jueves, agosto 08, 2013

Apocalipsis Z: La trilogía Zombi española de Manel Loureiro

No he querido englobar esta entrada dentro de la sección de El baúl... porque por lo menos la mitad de la misma es de nueva creación. ¿Por qué? Pues porque durante mucho, mucho tiempo una de las normas de este blog fue esa de "Si no puedes escribir algo bonito y friki de alguien no lo escribas", y con las sucesivas entregas de AZ el idilio entre autor y lector que hizo llevaderas algunas fallas del primer libro desapareción por completo. Pero no quiero adelantar acontecimientos. Les dejo con el repaso a un verdadero fenómeno editorial español, el germen de toda una linea editorial dedicada a los muertos vivientes y el escritor que consiguió que una de las mayores editoriales "serias" de nuestro país publicara un libro donde los muertos devoraban cadáveres y caminaban libremente sobre la faz de la tierra.

Apocalipsis Z: Los muertos caminan... en Galicia

En una urbanización de viviendas unifamiliares situada en una tranquila zona de Galicia vive un abogado -cuyo nombre no conoceremos a lo largo de toda la novela pues esta no es sino el diario en el que registra todas sus peripecias- y su gato Lúculo. Su vida transcurre entre contratos con empresas, viajes a ver a la familia, cuidados a su compañero felino y una muy sana curiosidad que le lleva a estar muy informado de los acontecimientos mundiales y a mantener un diario personal en internet en el que plasmar sus relexiones sobre los mismos. La gris y tranquila existencia de Lúculo y su dueño está a punto de cambiar...
Portada del libro editado por Dolmen Editorial
Un asalto de terroristas chechenos a una base rusa en la república de Daguestán libera un agente patógeno desconocido hasta el momento. En mitad de un bloqueo informativo cada vez más duro por parte de las autoridades rusas se suceden las noticias preocupantes: destrucción masiva en ciudades, informes de ataques salvajes llevados a cabo por decenas de personas, una misteriosa enfermedad de origen y forma de transmisión desconocida que tiene desconcertadas a las autoridades... Internet echa humo sobre el asunto y pronto los focos de esa misteriosa infección aparecen por todo el mundo: países del este y centroeuropa, China, India. Los infectados propagan de forma casi exponencial una epidemia que en cuestión de semanas pasa a ser global y que en España se origina en Zaragoza y Madrid principalmente. Conforme aumentan los afectados y los gobiernos se muestran incapaces de controlar la situación y frenar el avance del mal, la sociedad va perdiendo poco a poco muchos de los pilares que la sustentaban hasta el momento. No hay suministros ni comunicaciones, la ley marcial reduce el tráfico de personas y las libertades civiles... Finalmente la población es evacuada de sus casas y concentrada en puntos seguros en alguna de las principales ciudades españolas.
Fotomontaje realizado por un aficionado en el que se reflejan algunos de los momentos inciales del contagio.
Nuestro hombre decide permanecer en su hogar junto con su gato, incapaz de comprender qué está sucediendo exactamente ni de saber a ciencia cierta qué ha sucedido con sus padres o su hermana, esta última residente en Barcelona. El horror de estar viviendo una situación incierta de la que no se atisba una salida fácil, la soledad cada vez más terrible del protagonista, y la constación definitiva de que la plaga que asola el planeta es la de un agente patógeno que mata a las personas y luego reanima sus cuerpos dotándolos de una percepción distinta y de un ansia inagotable por la carne humana serán circunstancias que colocarán la vida y la cordura de nuestro hombre y su gato en el filo de una navaja cada vez más afilada. La supervivencia propia y la de Lúculo, la búsqueda de comida, de refugio, de otros supervivientes, serán una epopeya agónica y electrizante que conoceremos de primera mano y casi en tiempo real y que nos mantendrá enganchados a la lectura del libro desde la primera hasta la última página.


Buffet libre para los no muertos. La orgía de horror imprecindible en cualquier película, libro o tebeo de zombis que se precie de serlo.

Manuel Loureiro, abogado de profesión, gallego de nacimiento y escritor por vocación, es el papa de la criatura. Comenzó a escribir las andanzas de Lúculo y su dueño por un mundo infestado de muertos vivientes a modo de diario personal en internet. Pronto el boca a boca entre la comunidad de internautas, aficionados al terror, a los zombis o a los gatos (y en mi caso fíjense cuantos de esos factores se cumplen) fue haciendo que cada vez más y más gente se enganchara al terrorífico relato. El deterioro de la civilización tal y como la conocemos, el terror hacia lo desconocido, lo zombi como desencadenante del fin de la raza humana y su sustitución por una nueva especie (¿darwinismo zombi?) son constantes del género inaugurado magistralmente por Romero en su trilogía de Los muertos vivientes, pero todo ello está aquí ambientado en localizaciones preocupantemente cercanas y conocidas y narrado desde el punto de vista del españolito medio que no posee armas de fuego, ni sabe cómo usarlas -ni falta que hace, salvo en estos casos- y cuya máxima preocupación será el bienestar de los suyos. El éxito de Loureiro se plasmó en una comunidad cada vez más amplia de lectores que además aportaban otros relatos ambientados en el universo de Apocalipsis Z, y en el interés de Dolmen Editorial por recopilar el material en este volumen que hoy nos ocupa. Además, Manuel Loureiro ha seguido narrando las peripecias del abogado y su gato, y está prevista la publicación de un segundo volumen con el final de la historia, AZ: Días Oscuros. Por si fuera poco, hay además un proyecto en curso para trasladar AZ a un comic que será dibujado por Vicente Vegas y publicado por Dolmen, y varias productoras de cine y televisión se han puesto en contacto con Loureiro para adaptar el material. Estamos ante un verdadero fenómeno en nuestro país.


Diseños conceptuales de Vicente Vegas para algunas de las adorables criaturitas que veremos plasmadas en viñetas.

A mí, personalmente, me puede la envidia, y ha sido la última lectura zombi en la que me he enfrascado. Eso sí, en tres días el libro ha caído fulminado y las últimas cincuenta páginas han sido leídas de una sentada agónica en la que tenía que contenerme antes de ver qué pasaba a continuación. El libro desde mi humilde punto de vista no es perfecto, tiene algún fallo de ritmo y rompe un par de veces sus propias reglas introduciendo un narrador en tercera persona que rellena de forma innecesaria dos fragmentos de narración que habrían quedado igualmente bien con una elipsis narrativa que dejara algo a la imaginación del lector. Esos dos fragmentos escritos en tercera persona y por un narrador omnisciente rompen la ilusión que hasta ese momento existía de estar asistiendo al diario de un superviviente, algo que en cualquier caso, realizado desde el primer momento habría resultado igualmente válido. Por otro lado, el autor no termina de mojarse en una de las discusiones más enconadas entre los aficionados del género de los últimos años: la de los zombis lentos de toda la vida (Romero y Fulci son especialistas en los mismos) o la de los rápidos (y no me refiero a los infectados de 28 días después, sino a Dawn of the dead o Dead set, por citar los dos ejemplos que más me han impresionado en los últimos años). Por lo demás, meritoria labor la de Loureiro que ha trasladado a España los tópicos habituales del género: saqueos, puntos seguros que no lo son tanto, masacres indiscriminadas, gráficos detalle sobre los muertos vivientes, situaciones de encierro extremo y de huídas a cara de perro... Sólo queda esperar a que se edite AZ: Días Oscuros, el noveno tomo de Walking Dead o la siguiente aventura editorial de Max Brooks y tendremos una nueva oleada de zombis invadiendo nuestro cuarto de estar.

Apocalipsis Z. Los días Oscuros: Guerracivilismo y muertos vivientes en Las Canarias

Manel, Viktor, Lucía, Sor Cecilia y Lúculo, el equipo superviviente a toda una serie de desgracias y vicisitudes, alcanzan lo que parece un refugio seguro en el helicóptero que tanto les costó conseguir y poner en marcha: las Islas Canarias. Allí se ha refugiado un importante contingente humano, añadido a la población local, que ha huído de la infestación en los continentes europeo y africano. Las estrictas y duras medidas de seguridad impuestas por el gobierno militar de la región tienen como objetivo el mantener la zona libre de contagio y la población a salvo de un brote que sería catastrófico. Pese a las reticencias iniciales con que los recién llegados son recibidos, pronto se hace evidente para el mando militar de las islas la vital importancia estratégica de Manel y Pritchenko... Y es que sólo ellos han estado en una zona infectada y han podido escapar con vida.


Pronto los caminos de nuestros protagonistas se dividirán. Manel y Pritch irán junto a una misión de comando al Hospital de La Paz en Madrid en busca de una de las necesidades más básicas que padece la zona, medicinas. Por su parte, Lucía y Sor Cecilia quedarán ingresadas en un hospital, con la amenaza velada de un soldado que se ha encaprichado de una de ellas y hará todo lo necesario para conseguirla. Para terminar de redondear la explosiva situación, en el seno de la comunidad late una división interna irreconciliable entre una facción afín a la monarquía y otra que quiere instaurar un gobierno republicano. Las consecuencias de todos los factores puestos en juego serán terribles e inevitables, y los zombis volverán con su inexorable necesidad y su aterradora presencia a poner las cosas en su sitio.


Con AZ: Los días oscuros Loureiro da muchos saltos. El primero de ellos es editorial, pasando de publicar en el sello Dolmen a tener el paraguas de una grande como Plaza & Janes, y todo ello merced al gran éxito logrado con su primera novela, con uno de los mejores boca a boca que servidor recuerda y con lectores que referían una lectura ávida y compulsiva. El segundo es doble, y es que sobre la marcha cambia el estilo del libro, pasando de referir el diario de un superviviente a narrar una novela en primera persona con la aparición de un capítulo también contado desde el punto de vista del protagonista, pero en este caso de un no muerto. El tercero, triple mortal con tirabuzón, lo realiza Loureiro al expandir la trama abriendo el foco de la acción e incluyendo ya nuevos personajes y escenarios, y aquí, si bien mantiene el foco localista que tanto nos gustó a muchos en la primera novela, vuelve a incurrir en la creación de villanos de opereta necesarios para hacer avanzar la trama, vuelve a plantear situaciones habituales en cualquier película del género que se precie, y lo que para mí es el punto más flaco de la misma, introduce el elemento guerracivilista en la trama como parte de la misma. Que los muertos vivientes han servido para plantear cuestiones sociales y políticas es un hecho objetivo, y cuando se ha hecho bien -bendito Romero- ha creado reflexiones ácidas y pesimistas sobre el consumismo, la miseria humana, la estupidez del estamento militar... Honestamente, jamás pensé que vería trasladada esa manía de volver a las raíces de la Guerra Civil Española de manera burda y más bien injustificada como guiño a la galería en una novela de género. Desde el momento en que ese elemento centra la trama de las islas la credibilidad de la historia empezó a hacer aguas por todas partes. Lamentablemente para un servidor, aún quedaba lo peor.

Apocalipsis Z. La ira de los justos: Y Manel Loureiro quiso ser Stephen King

Sean ustedes bienvenidos a Gulfport, una sólida y poblada comunidad sita en el delta del Mississipi que ha conseguido eludir la amenaza de los zombis merced a una milicia bien armada y entrenada y a una inteligente construcción de muros y alambradas. Con mano firme, dirigida desde las alturas por Dios nuestro señor, el reverendo Greene rige los destinos mundanos y espirituales de la comunidad, rodeado por una guardia pretoriana de muchachotes blancos con poco pelo y gusto por las vestimentas de cuero y las armas grandes. Cómo y cuántos de nuestros protagonistas llegan a Gulfport es algo que dejaré en una elegante elipsis para todos aquellos que quieran acercarse de nuevas al mundo de Apocalipsis Z. Aceptados de nuevo con reticencia por una comunidad a la que resultan totalmente ajenos, la posibilidad de aportar información sobre lo acontecido al otro lado del charco garantiza a Manel y sus amigos el cobijo temporal en la comunidad de Gulfport.


Pronto se hará evidente que la comunidad se sostiene sobre unas bases muy frágiles y asentadas en la desigualdad, la segregación racial y el terror a caer en las garras de unos no muertos que rodean inmisericordes la ciudad. Entre los delirios religiosos de Greene y el gusto por la limpieza étnica de sus seguidores, la situación no tarda en volverse explosiva para Manel, que acaba en una búsqueda desesperada de aliados en el gueto hispanohablante de Gulfport. En medio de un estallido socio-racial, se produce la incursión de una tercera parte, nada menos que un comando de élite norcoreano que ha acudido a la región en busca de petroleo y ha recorrido para ello más de medio mundo. Los zombis se ponen la servilleta mientras los cadáveres se amontonan en el interior de la ciudad, esperando a darse un festín del que Manel, Lucía y Lúculo tendrán que escapar con cada vez menos opciones a favor.


Manel Loureiro finaliza su trilogía apocalíptica con una novela que sigue ya desde el primer momento todas las normas de un buen best-seller que se precie. Descripciones rápidas, continua sucesión de escenas de acción, tópicos reconocibles sobre los que hacer avanzar la trama, y todo ello aderezado con un nuevo cambio formal que en esta novela es llevado ya al límite, con capítulos narrados en tercera persona por un narrador omnisciente para la acción en general y otros narrados en primera persona cuando los protagoniza nuestro abogado gallego superviviente. Para redondear la jugada Lúculo debería haber tenido su propio capítulo narrado desde el punto de vista felino. Si hablábamos de credibilidad anteriormente, aquí es mejor no mencionar el concepto y hablar de posibilidad. Sí, es posible que un fanático monte un pequeño Auschwitz en la zona, sí, es posible que no haya más refinerías en el mundo que las de Gulfport, sí es posible que Manel se convierta en poco menos que un action hero en los páramos alrededor de la ciudad... Otra cosa es que un servidor pueda creérselo con la suficiente convicción para hacer llevadera la lectura del libro, lectura que mantiene la agilidad por no caer en desarrollos de personajes o descripciones de entornos innecesarias y que hace uso del final de capítulo con suspense de manera continuada para impulsar al lector a volver página tras página.


El papá de la criatura literaria, atrezado.

A modo de colofón final, no puedo negarle a Manel Loureiro la habilidad de haber sabido ver la existencia de una creciente afición por lo zombi que originariamente partía de los habituales de toda la vida acostumbrados a degustar las delicias de Romero, Fulci y Gordon y que saludaron con bastante alegría la aparición de una historia -primero novelada en el blog y posteriormente novelada a secas- ambientada en nuestro país y protagonizada por un españolito de a pie. Mientras que el perfil de la trama se mantuvo bajo y contenido, mi nivel de satisfacción era alto y entusiasta. Es cuando comienzan a aparecer los tópicos del género -militares malos, rivalidades internas, villanos de opereta, decisiones estúpidas sobre acciones inverosímiles- cuando la trilogía se va desinflando poco a poco. Por fortuna para el autor, la ola que ha venido popularizando este género hasta límites insospechados hizo que los frikis habituales de lo zombi dejáramos de constituir su base lectora primordial, y entrara en la misma el lector/a casual para el que mucho de lo contado por Loureiro resultaba fresco, aterrador y apasionante.

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