domingo, marzo 04, 2012

Chuck: Hasta la vista, baby

Como avanzaba, aquí se acaba el repaso a Chuck (2007-2012), la serie creada por Chris Fedak y Josh Schwartz amparados por la producción del director McG y que pretendió desde el primer momento crear un sólido entretenimiento televisivo para un público joven, no necesariamente juvenil, centrado en las andanzas de un chaval normal de treintaitantos que acaba metido en un tinglado de espionaje internacional y cómo su vida pasa a ser controlada por dos agentes de la CIA, con uno de los cuales acabará teniendo una relación sentimental. A grandes rasgos la serie se podría definir como Alias pasado por un tamiz de comedia romántica, una serie intrascendente, procedimental, sin grandes aspiraciones y con un protagonismo coral que permitía abarcar varios campos. ¿Porqué después de esas cinco temporadas siento que he perdido algo, tras ver el último capítulo de la misma? Pues se lo voy a tratar de explicar.


1. Frikis como nosotros

No hace falta que mencione la gran comedia televisiva sobre frikis que arrasa en la actualidad, serie divertida, con grandes dosis de frikismo geek nerd concentrado y uno de los personajes más irritantes y detestables de la pequeña pantalla cuyo nombre comienza por S. Muchos la vemos, y nos reímos con ella, pero la verdad es que el retrato que se hace del mundillo es un poco a la vez tópico, exagerado y deformado. Unas veces te identificas y otras te quedas parado pensando ¿así es cómo el mundo en general nos ve a los -por usar el término- frikis? ¿así de absurdos parecemos los que leemos comics, jugamos a videojuegos, somos fan de Star Trek? ¿así de risibles? Y frente a ese retrato exagerado, deformado, como planteado como escenario para desarrollar una telecomedia, nos encontramos con Chuck Bartowski y su amigo Morgan Grimes. Leen comics desde el instituto, adoran el cine de ciencia ficción, hacen maratones de trilogías -ya saben, la única, la de Indy, la del DeLorean, la de McClane-, se pegan maratones de juego para terminar el CoD, y todo ello sin aspavientos, haciendo hincapié en los elementos de comedia que todo el mundillo propicia -que son muchos- pero sin caer en la farsa ni en ridiculizar unos gustos que a veces pueden ser considerados marginales o minoritarios. Y esos elementos, véase la pasión de Chuck por los comics de Brian Vaughn, por Star Wars, por la ciencia ficción, van apareciendo imbricados en las tramas, en los diálogos, convirtiéndose en un elemento orgánico más de la serie. Tanto es así que Chuck, la serie, se convirtió en un elemento altamente apreciado por los fans en los paneles de la Comic Con de San Diego, presente en la pared de la habitación del personaje con un poster de la misma, tanto por la participación de los actores, como por los guiños a los seguidores o las actuaciones en vivo de Jeffster. Personalmente me sentía totalmente cómodo en cualquiera de esas conversaciones entre Morgan y Chuck, casi como si me estuviese tomando unas cervezas con ellos poniendo a parir a Jar Jar Binks o hablando del próximo lanzamiento del CoD: MW II.


2. Todos somos familia

Chuck es la historia de un friki pero también lo es la de su familia, tanto la sanguínea como la extensiva a su mejor amigo y más tarde a su equipo, el equipo Bartowski. Pocas veces he visto un reparto que encajara tan bien, incluso tratándose de arquetipos típicos, y que acabaran desarrollando una química tan entrañable. La genuina preocupación de Sarah, la hermana atenta, cariñosa y sensata, apoyada en todo momento por Asombroso, el novio perfecto a todos los niveles, pero que encima es buena persona, no solo es creible, sino que evoluciona de forma natural a lo largo de las cinco temporadas, hasta el punto de quedarte la sensación -tras dos bodas, un funeral y un nacimiento- de que eres un primo lejano que de cuando en cuando se deja caer por el peculiar microcosmos Bartowski a compartir una comida señalada. Si la familia directa es importante, no lo es menos la familia del siglo XXI, los amigos, las personas que te conocen mejor que tú mismo y que están a tu lado, a veces no tan a menudo como te gustaría, pero siempre en el momento en que más los necesitas. Y ahí se puede decir que tanto Morgan como Casey dan el nivel hasta el final, arriesgando vidas, empleo y posición más allá del deber siempre que la vida o la seguridad de uno de sus amigos o familia estuviera en peligro, llegando a hacer verdaderas barbaridades a vida o muerte -y pienso en Casey y en su duelo mexicano de la última temporada-.



3. El Compramás, esa casa de locos

Los trabajos suelen dar mucho juego: jefes, compañeros raros, ascensos o traslados suelen suponer transtornos en la vida de cualquiera. Y cuando llevas una doble vida y tu curro de mentira para aparentar está en la planta de arriba y tu trabajo de espía lo desarrollas en el sótano secreto del Compramás, los problemas se multiplican por diez. A eso hay que sumarle la arrolladora presencia del jefe del centro, un Big Mike más grande que la vida, capaz de darte un abrazo de padre o de echarte un puro de suegra sin torcer el gesto, y luego darte el consejo que te puede cambiar la vida, o la presencia de dos de los elementos más repulsivamente divertidos de la serie, Jeff y Lester, Lester y Jeff, conocidos para los amigos como Jeffster, arteros, egoístas, extravagantes, interesados, patosos... Y aún así, en el fondo de todo, no necesariamente malas personas. El retrato de una corporación de centros de venta de electrónica equivalente a lo que aquí sería el Mediama+++, con sus estrategias de promoción, su plantilla basura o su rivalidad con otros establecimientos de la zona ha sido una de las mejores fuentes de comedia de la serie, y al final, hasta a esa gente sabes que la vas a echar en falta.


5. Tu cara me suena...

Toda serie que se precie cuanta con la participación de actores conocidos ya sea en papeles de secundario recurrente o interpretando un papel episódico. Chuck ha volado muy alto en ese aspecto, y sin ánimo de ser exhaustivo, ya que seguramente me dejaré a alguien, me gustaría reflejar algunos de los actores que han sabido tomar a chufa su caché y su carrera (¿eh, Bo Derek?) o que han aportado su granito de arena en esta trama de comedia romántica de espías con pequeñas o medianas pero siempre jugosas interpretaciones: Tony Todd, Michael Clarke Duncan, John Larroquette, Nicole Richie, Tony Hale, Jordana Brewster, Morgan Fairchild, Bruce Boxleitner, Gary Cole, Michael Rooker, Reginald Veljohnson, Dominic Monagahn, Jenny McCarthy, Arnold Vosloo, Tricia Helfer, Chevy Chase, Scott Bakula, Vinnie Jones, Armand Assante, Brandon Routh, Kristin Kreuk, Cristopher Lloyd, Dolph Lundgren, Linda Hamilton, Lou Ferrigno, Eric Roberts, Robert Englund, Timothy Dalton, Richard Chamberlain, Summer Glau, Lou Diamond Phillips, Mark Hammill, Jeff Fahey, Carrie Ann Moss, Rebecca Romjin y Angus McFayden. Si la mayoría de estos nombres no aparece ligado a uno o más proyectos de género y en muchos casos a un personaje concreto al que se le asocia de forma indisoluble me como el sombrero que llevé ayer noche.


6. Más que pastiche, crossover genérico

Este es quizá el elemento que más ha descolocado progresivamente a la audiencia, hasta quedar reducida al puñado de fieles que la apoyaron desde un primer momento y contribuyeron a mantenerla en antena pese a las continuas amenazas de cancelación. Un capítulo podía empezar con un suave toque de comedia de enredo y farsa de personajes para introducir un conflicto emocional potente en varios personajes, evolucionar hasta un punto de impacto lleno de tensión y acción en el que además se mantenía todo lo anterior y finalizar con un suave tono de comedia familiar. Eso si no mencionamos los finales de temporada en los que los puntos b y c se multiplicaban exponencialmente y podías estar riéndote a carcajadas para encontrarte en la siguiente escena con un personaje literalmente muerto de la peor manera posible y con una intensidad dramática brutal, al nivel de cualquier fin de temporada de Alias, sin ir más lejos, y pienso sobre todo en el final de la tercera. Normalmente, y pienso en la audiencia hablando desde mi propia experiencia, el público prefiere una serie plana, en la que se toca un registro único mantenido a lo largo de la misma. Cuando se da con el concepto, por ejemplo CSI, la serie está vendida. Adereza el género principal con las consabidas interrelaciones personales y tendrás un producto que se mantendrá lustros en pantalla. Algo similar a lo acontecido con Chuck le ocurrió a Perdidos, que fue perdiendo espectadores conforme el pastiche genérico se fue destapando poco a poco, y muchos se cayeron del burro cuando el drama de personajes aderezado con intriga se convirtió en una serie de acción, luego en otra de ciencia ficción y finalmente en una de fantasía casi metafísica. Quizá si Chuck se hubiese centrado en mantener unas coordenadas genéricas más definidas y ceñirse a ellas habría mantenido a esa audiencia normal que fue abandonando progresivamente la serie. O no, que ejecutivos tienen las cadenas yanquis, oigan.




7. Cuando un geek conoce a una espía

Ya acabo, perdonen ustedes el entusiasmo y la extensión, pero es que para mí no es para menos. Llego al quid de la cuestión, al meollo del asunto, al corazón de la serie, que es el corazón de Chuck Bartowski. En realidad Chuck no ha ido de espías, ni de organizaciones criminales secretas, ni de frikis. Chuck nos ha contado la historia de cómo un muchacho rondando la treintena, sin saber muy bien qué hacer con su vida se metió en un problema que le permitió conocer a la mujer de su vida, a la chica que le robó el corazón y el alma desde el primer momento en que la vio y cómo, contra todo pronóstico y obviando las dificultades, consiguió despertar en ella unos sentimientos similares que fueron fraguando en una relación sincera, adulta y comprometida. Al final, Chuck nos contó una historia de amor, y nosotros nos la tragamos desde el primer minuto hasta el último. Que os vaya bonito, chicos, os lo merecéis.

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