lunes, noviembre 19, 2012

Había una vez... un lunes

Que no alegraba precisamente el corazón, pero me permitirán que deje lo más importante para el final y me concentre en lo accesorio. Como comprobarían la semana pasada, el lunes no existió en lo que a este blog se refiere, y es que una vez roto el miedo escénico a faltar a la cita virtual habitual, pues como que ya apetece dar la tabarra al respetable o cuando hay algo que contar o, como es el caso hoy, cuando no se quiere hacer más largos estos mutis por el foro que, no les engaño, creo que me están viniendo bien a la hora de seguir afrontando este sitio. La ausencia total del peso de la obligación, por otro lado completamente autoimpuesta, de escribir lunes tras lunes ayuda a mantener la frescura de estas entradas, que siguen siendo desvaríos y disgresiones de un polifriki en continuo estado de embriaguez cultural y que a la larga, no dejan de constituir un particular diario de bitácora que de cuando en cuando repaso, no sin caer en el asombro o la vergüenza ajena hacia mí mismo por según qué cosas que pude escribir hace más de un lustro. Por lo general me sigo encontrando a mí mismo en el fondo de cada entrada, con lo que por lo menos me gusta pensar que he mantenido una fidelidad a mis gustos y una linea continua en cuanto a temas y opiniones, lo cual no es poco. La semana pasada, a pesar de ocupaciones varias, como elaborar una serie de vídeos con las fotos de la luna de miel para conmemorar su aniversario, repasar y enviar unos cuantos navideños, preparar otros e inventar el que toca para este año, tuve tiempo para disfrutar de un tebeo de Batman grande como el personaje y a la altura del nivel de calidad de sus autores, y ello marcó un tanto el contenido del dibujo de la semana. Para los próximos días les avanzo que encontrarán alguna nueva reseña comiquera, una página original de mi humilde y ya más que expuesta galería de originales en cuanto a piezas dignas de mención, y otro sketch de colección, con lo cual habrá doble ración de arte original por aquí.

Y como habrán supuesto por el título de esta entrada, este blog no quiere dejar pasar la oportunidad, triste e indeseada, de rendir un sentido y merecido homenaje a ese monstruo del circo, el teatro, la televisión y la música que fue Miliki. La noticia de su fallecimiento convertía el domingo en un día más frío y gris de lo que ya era, y para muchos treinta y muchoañeros como un servidor esa noticia significaba la desaparición definitiva de un pedacito nebuloso y apenas recordado a nivel consciente de nuestra infancia. A pesar de ello, cada una de las muchas veces que he escuchado, por ejemplo trabajando, el disco A mis niños de treinta años, se me ponía un nudo en el estómago mientras una sensación de nostalgia infinita me invadía. Oír canciones como Susanita, Feliz en tu día o El barquito de cáscara de nuez despertaban tales ecos de melancolía y añoranza por un tiempo pasado ya y porqué no decirlo, mucho más feliz en tanto que paraíso perdido, que uno regresaba al salón de su casa, con el bocadillo de nocilla y la tele en blanco y negro emitiendo el mítico programa que comenzaba con aquel ¿Cómo están ustedes? que es ya historia viva de nuestra cultura y de nuestra educación sentimental. Esta mañana he vuelto a escucharlo a modo de privado homenaje, he vuelto a tararear y a silbar como un tonto muchas de las canciones, y he disfrutado de las colaboraciones de Gomaespuma, Miguel Bosé, Emilio Aragón, Miguel Ríos, Celia Cruz o Gabino Diego. Rompiendo con la tónica habitual de cada lunes, la canción de hoy es en castellano y pertenece -como el video- a dicho disco. Si no vuelven ustedes siquiera por un instante a una de aquellas tardes de hace 30 años, más o menos, me como uno de mis sombreros. Navegar sin temor, por el mar es lo mejor, no hay razón de ponerse a temblar...



Un barquito de cáscara de nuez
Miliki, Emilio Aragón y Miguel Bosé


Un barquito de cáscara de nuez,
adornado con velas de papel,
se hizo hoy a la mar para lejos llevar
gotitas doradas de miel.
Un mosquito sin miedo va en él
muy seguro de ser buen timonel.
Y subiendo y bajando las olas
el barquito ya se fue.
Navegar sin temor
en el mar es lo mejor,
no hay razón de ponerse a temblar.
Y si viene negra tempestad
reír y remar y cantar.
Navegar sin temor
en el mar es lo mejor.
Y si el cielo está muy azul,
el barquito va contento por los mares lejanos del Sur.
Un barquito de cáscara de nuez,
adornado con velas de papel,
se hizo hoy a la mar para lejos llevar
gotitas doradas de miel.
Un mosquito sin miedo va en él
muy seguro de ser buen timonel.
Y subiendo y bajando las olas
el barquito ya se fue.
Navegar sin temor
en el mar es lo mejor,
no hay razón de ponerse a temblar.
Y si viene negra tempestad
reír y remar y cantar.
Navegar sin temor
en el mar es lo mejor.
Y si el cielo está muy azul,
el barquito va contento por
los mares lejanos del Sur.



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