sábado, marzo 19, 2011

Campamento Jedi de entrenamiento felino XII: ¡Salvad a los gatos de la UA!

Hoy quiero recuperar una sección que me apresuré en finiquitar, y es que a uno siempre le pica el gusanillo de dejar fotos, anécdotas o historias relacionadas con los gatos. Los lectores habituales veteranos ya saben que dos de mis gatos, Obi Wan y Leela, fueron acogidos en casa, tras un abandono en la Universidad el primero, y tras varios años de seguimiento y encariñamiento la segunda. En la Universidad de Alicante, de siempre, ha habido colonias felinas repartidas a lo largo y ancho del campus. La tranquilidad del entorno, la facilidad para encontrar cobijo, la ausencia de coches en el interior del recinto lo hacen un lugar idóneo para que allí vivan con seguridad. Desde hace un tiempo un grupo de voluntarios, empleando sus propios recursos, económicos y de tiempo, han llevado a cabo una más que meritoria labor para controlar y asegurar la sanidad y estabilidad de esas colonias, vacunando y esterilizando a los gatos y llevando al albergue a los casos más graves. A lo largo de los años han sido unos pocos los gatos que iban encontrando un hogar, sobre todo aquellos más socializados, pero aún quedaban unas decenas en la Universidad. Miss Sparks y un servidor, un poco al margen de esos voluntarios, también les dejábamos comida -pienso, agua y comida fresca- en puntos concretos donde no molestasen a nadie y pudiesen alimentarse regularmente. Lo cierto es que eso nos hizo acreedores de no pocas bromas maliciosas y de miradas abiertamente hostiles por algunos miembros de la comunidad universitaria. Si bien hemos recibido el cariño -muchísimo- de decenas de esos gatos, es verdad también que hemos sufrido muchísimo por su causa, ya que a la larga la mortalidad de los mismos es más elevada, o simplemente desaparecen, ya sea porque van a otros sitios o porque los adoptaban sin más. La situación era esa cuando hace unas semanas saltó una especie de bomba informativa, primero a modo de rumor y luego de forma oficial. El Servicio de Prevención de la UA en base a unas denuncias de miembros del colectivo universitario -todo adecuadamente vago y sin concretar- había decidido iniciar actuaciones contra aquellos que alimentasen a los gatos, los cuales, además, serían objeto de un "control" por parte de la UA, lo cual tanto puede decir retirada forzosa a albergues en los que su tiempo de vida estaría marcado por la adopción en un plazo concreto como continuar con los esfuerzos realizados por los voluntarios, pero de forma oficial. Ya hay comunidades universitarias que mantienen colonias felinas reguladas en sus campus, y no se pueden imaginar lo que creo que alegra la vida a un estudiante atribulado o a un funcionario cansado el verles correr y jugar o el hacerles una caricia en el lomo. Lo cierto, triste y lamentable es que aún hay demasiadas personas que consideran a los gatos como una plaga a erradicar. Si están interesados en el tema, les recomiendo que visiten el blog Gatos de la UA, donde algunas de las voluntarias están informando de los esfuerzos realizados para defender a esas colonias y al mismo tiempo ofrecen en adopción a algunos de los gatos, principalmente los socializados, a aquellos que puedan estar interesados.


¿Porqué hoy me parece el mejor día para publicar esta entrada? Pues porque el trato diario, la preocupación por el bienestar de la colonia en general y la personalidad de cada uno de los mininos hace que se le coja más cariño a unos que a otros, y que entre los mismos animales haya algunos que te busquen o establezcan rutinas diarias de las que tú formes parte. A lo largo de los últimos años dos de esos casos nos tocaron muy de cerca a miss Sparks y a mí, dos gatos que además fueron abandonados en el campus, algo enormemente fácil de detectar al estar socializados y buscar la compañía del ser humano desde el primer momento. A uno,una especie de siamés con los ojos azules ligeramente estrábico lo llamábamos con el cariñosa y chanante mote de Monguer. Pedigüeño, mimoso y arisco con sus congéneres era un gato que se ponía a ronronear en cuanto alguien lo cogía en brazos. Afortunadamente ahora mismo ha encontrado un hogar donde recibirá todas las comodidades y atenciones que merece.


Y llegamos al quid de la cuestión, al asunto del día, al tema delicado. Dejadme que os hable de Leia 3, Leela 2 o la Guapita, nombre con el que se quedó esta tricolor que apareció abandonada hace bastante tiempo -¿uno, dos años?- en la uni y que era sospechosamente parecida a nuestra Leela. Parecía un caso idéntico. Una gata que nos seguía a donde fuéramos, que esperaba en la puerta de nuestro edificio para recibir unos mimos o unas caricias lloviera, hiciera viento o pegara el sol y que en cuanto nos oía acudía como una flecha hasta donde estábamos. La gata fue una compañía diaria incluso en los duros tiempos que coincidieron tras el despido de miss Sparks, y uno de mis descansos reglamentarios lo dedicaba integramente a pasar diez minutos en su compañía. Las noticias de ese "control" al que la Universidad quería someter a la colonia felina nos hicieron tomar la decisión de que si las cosas se ponían mal, verdaderamente mal, tipo tener que ir a buscarla al albergue, iríamos y la adoptaríamos, pese a que la carga de cinco gatos ya sería un tanto excesiva. Afortunadamente el destino hizo una de esas jugadas inesperadas y la Guapita para nosotros, Missy para las voluntarias, se convirtió en Isis para su nueva madre adoptiva, que ha dado su hogar a una de las gatas más cariñosas que servidor ha conocido en su puñetera vida. Os dejo con alguna fotillo de las que le sacamos a lo largo de los meses. Sé muy feliz, gatita...



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