viernes, marzo 06, 2009

Slumdog Millonaire: Una fantasía digna de Capra para el siglo XXI

El joven Jamal Malik (Ayush Mahesh Khedekar/Tanay Chheda/Dev Patel) ha vivido en el filo toda su vida, desde una infancia llena de miseria y privaciones en los arrabales de Dharavi hasta los trágicos acontecimientos del motín Hindo-Musulmám que destruyó barrios enteros y provocó decenas de muertes. Ha hecho de todo para ganarse -mal- la vida, desde mendigo callejero por cuenta de un mafioso local hasta ladronzuelo buscavidas en el Taj Majal, pasando por lavaplatos o guía turístico. A lo largo de su corta vida siempre ha habido dos personas presentes en su cabeza y en su corazón, su hermano Salim (Azharuddin Mohammed Ismail/Ashutosh Lobo Gajiwala/Madhur Mittal), con el que compartió juegos y peleas, desencuentros y reconciliaciones con el transcurrir de los años, y Latika (Rubina Ali/Tanvi Ganesh Lonkar/Freida Pinto), muchacha huérfana de todo como ellos que formó un peculiar trío de mosqueteros contra la adversidad y que luchó contra viento y marea para sobrevivir en el mundo de los desclasados de la India.


Desde el momento en que deciden ir juntos hasta el final de la proyección, el camino de los "tres mosqueteros" pasará por un montón de sinsabores y problemas, alguno de ellos mortalmente reales, otros provocados por su propio egoísmo y su crueldad. La separación de Latika y el temor a perder el amor de su vida impulsa a Jamal, que trabaja como auxiliar -chico del te- en una empresa de servicios telefónicos, a apuntarse al concurso ¿Quién quiere ser millonario?, uno de los programas más vistos en la India. Sin esperanza ni conocimientos para afrontar las cada vez más rebuscadas preguntas, sorteando las bromas crueles y despectivas del presentador Prem Kumar (Anil Kapoor), sorprendentemente Malik va superando ronda tras ronda del concurso hasta ponerse en situación de convertirse en ganador absoluto del programa. ¿De dónde saca Malik los conocimientos, la honestidad y el valor para contestar a todas las preguntas? A la hora de la verdad toda la India estará pendiente de cómo uno de sus hijos más desfavorecidos y maltratados puede convertirse en un "perro de chabola" millonario y de esa manera insuflar algo de esperanza e ilusión a millones de personas que no ven luz alguna al final del pozo en el que se hallan sus vidas.


Danny Boyle dirige ña adaptación de la premiada novela Q&A del autor indio Vikas Swarup y vuelve a transitar por el terreno del relato agridulce que ya abordara con su Millions (en el que unos niños encontraban una bolsa llena de dinero que les acarreaba más problemas que otra cosa), ambientando la acción en el exótico y lleno de contrastes paisaje de la India. Se ha dicho que esta película es un cruce entre Hollywood y Bollywood, y que supone un acercamiento entre ambas cinematografías, y creo que esta consideración parte de un grave error. Danny Boyle ha firmado y filmado una película coherente dentro de su filmografía, siendo fiel tanto a su estilo (montaje alternando planos y texturas dinámico, empleo de canciones reconocibles que subrayen lo narrado) como a algunas de las constantes que ha abordado anteriormente en su filmografía (el propio hombre como enemigo último, el amor por encima de todo en una historia llena de escollos aparentemente insalvables, el poder de la fe y la confianza en uno mismo para superar cualquier situación, la mezcla de humor y tragedia, de belleza y miseria en una misma situación). Personalmente creo que se trata más bien de una película británica rodada en localizaciones indias, con una estructura dramática más cercana a la sensibilidad occidental que a la cinematografía india y con apenas un par de guiños hacia Bollywood -Boyle contó con la directora india Loveleen Tandan para filmar de la manera más adecuada en las localizaciones y para que sirviera de puente cultural entre culturas tan diferentesque lejos de llamar la atención en exceso o de molestar por impostados suponen la guinda del pastel. Es el caso del festivo y espectacular número musical que acompaña a los títulos de crédito finales, con coreografía típica de aquellos lares y participación del casting al completo a modo de particular despedida.


Es precisamente la occidentalidad de la película, según mi opinión, lo que ha permitido -como sucediera el año pasado con Viaje a Darjeeling, aunque en mayor medida gracias a su historia mucho más accesible- que el público de todo el mundo quede deslumbrado por un particular cuento de hadas que no se aparta un ápice de los cánones del género -con encuentros, desencuentros, peligros a superar y un amor puro y genuino que está más allá de todo lo que pretende impedirlo, al modo de las novelas bizantinas de la Edad Media-. Filmar esa historia en un mundo que nos resulta lejano, desconocido, lleno de terribles contrastes y a la vez tremendamente exótico y atractivo supone un punto extra para Slumdog Millonaire, que nos pasea por las callejonas de un poblado de chabolas en una magistral escena que va del detalle de los muchachos huyendo de la policia hasta el plano general de miles de casuchas construidas en medio de la cochambre y que marca, ya desde el inicio, las coordenadas físicas del relato. Para encontrar en qué mundo de medias tintas morales se va a mover la historia es necesario esperar un poco más y constatar cómo los niños Salim y Malik presentan caracteres completamente opuestos: el uno se mostrará caprichos, egoista y resentido desde el primer momento, frente a la generosidad, nobleza y carácter soñador de su hermano menor. Athos y Porthos, como ellos mismos se donominan, acogerán en esa relación fraterna de amor/odio a la desvalida Latika, abnegada, igualmente generosa aunque dubitativa, y sobre ese particular triángulo girará el devenir de toda la película.


Tenía ciertos reparos ante algunos comentarios sobre la estructura del film. Sentado en la silla de concursante de ¿Quién quiere ser millonario? y enfrentado al Carlos Sobera de turno, Malik recurre a su experiencia vital -narrada a modo de flashbacks- para ir superando pregunta tras pregunta con éxito, para admiración de unos y sospecha de otros. Afortunadamente Boyle y su guionista Simon Beaufoy (Closer, Full Monthy) estructuran los flashbacks de forma cronológica, con lo que lejos de tener un batiburrillo de recuerdos inconexos traídos de forma peregrina para justificar la narración, nos encontramos con el trayecto vital de un muchacho que se ha educado en la universidad de la vida miserable y en la facultad de la calle india, dos de las escuelas más exigentes del mundo entero. La experiencia de vida de Jamal le ha convertido en lo que es y en lo que sabe, y quizá para una audiencia occidental resulte extraña la pregunta final, que me cuidaré muy mucho de revelar, pero hay que entender que para un indio eso resulte tan ajeno como para nosotros la filmografía de la estrella de cine de Bollywood Anil Kapoor.


Otro de los tópicos que se ha venido repitiendo a lo largo de los meses de promoción del film o a la hora de celebrar alguno de los muchos premios (casi 100, contando los 8 óscars obtenidos hace unas semanas) obtenidos por la película, es que se trata de una fábula, una suerte de cuento de hadas con moraleja que resalta un mensaje optimista de forma irreal. Cierto es que la película juega con la casualidad en más de una ocasión, y que los personajes son monolíticos en su integridad, pureza, miseria o mezquindad, dependiendo de cada uno de ellos, pero no es menos cierto que la película carece de elementos ajenos a la realidad más cruda e inmediata. Cualquiera de las casualidades que pueblan el metraje puede ocurrirnos a cualquiera de nosotros, y servidor, a mis 35 años, ha vivido alguno de esos encuentros fortuitos en el momento más inoportuno y de la forma más inesperada. Ciertamente a muchos espectadores les sorprenderá que una película ambientada en un entorno donde la miseria, la pobreza y la desesperación campan a sus anchas exista gente que encuentra un motivo no ya para seguir adelante día a día, sino para perseguir su sueño cueste lo que cueste e independientemente de si existe un final cierto o incierto a su empresa. Personalmente, y esto ya lo he reiterado bastante a lo largo de esta reseña, pero quiero hacer especial hincapié en que se trata de mi opinión, me quito el sombrero ante la honestidad de la propuesta, que no da señales de desorientación, de impostura o de titubeo en ningún momento a lo largo de las dos horas largas de metraje.


Fidelidad estilística y coherencia dentro de la ecléctica obra de Danny Boyle (Tumba abierta, Trainspotting, Una historia diferente, La playa, 28 días después, Millones, Sunshine), acertada estructura dramática, visión optimista de una realidad dura y cruda... Esto me lleva a apuntar el último aspecto que me gustaría destacar acerca de Slumdog Millonaire. Creo que es la película que este año necesita ver el público en general, que acaso no quiera ver, pero debería. La película no es en absoluto complaciente con la realidad, y los entresijos del rodaje y las noticias acerca del salario cobrado por los niños y su incierto futuro -en paralelo al de sus personajes cinematográficos- no hacen sino desviar la atención de una película que habla sobre la esperanza en el infierno, sobre el amor imperecedero y sobre la fe en los demás. Haz el bien y te pasarán cosas buenas, o por lo menos procura hacer el menor mal posible y verás recompensada tu actitud con una buena conciencia. El jocoso juego del karma de Me llamo Earl mezclado con el optimismo populista de Frank Capra y sus retratos de la Gran Depresión (desde la mezcla de solidaridad, egoísmo, dignidad y miseria de las clases trabajadoras desposeídas en Las uvas de la ira hasta la necesidad de creer en una causa en los momentos de mayor incertidumbre y la manipulación por parte de los poderes fácticos de dichas causas en Juan Nadie o Caballero sin espada) se combinan en una cinta que no resulta fácil de ver -hay momentos de gran crudeza como el episodio del baño público o el pasaje del orfanato- pero que, al fin y a la postre, permite abrigar un mínimo de esperanza que permite, si no soñar con un futuro mucho mejor, si aspirar a crear en compañía de nuestros semejantes un mundo más habitable en el que vivir.


Por tanto, si no de fábula, si de optimista utopía podríamos calificar esta Slumdog Millonaire que se ha llevado de calle todos los premios habidos y por haber este año y cuyo mensaje ha sido lanzado en el lugar y el momento adecuados. Al mismo Capra le pilló el cambio mental y moral de los últimos años cuarenta con el paso cambiado y su fábula -esa sí- navideña ¡Qué bello es vivir! pasó sin pena ni gloria, para convertirse con el paso de los años en un clásico incontestable sobre la abnegación y la generosidad subyacente en el sacrificio de un sólo hombre, George Bailey, que debería ser la misma de todos los hombres. Me gustaría pensar que Slumdog Millonaire habría funcionado igual de bien entre el público y la crítica en cualquier otra coyuntura, pero eso sólo el tiempo lo dirá. Personalmente, lo pasé mal en los momentos en que Danny Boyle quería que lo pasara mal, y lo pasé bien cuando el caballero quería que el espectador disfrutase. Con una filmografía en la que sólo recuerdo un traspiés -La playa, ese engendro de hippismo new age con consolas y maría en un atolón asiático- espero con ansiedad la próxima propuesta del director británico.

6 comentarios:

Pablo dijo...

Yo la vi en enero instigado por mi amigo Satyajit, el coleccionista indio. Lo bueno era poder comentar con él semejante choque de culturas. A mí me gustó bastante.

Mirims dijo...

Que bonita, a mi me pareció preciosa, ademas de bastante inspiradora... espero correr la misma suerte... o algo.

Plissken dijo...

Pablo, inmejorable la recomendación de primera mano, y sobretodo la información que le puede aportar alguien que conoce el mundo descrito por la película. Yo desde luego disfruté mucho. ¡Un abrazo!

Plissken dijo...

Mirims, que te nos vas a hacer rica y famosa, jejeje. Nada, toma ejemplo de Jamal, que aguanta carros y carretas y a por todas. Y sobre todo, no te fíes de Sobera, jejejeje ;D

alvaro Locx dijo...

Hola, pues me fascino esta pelí es genial, y la verdad es de esas que te alimentan el espíritu un canto de humanidad y de fuerza.. de FE

Plissken dijo...

Alvaro, la verdad es que la fe en el ser humano la practico a días. A veces me resulta imposible creer en la bondad y la generosidad de la gente, mientras que otras me sorprendo de las cotas que alcanzan esos rasgos en determinadas personas. En cualquier caso, la película por lo menos ofrece un retrato humanista, positivo, esperanzador y optimista sobre el ser humano. Aunque estuviera todo escrito desde el principio ;D

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