sábado, mayo 24, 2008

Los Exterminadores: Una vida bicha, pero bicha de verdad

Henry acaba de salir de la cárcel y una de las condiciones de la condicional es encontrar un trabajo. Trabajar para su suegro, Nils Peterson, dueño de la empresa de control de plagas Matabichos (Bug-Bee-Gone en el original) es una solución temporal tan buena como cualquier otra, aunque para su chica Laura ese sea un trabajo de poca monta indigno para alguien como él. En Matabichos Henry será tutelado en el aprendizaje por varios compañeros, como AJ, despreciable saco de vicios entre los que se cuentan el intimar con clientas o inyectarse matarratas en vena, o Stretch, un vaquero budista afroamericano que escribe recto con renglones torcidos y al que el protagonista define como "un cruce entre Roy Rogers y el Dalai Lama". A tan variopinto grupo humano de exterminadores hay que sumar al científico de la compañía, Saloth Sar, un camboyano superviviente de los Campos de la Muerte que no duda en trabajar a pie de basurero en busca de especímenes para determinar la eficacia de los productos que emplea la compañía Matabichos.



El planteamiento de por sí es atractivo y repugnante a partes iguales, pero es entonces cuando empieza la historia de verdad. El veneno estrella de Matabichos es un producto de color azul fosforescente conocido como Draxx, y que fue desarrollado por empresas Ocran a partir de un agente químico originalmente destinado a tener aplicaciones militares. El veneno tiene propiedades adictivas que afectan al desarrollo de la capacidad cerebral, y es lo que AJ no puede dejar de inyectarse en vena, mientras que sus efectos en las cucarachas son realmente preocupantes, ya que sufren un proceso acelerado de superevolución de impredecibles consecuencias. A ello sumemos que la novia de Henry trabaja como ejecutiva para Ocran y que está dispuesta a todo para ascender en la empresa, incluso acostarse con su atractiva jefa. O añadamos que Nils Peterson parece un tipo más hábil y con más conocimientos de los que oculta bajo su afable y comprensiva fachada de empresario fumigador. O que la ayuda prestada por Henry a una mujer hispana y a su hijo contra una plaga doméstica puede tener inesperados resultados. O que hay una misteriosa caja con motivos egipcios y una esvástica en el lateral y escarabajos reales como los cincelados en la misma haciendo acto de presencia en Los Angeles y afectando de diferentes maneras las vidas de los protagonistas.


El volumen Exterminadores: Una vida bicha recoge los cinco primeros números de esta serie para el sello Vertigo de DC que actualmente aún está en curso en los USA. El guionista, Simon Oliver, desarrolló el concepto como piloto televisivo, pero pronto se hizo evidente que la gente no estaría dispuesta a ver muchas de las cosas que aquí se muestran en la tele mientras comían palomitas o cenaban frente a la tele. Un comic dentro de la linea adulta Vertigo permitiría a Oliver plasmar todas sus obsesiones relacionadas con el sexo, la violencia y los insectos y plagas más repugnantes sin cortarse un pelo, y eso es lo que podemos encontrar en estos primeros cinco números. Hay sexo explícito que implica cambios en la historia, hay violencia imbricada en la acción y algunas set pieces especialmente explícitas y repugnantes que incluyen ratas, gusanos y cucarachas que les colocarán al borde mismo de abandonar la lectura del tebeo, pero al mismo tiempo encontrarán personajes bien escritos (Stretch, Henry, Nils... ¡incluso AJ!) que plantean más interrogantes que respuestas y conceptos atractivos y enigmáticos (Draxx, la misterosa caja) que tendrán que ser desarrollados y explicados mucho más adelante. La mezcla propuesta por Oliver es sumamente atractiva, y podría definirse como un cruce entre Mimic y Reservoir Dogs.


El encargado de la parte más divertida de todo esto es Tony Moore, que ya nos puso los pelos de punta ilustrando los primeros cinco números de The Walking Dead y que aquí se lo pasa bomba destripando mapaches, dibujando cucarachas encabronadas y cadaveres en avanzado estado de descomposición siendo devorados por un millón de insectos. Además de la gran credibilidad que consigue dibujando hordas de insectos los personajes principales resultan atractivos, expresivos y muy bien diferenciados. Por todo lo anterior habrán deducido que un servidor experimentó un sano placer masoquista de la lectura de un tebeo que ya puede contar conmigo para futuras entregas. Demonios, quiero saber qué es el Draxx y qué hay en la caja y porqué sabe Nils tanto de Códigos IV y de dónde demonios sacó Henry la obscena cantidad de pasta oculta en el maletero del deportivo rojo escondido en un garaje. Así se empieza una serie señores, dejando en el lector imágenes inolvidables -aunque sea por repugnantes- y planteando una serie de enigmas que lejos de dar un concepto mascadito al lector le invitan a iniciar un viaje lleno de bichos y acompañado por tipos de lo más interesante.

4 comentarios:

Jaime Sirvent dijo...

Caballero, tiene buena pinta, pero el presupuesto no acompaña para tanta cosa, tendrá que esperar un cierto tiempo.

Skellington dijo...

Tony Moore continua dibujando la serie?? O solo se encarga de este primer tomo al igual que hizo con Walking Dead?

Nacho

Plissken dijo...

Jaime, casi mejor esperar a que haya un par de tomos más o incluso a que esté la serie completa y así leerla de tirón. Creo que como en el caso de Los Perdedores, a estas series les beneficia una lectura completa y casi compulsiva. ¡Un saludo caballero!

Plissken dijo...

Nacho, va y viene con continuos fill-ins de gente como Ty Templeton o John Lucas y una etapa más larga de Darick Robertson, con lo que por lo menos el apartado gráfico no creo que decaiga, jejeje.

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