miércoles, julio 11, 2012

Aquellos maravillosos años: El Trueno Azul.

Tápate la nariz. Estamos de mierda hasta el cuello.
Frank Murphy

Frank Murphy (Roy Scheider) es uno de los mejores pilotos de helicóptero de la División Astro, en Los Angeles, cuya tarea consiste en servir de apoyo a las unidades de tierra en la vigilancia de las calles y la detención de sospechosos. De carácter difícil e impredecible, marcado en parte por sus traumáticas experiencias como piloto en Vietnam, Murphy se ve separado de su habitual compañero y destinado por su capitán, Jack Braddock (Warren Oates) a patrullar en el turno de noche con un novato, Lymangood (Daniel Stern). Pronto se establecerá una relación amistosa entre ellos, en la que Murphy aportará su experiencia en la patrulla nocturna y Lymangood sufrirá las bromas que su inexperiencia e ingenuidad le granjean en el cuerpo, recibiendo el apelativo de JAFO en la división.


Una rutinaria patrulla nocturna se torna en desastre cuando el helicóptero reporta la presencia de un coche abandonado en la zona alta de la ciudad, pero abandona la escena para espiar a una actriz exhibicionista. El asesinato de una concejal a manos de unos asaltantes despertará el olfato de sabueso de un Murphy descontento con la explicación oficial del mismo, al tiempo que será seleccionado para un proyecto secreto de colaboración con el ministerio de defensa, en el que deberá probar un prototipo de nave conocido como El Especial, pero apodado como el Trueno Azul.


Murphy y Lymangood patrullarán los cielos de Los Angeles con el sofisticado aparato, dotado con los últimos avances electrónicos y armamentísticos para reforzar el cuerpo de policía de la ciudad frente a la próxima celebración de las Olimpiadas -hablamos de 1984-. La supervisión de las pruebas corre a cargo del Coronel Cochrane (Malcolm McDowell), un tipo que coincidió con Murphy en Vietnam y que hará lo posible por sabotear la misión de Murphy. Cuando la investigación sobre el asesinato de la concejal destapa una conspiración para alentar altercados callejeros, con miembros de la administración implicados, la vida de Murphy y los suyos se verá en grave peligro, una situación de la que sólo el Trueno Azul podrá sacarle.


En esta sección ya hemos hablado de algunos de los cineastas más destacados en el campo de lo que podríamos llamar evasión o entretenimiento. Gente como Richard Donner, Joe Dante (por partida doble, además), Barry Levinson o John Hughes marcaron nuestra infancia con sus filmografías, y por lo general, encadenaron varias películas consecutivas que no sólo contaron con éxitos de crítica y público sino que con el paso de los años se han convertido en incontestables clásicos del cine contemporáneo. En el caso que hoy nos ocupa ciertamente podría haber hablado de hasta tres películas, realizadas en los años 83, 86 y 87 que entrarían de pleno en esta sección y que son, respectivamente, Juegos de Guerra (del mismo año que El trueno azul), Cortocircuito y Procedimiento ilegal (una de las comedias de colegas con tintes policíacos más fresca y divertida de aquella época). Me he decidido por El trueno azul por ser quizá la más reivindicable de todas ellas, con permiso de Juegos de Guerra, y por un reciente visionado en el que he vuelto a disfrutar de la película como un auténtico enano.


John Badham, director de origen inglés nacionalizado estadounidense, comenzó su carrera en televisión en los años 70 para debutar en el cine con dos películas que le consolidaron en el mundillo y que le ayudarían a convertirse en uno de los directores más solventes de los 80, una garantía de cara a la taquilla y con un oficio y una competencia fuera de toda duda. Esas películas fueron Fiebre del sábado noche (icono de la movida disco de los 70 y el lanzamiento a la fama de cierto bailarín chulesco que aún no había descubierto la cienciología), y Drácula (una nada desdeñable versión del clásico vampírico con Frank Langella y sir Lawrence Olivier como principales intérpretes). Ya consolidado como director, Badham optó por dirigir este proyecto, que en sus compases iniciales trataba de un piloto con tendencias psicóticas que se apoderaba de un helicópter y sembraba el caos y la destrucción por las calles de Los Angeles. Ni que decir tiene que el proyecto se benefició de las sucesivas reescrituras.


Los encargados del libreto fueron Don Jakoby (Arachnofobia, Evolution) y Dan O'Bannon (Alien, Muertos y enterrados, Desafío total), ambos con carreras de amplia trayectoria dentro del género fantástico y los dos con conexión Carpenteriana, el primero por escribir el guión de Vampiros y el segundo por haber participado en la seminal Dark Star. La buena sintonía entre ambos se extendería a Lifeforce y a Invasores de Marte unos años más tarde, ambas dirigidas por Tobe Hooper, la primera un pastiche digno del mejor cinéfago lanzado por su director como un gancho de izquierda a la industria y a los espectadores y que hoy goza del status de película de culto dentro del género de la ciencia-erótico-terror-ficción, la segunda un horrible e insulso remake de un clásico menor de los años 50. Lo más encomiable de su labor en el guión de la cinta de Badham es convertir una película sin pretensiones con vocación de espectáculo lúdico en una crítica a la corporación militar estadounidenes, a los manejos de la misma con los contratos públicos y a los excesos que las fuerzas de la ley y el orden ejercen a la hora de desarrollar sus, por otra parte encomiables, funciones. Con un desarrollo de la trama milimétrico que se toma su tiempo a la hora de definir a los personajes, de forma más profunda en el caso de Murphy y su relación familiar con su ex-mujer y su hijo, y dotando a Murphy de rasgos que adornan a su personaje con un aura de héroe de acción (sus manías con el reloj digital, su habilidad como conductor, sus hazañas casi legendarias en la división como piloto), la trama va lanzando a los personajes hacia un inexorable y largo clímax sobre la ciudad de Los Angeles en el que Murphy irá dando buena cuenta de todos aquellos que se le pongan por delante.


La pericia de Badham a la hora de gestionar un reparto sólido y de mantener el interés del espectador a lo largo de las casi dos horas de metraje queda fuera de duda para un servidor, enganchado a la pantalla aun cuando me supiera de memoria las escenas. Ya sea la primera patrulla nocturna con Lymangood, la presentación del Especial en el campo de pruebas, las escenas finales de persecución aérea o los detalles de la vida personal de Murphy y su ex-mujer, Kate (personaje al que Candy Clark dota de una humanidad, una vulnerabilidad y una picardía reales que iluminan la pantalla cuando su personaje está en escena) son partes de un engranaje meticulosamente encajado en el que no sobran escenas o falta información y que acaba por dar como resultado una de las películas de acción más solidas de los años 80.


Vamos ya con el apartado de curiosidades, bastante cargadito en esta ocasión. La película está dedicada a la memoria de Warren Oates, insigne actor de carácter reconocible en la filmografía de Sam Peckinpah que fallecía poco después de terminar el rodaje. Fundamental para el mismo fue el diseño del helicóptero, que tomó como base el modelo francés Gazelle con algunos añadidos del Apache. La estabilidad del monstruo resultante era nula y se tuvo que recurrir a trucos de pilotaje y efectos ópticos para hacerlo parecer más rápido y manejable. El reloj con el que Murphy medía su grado de cordura pertenecía en realidad a su director. Para una de las escenas más espectaculares, en la que vuela por los aires un asador de pollos, se emplearon cientos de pollos asados reales -tristemente más baratos que los de goma- que fueron recogidos de manera voluntaria por los sin techo de la zona. Huelga decir que se reciclaron. Malcolm McDowell sufría de un genuino pánico a volar que se hace evidente en algunas de sus escenas de vuelo, sobre todo en las de la parte final.


Finalmente, la popularidad de la película propició una serie de televisión con James Farentino y Dana Carvey como protagonistas que sólo duró una temporada. Para los curiosos, por cierto, JAFO son las iniciales de Jodido Advenedizo en Función de Observador, y se suavizaron para su versión televisiva. Esta es sin duda una de las películas que más me recuerdan a mi infancia, a aquellas tardes de VHS y bocata de nocilla con mis hermanos, o a los pases televisivos cazados y disfrutados en familia. Acción genuina, un héroe íntegro, unos personajes valientes y un helicóptero que intenté recrear con piezas de Tente durante años... No puedo esperar a verla otra vez...

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