domingo, julio 14, 2013

El Hombre de Acero: Algo nuevo, algo viejo, algo azul...

El planeta Krypton afronta un momento crucial en su existencia cuando el científico Jor-El (Russell Crowe) comunica al consejo de gobierno la proximidad de un desastre natural de proporciones cósmicas. El consejo desoye sus advertencias, al tiempo que sufre un intento de golpe de estado liderado por el general Zod (Michael Shannon) y por su lugarteniente Faora (Antje Traue), lo cual sume a Krypton en una oleada de caos y destrucción sin precedentes. Jor-El busca poner a su hijo recién nacido a salvo, pero junto al niño, el primer nacido en Krypton de forma natural en siglos, el científico pretende salvar el Códice genético de los habitantes del planeta, la matriz genética que determina la existencia y futuro de todos los kryptonianos. El recién nacido Kal-El es enviado en un cohete a un planeta lejano cuyo sol le proporcionará habilidades y poderes muy superiores al de sus pobladores nativos, lo cual le otorgará unas mayores posibilidades de supervivencia.


Dos décadas después el joven Clark Kent (Henry Cavill) vagabundea por el mundo de empleo en empleo, siempre adoptando diferentes identidades hasta que su innata habilidad para realizar actos extraordinarios al servicio del bien y de la integridad de sus semejantes le obligan a marcharse a otro lugar. Ese peregrinaje estoico y solitario le permite muchos momentos de introspección en los que siempre tiene presente las enseñanzas de sus padres, Martha (Diane Lane) y Jonathan Kent (Kevin Costner) sobre el modo de afrontar el mundo y de mostrar su verdadera naturaleza hacia los demás. Esas enseñanzas sufrirán un duro golpe cuando el ejército de los Estados Unidos localiza una nave kryptoniana en el Artico. Adelantándose a la investigación de la intrépida reportera del Daily Planet, Lois Lane (Amy Adams), Clark Kent descubrirá en el interior de esa nave la grandeza y la responsabilidad de su herencia natal, y entrará en contacto directo con su padre biológico, Jor-El.


La llegada de un ejército de kryptonianos renegados escapados de la Zona Fantasma tras la desaparición del planeta Krypton, liderados por el implacable Zod, pondrá a la Tierra al borde de la extinción. Con unas habilidades extraordinarias ningún ejército es capaz de hacerles frente, y su desprecio por la vida humana es notorio, plasmándose en una actitud genocida al tratar de terraformar el planeta y convertirlo en una suerte de Nuevo Krypton. Sólo la presencia del héroe que llegará a ser conocido como Superman, con un Clark Kent que asume todo el peso de su herencia kryptoniana y viste el símbolo de la casa de El puede arrojar un mínimo halo de esperanza para la humanidad.


Ya hemos hablado en entradas anteriores de la situación económica agotada de una franquicia dedicada a un personaje icónico como el Hombre de Acero y de un intento de revitalización fallido. Tras el éxito sin paliativos de la trilogía de Batman desarrollada por la batuta maestra de Cristopher Nolan dirigiendo los guiones de David S. Goyer, la Warner decidió dar un nuevo enfoque al personaje contando con la misma base que había dado tan buenos resultados a otra franquicia tan muerta como la del Hombre Murciélago. Con Nolan asumiendo las funciones de productor, imprimiendo su sello en el tono solemne, adulto y serio de la película, y con Goyer escribiendo un libreto que se toma sus libertades con el personaje pero que acude a la esencia del mismo para destilarla y adaptarla a los tiempos que corren (lo que hemos venido llamando en el mundillo ultimatización de personajes), el director elegido para montar el tinglado fue Zack Snyder, un tipo que afrontaba su tercera película relacionada con el cómic -tras 300 y Watchmen- y al que no le tembló el pulso de ponerse al frente de una superproducción como esta tras el relativo fracaso económico de su anterior proyecto, la personal, desmesurada y fascinantemente hipnótica Sucker Punch.


Los mimbres con los que se comenzó a tejer esta producción ya eran lo bastante sólidos, pero la elección cuidada de un nuevo reparto, totalmente diferente del de Superman Returns, de acuerdo con el tono de reinicio que se quería dar a esta película, nos presenta un universo completamente nuevo poblado de rostros reconocibles que aportan sobriedad y solvencia a papeles muy sacrificados por el encorsetamiento narrativo que conllevan. Rusell Crowe compone un padre majestuoso y melancólico, capaz de actos de osadía y violencia cuando la ocasión lo exige. Michael Shannon ofrece un Zod visceral y desatado, la composición de un militar golpista para el que no existe freno alguno a sus ansias de poder. Kevin Costner y Diane Lane, en un montaje no lineal de su relación con Clark y la educación del muchacho en su infancia y juventud, presentan a dos personajes honestos y sacrificados, la sal de la tierra de Kansas que es consciente de las miserias provocadas por el miedo y la envidia consustanciales al ser humano, pero al tiempo sabedores de la generosidad y la grandeza que ese mismo ser humano atesora de manera innata. Amy Adams, intrépida periodista, mujer audaz, interés sentimental en ciernes, cumple con creces todo lo que se espera de un personaje como Lois Lane, y cuenta con Henry Cavill para darle cumplida réplica, un tipo cuya grandeza física llena completamente las mallas de Supermán pero que a la vez consigue dotar a su encarnación de Clark Kent de la melancolía y del carácter solitario y sacrificado que un personaje en fuga continua debería sentir.


Como he mencionado anteriormente, nos encontramos con un Superman ultimatizado, con la presentación de unas situaciones que ya hemos leído o visto en varias ocasiones pero que se nos presentan de una manera acorde a los gustos y preferencias de las nuevas generaciones consumidoras de esta clase de productos. Quizá el mayor cambio a la leyenda conocida de Superman sea presentar a Lois Lane y a Clark Kent mucho antes de que este llegue a Smallville como el bisoño nuevo reportero del Planet. Aunque ya sabíamos que Zod era malo nunca le habíamos visto cometer actos de tamaña destrucción y crueldad, por lo menos hasta la reciente saga Last Son donde Metropolis sufre una destrucción sin precedentes provocada por tropas kryptonianas. Se da la curiosidad de que esa historia contó con el argumento de Richard Donner, y que guarda algunos puntos de contacto con la historia del Hombre de Acero, por lo que podríamos decir que la sombra de Donner es tan alargada que ni siquiera el reinicio de esta nueva aventura de Superman escapa a su influjo. Otro rasgo de modernización a la ultimate de la película podría ser la inclusión del actor Larry Fishburne como Perry White, siguiendo la estela de ese Nick Furia de color interpretado por Samuel L. Jackson en las películas marvelianas. 


Con una narrativa no lineal, que pasa de contar el origen kryptoniano a una sucesión de momentos que alternan los peregrinajes de Clark Kent con momentos significativos de su infancia y juventud (contados no necesariamente en orden cronológico), la historia va cogiendo carrerilla pasando de escenas relativamente intimistas, casi reflexivas, hasta desembocar en un largo clímax de cuarenta minutos en los que la destrucción y la violencia campan a sus anchas en la pantalla. Lejos ha quedado la batalla a soplidos de Superman II, y la tecnología de efectos especiales en la actualidad puede ofrecer peleas en vuelo a puñetazo limpio, rayos gravitatorios terraformadores o la destrucción masiva de una ciudad de forma espectacular, creíble y apabullante. La magnitud del enfrentamiento es tal que ha provocado cierta polémica entre algunos espectadores, que se han llegado a tomar la molestia de calcular el coste monetario y en vidas de un enfrentamiento como el de Zod y Superman en el centro de una gran urbe como Metropolis/New York: unos dos trillones de dólares de nada en daños a la propiedad y un coste humano de unos 129. 000 muertos y unas 250.000 personas desaparecidas. Minucias.


Si nos centramos en la misma sucesión de datos objetivos que busqué a la hora de evaluar Superman Returns, en este caso nos encontramos con el caso diametralmente opuesto. Mientras que la crítica especializada le otorga un cinco y medio raspado (como se puede ver en Metacritic o en Rotten Tomatoes), la valoración de sitios como IGN o IMDB donde el peso de las opiniones de los usuarios es mayor resulta mucho más positiva, de acuerdo a la espectacularidad del film. Y para terminar de redondear la jugada, nos encontramos con que a nivel económico, partiendo de un presupuesto estimado de unos 225 millones de dólares, la película ha recaudado cerca de unos 600 millones de dólares a nivel mundial, situándose como una de las cintas más taquilleras del año y garantizando la salud de esta nueva franquicia superheroica, como mínimo con la realización de una segunda parte para 2014 que podría desembocar en el tan soñado proyecto de La Liga de la Justicia. Tiempo al tiempo. Por el momento toca disfrutar de una película espectacular y apabullante, fiel en esencia a lo que supone la figura de Superman pero con concesiones de cara a la galería en lo que a violencia se refiere, pero que tiene dos graves taras, en mi opinión. La banda sonora no consigue transmitir en ningún momento la grandeza o la belleza que los dos temas más reconocibles de John Williams sí aportaban en su momento, y la grandeza del Superman de Richard Donner sigue sin ser superada pese a todos los avances en técnicas digitales y en efectos especiales. La emoción que me transmite Donner, el sentido de maravilla, la diversión sin embages, aun estando presentes en la nueva película de Zack Snyder no logran volar a las mismas cotas de altura y calidad que en la producción del 78. Y qué quieren que les diga. Reitero lo que dije en la reseña de Sucker Punch. El gran problema que siempre tendrá el amigo Snyder es que para mí, su mejor película siempre será la primera...


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