domingo, agosto 29, 2010

Los Mercenarios: Vuelven los mejores en lo suyo

Barney Ross (Sylvester Stallone) lidera un equipo de bastardos adiestrados en el manejo de las armas y especializados en vender sus habilidades al mejor postor. Su equipo, conocido como Los prescindibles, ha trabajado a lo largo y ancho del globo y ha salido airoso de misiones de combate o rescate de las que ningún ejército o cuerpo de seguridad habría conseguido salir no ya triunfante, sino salvando el pellejo.


Los prescindibles lo componen además de Barney Ross su mano derecha, Lee Christmas (Jason Statham), un tipo leal y duro como el diamante; Ying Yang (Jet Li), experto en el cuerpo a cuerpo y siempre en busca de un mejor porcentaje en los trabajos; Hale Caesar (Terry Crews), una montaña de músculos con un amor insano por las armas potentes y la munición de alto poder destructivo; Toll Road (Randy Couture), una bestia parda todoterreno que igual te prepara una demolición que te machaca con sus manos desnudas; y Gunner Jensen (Dolph Lundgren) un tipo que parece haber perdido la poca cordura que tenía tras decenas de misiones y cuyas reacciones en combate son altamente imprevisibles. Todos ellos se reúnen en el local de Tools (Mickey Rourke), quien también formó parte del equipo en su momento pero al que los demonios de su conciencia le impiden volver a la acción.


Tras realizar con éxito una misión de rescate de un carguero secuestrado por piratas, el equipo de Barney se prepara para pasar una etapa de tranquilidad que se va a tomar viento cuando el señor Iglesia (Bruce Willis) les propone un trabajito muy bien remunerado: visitar una isla en América del sur gobernada por un dictador con conexiones con el narcotráfico, evaluar la situación sobre el terreno y derrocar el gobierno al inimitable estilo de los Prescindibles. Barney y Lee viajan hasta Vilena para comprobar con sus propios ojos la viabilidad del encargo. Allí son testigos de los brutales medios de represión que el General Garza (David Zayas) emplea para mantener su status en el poder. A la dificultad inherente del trabajo se añade la presencia en Vilena de agentes externos que asesoran al general, encabezados por un agente renegado (Eric Roberts) que se apoya en dos badass de letales habilidades y extremada mala baba (Steve Austin y Gary Daniels).


Para huír con vida de esa primera toma de contacto con la realidad de Vilena, Barney y Lee contarán con la providencial ayuda de su contacto con Sandra, miembro de un grupo de rebeldes insurgentes que aspiran a cambiar la situación, aunque pagará un alto precio por ese acto de rebeldía. De regreso a los Estados Unidos Barney comunicará a su equipo la realidad de la misión: las fuerzas de Vilena son superiores en armamento y efectivos a lo que los Prescindibles pueden afrontar con garantías de éxito. La conciencia, los remordimientos y el deber con uno mismo se enfrentarán a los inconvenientes de un trabajo imposible, y los Prescindibles deberán elegir entre pasar página y olvidarlo todo o afrontar el regreso a un infierno de sangre y fuego del que puede que ninguno de ellos regrese con vida.


La carrera de Sylvester Stallone como actor y director ha experimentado un revival en cantidad y calidad durante los últimos años, gracias al éxito indudable de las dos últimas entregas de los que fueran sus personajes fetiche en la década de los 80, las dos erres con más cojones del cine: Rambo y Rocky. Sobre todo en el segundo de los casos, Stallone hiló un retorno cinematográfico improbable pero emotivo y muy bien rodado que además de servir de digno colofón a la carrera del boxeador de Filadelfia fue un homenaje para todos los aficionados al cine que habían apoyado durante años cada una de las entregas. El público estaba ahí, las ganas de ver cine como el de antes también. Sólo quedaba concretar un proyecto que volviera a hacer sin complejos una película de acción como las que durante la década de los 80 abarrotaban las estanterías de los videoclubs, y para ello nadie mejor que Stallone.


Digo que nadie mejor porque él es el único superviviente de aquella generación que ha mantenido el tipo y que ha seguido en la brecha sin crisis de identidad (como la de Van Damme y sus lloriqueos) ni debacles de calidad (Steven Seagal o Chuck Norris, refugiado en la tele familiar) ni carreras políticas incompatibles con la actuación (ay, Arnie, cuánto te echamos de menos). En cuanto aparecieron las primeras noticias sobre la película la expectación fue máxima, y es que una cinta de acción con vocación ochentera que reuniera a algunas de las mejores bestias pardas del ayer y del hoy puso los dientes largos a los cinéfagos de todo el mundo, y lo cierto es que las expectativas que The Expendables despertó se han visto absolutamente colmadas. Los Prescindibles lo tiene todo: un villano megalómano, un ejército de sicarios odiosos, una trama de conspiraciones y narcotráfico en la que anda metida la CIA, tipos duros que beben napalm y mean nitroglicerina, explosiones apocalípticas y tiroteos ensordecedores y una historia que lleva al espectador exactamente al lugar que quiere llevarlo. A un clímax atronador y brutal de 20 minutos en el que todo lo que aparece en pantalla es acribillado, golpeado, apuñalado, arde, explota, salta por los aires y muere de cien formas distintas.


El guión plantea una mínima excusa argumental que engarza una tras otra las tensas y espectaculares escenas de acción y al mismo tiempo deja aquí y allá algunos apuntes para conocer mejor a los personajes principales, se toma su tiempo en hacer particularmente odiosos a los villanos de la función (Zayas por tarado y Roberts por cabrón) y orquesta el clímax más brutal que he visto desde... Bueno, desde John Rambo. No sólo con el cast y con el tipo de historia recuerda The Expendables a aquella clase de películas que quiere homenajear, sino también en la forma de contarnos la historia. El ordenador se reduce al mínimo (cantan un par de planos, pero ya está) y se recurre a las maquetas para hacerlas saltar por los aires, a los dobles de acción para las espectaculares piruetas, y a la pirotecnia más tradicional para la traca final.


Ah, qué tiempos aquellos en que Chuckie, Sly y Arnie se encargaban de mantener el orden internacional en los videoclubs... Sin ser una película excepcional, tampoco quiero engañarles, The Expendables sí es un entretenimiento de primer orden. Si te gusta esta clase de películas, claro. Cinéfilos exigentes, absténganse. Cinéfagos sin prejuicios... Por favor, ¡no se la pierdan!

5 comentarios:

Jorge Iván Argiz dijo...

¡Me declaro cinéfago de primerísimo orden y mi paladar disfruta con estos platos! :)

Plissken dijo...

Diga usted que sí, caballero, que una dieta cinematográfica escasa y poco variada al final acaba con el gusto de más de uno :D ¡Un abrazo muy grande, Jorge!

Yota dijo...

Putos amos. Todos y cada uno de ellos.

Los siete pavos mejor invertidos del verano XD

Anónimo dijo...

Hacia muxo que no disfrutaba tanto viendo musculitos en el cine... mmm me quedo con los calvitos por supuesto.

Miri
;)

Plissken dijo...

Jajaja, Mirims, de calvos musculosos iba servida la peli ;D ¡Una abraçada!

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