miércoles, febrero 07, 2007

La búsqueda de la felicidad: Will Smith se nos pone serio

Chris Gardner (Will Smith) es un comercial cuarentón y empeñado hasta las cejas que lucha por sobrevivir a diario en San Francisco vendiendo a médicos y hospitales unos caros aparatos para medir la densidad ósea. Lo poco que gana apenas es suficiente para pagar el alquiler y la guardería de su hijo (el debut como actor del hijo de Jada Pinkett y Will Smith, Jaden Christopher Syre Smith), lo que provoca los lamentos de su esposa Linda (Thandie Newton) extenuada de hacer turnos dobles en la lavandería. Una oportunidad inmejorable se abre ante Chris cuando una importante compañía de Wall Street le admite en su programa de formación, una especie de Operación Triunfo para agentes de bolsa que selecciona entre 20 aspirantes a un único elegido que será contratado y entrará en el Olimpo del capitalismo. Es en ese punto cuando las cosas se torcerán para Chris Gardner, dejándolo en la calle y teniendo que hacerse cargo de su hijo tras el abandono de su esposa. A base de tesón, ilusión y valor Chris intentará ir superando uno a uno todos los obstáculos surgidos ante él, en esa eterna persecución de la felicidad que algunos logran y otros anhelan toda su vida.


Drama familiar muy sobrio, que no abusa de los mecanismos de manipulación del espectador ensañándose en los aspectos más sombríos o patéticos de la cinta y que nos regala una interpretación más que ajustada de Will Smith, completamente alejado de los papeles de heroe de acción cómico a los que nos tenía acostumbrados. La química con su hijo es perfecta, y la relación entre ellos es lo más interesante de la historia, dejando de lado la historia de superación y esfuerzo en pos del sueño americano. A destacar el esfuerzo de una Thandie Newton que proporciona a su interpretación de la agotada, frustrada y derrotada Linda una intensa tristeza y un poso de amargura muy adecuado para su personaje.


Mi único pero a este dramón dirigido por el italiano Gabrielle Muccino sería el de contar una historia más o menos típica, basada en un best seller (Pursuit of happyness) que narra las peripecias de Chris Gardner en el San Francisco de los primeros años 80, cuando EEUU pasó por una devastadora crisis económica sumada a la conservadora política de Ronald Reagan con recortes en gasto social, subida de impuestos, desempleo… (etapa conocida como reaganomics). Pese a este handicap, Will Smith compone un personaje cercano en algunos aspectos (tiene arranques de ira, enfados, se derrumba en algunos momentos, comete errores) e inalcanzable en otros (el término superpadre se queda corto). Lo que sí es interesante es esa “visita” a los callejones del capital, a la gente que arrumbada en la cuneta del capitalismo y la sociedad postindustrial sobrevive diariamente sin más esperanza o ilusión que la de seguir respirando y cuyas opciones a conseguir una existencia digna en cuestiones de trabajo, vivienda o sanidad son escasas por no decir inexistentes. Escenas como la de la cola en el albergue o el baño del metro son de una proximidad atroz y ofrecen una respuesta actoral por parte de Smith tan auténtica como patética, tan real como incómoda. La contraposición entre los dos mundos fluye de forma natural, no convierte la historia en una fábula redundante con molesta moraleja final, problema en el que tan a menudo suele caer el cine de tesis o el cine de denuncia. Las excusas que Chris pone en la empresa por pasear a diario su maleta y su única muda, el modo en que unos y otros miembros de dicha empresa le tratan o el encuentro con el ejecutivo en el partido de fútbol humaniza extraordinariamente el drama al que va abocada nuestra sociedad actual, una situación en la que cada vez menos personas van a controlar más porción del pastel, mientras que una mayoría cada vez más depauperada económicamente y mermada moralmente se va a pelear sin miramientos por las migajas. En lugar de intentar mirar hacia arriba, hacia el auténtico problema, miraremos hacia abajo, hacia los que tendremos que aplastar para mantener nuestra cuota de bienestar social. Una pena que la película sólo aborde de pasada un tema tan interesante y tan importante como el de esas miles de personas que el progreso deja en la estacada y los convierte en invisibles miembros de una comunidad olvidada que tiene que luchar por su dignidad y por su supervivencia, algo que muchas veces resulta harto difícil lograr.

6 comentarios:

Mirims dijo...

Clinex a cascoporro. El otro día vi el trailer y lloré muxísimo. Miedo me da ver la peli entera. aiiiiisss si ya lloraba con el Príncipe de Bel Air... no quiero ni pensarlo!!!

Plissken dijo...

Pues sí xiqueta, a mi el trailer tambien me emocionó bastante -de ahí que fuera a ver la peli incluso por delante de los mayas de Mel Gibson-. Y la peli es de esas que acaba y dices "qué bonica".

Y con el principe de Bel Air yo lloraba... pero de risa ;D

zubiarra dijo...

A mi solo se me salto la lagrima en el capitulo de Rapael de la Guetto...carambola a la izquierda...

Plissken dijo...

Zubiarra:

¡Ah, caballero, no se haga el duro!
Que en cuanto escucha usted hablar de la defensa de Stalingrado se le humedecen los ojos ;D

Anónimo dijo...

Dragon

Es muy similar a la vida que estoy llevando ahora.....notable parecido
Saludos

Plissken dijo...

Dragon, me temo que estas historias siempre acaban bien en la ficción, pero en la vida real no siempre suceden los pequeños milagros. Le deseo mucha suerte y ánimo.

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