domingo, septiembre 30, 2012

Sketch-busters CCVIII: Jan (I y II)

La de hoy es una entrada de abuelo cebolleta, ya saben, de esas en las que les doy la chapa en base a lo viejuno que me siento algunas veces y a la melancolía con que repaso ciertos gustos personajes o pasadas batallitas. Esta nos lleva solamente hasta el año 2001, nada, ayer mismo, como el que dice. Como avanzaba el lunes con la viñeta retocada de Marcelino Vinopán pidiendo de manera tan exótica un cigarrillo -extraída del album de Superlópez La gran Superproducción- esta semana quería hablarles de un modo u otro de Jan, grandísimo historietista español de dilatada trayectoria profesional al que los lectores más veteranos hemos tenido la oportunidad de leer y disfrutar en grandes trabajos como Pulgarcito, Superlópez -bueno, aquí, especialmente en los diez primeros álbumes de la colección, auténticas obras maestras del tebeo humorístico- o Superioribus. El caso es que en aquel lejano Salón de Barcelona del año 2001 se comentaba que Ediciones B había logrado convencer al autor para volver a firmar, tras unos años en los que no había acudido a esos encuentros con los aficionados. Aquella sesión de firmas fue una de nuestras prioridades, en tanto en cuanto el personaje nos había dado horas y horas de diversión, no pocas carcajadas y bastantes chistes recurrentes que muchos lectores hemos hecho nuestros. Tanto es así que a veces he llegado a repetir el chiste del despistado López pidiendo el desayuno en las taquillas del metro o en cualquier otro mostrador administrativo. Lo cierto es que la presencia del autor congregó a un alto número de aficionados en una cola inmensa, que viene a demostrar la popularidad del género y su pervivencia en el mercado con monstruos de la talla de Ibáñez o Jan como sus mayores exponentes. Llegado el momento primero pasó miss Sparks que consiguió un simpático Superlópez para ambos dos, mientras que cuando fue mi turno me tocó el momento de pausa del dibujante y conseguí a ese pequeño Petiso Carambanal saltarín. ¡Es la maldición de las rubias! Hasta once años después no volveríamos a cruzarnos con el dibujante, pero esa es otra historia que no pretendo tardar demasiado en contarles. Hasta ese momento... Un café con leche y un cruasán, por favor...

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