Day. Junto a la entrada culera, culona, culosa o como quiera que la llamemos, esta semana encontrarán ustedes por aquí un nuevo dibujo de convención, así como alguna que otra reseña con la que me apetezca torturarles, todo ello si...
Si consigo escapar al hechizo de Rapture, los Big Daddys, las Little Sisters y la madre que los parió a todos ellos. Los chicos del estudio 2K Marin me tienen completamente absorto en la segunda parte del juego que me volvió loco y me enganchó hasta límites no conocidos por mí en mi larga vida de hard gamer. Reconozco que me resulta difícil hurtarle tiempo al dichoso juego para elaborar una entrada en condiciones como las que ustedes merecen leer y disfrutar, pero para algo servidor es un tipo tan duro como Plissken... O algo. Para amenizar la entrada de cada lunes, y como me encanta hilar temas y sacar cosas a colación peregrina, aquí les dejo un video de Blondie, epítome de la modernez de los últimos setenta y liderado por la presencia sensual, magnética y sexual de Deborah Harry. El videoclip es lisérgico a más no poder, así que puede ser el modo ideal de empezar otra semana absurda. Dejense raptar por ella pero intenten escapar a la mayor brevedad posible y regresar por aquí, su casa en la red. Tengan mucho cuidado ahí fuera, no sea que vayan ustedes a empezar la semana de culo.
Rapture Blondie
Toe to toe Dancing very close Barely breathing Almost comatose Wall to wall People hypnotised And they're stepping lightly Hang each night in Rapture
Back to back Sacrailiac Spineless movement And a wild attack
Face to face Sadly solitude And it's finger popping Twenty-four hour shopping in Rapture
Fab Five Freddie told me everybody's high DJ's spinnin' are savin' my mind Flash is fast, Flash is cool Francois sez fas, Flashe' no do And you don't stop, sure shot Go out to the parking lot And you get in your car and you drive real far And you drive all night and then you see a light And it comes right down and lands on the ground And out comes a man from Mars And you try to run but he's got a gun And he shoots you dead and he eats your head And then you're in the man from Mars You go out at night, eatin' cars You eat Cadillacs, Lincolns too Mercuries and Subarus And you don't stop, you keep on eatin' cars Then, when there's no more cars You go out at night and eat up bars where the people meet Face to face, dance cheek to cheek One to one, man to man Dance toe to toe Don't move too slow, 'cause the man from Mars Is through with cars, he's eatin' bars Yeah, wall to wall, door to door, hall to hall He's gonna eat 'em all Rapture, be pure Take a tour, through the sewer Don't strain your brain, paint a train You'll be singin' in the rain I said don't stop, do punk rock
Well now you see what you wanna be Just have your party on TV 'Cause the man from Mars won't eat up bars when the TV's on And now he's gone back up to space Where he won't have a hassle with the human race And you hip-hop, and you don't stop Just blast off, sure shot 'Cause the man from Mars stopped eatin' cars and eatin' bars And now he only eats guitars, get up!
El joven Billy Batson, huérfano y sin parientes conocidos, malvive en las calles alimentándose de sobras y de lo que puede comprar con las escasas propinas que consigue. Su único amigo es Talky, un afable anciano sin hogar con el que comparte sus penurias y del que obtiene consejos acertados y no poco apoyo moral. Por si su situación no fuese ya lo suficientemente desgraciada, Billy soporta el acoso de un peligroso maleante, LaGreen, que le roba lo poco que consigue en la calle. Pero la vida de Billy está a punto de dar un giro de 180º cuando un día le parece reconocer a su padre en la calle.
Fuera de sí Billy decide seguir al extraño personaje hasta una estación de metro abandonada, donde un tren reluciente le conduce a una gruta en la que unas gigantescas y grotescas estatuas representando a los Siete Pecados Capitales flanquean una gran estancia. Al fondo, una roca gigantesca pendiendo de un hilo cobija a un anciano que le otorga un don mágico de gran magnitud y enorme responsabilidad. Billy Batson se convertirá en el huésped de la fuerza mágica que habita en la Roca del Destino, y pronunciando la palabra mágica Shazam se transformará en el adulto, fornido y poderoso Capitán Marvel, protegido por los dones y bendiciones de Salomón, Hércules, Atlas, Zeus, Aquiles y Mercurio. La perplejidad del muchacho al enfrentarse a fuerzas más allá de su comprensión aumenta cuando se le explica la naturaleza y los límites de la Roca del Destino, límites que inadvertidamente traspasará desatando fuerzas más allá de su control.
En la ciudad pronto se suceden una serie de ominosos y preocupantes acontecimientos, como la aparición de unos seres mezcla de lagarto y hombre, el descubrimiento de unas huellas gigantesca en el Parque y el advenimiento de un ser ultrapoderoso más allá de la comprensión humana vaticinado por dos gigantescos robots apostados cerca de las pisadas. Todos esos acontecimientos despertarán la atención no sólo de Billy y su alter ego superheróico el Capitán Marvel, sino también la del fiscal del distrito Sivanna, cuyas aviesas intenciones entrarán en colisión con el bienestar último de la humanidad. Del Capitán Marvel, de su coraje y determinación y de la oportuna intervención de unos inesperados aliados dependerá el éxito o el fracaso de una situación imposible que exigirá lo máximo de todos y cada uno de ellos.
Shazam: La Monstruosa Sociedad del Mal es una serie limitada de cuatro números en formato de lujo que revisita el origen del Capitán Marvel desde una perspectiva más contemporánea, pero respetando en lo esencial los puntos básicos de la mitología del Gran Queso Rojo y de su galería de personajes. El encargado de realizar este proyecto fue Jeff Smith, en la que supuso su primera obra de importancia tras finalizar la grandiosa y titánica Bone. Siendo completamente fiel a su estilo cartoon, y con un desarrollo del guión muy similar, partiendo de una situación casi cotidiana acabamos siendo testigos de un enfrentamiento cósmico a tres bandas repleto de dramatismo, seres bizarros y extraordinarios y una prodigiosa narrativa que absorbe al lector y lo transporta al corazón mismo de la historia. La secuenciación resulta tan natural como en Bone, y cuando lo exige la acción Smith se permite viñetas a toda página (o incluso ocupando una doble) de las que emocionan por su intensidad y su espectacularidad.
Siendo fiel como digo al espíritu naif del personaje y manteniendo un tono de comic infantil, en el que nada resulta excesívamente trágico o tenebroso, Jeff Smith hace un alarde de inteligencia a la hora de actualizar algunos de los personajes, como ese doctor Sivanna al que ahora mueven motivos políticos y se aprovecha de la paranoia colectiva para cimentar sus planes o la situación de desamparo de Billy Batson y su acoso por parte de los hampones/abusones de turno. Igualmente, los conceptos de la Roca de la Eternidad y el anciano Shazam, si no plenamente explicados sí son más explorados que de costumbre, y suponen el motor impulsor de una trama que nos trae a otros viejos conocidos de la historia del personaje como Tawny, Mary Marvel o Mr. Mente. La única pega que pondría a La monstruosa Sociedad del Mal es la de volver a contar -una vez más- el origen de un personaje con el que parecen no haber sabido qué hacer durante mucho tiempo y que ha funcionado mejor como secundario en macroeventos estilo 52 o Crisis Final antes que como protagonista de sus propias aventuras en un título mensual. En cualquier caso, un tebeo más que recomendable, entretenido, emocionante, y un must have para los seguidores de un autor que, oh, DIANTRES, ha sido anunciado como invitado oficial para el próximo Salón del Comic de Barcelona. ¿Les había contado ya que yo empecé a salonear por SU CULPA?
La sección de hoy se centra en uno de los profesionales más prolíficos de la Edad de Bronce, y es que el trabajo de Josef "Joe" Rubinstein ha servido de apoyo a decenas de dibujantes y ha podido disfrutarse en cientos de comics desde que comenzara su carrera profesional, hace más de tres décadas. Este entintador, que empezó a trabajar como asistente en el estudio de Dick Giordano (otro entintador histórico) y Neal Adams, Continuity Comics, posee un record Guinnes más que curioso, el del entintador que más dibujantes ha entintado, algo a lo que ha contribuido decisivamente su labor durante más de 20 años como entintador de La guía oficial del Universo Marvel. Además de su trabajo como profesional Rubinstein es otro de los artistas dedicados activamente al mundo de las commissions, y su trabajo es prolífico en el campo tanto en calidad como en cantidad. Dada su categoría profesional, muchas de las commissions las ha orientado a trabajar sobre lápices ajenos, a los cuales daba un acabado de calidad profesional, ya fueran sketchs de convención realizados por otros autores, entintados sobre reproducciones de lápiz o recreaciones con el estilo de monstruos consagrados como Colan, Kirby, Byrne, Wrightson o Adams, por citar unos pocos. He decidido dedicarle dos entradas, una de ellas con algunas de sus commissions entintadas y otra con ilustraciones a color, para la que me guardo además, el curioso modo en que se me ocurrió este post.
A continuación, y como es habitual, ordenando las imágenes conforme a la calidad y elaboración de las mismas, pueden encontrar ustedes una muestra de lo bien -o mal, o regular, que todo va en gustos- que sientan las tintas de Joe Rubinstein a los lápices de Kevin Maguire, Joe Jusko, Al Rio, Mike Grell (una de mis favoritas de esta tanda), Gene Colan, Claude St. Aubin, Mike Wieringo, John Byrne y Ron Lim. Una vez más, servidor se lamenta de que no le toque una primitiva para poder arramblar con una megacommission de este autor, pero por lo menos, como dijo aquel, siempre nos quedará Comic Art Fans...
Soñoliento y recién despertado de una breve siesta de sofá, Plissken se declara derrotado de antemano en una semana que comienza, de hecho y de partida, ya con la reserva de energía mermada. El habitual vacío virtual vivido durante el fin de semana se explica esta semana más que nunca, dado que un viejo compañero de trabajo -por un breve pero intenso lapso de tiempo- y amigo contraía matrimonio civil y había que dar espectáculo. Los que me conocen en persona saben que el Delfín -y no precisamente el de ese esperpento que pulula por los realitys- lo da todo frente a una audiencia entregada, apoyado por los amigos y una botella de vinacho peleón. En este caso no pude ni quise fallar al respetable, y a fe mía que se dio espectáculo aún a costa de pasar el día siguiente absorbido por la fuerza gravitatoria del sofá y amenizando el cansancio con dos nuevos capítulos del Doctor Who, serie a la que, como muchos, he llegado tarde, pero que me tiene completamente enamorado y enganchado. ¿Se puede ser yonqui de la cultura popular? Pregúntenselo al lostie más cercano...
Entre pitos y flautas, o cansancio laboral y bodas, como gusten, el programa de este su blog amigo se cumplió a medias, aunque cuando menos me desquité con esa deuda histórica contraída con 30 Rock, que a lo tonto, a base de talento, de acaparar premios y de no ceder un ápice de calidad pese al tiempo transcurrido, se ha convertido en una telecomedia de referencia que podría consolidarse -si el paso de las temporadas no acusa bajones y el reparto aguanta- en referente del medio y pasar al olimpo de grandes sitcom (en el que yo tengo y venero a Cheers, Frasier, Seinfeld o Friends). Para esta semana espero poder cumplir con Billy Batson y Jeff Smith al tiempo que les dejaré una nueva galería de commissionandos, y, sólo si, el tiempo lo permite, recuperaré una parca leída hace meses pero que al final dejé en esa otra montaña de atrasados que son los propósitos pendientes para este blog.
La canción de esta semana, escrita por Pete Seeger a partir del Eclesiastés y versionada en decenas de ocasiones, tiene en la interpretación de The Byrds su versión más reconocible y reconocida, y nos recuerda la variedad de situaciones y acontecimientos con los que tenemos que lidiar a lo largo de nuestra existencia. Lo bueno y lo malo, lo divino y lo humano, lo chusco y lo elevado, todo tiene cabida en ese periplo ajetreado e impredecible mal que nos pese que llamamos vida, y lo único que podemos hacer es intentar estar preparados para que cuando llegue una nueva vuelta de tuerca no nos coja total y absolutamente desprevenidos. Con este clásico me despido de todos ustedes y les pido encarecidamente, como en tantas otras ocasiones, que tengan mucho cuidado ahí fuera.
Turn, turn, turn The Byrds
To Everything (Turn, Turn, Turn) There is a season (Turn, Turn, Turn) And a time to every purpose, under Heaven
A time to be born, a time to die A time to plant, a time to reap A time to kill, a time to heal A time to laugh, a time to weep
To Everything (Turn, Turn, Turn) There is a season (Turn, Turn, Turn) And a time to every purpose, under Heaven
A time to build up,a time to break down A time to dance, a time to mourn A time to cast away stones, a time to gather stones together
To Everything (Turn, Turn, Turn) There is a season (Turn, Turn, Turn) And a time to every purpose, under Heaven
A time of love, a time of hate A time of war, a time of peace A time you may embrace, a time to refrain from embracing
To Everything (Turn, Turn, Turn) There is a season (Turn, Turn, Turn) And a time to every purpose, under Heaven
A time to gain, a time to lose A time to rend, a time to sew A time for love, a time for hate A time for peace, I swear it's not too late
Liz Lemon (Tina Fey) es la directora de The girlie show, un programa de sketchs cómicos y números musicales emitido en directo semanalmente desde la sede de la NBC en Nueva York, situada en el número 30 de la Plaza Rockefeller. Pese a la calidad del programa y a la popularidad de su estrella, Jenna Maroney (Jane Krakowsky), los índices de audiencia han ido bajando hasta llamar la atención de los gerifaltes de la cadena, que no dudan en tomar cartas en el asunto. Para reconducir la marcha del programa -y de la cadena en general- la directiva recurre a Jack Donaghy(Alec Baldwin), director de la división de hornos microondas de General Electric, que empleará toda su experiencia como tiburón corporativo para revitalizar el show y darle un nuevo aire.
La primera medida impulsada por Donaghy es la contratación de una figura mediática con más relumbrón que Jenna. El elegido será Tracy Jordan (Tracy Morgan), bala perdida, golfo, rapero, actor de derribo en producciones mediocres pero con gran tirón popular y de carácter abiertamente psicótico. Desde ese momento la vida de Liz Lemon se volverá en un verdadero infierno en el que intentará conciliar su solitaria vida familiar de mujer blanca de clase alta neoyorquina entregada por entero a su trabajo con su devoción por el medio televisivo y por el programa. Junto a Tracy y Jenna, enzarzados en una pelea continua de divos por llamar la atención y lograr ver satisfechos sus caprichos, encontramos a Pete Hornberger (Scott Adsit), la voz de la razón -en ocasiones, que no siempre- en un entorno frenético y hombre de confianza de Liz, a Frank (Judah Friedlander), el más alocado y excéntrico de todo el equipo de guionistas, o a Kenneth Parcell (Jack McBrayer), el cándido botones de la cadena que igual guía una visita que hace recados que atiende a las necesidades personales de las estrellas del programa.
En ese entorno es en el que se desarrollan las frenéticas peripecias de 30 Rock (en España Rockefeller Plaza), una de las telecomedias que mayor número de premios y nominaciones ha acaparado en los últimos años pese a contar con unos índices de audiencia relativamente bajos. La serie parte de la experiencia personal de Tina Fey como actriz y jefa de guionistas del mítico Saturday Night Live, cuya sombra planea sobre la concepción argumental de la serie y al que se rinde homenaje y pleitesía casi en cada momento, al desvelar las dificultades, problemas y exigencias que un programa de esas características requiere semana a semana y lo difícil que resulta mantener el nivel de frescura, inteligencia y diversión en unos níveles de calidad medios durante más de dos décadas (aquí en España el invento no duró siquiera una). En ese sentido, la presencia de Tina Fey como productora de 30 Rock, protagonista y escritora de algunos de los episodios resulta fundamental, y el resultado, creíble y extremadamente divertido.
Si la labor y la presencia de Fey resultan vitales, no menos importante para la consolidación de 30 Rock ha sido el logro de conjuntar un reparto variopinto de personajes capaces de enganchar al espectador como secundarios de peso o como secundarios recurrentes. Jenna camina en todo momento entre la estulticia de las divas superficiales oxigenadas de la televisión y la fragilidad de un juguete roto en potencia buscando el plano final de su carrera. Tracy Jordan, revulsivo del programa y parodia desaforada y efectiva de los Eddie Murphy, Will Smith y Martin Lawrence de turno, dado a protagonizar bodrios de ficción y excesos de todo tipo en la vida real, es capaz de asentarse en un papel vociferante e histriónico y ofrecer momentos de genuina comedia surrealista. En el cupo de secundarios me gustaría destacar a ese Kenneth que cumple el papel de Woody Harrelson en Cheers, el inocentón de campo llegado a la gran ciudad para vivir día a día su sueño -trabajar en televisión, aunque del modo en que muchos podrían verlo como una pesadilla, desde abajo y con una candidez y una entrega que sorprenden episodio a episodio.
Pero en el reparto de secundarios de 30 Rock, sin duda uno de los más atractivos del momento en el formato de telecomedias, aún cabe resaltar algunos secundarios que aportan jugosos elementos a la serie, como el guionista Dospor (Keith Powell) que contrapone su prototipo de afroamericano cultivado al estereotipo de estrella negra proveniente del gueto que supone Tracy Jordan; la secretaria Cerie (Katrina Bowden), sexy y bobalicona que se enfrenta a una Liz Lemon que ha hecho todo lo posible por hacer valer su talento y su esfuerzo por encima de cualquier otra consideración, o Lutz (John Lutz), otro miembro del equipo de guionistas cuya estulticia e inoportunidad le convierten en el bufón trágico del grupo. Mi personaje favorito dentro de la nómina de secundarios es sin duda el doctor Leo Espacial (Chris Parnell), un tipo estrambótico que obtendría el título en una tómbola, adicto a las terapias más peregrinas, peligrosas y de dudoso éxito y cuya competencia está peligrosamente por debajo de los límites exigibles no ya a un doctor, sino a un homo sapiens.
Me he dejado un nombre a propósito para el final, la madre del cordero del reparto, el tipo que se lo lleva crudo capítulo tras capítulo y que arranca desde sonrisas cómplices hasta carcajadas sonoras con sus réplicas, comentarios, reflexiones y actos. Jack Donaghy es el rey de la función y el caramelito que le ha servido a Alec Baldwin para reivindicarse como actor tras años de malas elecciones y de vivir a la sombra de su antaño señora Kim Bassinger. La calidad de su interpretación y la variedad de registros que Baldwin proporciona al personaje son de antología, haciendo gala de un gran poder de convicción y logrando crear capítulo a capítulo a un irlandés de carne y hueso, iracundo, capaz de emborracharse por despecho o despedir a cientos de personas sin torcer un gesto, sensible a las necesidades de sus subordinados pero incapaz de lidiar con su madre, y sobre todo profundo conocedor de los entresijos de la cultura empresarial y de los mecanismos de supervivencia dentro del mismo.
Dos cositas más antes de acabar este repaso a una de las telecomedias más divertidas que he visto nunca. El primero es la capacidad de convocatoria de la serie para atraer a rostros conocidos de la televisión, el cine o la política yanqui. A lo largo de sus cuatro años de vida la serie ha contado con la aparición de actores como Salma Hayek, Isabella Rossellini, Steve Buscemi, Alan Alda o Rip Torn en la categoría de cameos recurrentes, pero como invitados especiales ha contado con Carrie Fischer, Jennifer Anniston, Ophra Winfrey, Al Gore, Whoopi Goldberg, John McEnroe o Steve Martin. Mención especial merece el capítulo final de la tercera temporada donde parodiando los típicos números musicales multiestelares con fines benéficos encontramos en el mismo plano y cantando una canción demencial a Elvis Costello, Sheryl Crow, Mike D. (vocalista de Maroon 5), Wyclef Jean, Cindy Lauper y Moby entre otros músicos, terminando por todo lo alto y permitiéndose un chiste metalingüístico de esos para enmarcar.
Y temáticamente hablando, la serie ofrece situaciones y sketchs para todos los gustos: réplicas mordaces y reflexiones cínicas sobre la vida en la gran ciudad, estresantes y estrelladas relaciones sentimentales, lucha desaforada de egos, números musicales bufos, gags surrealistas y chistes reiterativos. Para mí lo más espectacular del cotarro es que sin aspavientos pero con altas dosis de cinismo y mala leche los creadores de 30 Rock se permiten el lujazo de lanzar puñetazos directos a la sociedad norteamericana, y créanme que con una sonrisa en el rostro y un alfiler acerado en la broma se logran críticas incendiarias contra las grandes corporaciones y sus despiadados medios de promoción, despido o creación de un entorno laboral productivo en el que lo políticamente correcto y las relaciones sociales marcadas por la hipocresía y la adulación permiten medrar más que trabajando duro y derrochando talento y esfuerzo. Algunos capítulos son homenajes descarados y desopilantes a clásicos del musical (Mamma Mia) o del cine (Amadeus, en este caso con un Tracy Jordan obsesionado por crear el videojuego pornográfico perfecto con Frank ejerciendo de Salieri) o hacen mofa y befa de los culebrones hispanos (lo que permite a Baldwin rizar el rizo y bordar... dos personajes diferentes). Hacía tiempo que no me enganchaba tanto a una telecomedia, y las tres temporadas emitidas hasta el momento en España han caído en apenas mes y medio, con sesiones de dos y tres capítulos diarios que me permitían esbozar por un momento una sonrisa complice y disfrutar de las peripecias de esos locos enamorados de la tele y sus chaladuras en el número 30 de Rockefeller Plaza.
Foto de familia durante una de sus triunfales noches en la gala de los Emmys.
A través del amigo FH Navarro me ha llegado esta iniciativa solidaria que me gustaría compartir con todos vosotros y contribuir mínimamente a su difusión. Ante la catástrofe y el horror sufridos por la población de Haití a lo largo de las últimas semanas, un grupo de artistas españoles ha ofrecido sus obras desinteresadamente para una exposición colectiva solidaria que se podrá verse en los siguientes locales desde el 5 de febrero hasta el 5 de marzo: Fatal de lo Mío, C/ San Andrés, 24 (Metro: Tribunal / Bilbao) y Emiika Style, C/ Corredera Baja de San Pablo, 53 (Metro: Gran Vía / Tribunal).
Además, todas las obras expuestas están a la venta, y el total de lo recaudado se hará llegar a Intermón Oxfam y al fondo de emergencia especial destinado a los damnificados de Haití. Si en otras ocasiones nos hemos hecho eco de iniciativas similares, creo que en este momento es casi un deber cívico colaborar cuando menos en la difusión de un acto tan generoso y tan desinteresado por parte de colectivos y artistas españoles que desean contribuir con algo más que palabras y buenas intenciones para aliviar la trágica situación de la población haitiana. Desde aquí deseamos la mejor de las suertes al proyecto y agradecemos a todos los participantes la ilusión y el esfuerzo derrochados en pos de tan buen fin.
El último original que ha pasado a formar parte de mi colección personal ha sido esta página de la serie limitada Flash & Green Lantern: The Brave and the Bold, serie publicada originalmente en el año 99 y recogida posteriormente en un tomo recopilatorio, que aquí apareció hace un par de años. La página pertenece a Barry Kitson, que entinta sus propios lápices. Los más asiduos recordaréis la gran impresión que me causó durante el pasado Expocomic, así como la espectacular Supergirl que tuvimos la suerte de lograr in extremis. Además de prestarse a maratonianas sesiones de firmas Barry llevó al salón un buen puñado de páginas originales, no sólo pertenecientes a sus trabajos más recientes, como Spiderman o Los Cuatro Fantásticos, sino también a otras obras más antiguas, como es el caso del puñado de páginas protagonizadas por Hal y Wally. Aunque lamentablemente no había originales de la Legión ni de la JLA Año Uno, estas páginas destacaban por un ajustadísimo precio -entre 35 y 40 euros- y por ser todo lo que se puede pedir a un original de estas características: representativo del estilo del autor, visualmente atractivo y con ese plus de valor sentimental añadido.
En mi caso, desde el primer momento, esta página me llamó la atención, al tratarse de la penúltima de la miniserie y mostrar la despedida final de dos amigos que no volverán a verse en vida, el recuerdo melancólico no ya de tiempos pasados, sino el hondo sentimiento de pena por relatar el fin de una era. Con la cara infantil de Tom Kalmaku dominando un emotivo plano general, el contar con dos de mis héroes favoritos en una pose activa pero no violenta que refleja su honestidad, su valor, su arrojo, y el profundo sentimiento de amistad que les unió durante años -y que sólo la muerte pudo quebrantar... temporalmente- fue más que suficiente para animarme a comprar el original, desde aquel momento uno de los favoritos de mi más que humilde colección.
En la línea de comenzar la semana con las pilas anímicas cargadas y las físicas completamente exhaustas, en la línea de acudir sin la menor motivación al curro, en la línea de comenzar con el post semanal con que habitualmente afrontamos cada lunes... Demasiadas líneas para un lunes anodino como la mayoría de ellos que sitúo en un mes en el que van a continuar los cambios en mi entorno vital, en el que perderé a otro compañero al que aprecio y afrontaremos un entorno bastante cambiante en lo laboral. Donde no existirán cambios apreciables es en este su blog amigo que permanecerá como última línea de defensa entre un servidor y el olvido, la locura y el caos, y en el que proseguiré con la labor de compartir con todos ustedes las pelis, series o comics que me hayan llamado la atención positiva o negativamente. Esta semana dejamos de lado las Crisis Finales y los macroeventos épico dramáticos y nos centraremos en una delicia de tebeo que he disfrutado con un notable retraso desde su publicación en España, daré una breves pinceladas sobre Sherlock Holmes y si me animo les dejaré un post sobre la última serie que me ha tenido enganchado y de la que me pulido tres temporadas en apenas un mes con verdadera ansiedad, teniendo claro que el verdadero bombazo de la temporada se estrena mañana en los USA y ese puñado de capítulos que me separan del final de Lost -en IMDB confirman dieciocho-me van a tener verdaderamente al borde del colapso.
Siguiendo con líneas divisorias y actitudes vitales firmes ante las mismas para no desviarse un ápice del sendero recto y tener las prioridades claras, les dejo una gran canción del Hombre de Negro de la música americana, aunque en una versión más reciente perteneciente a la banda Live, que ofrece una más que estimable interpretación de un gran tema con el que afirmar los pies en el suelo, mirar a los ojos a los próximos retos que se avecinen y decirles a la cara: ¿Sabéis lo que dice Plissken en estas situaciones? Pero qué pasa...
I walk the line Live featuring Johnny Cash
I keep a close watch on this heart of mine I keep my eyes wide open all the time. I keep the ends out for the tie that binds Because you're mine, I walk the line I find it very, very easy to be true I find myself alone when each day is through Yes, i'll admit i'm a fool for you Because you're mine, I walk the line As sure as night is dark and day is light I keep you on my mind both day and night And happiness i've known proves that it's right Because you're mine, I walk the line You've got a way to keep me on your side You give me cause for love that i can't hide For you i know i'd even try to turn the tide Because you're mine, I walk the line
Aprovechando la tranquilidad de esta tarde de domingo en la que la mayoría aprovecha para recuperarse de los excesos del fin de semana o para prepararse ante la perspectiva de otra semanita de curro en el infierno -en mi caso hablamos de una mezcla a partes iguales entre ambos factores-, comparto con ustedes un sketch que me hace provoca una particular emoción por varios motivos. El primero es por el dibujante del mismo, Todd Nauck, un artesano de los de cumplir mensualmente con su trabajo ofreciendo un arte competente y con personalidad propia pero que nunca ha pasado de ser un dibujante de los de plantilla. Ni ha llegado a convertirse en un fan favorite ni en un hot artist, y para ser honestos ni falta que le hace. Tras empezar su carrera al amparo de Rob Liefeld y su estudio Extreme pronto saltó a DC para realizar algunos números de la Legion de Superhéroes y la serie Young Justice, que realizó prácticamente en su totalidad (53 de 55 números, de los cuales en España hemos visto apenas una decena). Sus últimos trabajos se han visto relacionados con Spiderman (Friendly Neighborhood y la historia corta en la que aparecía el presidente Obama). Le tengo cierto aprecio por su trabajo sobretodo con ese grupo de supermocosos desbocados que pide a gritos su publicación en España de una vez por todas, pues cuenta con guiones de Peter David, guionista que en los noventa tuvo una larga y fructífera etapa creativa en DC (Supergirl, Young Justice y Fallen Angel) que parece no existir para los aficionados españoles, que suelen creer que entre Hulk y Factor X hay un agujero creativo de casi una década que no merece la pena investigar. El dibujo de Nauck contribuyó enormemente a la diversión y la frescura de un título necesario para completar el retrato de personajes como Impulso, Robin o Superboy. El segundo motivo por el que me encanta el sketch es porque retrata a uno de mis personajes femeninos más queridos, uno de mis primeros enamoramientos cándidos de infancia merced a esa película infumable y kitsch que fue Supergirl, pergeñada a modo de exploit de la saga de Superman que no he podido volver a ver entera desde hace por lo menos tres lustros y protagonizada por una Helen Slater que siempre ocupará un huequecito en mi corazón. Y el tercer motivo y el más importante, qué demonios, es que el dibujo es un verdadero regalazo del amigo Óscar Lozano, patriarca de la cédula catalana de coleccionistas de arte original y sketch-buster tenaz que consiguió esta verdadera belleza para un servidor durante la pasada edición del Salón del Comic de Barcelona, al que con todo el dolor de mi corazón no pude asistir. Mi agradecimiento más sincero, caballero. Y ya puestos y para seguir avanzando futuras entregas de esta sección, pues continuaremos con otros dibujos protagonizados por la rubia prima de Superman. Permanezcan en sintonía.