sábado, abril 16, 2011

Sketch-busters CLXXIII: Ben Templesmith (II)

Segunda entrada dedicada a Ben Templesmith, con el dibujo que un servidor logró en las terrazas avilesinas. Desde el momento que se hizo pública la asistencia como invitado de Templesmith a las Jornadas de Avilés se convirtió en uno de nuestros mayores intereses de las Jornadas por dos motivos. El primero es que se trata de un autor que todavía no había visitado nuestro país, y el segundo es que podemos considerar a Ben como un autor cuya obra nos ha impactado lo suficiente como para leer prácticamente todos sus trabajos publicados recientemente, en algunos casos incluso en versión original al ser incapaces de esperar una edición española. Las sangrientas peripecias vampíricas de Barrow, la inquietante primera incursión del comic en Silent Hill, las socarronas macarradas de Cal MacDonald, la decrepitud urbana de Fell, todos ellos han sido trabajos que hemos leído con interés y en el caso de Barrow releído en más de una ocasión. El trabajo de Templesmith es una delicia visual aun cuando sea sucio y violento y desagradable en ocasiones, pero consigue transmitir con fuerza una serie de emociones primarias y casi atávicas que suponen una verdadera experiencia para el lector que se acerca a cada una de sus obras. Precisamente por eso fue Ben uno de los autores más seguidos y perseguidos durante las pasadas Jornadas de Avilés, y no sólo para dedicar tebeos o realizar sketchs gratuitos, sino para realizar también commissions para algunos aficionados afortunados -algo que, por cierto, avanza una entrada de la semana que viene en la que repasaremos algunos de los trabajos de encargo del dibujante australiano-. Hay que decir que tanto Templesmith como su pareja eran además un encanto de los de verdad, abiertos, simpáticos, encantados de ser el centro de atención de la muchachada, y resultó un placer compartir con ellos algunos ratos, ya fuera en las sesiones de firmas improvisadas o en la carpa. Yo me decanté por algo más "clásico" y opté por uno de los peculiares vampiros que el tandem Niles-Templesmith han grabado a fuego en la cultura popular de los últimos años con sus incursiones en Barrow o siguiendo las andanzas de Stella Olemaun por Los Angeles. La verdad es que el resultado es de lo más terrorífico, ¿no creen?


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