jueves, enero 25, 2007

Rocky Balboa: Que tus puños sean bombas

En el año 1976 una película de pequeño presupuesto, protagonizada -y escrita- por un actor desconocido y centrada en la vida de un púgil en los suburbios de Philadelphia sorprendía a propios y extraños. Protagonizada por personajes claramente marginales en busca de un lugar en el mundo donde sentirse realizados y queridos, los retratos desarrollados por Stallone eran bastante complejos en su patetismo cotidiano. Así, la película se centraba en el cobrador de deudas Rocky Balboa, un tipo simple y honesto -a pesar de su ocupación- cuyo sueño es alcanzar la gloria pugilística sobre los rings de segunda, y que para ello se machaca en viejos y destartalados gimnasios regentados por viejas glorias como Mickey. Rocky sentirá una fuerte atracción por Adrian, la tímida -casi autista- solterona dependienta de una tienda de mascotas, que vive con su malhablado y grosero hermano Poli, empleado en el matadero. La oportunidad de oro surgirá en forma de un combate con Apollo Creed, soberbio campeón que sufrirá para ganar a Balboa a los puntos tras quince asaltos brutales para ambos. Decir que la fanfarria de Bill Conti está entre las diez melodías más reconocibles de la historia del cine es una obviedad, al igual que afirmar que escenas como la del ascenso de las escaleras del Museo de Arte de Filadelfia o el boxeador machacado con los brazos en alto llamando a gritos a Adrian forman parte de los grandes momentos de la historia del cine.

Rocky supuso un éxito de público y de crítica inesperado (avalado por tres oscars -dirección, montaje y película- y un globo de oro a la mejor película dramática), el encumbramiento al estrellato de su protagonista y el nacimiento de un icono cinematográfico, el del boxeado italoamericano Rocky Balboa que logra a base de esfuerzo, tesón e ilusión alcanzar su "sueño americano". Hasta cuatro secuelas (todas ellas escritas y dirigidas por Stallone, salvo Rocky V que contó con el retorno de John G. Avildsen a la silla de director) vieron la luz entre 1979 y 1990, menguando en calidad progresivamente, sobretodo de las dos últimas, siendo Rocky IV hija de los últimos tiempos de la guerra fría y del conservadurismo de la era Reagan y Rocky V un intento de adaptar la franquicia a los nuevos tiempos (canciones rap, inclusión de elementos teen en el argumento). El público dio la espalda a Balboa, y a Sylvester Stallone le quedó la espinita clavada de que el Potro Italiano no tuviese una despedida fílmica digna, así que maduró un proyecto que nos llega dieciséis años después.

Adrian lleva muerta cuatro años. Visitando su tumba en el aniversario de su fallecimiento está un Rocky Balboa sentado y melancólico y un impaciente Paulie. Tras dejar la silla convenientemente escondida (en un sólo detalle se nos revela el pragmatismo del personaje y la añoranza por la esposa ausente plasmada en lo frecuente de sus visitas) Rocky marcha a su pequeño restaurante de comida italiana (cocinada por hispanos) donde ameniza a los comensales con anécdotas de sus viejos combates. La sombra de su hijo, que no ha ido al cementerio ni al restaurante, ni al tour por todos los lugares que significaron algo en la relación para Adrian, es una sombra que entristece aún más al melancólico Balboa. Una recreación virtual de un combate entre el Balboa de treinta años y el campeón actual, Mason Dixon (puesto en la picota por la facilidad con la que gana a sus contrincantes) da la victoria a Rocky. Inmediatamente los agentes de publicidad de Dixon huelen la audiencia y los ingresos y ofrecerán a Rocky la posibilidad de un combate de exhibición en Las Vegas, un combate que, como siempre, Rocky llevará a la distancia corta y a la resistencia, hasta el final.

Todos los elementos que hicieron de Rocky una excelente película están presentes en la despedida cinematográfica del púgil más famoso de la historia del cine (con permiso de Toro Salvaje). El tono crepuscular de unos personajes sobradamente conocidos para los seguidores de la saga se acentúa por la sensación de melancolía y ausencia, por la añoranza de unos tiempos de gloria pasados que difícilmente podrían repetirse. Las visitas a la tumba y a los lugares que frecuentaron Adrian y Rocky suponen el brutal contrapunto entre lo que fue y lo que es: la antaño vital tienda de mascotas es ahora una tienducha sucia, la pista de patinaje un solar lleno de escombros, el gimnasio en el que se entrenara tan duramente durante años abandonado... En la rememoración de ese tiempo y de esos acontecimientos también surgirá la pena de Paulie por el modo en que trataba a su hermana. Antes de que Rocky se calce los guantes de nuevo Stallone se permite ese homenaje sentido y sincero a todo lo bueno que sus personajes vivieron con los años. A partir de ahí, los intentos de reconducir la relación con su hijo y de entablar amistad con Marie serán los acicates que ayudarán a Rocky a reverdecer viejos laureles.


La anécdota argumental es tan sencilla como eficaz, y el único objetivo es volver a subir a Rocky a un ring. El personaje de Dixon, muy bien tratado, es otro luchador cuya calidad y fuerza le colocan tan por encima de sus rivales que la facilidad de sus victorias provoca silbidos entre los espectadores. El hecho de no convertir a Dixon en una bestia, en el "malo" de la función es todo un acierto, y de esa forma, estamos ante dos caras de una misma moneda, ante dos púgiles que son muy parecidos, pero que se hallan en dos momentos bien distintos de su carrera: el uno en la plenitud de sus faculdes físicas y en la cima de su carrera; el otro derrotado por la edad y la vida y retirado tiempo ha, rodeado de los recuerdos de sus viejas victorias (divertido y patético a la vez ese viejo boxeador al que noqueara años atrás y al que Rocky invita a cenar a diario). Ambos vuelven a sus raíces, al esfuerzo, a los viejos preparadores, "a la vieja escuela".



Decir que la película está llena de momentos que me encogieron el estómago es decir poco. La película es un regalo para los que disfrutamos durante años con las aventuras fílmicas de este italiano cabezota y honesto. Las escenas del cementerio, la forma en que la gente de Philadelphia para a Rocky para saludarle, la anécdota del viejo púgil Spider, el perro salvado de la perrera (que subirá las escaleras con Rocky al son de las trompetas de Bill Conti), la foto de Adrian que Marie le entrega a Rocky antes del combate, la rabia y el dolor interior del boxeador, plasmados en esa "bestia del sotano", el beso que Paulie -el viejo Paulie- da a su amigo antes de salir al ring, el choque generacional plasmado en la elección de canciones antes de la pelea (Sinatra versus Three 6 Mafia), el plano del boxeador, tras la pelea, estrechando la mano de un espectador anónimo, la verdadera despedida del personaje, el agradecimiento de Stallone a un público que durante años le fue fiel disfrutando con sus películas.

Me quedo corto, muy corto con estas líneas. Decir que disfruté como un cosaco con la película es lo mismo que decir que lo de abajo es una caricia de enamorados.


Finalmente, los créditos son -aún- otra agradable sorpresa: al son de Gonna Fly Now personajes de toda raza, sexo y condición suben las escaleres del Museo de Arte de Philadelphia e imitan al mito cinematográfico en el que es su gesto más reconocible. Alzan los puños al cielo en señal de superación, de triunfo, en otro divertido homenaje, el último antes de que un fotograma congelado nos diga definitivamente adios desde 1976. Treinta años después Rocky nos dice adiós para siempre.

8 comentarios:

Oscar_Bcn dijo...

No se si estarás de acuerdo conmigo en que esta secuela podria haber sido un remake de la primera si cambias a Adrian por Marie, al rocky pobre queriendo salir y triunfar por el rocky que quiere demostrar que aun puede boxear, a apollo creed por dixon. Es practicamente la misma pelicula con diferencias claro está. A mi me ha gustado mucho aunque he echado de menos mas combate. Más sufrimiento en los golpes.
En fin una buena despedida del personaje.

Pep dijo...

Vaya, pedazo de repaso... no puedo estar más de acuerdo, ya lo sabes. Un honor haber disfrutado de Rocky durante años y un placer despedirlo con usted y Miss Sparks. ¿Te imaginas haberla podido ver en el Altamira y no en un centro comercial? Nos hacemos viejos, amigo...

Un abrazo!

PD.:Para los no ilicitanos, el Altamira era un cine de los de toda la vida que ya estaba en la ciudad cuando nosotros nacimos. Star Wars varios, las de Indiana Jones, Señores de los Anillos, Regresos al futuro, Gremlins,E.T., varias de las secuelas de Rocky sin ir más lejos, y muchas más pudimos disfrutar allí.

vernie dijo...

Gran peli y eso que yo no soy precisamente el mayor fan de Rocky que hay sobre la faz de la tierra... pero me emocioné (eso sí, al principio de la peli más que al final). Siempre digo lo mismo, pero la veo más como un homenaje a Rocky que una peli más de la saga.
El único fallo de esta peli, bajo mi punto de vista, son todos los personajes menores de 40 años. Frente a los protas (Poli, Rocky y su novia), los jóvenes me parecen mas planos que la pechera de Keira Knightley. El hijo es sosísimo (si al menos volase...) y el Jamaicano Europeo ése todavía estoy intentando descubrir que pintaba en la peli....Ah sí! le ponía nombre al perro......
Pues sí, definitivamente Rocky es una peli de viejunos... pero mu bonica eso sí.

Plissken dijo...

Oscar:

Cierto, pero creo más bien que lo que ha hecho es destilar la esencia del mito cinematográfico y depurar la iconografía del personaje. Si está, por ejemplo, la inolvidable melodía de Conti pero no aparece The eye of the tiger. La intención de Stallone era clara -me parece- y es volver a contar con todo lo bueno que hubo en los inicios de la franquicia y realizarle un sentido homenaje. De veras que me emocioné oiga. Y hombre, que era de exhibición el combate, jeje, no querría una lucha a muerte en Las Vegas. Otro acierto, no demonizar a Dixon sino convertirle en el sucesor digno del espíritu de lucha y combate de Balboa.

Plissken dijo...

Pep:

Ya sabe usted que el sentimiento es más que mutuo. El cine es una fábrica de sueños, un placer que hay que degustar en compañía para compartir la ilusión que películas como ésta regalan a los aficionados...

Lo del Altamira es una espinita clavada en el corazón. A ver si este año me animo el 21 de abril y celebro el tercer aniversario del cierre como se merece. Es curioso que una película correcta como Starsky y Hutch se haya vuelto inolvidable para mí sólo por ser la que cerró el cine.

¡¡Cagontó no haber podido ver allí La venganza del Sith!!

Plissken dijo...

Vernie:

Stallone es un tío listo -en contra de lo que más de uno podría llegar a pensar- y ofrece una primera mitad intimista y costumbrista y un combate épico y duro -aunque no tan duro como nuestro amigo Oscar querría ;) - para satisfacer a todos los espectadores. Imagine que yo, aficionado al cine y a Rocky, disfruté toda la película. Y son esos detallicos chorras los que más me llegan: el perro viejuno salvado de la perrera acompañándole, el beso de Paulie, la foto de Adrian.

Lo más flojo, como dice usted, la muchachada. Casi perfila mejor a la borracha del bar en dos escenas que al hijo de Marie (jamaicano de Torrelodones, jajaja), aunque Rocky Jr. sí que me gusta cómo está tratado, es cierto que pasa de la angustia de vivir siempre bajo la sombra de la fama de su padre, a colocarse directamente a su lado. De todos modos, la parte del león se la lleva el maduro viudo cansado con una bestia encerrada en el sótano que lucha por salir a diario, el viejo solitario y amargado que en el fondo -como todos- no es mala persona, y esos preparadores físicos que saben más por viejos que por diablos y saben de lo que hablan cuando entrenan a un púgil.

¡Ayns, la pechera de la Kneightly, suspiros!

Boss_302 dijo...

Muy buenos comentarios sobre la pelicula, me ha gustado el recalcar el detalle sobre el estrechamiento de manos al final del combate, como un adiós del personaje.

Saludos

Plissken dijo...

Boss-302:

Gracias por los elogios. Me alegra ver que ese detalle también le llegó a usted. Stallone sabe como darle a los suyos un simbólico apretón de manos, de agradecimiento y de despedida a la vez.

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