Aquellos maravillosos años: El secreto de la pirámide. La aventura de mi vida

Antes de una vida llena de aventuras, tuvieron la aventura de sus vidas...


En medio de las ajetreadas y nevadas calles de la City londinense un coche de caballos deposita al joven Watson (Alan Cox) frente a la Academia internado Brompton. Tímido, rechoncho y con gafas Watson pronto conoce al que va a ser su compañero más cercano en el lugar, un estudiante extremadamente dotado e intuitivo pero con fuerte temperamento de nombre Sherlock Holmes (Nicholas Rowe). Ha nacido una amistad que asombrará al mundo.


La vida en el lugar se reparte entre aburridas clases en las que ambos deben aguantar las pullas y bromas del repelente Dudley (Earl Rhodes) y su camarilla y las actividades extraacadémicas que Holmes desarrolla junto al profesor Waxflatter (Nigel Stock) y su sobrina, la hermosa Elizabeth (Sophie Ward), por la que Holmes siente algo más que una gran amistad y cuya serenidad y cariño centran en gran medida el carácter del muchacho. Los excéntricos experimentos del viejo profesor Waxflatter le han granjeado una reputación próxima a la chifladura, y probar aeroplanos de madera y tela o desarrollar fórmulas malolientes -algo en lo que Holmes le secunda de forma entusiasta- no contribuye a alejar las sospechas sobre su competencia. El único otro profesor por el que Holmes siente admiración y respeto es el maestro de esgrima, Rathe, con el que mantiene una sana rivalidad deportiva.



Una serie de bizarros asesinatos se están produciendo en la ciudad, y las víctimas son personas de sobrada reputación que repentinamente sufren bizarras visiones y ataques de locura que finalizan con su muerte. La policía está desconcertada, y el detective Lestrade (Roger Ashton-Griffiths) de Scotland Yard no tiene pista alguna. Uno de esos ataques se produce sobre Waxflatter, que muere en brazos de su pupilo Holmes pronunciando unas enigmáticas palabras, Eh-tar. Expulsado de la escuela y con la firme decisión de hallar a los culpables de la ola de crímenes Sherlock Holmes decidirá empeñar todo su talento y sus dotes de observación en la resolución del misterio.





Las conexiones de Waxflatter con antiguos compañeros de exploraciones y una visita a un almacén en la zona portuaria en la que Elizabeth, Holmes y Watson se adentran inconscientemente desvela una aterradora verdad. En Londres existe una secta egipcia milenaria que está embalsamando en vida a muchachas mediante un elaborado ritual, conservándolas en cera para la eternidad. El trío es descubierto y perseguido por un cementerio en mitad de la noche. La situación se torna desesperada para Holmes cuando la policía no atiende a los resultados de su investigación y Elizabeth es secuestrada por miembros de la secta para concluir un ritual que culminará una venganza gestada a lo largo de treinta años. El valor y la decisión de Holmes y Watson serán vitales para resolver la situación, aunque dejará en ellos una dramática e indeleble huella que les acompañará a lo largo de toda su vida.


No abandonamos 1985, año de producción de Regreso al futuro, Exploradores, El club de los cinco, Los Goonies o Lady Halcón, para que vean ustedes el nivel medio al que podía aspirar un chaval que quisiera ir al cine a ver una película que le divirtiera y le hiciera soñar. La explicación básica de porqué el cine de entretenimiento juvenil de aquel momento ofrecía una calidad contrastada resulta tremendamente sencilla y aterradoramente transitoria: esas películas se ponían en manos de escritores competentes que no insultaban al público, de directores con cierta trayectoria y solvencia capaces de contar una historia y en muchos casos la mano firme de un productor como Steven Spielberg o sus delegados Frank Marshall y Kathleen Kennedy, capaces de garantizar un mínimo en cuanto a calidad. Bodrios los hubo, eso es indudable, y la repetición de esquemas y secuelas varias acabaron degenerando en películas como Mis maravillosos aliados, Cocoon 2, Cortocircuito 2 y un largo etcétera.


Centrándonos en la película que hoy nos ocupa, nos encontramos con un equipo de primer orden, y eso se nota desde el primer momento. La película fue producida en el seno de Amblin Entertainment, la productora creada por Steven Spielberg para desarrollar películas de índole familiar y que desde el primer momento acogió a una serie de directores que pudieron desarrollar sus propios proyectos en un ambiente propicio para ello. A lo largo de los años han desarrollado allí sus proyectos directores como Joe Dante, Robert Zemeckis, Joe Johnston, Martin Scorsese, Richard Donner, Don Bluth o Barry Sonnenfeld, además del propio Spielberg. En los créditos además aparecen los anteriormente mencionados Marshall y Kennedy, o Henry Winkler, también director él mismo, aportando su control y entusiasmo a un proyecto especialmente cuidado.


El encargado de firmar el libreto es otro viejo conocido de esta sección, Chris Columbus, que pronto pasaría a desarrollar tareas de director y productor en detrimento de una carrera como guionista que cuenta con joyas iniciales difícilmente superables como Gremlins, Los Goonies o este Joven Sherlock Holmes que sitúa el primer encuentro entre Holmes y Watson veinte años de los sucesos narrados por Sir Arthur Conan Doyle en Estudio en Escarlata. Pese al carácter eminentemente apócrifo del guión y a estar narrando sucesos completamente nuevos, Columbus respeta extremadamente a sus personajes y no sólo no los sitúa fuera del canon establecido sino que muchos de los acontecimientos de los que el espectador será testigo prefigurarán la figura del detective que todos conocemos, como es el caso de sus sempiternas pipa, capa y gorra o esa melancólica soltería y soterrada misoginia que le acompañarán a lo largo de toda su vida.


Al frente del timón se colocó el director Barry Levinson, cuya trayectoria hasta el momento le situaba en películas intimistas y con vocación de prestigio, como eran Diner, un relato de madurez generacional ambientado en los años 50, y la adaptación de El mejor (The Natural) de Bernard Malamud, una historia de redención épico deportiva que aún hoy me pone la carne de gallina cada vez que la veo y cuyo home run final ha sido homenajeado e imitado en varias ocasionas. Con esos antecedentes tenemos a un director capaz de presentar a sus personajes con cierto detalle y cariño y al mismo tiempo con los suficientes recursos como para emocionar al espectador implicándolo en la trama. Tanta importancia tienen en El secreto de la pirámide las escenas de presentación de cada personaje, algunas de ellas un ejemplo de como avanzar elementos de la trama sin destripar el argumento ni resultar excesivamente obvio, como las trepidantes secuencias de espectáculo o de acción trpidante, rodadas con una maestría dignas del propio Spielberg en su saga arqueológica. Así, la caza del tesoro en la escuela refleja las dotes deductivas de Holmes, la devoción de Watson y el cariño de Elizabeth al tiempo que su rivalidad con Dudley y el estatus de cada personaje dentro de la escuela en apenas tres minutos dinámicos y sin pausa, para luego demorarse en una maravillosa escena en la que la muchacha se despide de Holmes desde una ventana escribiendo en el cristal un sentido mensaje para Sherlock. Son tiempos distintos que puntúan una relación de amistad y cariño muy sincera y profunda, vital y necesaria para que nos afecte el futuro devenir del relato. Y qué decir de las escenas de acción, desde la primera visita a la Pirámide del Miedo (el otro título por el que es conocida la película) y la huida por el cementerio con pesadilla alucinógena incluida, hasta uno de los clímax más intensos que he podido disfrutar en un cine, emotivo, emocionante y dramático a partes iguales al que volveré más adelante. El Londrés que Levinson nos muestra es brumoso, tenebroso, sucio, y rodeado de un onirismo atemporal mágico que ha influido en producciones recientes, como la saga de Harry Potter, cuyo Londres oculto es muy similar a este decimonónico en el que Holmes y Watson corrieron sus primeras aventuras.


Dos últimos apuntes antes de ocuparme de los recuerdos inolvidables que esta película me produce. El primero es ensalzar una prodigiosa partitura escrita por Bruce Broughton, compositor versatil que alterna las dulces y evocadoras melodías de flauta con fanfarrias de viento y cuerda que realzan la intensidad de la acción y unos estremecedores coros para ambientar las ceremonias de embalsamamiento que recuerdad poderosamente a los cantos del Carmina Burana de Carl Orff. Recientemente pude conseguir la edición completa de la banda sonora, dos discos que te introducen de lleno en la película y que te hacen revivir las inolvidables imágenes que acompañaron en su momento. Y ya para acabar con el apartado técnico, querría destacar el impresionante avance en el campo de los efectos especiales que supuso esta película, pues en ella aparece el primer personaje enteramente digital, y en la base de ese desarrollo encontramos al futuro director de Toy Story y padre fundador de Pixar, nada menos que a John Lasseter.


¿Qué puedo añadir? Esta película es mágica para mí como pocas, por diversas razones. En primer lugar, soy un rendido seguidor del personaje canónico y he leido varias veces las obras completas de Sherlock Holmes escritas por Arthur Conan Doyle. En concreto Estudio en Escarlata me resulta fascinante, tanto la parte ambientada en Londres como el largo relato en flash-back ambientado en las comunidades mormonas estadounidenses que desvela las motivaciones del asesino. Así pues, el poder disfrutar de unos Holmes y Watson juveniles viviendo una peripecia llena de aventuras fue un verdadero placer que además, lejos de poner en solfa o actualizar al personaje lo hacía encajar con el canon, respetándolo en todo momento más allá de forzar un primer encuentro que no se produciría hasta dos décadas después, por lo menos.


En segundo lugar, dado mi carácter tímido, reposado, dado a la lectura, con un ligero exceso de peso -ejem- me hizo identificarme hasta límites insospechados con el típico secundario cómico de aquellas películas. Que si Gordi, que si Wolfgang... Entenderán que el Watson patoso, fascinado por su inteligente amigo y algo enamorado de la hermosa Elisabeth me tocara de lleno y botara en el asiento cada vez que el muchacho salvaba el día en el trepidante rescate de la pirámide. Hasta la escena de los pastelitos en el cementerio me resultaba aterradoramente familiar.


Y llegamos a la parte del león, a lo difícil, y es que esta película como pocas me lleva a un paraíso perdido imposible de recuperar. Recuerdo que acudí a verla con mis tíos y primos al cine de verano que había al lado de casa. Como ya les comenté la semana pasada, desde la terraza de mi edificio se veía perfectamente la pantalla y, dependiendo del viento, la película se escuchaba mejor o peor. En el caso de El secreto de la pirámide preferimos verla pagando entrada, llevando nuestros cojines para paliar la incomodidad de las sillas metálicas habituales en este tipo de cines hoy casi extintos en detrimentos de multisalas de centros comerciales, y con una considerable ración de pipas y chuches. El cine estaba lleno, y la audiencia estaba encandilada por la película, arrobada. Ni niños corriendo, ni charlas molestas, ni gracietas absurdas. Todo el mundo viendo la jodida película. Lo que nunca olvidaré es que en el tramo final, durante la pelea en los muelles comenzó a llover. Al ser un cine descubierto la gente estaba expuesta al fino pero molesto chaparrón de verano. Pues sólo unos pocos corrieron a refugiarse debajo de algún tejadillo o alerón. El resto del público permaneció impertérrito, con la mirada fija en una pantalla descascarillada en la que un muchacho desesperado luchaba con rabia contra el que consideraba su mentor y amigo. Eso es lo que llaman la magia del cine, y es lo que quizá más me duele que se haya perdido. No tanto la calidad de la película sino la candidez y la pasión de la mirada del espectador. Por cierto, que El secreto de la pirámide, como pocas cintas, ejemplifica el porqué de quedarse hasta después de los créditos, no sea que se pierdan el último detalle argumental jugoso del canon holmesiano. Sin duda esta fue una de las aventuras de mi vida.

Sketch-busters CXXI: Howard Chaykin (III)

La verdad es que quizá en el pasado Expocomic algunos no le diesen la importancia que tenía realmente la presencia de un autor como Howard Chaykin, una bestia parda del mundillo desde hace más de treinta años. Ya fuera porque algunos habían coincidido con el autor anteriormente en Barcelona o porque estrellas de mayor relumbrón en la actualidad pero con méritos bastante justitos para ello (pienso principalmente en Marko Djurdjevic, autor de tres comic-books y unas cuantas portadas en aquel momento) también acudían al evento hicieron enormemente asequible a Howard Chaykin a la hora de coger número para su sesión de firmas. Aunque nosotros habíamos conseguido ya sketchs de Howard en Barcelona (Guy y Beverly) era una de nuestras principales opciones. Tengo que decir que para la sesión del sábado, que fue para la que cogimos número, no tenía más que a una persona, y tuvimos que elegir entre Chaykin y Carlos Pacheco, otro dibujante del que tenemos dibujo de hace ya ocho años pero que últimamente está haciendo verdaderas joyitas a color en los salones a los que acude. La decisión fue verdaderamente difícil pues en ambas sesiones teníamos garantizados puestos inmejorables. Finalmente me pudo el amor por un autor completo que me ha regalado muchas horas de lectura a lo largo de los años y cuyo estilo de dibujo, hay que decirlo, sobretodo a la hora de dibujar la anatomía femenina, tiene una rotundidad y una animalidad que me ponen bastante nervioso.

Junto con el sencillo busto realizado por Chaykin, y que solicité me lo dedicara amablemente, os adjunto una ilustración de la diablesa hyrkania realizada por el dibujante en el año 75. La verdad es que esto creo que va a ser el aperitivo de una sección de commissions dedicada a la pelirroja diablesa de la espada. Próximamente en sus pantallas.


Primer lunes de vacaciones y trueno

Y ya ando metiéndome en líos, porque uno es así, que se aburre y se deja liar. Que si asistir a una reunión de blogueros aviesos para terminar de perfilar un plan de dominación mundial decente, que si colaborar como figurante de fondo en un corto en lo que espero se convierta en fulgurante carrera cinematográfica, que si recuperar fugazmente los buenos tiempos vividos durante siete años en aquel taller de florecicas de tela en el que estuve pluriempleado... En fin, que para eso están las vacaciones, para no tener tiempo de ná y acabar igual de estresado que si uno estuviera trabajando... Sólo que sin estarlo, con lo que algo salimos ganando.

Por lo que se refiere a este su blog amigo, y como le comentaba a Bruce en el post dedicado a Exploradores, ahora que tengo más tiempo voy a intentar -intentar, ojo- aprovechar para recuperar unas cuantas pelis ochenteras de esas que me marcaron a fuego la memoria sentimental, y que de esa forma no sean todo dibujines -que los habrá-, páginas originales -que también las habrá, y en este caso una muy especial para celebrar el cincuentenario de la sección- y refrescantes galerías veraniegas con las que espantar momentaneamente los sofocantes calores estivales. Además, y para que no me pille el toro, servidor anda trasteando con plantillas y configuraciones varias para desarrollar el que será Llámame Plissken 3.0, cambio de aspecto que no de espíritu con el que celebrar el cuarto aniversario de esto que empezó como juego o práctica de escritura y que ahora ya tiene vidilla propia. Actualización: Como les decía, trasteando me he cargado todos los enlaces. No desesperen que lo arreglo a la mayor brevedad posible. Puñetero blogger, parece un gato, tan inteligente y útil para algunas cosas, tan tontaco para otras.

Aprovechando que el Boss anda por tierras españolas celebrando varios conciertos, tan entregados como es habitual en él aun cuando los técnicos de sonido se empeñen en que no suene demasiado bien, me permito dejarles la letra de la canción Thunder Road a cuenta del homenaje recibido en Exploradores, de que es una grandísima canción y de que muy pocos temas mejores que este se me ocurren para empezar la que espero sea una gran semana para todos ustedes. Tengan mucho cuidado ahí fuera y sean ustedes todo lo buenos o malos que la vida les permita ser.


Hay pocos tipos como este que se pongan literalmente en manos de su público. Para entregado él, entregados ellos... (Foto: Diario Público)


Thunder Road
Bruce Springsteen

The screen door slams
Mary' dress waves
Like a vision she dances across the porch
As the radio plays
Roy Orbison singing for the lonely
Hey that's me and I want you only
Don't turn me home again
I just can't face myself alone again
Don't run back inside
Darling you know just what I'm here for
So you're scared and you're thinking
That maybe we ain't that young anymore
Show a little faith there's magic in the night
You ain't a beauty but hey you're alright
Oh and that's alright with me

You can hide 'neath your covers
And study your pain
Make crosses from your lovers
Throw roses in the rain
Waste your summer praying in vain
For a saviour to rise from these streets
Well now I'm no hero
That's understood
All the redemption I can offer girl
Is beneath this dirty hood
With a chance to make it good somehow
Hey what else can we do now ?
Except roll down the window
And let the wind blow
Back your hair
Well the night's busting open
These two lanes will take us anywhere
We got one last chance to make it real
To trade in these wings on some wheels
Climb in back
Heaven's waiting on down the tracks
Oh-oh come take my hand
We're riding out tonight to case the promised land
Oh-oh Thunder Road oh Thunder Road
Lying out there like a killer in the sun
Hey I know it's late we can make it if we run
Oh Thunder Road sit tight take hold
Thunder Road

Well I got this guitar
And I learned how to make it talk
And my car's out back
If you're ready to take that long walk
From your front porch to my front seat
The door's open but the ride it ain't free
And I know you're lonely
For words that I ain't spoken
But tonight we'll be free
All the promises'll be broken
There were ghosts in the eyes
Of all the boys you sent away
They haunt this dusty beach road
In the skeleton frames of burned out Chevrolets
They scream your name at night in the street
Your graduation gown lies in rags at their feet
And in the lonely cool before dawn
You hear their engines roaring on
But when you get to the porch they're gone
On the wind so Mary climb in
It's town full of losers
And I'm pulling out of here to win

Aquellos maravillos años: Exploradores, ¿quién no necesita una mano amiga cuando está perdido en el espacio?

Ben Crandall (Etahn Hawke) es un joven adolescente enamorado de la ciencia ficción y de todo lo relacionado con el espacio. Su vida se debate entre los tebeos y las películas de ciencia ficción clásica y sus sueños de llegar a alcanzar algún día el espacio y contactar con otras razas. Una noche tiene un sueño extraño en el que sobrevuela un escenario lleno de color y extrañas formas. Al día siguiente muestra un esquema de lo soñado a su mejor -y único- amigo, Wolfgang Müller (River Phoenix), que cree reconocer en los garabatos el prototipo de un circuito. Dado su carácter apocado y algo patoso Ben se mete en líos con los gamberros de la escuela, pero recibe la ayuda inesperada de Darren Woods (Jason Presson), un chaval con muchos problemas que viene de una familia desestructurada y cuyo futuro se presenta bastante aciago.


A partir de ese azaroso encuentro los tres muchachos comenzarán a forjar una sólida amistad entre ellos, compartiendo sus problemas y esperanzas. Ben, obsesionado con sus sueños, transmite el interés a sus amigos, y todos ellos se ven dentro del sueño, consiguiendo recordar mejor el esquema. Basándose en ese diseño Wolfgang desarrolla en el sótano de su casa -un verdadero laboratorio de científico loco en potencia- una extraña burbuja que se mueve en el espacio a velocidades imposibles y que atraviesa todo lo que se cruza en su camino. Un experimento posterior les demuestra que la burbuja puede hacerse más grande y llevarles en su interior. Sus jóvenes mentes bullen de excitación y un proyecto de locos va formándose cada vez con más fuerza.


La logística es lo primero, y con una cabina abandonada de una atracción de feria, varias puertas de lavadora a modo de escotilla, y unos rudimentarios equipos de respiración, los tres muchachos construyen una capsula espacial para viajar dentro de la burbuja. El nombre de la nave, tras una improvisada ceremonia de bautizo, es un homenaja al Boss, del que Darren es fan, Thunder Road. El viaje de prueba resulta caótica y acaba provocando graves daños en la ciudad, además de constatar los graves problemas de falta de oxígeno que existen en el interior de la burbuja. Por si fuera poco, un policía (Dick Miller) se acerca a los muchachos, sospechando de ellos como los causantes del desastre. Un nuevo sueño y la memoria de Wolfganf les proporcionarán una versión mejorada de la burbuja, con renovación de oxígeno incluída. Los tres amigos están preparados para ir donde ningún muchacho ha llegado antes.


Perseguidos de cerca por la policía, y asustados y excitados a partes iguales, Ben, Wolfgang y Darren emprenden el viaje definitivo para el que han estado preparando la Thunder Road desde el momento que tuvieron el primer sueño. Frente a ellos el espacio infinito y lo desconocido. Viajando a una velocidad mucho más allá de lo posible para la tecnología conocida, los tres muchachos acaban llegando a una gigantesca nave espacial repleta de conductos malolientes y robots sonda impertinentes. En el corazón de esa nave les esperan Wak (Robert Picardo) y Neek (Leslie Rickert), dos alienígenas completamente imbuidos de la cultura humana a través de la televisión y el cine. Un histórico encuentro interestelar tiene lugar a cientos de años luz de la Tierra, aunque el resultado final distará mucho de lo esperado por todos. De regreso a la Tierra un futuro lleno de excitantes aventuras se presenta para los tres amigos, ahora más unidos que nunca y confiados en sus propias capacidades y posibilidades.


De nuevo tenemos en esta sección al director Joe Dante, el cual junto a Richard Donner, Chris Columbus y Steven Spielberg se merecería un monumento por haber creado tal cantidad de cintas memorables que se tomaban lo suficientemente en serio a su audiencia como para crear películas sólidas, inteligentes, repletas de humor y con personajes mínimamente desarrollados. De todo eso hay en Exploradores, pero vamos por partes. Para empezar, el guión de Eric Luke se basa en dos pilares muy sólidos sobre los que se desarrolla la trama. Por un lado, los complejos, inseguridades y anhelos de la primera adolescencia, en la que comienzan a producirse los explosivos cambios hormonales, la amistad se torna un tanto más difícil -pero mucho más necesaria- y la muchachada debe recolocar sus coordenadas vitales para afrontar los retos del instituto, las primeras relaciones de pareja, o eso tan bonito que muchos llaman madurez y servidor entiende que llevado a su extremo último no es sino la muerte del niño interio. Todo eso queda perfectamente reflejado en la evolución personal de los tres protagonistas de la película, que tras su periplo estelar iniciático afrontarán la vida con más confianza sabiendo que a) no están solos para afrontar los problemas de la vida, y b) saben que han superado una situación que otros no habrían sido capaces de afrontar siquiera. Por otro lado, a través de Ben principalmente, se rinde un homenaje sentido a la ciencia ficción clasica que muchos hemos mamado en mayor o menor medida a través de reposiciones o ciclos televisivos, y así hay homenajes explicitos a Ultimatum a la Tierra, El enigma de otro mundo, La guerra de los mundos o Regreso a la Tierra. Por cierto, que este sería el trabajo más encomiable del guionista, que quince años después se encargaría de una larga etapa guionizando la serie de Wonder Woman (139-152, 156-159).


Partiendo de un libreto lleno de humor que dosifica a la perfección el elemento fantástico y lo va introduciendo poco a poco, primero mínimamente dentro de la peripecia costumbrista de los chavales, hasta acabar en el tercio final de la cinta con una space opera muy peculiar y llena de humor y emoción. Dante, que venía de dirigir Gremlins (1984) un año antes, se encuentra cada vez más cómodo en proyectos comerciales como este a los que imprime su peculiar personalidad cinematográfica, siempre repleta de referencias al cine y a la animación clásica y con gran capacidad para alternar atmósferas incluso dentro de un mismo plano, pasando del humor a la acción al suspense sin torcer el gesto ni desconcertar al espectador. La plantilla de actores habituales de Dante (Miller, Picardo) hace acto de presencia, al igual que los homenajes a Chuck Jones (el Instituo al que van Ben y compañía se llama Charles M. Jones), a cintas previas (hay un titular en un periodico que dice: Caos todavía sin aclarar en Kingston Fall's) y a películas clásicas del género (el trineo de Ciudadano Kane aparece en el desguace, un juguete de Encuentros en la tercera fase decora el sótano de Wolfgang). El gusto de Joe Dante por el humor acelerado y absurdo se manifiesta en las hilarantes primeras pruebas con la burbuja y en el antológico encuentro con Wak, que hace algo parecido a un monólodo descontextualizador alienígena sobre nuestra cultura popular que resulta antológico.



El reparto ofrece más sombras que luces, pero no por el resultado en pantalla, completamente cohesionado y lleno de encanto, sino por el futuro devenir de la carrera de sus protagonistas. Siendo el debut cinematográfico de los tres jóvenes actores, cada uno corrió diversa suerte. Jason Presson desapareció en el limbo tras unos cuantos telefilms. River Phoenix estalló como estrella juvenil de gran proyección y mayores dotes interpretativas pero su carrera se vio truncada por su repentina, absurda, prematura y triste muerte a los 23 años de edad. Ethan Hawke, por su parte, se tomó un breve descanso tras la película y en 1989 regresó con El club de los poetas muertos. A partir de ese momento desarrolló una de las carreras más solidas y personales del cine contemporáneo. Pero en Exploradores nos encontramos con tres adolescentes inseguros, frágiles cada uno a su modo y necesitados de una sólida amistad que les ayude a frontar los problemas de la vida diaria, desde ese difícil primer amor con la vecina guapa, la sobreprotección de los padres o la falta total de calor familiar. Resulta extraño que, como dice la frase promocional española, esa mano amiga venga del espacio.


En lo personal, vi la película en una copia pirata de videoclub y luego la volví a ver proyectada en un cine de verano, sólo que desde la terraza de mi edificio, a la que subía muchas noches para ver las películas que se proyectaban en el cercano cine descubierto. Resultó especialmente mágico estar allí arriba viendo la película y levantar la cabeza hacia el cielo, intentado adivinar alguna estrella más brillante que otra. Posteriormente llegó a mis manos la novelización de la película -que aún conservo- y que leí varias veces a lo largo de mi infanadolescencia. Esta película es una verdadera joyita del cine fantástico para toda la familia que recomiendo muy mucho a todos los que no la hayan disfrutado. Como Los goonies para los amantes de las historias de piratas, Exploradores propone una fantasía elaborada, emotiva y divertida para todos aquellos que de cuando en cuando levantábamos la mirada hacia el cielo estrellado y nos preguntábamos las mismas tópicas preguntas. Años después Robert Zemeckis (otro que se merece un monumento) haría algo similar para los adultos que no olvidaron esos sueños ni esas preguntas. La película se llamó Contact y, en el fondo, el mensaje era el mismo. Todos necesitamos una mano amiga en el universo... y no estaría de más que hubiera alguien ahí fuera que nos la pudiera ofrecer.



Video homenaje a la película con música de James Horner (Rocketeer)

Subasta de ilustraciones frejquísimas: Comiconart

Hacía tiempo que no revisaba las actualizaciones de la web Comiconart, y lo que son las cosas, hoy he dado un garbeo virtual por la misma y me encuentro con algo nuevo, algo viejo. La novedad sería que la web se ha remodelado completamente, supongo que para dar cabida a la cada vez mayor nómina de dibujantes representados.  Lo habitual, por contra, es encontrar el enlace a una subasta de decenas de ilustraciones de sus representados mostrando a las heroínas más populares en poses sugerentes y provocativas. La verdad es que no deja de ser una especie de Galería Swimsuit la que les propongo hoy, rebajando un pelín la exigencia artística y dejando a las neuronas ir a su bola en estos asuntos. Una galería para adolescentes desatados hormonalmente es lo que les propongo hoy, con el arte de, entre otros, Fred Benes, Ron Adrian, Alex Oliver, Carlos Silva, Celino, Fabio y Gardenio Lima. La cantera brasileña sigue estando bien provista, y las playas de Copacabana siguen siendo la principal fuente de inspiración para ellos. Que ustedes lo disfruten en salud.



















Sketch-busters CXX: Liam Sharp

Despertado de una siesta salvaje de cuatro horas, quedan inauguradas oficialmente las vacaciones de Plissken. Por el momento espero poder mantener un ritmo suave de entradas ofreciéndoles dibujillos y galerías que les refresquen los calores del verano, así como continuar con la tónica de ofrecerles alguna reseña comiquera o cinéfila que espero les resulte interesante. De momento, y para ir abriendo boca, un espectacular dibujo a lápiz realizado por el dibujante británico Liam Sharp en las terrazas de Avilés. El dibujo, además de por la calidad que posee intrínsecamente a cuento me parece oportuno porque a) Red Sonja es el personaje que mejor luce biquini metálico y b) servidor no sabe si este año va a poder o no disfrutar del espectacular ambiente de las jornadas de Avilés. La crisis hace estragos, amigos, pero uno siempre puede encontrar solaz en los sketchs de años anteriores, y en este caso, más todavía. La imponente presencia de Sonja y la melancólica composición del dibujo hace que uno se quede un ratito mirándolo absorto... En fin, que por aquí seguimos, caballeros, ¡al pie del cañón!



Lunes lunar

Este fin de semana todo tipo de medios de comunicación han tenido un tema en común que me resulta sumamente atractivo: el cuarente aniversario de la llegada del hombre a la luna. Fíjense si me resulta interesante el tema que ni siquiera me he atrevido a hacer broma con las teorías de la conspiración y con la puesta en duda de la que podría haber llegado a ser la mayor gesta de una humanidad unida si no hubiese andado de por medio la dichosa Guerra Fría. Aunque como acontecimiento histórico pertenece más bien a la generación de muchos de nuestros padres, el romanticismo que destila el suceso, los relatos de mis mayores que lo vivieron como algo verdaderamente histórico, y la cantidad de veces que la cultura popular ha abordado el tema, lo han convertido en algo que forma parte de mi memoria sentimental. Desde las maravillosas aventuras de Haddock y Tintin en Objetivo: La luna y Aterrizaje en la luna hasta la plasmación cinematográfica de las teorías de la conspiración (si bien convirtiendo el viaje a la luna en otra hipotética expedición a Marte) en la adrenalínica Capricornio Uno, pasando por el canto a la NASA y a sus científicos y pilotos que suponen películas como Elegidos para la gloria o Apolo 13, o ese pequeña maravilla relativamente ignorada dirigida por Clint Eastwood que aborda con humor, mala baba y un sano tonillo crepuscular la carrera espacial, Space Cowboys. Permítanme que me sume humíldemente a esa celebración y que comparta con ustedes una foto (la de los primeros pilotos que desarrollaron el programa Mercury y que fueron inmortalizados en la novela y posterior adaptación cinematográfica The right stuff/Elegidos para la gloria), una canción (con la tersa voz de Ian McCulloch desgranando unos más que sugerentes versos acerca de la lucha entre la voluntad y el destino que tan bien le sentaban a Donnie Darko) y un video (el clímax de Space Cowboys que ofrece uno de esos planos mágicos y estremecedores acompasado con la suave voz de LA VOZ). Poca tela más que esta llena de lunares hay que cortar en un lunes como este, que da paso a la semana en que un servidor comienza sus vacaciones, así que no dejen ustedes de pasarse por aquí cuando gusten. Y recuerden tener mucho cuidado ahí fuera. Si miramos demasiado hacia las estrellas corremos el riesgo de perdernos justo lo que sucede a nuestro alrededor.




The Killing Moon
Echo and the Bunnymen

Under blue moon I saw you
So soon youll take me
Up in your arms
Too late to beg you or cancel it
Though I know it must be the killing time
Unwillingly mine

Fate
Up against your will
Through the thick and thin
He will wait until
You give yourself to him

In starlit nights I saw you
So cruelly you kissed me
Your lips a magic world
Your sky all hung with jewels
The killing moon
Will come too soon

Fate
Up against your will
Through the thick and thin
He will wait until
You give yourself to him

Under blue moon I saw you
So soon youll take me
Up in your arms
Too late to beg you or cancel it
Though I know it must be the killing time
Unwillingly mine

Fate
Up against your will
Through the thick and thin
He will wait until
You give yourself to him

Fate
Up against your will
Through the thick and thin
He will wait until
You give yourself to him
You give yourself to him

La la la la la...

Fate
Up against your will
Through the thick and thin
He will wait until
You give yourself to him

La la la la la...

Fate
Up against your will
Through the thick and thin
He will wait until
You give yourself to him

Fate
Up against your will
Through the thick and thin
He will wait until
You give yourself to him

La la la la la...

Galería de originales XLIX: Michael Lark

Ponemos fin a las entradas dedicadas a Wesley Dodds con esta página original que pude comprar directamente de su autor en las Jornadas de Avilés, algo que siempre es de agradecer por el trato directo con el artista y por la seguridad de que estás realizando una compra legítima cuyos beneficios van a parar directamente al dibujante sin intermediarios. Michael Lark tiene un estilo sobrio y naturalista que le hace ideal para series con un marcado tinte realista, de ahí que sus trabajos en series de tintes policiacos y noir funcionaran tan bien, como La escena del crimen, Gotham Central, The Pulse o Daredevil. Pero la versatilidad de este dibujante le ha permitido además abordar el género superheroico o de ciencia ficción sin despeinarse, y sus trabajos en Batman, Capitán América o Terminal City así lo demuestran, en una mezcla perfecta de personajes reales en entornos con un diseño fantástico. Lark dibujó uno de los arcos argumentales de Sandman Mystery Theatre, concretamente el comprendido entre los números 57 y 60 de la colección, El cañón, en el que el vigilante de la máscara de gas se enfrenta a una trama de asesinatos relacionados con el coleccionismo de monedas, a una peligrosa banda organizada de irlandeses y a unos oscuros manejos de una tercera fuerza, extranjera, que pretende alterar el curso de la guerra en Europa con los beneficios obtenidos en Estados Unidos. Fue una de las páginas de ese arco argumental la que llamó poderosamente la atención en Avilés, optando por una en que se ve a Sandman en traje de faena aunque sólo sea fugazmente, algo prácticamente imposible en los originales de Guy Davis que periodicamente aparecen a la venta. Así pues opté por esta página con todo el dolor de mi corazón, dado que había unas cuantas de La escena del crimen muy atrayentes. El entintado de la página corresponde a Richard Case, dibujante solvente y autor de una etapa de culto muy cotizada últimamente, la de la Doom Patrol de Grant Morrison.

Sketch-busters CXIX: Teddy Kristiansen

La trayectoria del dibujante danés Teddy Kristiansen ha gozado en todo momento de su peculiar personalidad y de su trazo exquisito. Se dio a conocer en el mercado internacional con el album Superman y la bomba de la paz, ilustrando en solitario el guión de Niels Sondergaard. La obra cuenta con la doble peculiaridad de ambientar las andanzas del Hombre de Acero en un escenario casi exclusivamente europeo y de ser la primera historia de Superman producida íntegramente fuera de los Estados Unidos. Su trabajo en la serie Grendel Tales, la historia Cuatro demonios, un infierno, con guión de James Robinson, resultó igualmente exquisito, dominando el color y jugando con figuras estilizados y composiciones expresionistas en una historia de redención y venganza inolvidable para un servidor. Sus posteriores trabajos ya lo asociarían de forma total con DC y con el sello Vertigo, realizando el especial Sandman Midnight Theatre y la serie House of Secrets con su colega Steven T. Seagle, con el que realizaría la aclamada novela gráfica Es un pájaro..., cerrando con ella un círculo casi perfecto en el comienzo y cima de su carrera con dos significativas aportaciones a la leyenda de Superman.

Kristiansen visitó España en el marco del Salón del Comic de Barcelona del año 2006. Su calidad de dibujante relacionado con Sandman/Dodds fue lo que me impulsó a hacer cola en su sesión de firmas, en un año en el que, por ejemplo, obvié a Dave Gibbons o a Giardino -el primero por haber coincidido ya anteriormente con él, y el segundo en espera de mejor ocasión-. El dibujante danés se mostró amable con la numerosa afición que buscaba una dedicatoria en su inimitable estilo, algo que además realizaba en rápidas y cuidadosamente acuarelas como la que acompaña a estas lineas. Lamentablemente, y aunque el equipo Sparks-Plissken estaba al completo en la cola, fallamos en nuestro objetivo, pero eso, claro, queda para otro futuro post. Esta semana sólo nos interesan Wesley Dodds y su peculiar universo onoirico.

El Teatro del Misterio de Sandman: Los callejones de la Edad de Oro (III)

Junto a la minuciosa recreación de una época y una sociedad concretas, el otro gran acierto de la serie es el estudio de personajes, desarrollado en torno a cuatro protagonistas centrales y sostenido por un buen número de secundarios no menos interesantes. Centrémonos en los protagonistas. Wesley Dodds, acaudalado hombre de negocios con una historia familiar tormentosa -padre ausente, hermano díscolo, sin poder arraigar en ningún lugar debido a los frecuentes cambios de domicilio- es un tipo de complexión normal, de maneras tímidas y extremadamente corteses, con una cultura y una sensibilidad excepcionales. La existencia acomodada y anodina del caballero neoyorquino se ve atormentada por las pesadillas que le niegan el descanso y le muestran los horrores que se esconden en el podrido corazón de la Gran Manzana. Ningún círculo social o grupo étnico está por encima de la envidia, la lujuria o la ira que impulsan prácticamente todos los crímenes. El propósito de los sueños parece doble, por un lado ofrecer pistas simbólicas sobre los mismos y por otro impulsar a Dodds a que haga algo al respecto. Wesley Dodds, más que actuar impulsado por un genuino amor por la ley y el orden y la defensa del status quo, lucha contra el crimen para aplacar sus demonios internos, empleando para ello el anonimato que le proporciona la máscara de gas de su padre y la pistola inventada por él que fuerza a aquellos que respiran sus gases a decir la verdad y confesar sus crímenes. Cada psicópata, atracador o violador detenido supone un momentáneo bálsamo para el vigilante, que recibe como premio una noche de sueño reparador sin pesadillas.


Dian Belmont es el otro gran personaje que domina toda la serie: la hija del fiscal del distrito, huérfana de madre, perspicaz, inteligente, divertida, decidida. Aunque conoce a Wesley Dodds y queda impresionada por la cultura y los modales de aquel, no será la suya una relación al uso. Sus continuos intentos de acercarse a la tímida personalidad de Dodds les llevarán a una relación de igual a igual en la que las opiniones y acciones de ambos, en un tira y afloja digno de las mejores comedias de Hawks o Cukor, irán determinando el cada vez mayor grado de implicación física y mental entre los dos. Además, se nos muestra a una Dian luchadora por los derechos de la mujer en el trabajo, defensora de tomar sus propias decisiones por terrible que sea el coste y, consciente de las graves carencias y desigualdades existentes en su ciudad, voluntaria en más de una actividad social que palie esa situación, desde galas benéficas para recoger fondos hasta ayudar en orfanatos y albergues para vagabundos. Su inteligencia y sagacidad resultarán vitales para muchas de las investigaciones de Sandman, llegando al extremo de que en el tramo final de la serie será Dian Belmont la primera Sandy, momentáneo sidequick en una hilarante y rocambolesca secuencia. Por ciertos eventos narrados en la colección de Starman se conoce el destino de la pareja, que acabaría viviendo una larga vida en comunión a lo largo de cinco décadas, en las cuales Belmont desarrollaría una fructífera carrera como novelista. Una sólida relación cimentada en sueños y arena que podemos ver crecer y hacerse más fuerte con cada adversidad en cada número de la serie.


El tercer personaje destacado de la serie es el teniente Anthony Burke, un duro policía investigador de la ciudad con más crímenes del mundo que ha dedicado toda su vida a la defensa de la ley y que ha dejado escapar las pocas ocasiones que se le han presentado de mantener una relación sentimental. Entregado a su trabajo de una forma visceral y con más pelotas que cerebro, aunque con un envidiable olfato de sabueso viejo, Burke no soporta que haya un vigilante actuando en su ciudad y deteniendo a sus criminales. De hecho, en una relación marcada por la estricta necesidad de compartir recursos en aras de un fin común, Burke y Sandman pueden pasar de ser colaboradores necesarios a enemigos mortales a respetuosos contrincantes atendiendo a las siempre difíciles decisiones que cada caso les obliga a tomar. Odioso en ocasiones, temible para el Hampa y para sus subordinados, admirado por otros, Burke es un gran personaje de novela policíaca que sabe coger los trenes que le corresponden y que protagoniza uno de esos momentos DC que tanto me gustan en su despedida de la serie.


Por último, pero no menos importante, resulta la presencia discreta y siempre atenta de Leslie Humphries, el mayordomo de la familia Dodds que ha acompañado a Wesley desde su juventud y permanece atento a sus necesidades materiales tanto como a las arriesgadas tareas que conlleva la lucha contra el crimen. Chófer, enfermero y confidente Humphries es el Alfred de Wesley, aunque mantiene una distancia mucho más profesional acorde a la época y a la educación recibida, que en muy pocas ocasiones se permitirá dejar de lado. No resulta extraño que el antepenúltimo arco argumental, La ciudad, se centre en ellos cuatro y se tome el tiempo necesario para terminar de definirlos y encarrilar el final de sus historias personales. Pero no podemos olvidar los demás personajes de la serie, como el abnegado padre de Dian, Larry Belmont, el juez Schaeffer (que ofrecerá interesantes reflexiones sobre las leyes de la época y concienciará a Dodds de lo delicado de la situación en Europa), o el forense Hubert Klein, un tipo especialmente eficiente y sensible a colaborar con Sandman casi desde el primer momento. Un tapiz rico y variado en el que los tipos criminales resultarán verdaderamente sorprendentes, por lo que dejo a la curiosidad futura del lector el descubrir al criminal y a su circunstancia en cada uno de los arcos y casos de Sandman.


Me queda, antes de enumerar todas las ediciones de la serie en España, señalar que la serie, aunque autocontenida dentro de cada arco y en sí misma, y centrada en desarrollar de forma retroactiva las vidas personales de Dodds y Belmont y la carrera como vigilante de Sandman, cuenta con sólidos anclajes no sólo con el Universo DC sino con la propia continuidad establecida con el personaje. Así, se hace encaje de bolillos para que Morfeo y Dodds estén relacionados, y que las andanzas del segundo se relacionen con los héreos que durante la II Guerra Mundial formarían la Sociedad de la Justicia. Además, junto a los ya citados Hourman y Blackhawk aparece el Vengador Escarlata (protagonista junto a Hourman, Wesley y Dian de esa escena surrealista antes avanzada que supone el tránsito de la era de los vigilantes pulp a la de los héroes de pijama), y Ted Knight, el Starman de la Golden Age. Wagner y Seagle, junto con Robinson, ayudaron en aquellos años con su recuperación de la Golden Age a reforzar aún más si cabe los conceptos de legado y respeto por un pasado lleno de buenos conceptos capaz de ofrecer historias interesantes para el público de hoy día.


Sandman Mistery Theatre ha contado con una edición española verdaderamente azarosa, pasando por tres editoriales y dilatándose quince años en el tiempo. Ediciones Zinco publicó en forma de tomo prestigio el annual de la colección, como forma de dar a conocer al personaje y atraer al lector español, algo que la desaparición de la editorial truncaría desgraciadamente. Años después Norma Editorial publicaría siete tomos dedicados al personaje, con los tres primeros arcos argumentales (La tarántula, La cara, La bestia) y el especial Sandman Midnight Theatre, que aprovechaba el tirón comercial de contar con Gaiman como guionista aunque la historia se situara cronológicamente mucho después. En los últimos tres años Planeta ha publicado la colección íntegra junto con los dos especiales, recopilando salvo excepciones cada arco en un tomo unitario. Cuando la editoria la caga, la caga a lo grande, pero cuando ofrece al público español una serie minoritaria como esta en una edición bastante respetuosa con la original y la mantiene aun cuando las ventas no sean espectaculares es algo que merece cuando menos, el sentido agradecimiento de un servidor.


Termino este artículo con las palabras de Wesley Dodds mientras vuela a Europa, junto a Dian, para hacer frente en la medida de sus posibilidades a la lucha por la libertad y la vida que se estaba llevando a cabo en el viejo continente: Mientras dejamos la ciudad atrás, siento cómo cae un peso de mi subconsciente. De algún modo sé que todos los problemas de la ciudad serán resueltos por los héroes que quedan en mi lugar... igual que sé que un nuevo mundo de pesadillas nos espera en alguna parte atravesando esos peligrosos cielos. Pero con esas visiones oscuras llega también un nuevo mundo de sueños. Y nos toca a Dian y a mi convertir esos sueños en realidades. Pues ante la adversidad, el triunfo de la voluntad está por encima del impulso de rendirse... y esa es la respuesta al mayor misterio de la vida.



Otro lunes teatrero y misterioso

La verdad es que no pensaba que había tanta tela que cortar, pero la transcripción de los artículos, la revisión de algunas cuestiones de estilo, la ampliación de algunos de los datos y la reestructuración de varios párrafos han hecho que sean tres los post en los que acabe viendo la luz virtual el repaso a Sandman Mystery Theatre, serie que junto con Starman nunca me cansaré de recomendar a todos aquellos que quieran leer algo diferente dentro del mundillo de los super-héroes. En los próximos días seguiremos centrados en las andanzas de Wesley Dodds y Dian Belmont, y publicaré, junto con el fin de la reseña, entradas relacionadas con el personaje y con mi colección de arte original, concretamente un sketch y una página original -otra- de la serie en cuestión.

Por lo demás el veranito sigue torturándonos con su calor asfixiante o su desajuste de horarios y de vacaciones entre amigos y vecinos -con el consiguiente desbarajuste a la hora de organizar cualquier evento lúdico-festivo-. Pertrechado de un refresco bien fresquito y de una ingente reserva de material friki que devorar, servidor piensa hibernar en breve y desaparecer del mapa hasta que Lorenzo deje de dar por saco en el cielo y respirar sea algo menos parecido a inhalar brasas ardiendo. Afortunadamente este su blog amigo entra dentro de las actividades que se pueden desarrollar cómodamente en la tranquilidad del hogar, con lo que no tendrán ustedes descanso de un servidor. Por lo menos de momento.

Y esta semanita, en vez de un trallazo de energía les dejo una hermosa canción de la Electric Light Orchestra que invita a soñar en el transcurso de una de esas siestas tan apetecibles en estas fechas. Les dejo con un sueño de verano y con la promesa de que el Arenero velará por ustedes para que cuando despierten, el mundo sea por lo menos un poco mejor que antes de que cerraran los ojos. Pueden ustedes pensar que soy un soñador...



One summer dream
E.L.O.

So I go though it hurts me so
I'm crying for your love

Deep waters flow, out to the sea,
They never needed you or me.
One Summer Dream, One Summer dream.

Blue Mountains high and valley low,
I don't know which way I should go,
One Summer Dream, One Summer dream.

Warm summer breeze blows endlessly,
Touching the hearts of those who feel,
One Summer Dream, One Summer dream.

Bird on wing goes floating by,
But there's a teardrop in his eye,
One Summer Dream, One Summer dream.
One Summer Dream, One Summer dream.

Deep waters flow out to the sea
One summer breeze blows endlessly
One summer dream One summer dream
One summer dream One summer dream


El Teatro del Misterio de Sandman: Los callejones de la Edad de Oro (II)

Sandman Mystery Theatre #1 apareció con fecha de portada de abril de 1993 como uno de los primeros títulos de la recién nacida línea Vertigo (aunque dentro de la misma se englobaron colecciones que ya contaban con una amplia trayectoria como Animal Man, Sandman, Hellblazer, Swamp Thing o Doom Patrol). El título estaba escrito por Matt Wagner y dibujado por Guy Davis, dos autores cuya trayectoria presentaba no pocas semejanzas. Ambos eran autores completos, y habían triunfado en editoriales independientes: Wagner con Mage y Grendel para Comico; Davis con Baker Street para Caliber Press. Con esos antecedentes, DC apostaba con fuerza por un equipo personal que fuera capaz de crear una colección de gran calidad que no dependiera exclusivamente de la mera respuesta comercial. En la labor de escritura pronto Matt Wagner contó con la ayuda del solvente Steven T. Seagle, el cual acabaría encargándose en solitario de los guiones de la etapa final de la colección (números 60 a 70). Por su parte Guy Davis contó con la ayuda de diversos dibujantes (John Watkiss, R. G. Taylor, Warren Pleece, Mathew Smith, Michael Lark) que se encargaron de algunos de los arcos argumentales para poder mantener el alto grado de calidad, detallismo y verosimilitud de su dibujo. Mención especial merecen las portadas de la serie, realizadas mediante espectaculares fotomontajes por Gavin Wilson y Richard Brunning. Cada una de las imágenes viene acompañada por una frase impactante relacionada con la historia, con una maquetación y composición tipográfica que en ocasiones remite directamente a las revistas policíacas pulp de los años 30.


Sandman Mystery Theatre se estructuraba en arcos argumentales de cuatro números, cada uno de ellos centrado en un caso diferente y manteniendo como historia de fondo la vida de un puñado de personajes que conectan cada historia. El esquema seguido en cada arco es similar y presenta una estructura clásica: presentación de los nuevos personajes y situaciones que darán lugar a la trama criminal; sueños simbólicos que impulsan a Dodds a actuar; investigación y desarrollo de la trama criminal; desenlace en el cuarto y último número. Como ya hiciera en Grendel (donde se exploraba el concepto de rabia, ira y agresión y su personificación en diversas entidades conocidas como Grendel), Matt Wagner tenía la intención de centrar la serie en los crímenes y las actitudes creadas por el odio, por la animosidad y los prejuicios contra lo que es una persona, en contraposición con lo que ha hecho o lo que posee. Creo que estos crímenes, básense en el género, el origen étnico o la edad, podrían enseñarnos a redefinir nuestro cambiante mundo mientras contemplamos a Wesley Dodds luchar por erradicarlos frenéticamente del suyo. El crimen como elemento agresor externo que define a la sociedad que lo engendra y la marca indeleblemente con sus actos.


Cada arco argumental dividido en cuatro actos se centraba en un caso concreto, recibiendo el nombre propio del criminal o protagonista central del mismo, lo cual nos muestra claramente las intenciones de los autores y de la colección. Más que de simples whodunits estaríamos ante verdaderos estudios psicologicos de la mente criminal: La Tarantula, La Cara, La Bestia (estremecedor relato que contiene uno de los momentos más sórdidos y terribles que he padecido leyendo), La Vampiresa, El Carnicero (quizá mi arco preferido de la colección, con un magistral clímax en las cloacas de la ciudad, algo mucho más simbólico y menos burdo de lo que puede parecer), destacando los centrados en Hourman (con la aparición de uno de los héroes coetáneos del personaje y futuro compañero de grupo en la JSA) o en El Halcón Negro (con la intervención del piloto polaco Janosz Prohaska, Blackhawk, personaje de comics bélicos de la Golden Age que permite introducir de primera mano el conflicto naciente en Europa y plasmar las diferentes formas de ser percibido en los Estados Unidos antes de Pearl Harbor). Mención especial merecen dos de las últimas historias de la colección, La Ciudad y El Héroe. La primera, con una estructura a lo Rashomon en la que somos testigos de los diferentes sucesos ocurridos en la ciudad en un mismo día dependiendo del punto de vista de cuatro personajes (Wesley Dodds, Dian Belmont, el Teniente Burke, Humphries), ofrece un cuidadoso tramado de vidas e historias cruzadas con un telón de fondo privilegiado, Nueva York, lleno de vida y de muerte a partes iguales, de alegrías y miserias que se confunden y que afectan de un modo u otro a todos los que viven y respiran en ese escenario. Por su parte, El héroe, supone el final del camino y explora aún más a fondo si cabe las motivaciones, temores y valores de Wesley y de Dian, y con un final hermoso y ciertamente emotivo autores y lectores apartamos la mirada de unos personajes que marchan a enfrentarse a la mayor amenaza que el mundo ha conocido en los últimos siglos.


Ademas de los 70 números de la serie regular, el personaje protagonizó dos especiales. Sandman Mistery Theatre Annual (1994) cuenta con guión de Wagner y Seagle y dibujo de varios artistas, entre ellos Alex Ross, George Pratt, John Bolton o el propio Guy Davis. Cada uno de ellos se ocupa de un capítulo, centrado en un personaje diferente y en el modo que percibe los crímenes de un misterioso asesino enmascarado que actúa en Central Park. Por su parte, el Sandman Midnight Theatre (1996), con guión de Wagner y Gaiman y dibujo de Teddy Christensen, es un especial doblemente relevante, pues, además de presentar a un personaje importante en futuros sucesos de la serie, supone el encuentro cara a cara de los Sandman, ya que en el transcurso de una investigación criminal en Inglaterra Wesley Dodds conocería finalmente a Morfeo en su cautiverio.


Aun cuando, en último término, en cada una de esas historias se trataba de descubrir a un asesino o desvelar un caso complicado de extorsión, robo o secuestro, tanto o más importante que la trama criminal resultaba la descripción de los tipos y caracteres sociales, el reflejo veraz de una ciudad de Nueva York encaminada hacia el horror de la II Guerra Mundial y que todavía se hallaba inmersa en las consecuencias terribles de otro horror interno, que había afectado en mayor o menor medida a toda la sociedad norteamericana: la Gran Depresión. Uno de los grandes aciertos de Wagner y Seagle es reflejar fielmente el ambiente de la época y sus profundas contradicciones y miserias, sin aplicar necesariamente un juicio de valor desde nuestra mentalidad actual. Así, como lectores somos testigos de las fiestas benéficas de la alta sociedad neoyorquina, de la ajetreada vida nocturna en los clubs y cabarets de la época, de la vida cotidiana de los desclasados y criminales de la ciudad, pasando por las minorías étnicas que habitan en zonas como Chinatown o el Bronx.


En todo momento hay interés por reflejar las diferentes maneras de expresarse en cada ambiente (algo mucho más claro en la versión original, a veces ilegible cuando reproduce el inglés de los estibadores, asiáticos o irlandeses afincados en la ciudad), cómo se desenvolvían los más necesitados o qué empujaba a cierta clase de personas a realizar actos salvajes y aberrantes contra sus semajantes. Para reflejar ese ambiente lleno de contradicciones y claroscuros de forma naturalista, seca y contundente, Wagner reconoce la influencia de escritores como Dashiell Hammett, Raymond Chandler, Jim Thompson, David Goodis o el contemporáneo James Ellroy. No menos encomiable que la descripción y la caracterización de los personajes a través del guión es la prodigiosa labor de Guy Davis a la hora de reflejar con su trazo sucio y lleno de detalles el Nueva York de los últimos años 30, con su arquitectura, sus coches y camiones, vestimentas y mobiliario... Todo aparece reflejado con tal detalle y convicción que uno no puede menos que creer estar leyendo historias que verdaderamente sucedieron en aquellos años 30.

El Teatro del Misterio de Sandman: Los callejones de la Edad de Oro (I)

El personaje de Sandman, en su primera encarnación como Wesley Dodds, fue creado en 1939, y apareció de forma casi simultánea en dos publicaciones que se disputan por semanas ser la primera aparición del personaje: el especial New York's World Fair #1 y el Adventure Comics #40. Con guiones de Gardner Fox y dibujo de Bert Christman las aventuras de Sandman se centran en el justiciero Wesley Dodds, un acomodado neoyorquino que acosado por pesadillas en las que contemplaba crímenes horrendos decidía luchar contra los malhechores y aplacar de ese modo a sus peculiares demonios. Ataviado con un traje verde, sombrero fedora, capa morada y una máscara de gas dorada cubriendo su rostro, Sandman comenzó su lucha contra el crimen obligando a ladrones y asesinos a confesar sus crímenes. Compartiendo protagonismo en la serie se encontraba la novia de Wesley, la decidida Dian Belmont, un personaje que según dicen era bastante avanzado para su tiempo. Sus aventuras se narraban dentro de la cabecera genérica Adventure Comics, en la que varios personajes (Sandman, Hourman, Starman, Manhunter) protagonizaban una historia de extensión variable. La evolución natural fue la de unir a todos ellos en un mismo grupo, y de ahí nacería la Justice Society of America, de la que Sandman sería miembro fundador, en el All Star Comics #3.















Siguiendo la tendencia del mercado y el gusto del público el personaje sufriría un cambio radical de la mano del guionista Mort Weisinger y el dibujante Paul Norris, que cambiaron el traje de batalla de Wesley Dodds por un uniforme dorado y le proporcionaron un compañero juvenil, Sandy, el chico dorado, que resultaría ser sobrino de Dian Belmont. Posteriormente sería el equipo formado por Joe Simon y Jack Kirby los que continuarían las aventuras de Sandman y Sandy, historias que a partir de 1946 fueron perdiendo el favor del público y desaparecieron paulatinamente del Universo DC. Se le recuperó de forma episódica para los históricos crossovers anuales entre la JLA y la JSA y que tanto juego dieron a la hora de mezclar los héroes de Tierra 1 y Tierra 2. En la nueva formación de la JSA que se lanzó en 1976 Wesley Dodds ya ni siquiera aparecía, aunque en la nueva versión de los viejos héroes aparecida en 1981 Sandman fue un personaje secundario de cierto peso y algunas de las incongruencias relacionadas con el personaje, como el repentino cambio de uniforme, fueron explicadas de forma poco satisfactoria.




Pasó casi una década.

Imagina ahora que el mundo de los sueños está gobernado por Morfeo, uno de los siete Eternos, todopoderoso Señor de las Pesadillas y Ensoñaciones que visitamos cada vez que caemos dormidos. Imagina que un ególatra y algo desequilibrado mago decide invocar a Muerte para someterla a su voluntad. Y que sus hechizos fallan. Y que en lugar de Muerte es su hermano menor Sueño el eterno que resulta convocado y aprisionado en una lóbrega mázmorra durante décadas. Con ese brillante y magistral arranque argumental, contado en apenas 4o páginas, Neil Gaiman y Sam Kieth inauguraban la serie Sandman (#1, 1989), a la que me niego a aplicar calificativo alguno para no resultar injusto con esa maravillosa, deliciosa, inteligente y emocionante obra maestra del comic contemporáneo. Gaiman contó con una libertad creativa total, lo que le permitió no sólo crear a un nuevo personaje que encajara y enriqueciera el viejo concepto, sino desarrollar un complejo universo fantástico, onírico y mitológico lleno de historias pasadas, presentes y atemporales protagonizadas por personajes de nuevo cuño (Matthew el cuervo, el Corintio, el Campo del Violín), otros rescatados de las viejas publicaciones terroríficas de la casa (Caín y Abel, Lucien, Eva) o por personajes reales (Marco Polo, Robespierre, César Augusto, Shakespeare, Mark Twain) que enriquecen y dan profundidad a muchas de sus historias.


Como he dicho antes, Gaiman se cuidó muy mucho de invalidar la primera encarnación de Sandman. No sólo eso, sino que además dotó a la historia de Wesley Dodds de un trasfondo y unas implicaciones mucho más amplias y enriquecedoras para la mitología del propio personaje. Aplicando lo que en el medio es conocido como retrocontinuidad, se alteró desde la actualidad el origen del personaje y sus aventuras ocurridas en el pasado. De esa forma, la motivación principal de Wesley Dodds para afrontar la maldad y el crimen que se producía en su entorno provenía del encarcelado Morfeo, que a través de los sueños premonitorios impulsaba a Dodds a luchar contra las pesadillas reales que amenazaban el mundo de la vigilia. Sandman, la serie, constó de 75 números publicados entre 1989 y 1996, todos ellos guionizados por Neil Gaiman y dibujados por artistas de la talla de Sam Kieth, Mike Dringerberg, Kelley Jones, Jill Thompson, Shawn McManus, Marc Hempel, Michael Zulli o Charles Vess. La elevada calidad artística de la serie dio lugar a un fenómeno poco frecuente que aunó el éxito crítico unánime con la creación de una sólida y creciente legión de seguidores, siendo además una de las fuentes de inspiración principales para la naciente línea de comics para adultos que DC crearía en 1993, englobados en el sello Vertigo. Y precisamente uno de los primeros spin-offs o colecciones que manaron de esa fuente y que formaron del naciente sello fue la que volvía al origen de todo, al primer Sandman, a Wesley Dodds...

Sketch-busters CXVIII: Carlos (I)

Curiosa la entrada de hoy, pues pese a ser uno de los primeros dibujos de mi colección, y uno de los primeros obtenidos en las Jornadas de Avilés, no pertenece a ningún dibujante profesional, pese a la calidad y a las buenas maneras del dibujo. Durante aquellas jornadas mágicas en que descubríamos un mundo que aún hoy día nos tiene cautivados -y del que únicamente el vil metal y las obligaciones laborales o familiares nos podrían apartar, algo que, ay, este año me temo que se podría dar- conocimos a un caballero aragonés que había acudido a Avilés, al igual que nosotros, al tener noticia del buen ambiente allí reinante y de la presencia de numerosos dibujantes y guionistas de todo el mundo. Carlos, que tenía aspiraciones de dibujante, y dotes no le faltaban, acudió a las Jornadas con su portafolio debajo del brazo para recabar consejos y correcciones de los profesionales, así como para intentar aclarar una posible salida profesional. Entre charla con autor y sesión de firmas, y para que tuviéramos un recuerdo de aquel encuentro, Carlos tuvo la enorme amabilidad de realizar un par de dibujos para nosotros robando tiempo de donde no lo había, ya que en las Jornadas de Avilés SIEMPRE está pasando algo. Aficionado y lector de DC como un servidor, por aquel entonces estábamos comentando alguna de las series inéditas en España que nos gustaría llegar a leer algún día, y Sandman Mistery Theatre sin duda ocupaba un puesto muy alto en dicha lista, junto con el Starman de James Robinson y el Flash de Mark Waid. Nueve años después de aquel encuentro ya sólo la saga familiar de los Knight permanece injusta y lamentablemente inédita, aunque espero que de una vez por todas eso se arregle y se haga justicia con una, otra, de las grandes series que a lo largo de los noventa hicieron frente al dark and gritty y a los dientes apretados y las capas a lo Image en su propio terreno. Y ganaron.


La primera vez que vi a Wesley Dodds...

fue en el Clásicos DC número 17 (julio de... ¿1989? ¿1990?) con el que ediciones Zinco inauguraba la triunfal andadura de la serie Sandman en España. En apenas un par de viñetas se conectaba al personaje creado por Neil Gaiman con la mitología clásica del personaje establecida en los años cuarenta. Sin pena ni gloria, la oscura referencia a Wesley Dodds y a los sueños que le atormentaban no despertó en mi especial interés más allá de contextualizar al personaje y dotar de unidad y cohesión al mundo mágico de DC.


Unos años más tarde, en marzo de 1993 (y aquí la fecha está más clara gracias a esta currada bibliografía comparando las ediciones española y americana de Sandman) y leyendo el especial número 18 de la colección, un avance de novedades captó mi atención. Junto a una serie limitada de Morrison (que curiosamente y pese a la devoción que le profeso al guionista, a día de hoy aún no he leído), Sebastian O, aparecía anunciada Sandman Mistery Theatre, o las andanzas serializadas del Sandman de la Edad de Oro pero desde una nueva perspectiva, la del pulp y la novela negra clásica, algo favorecido por estar ambientada la serie en el NUeva York de los últimos años 30 del siglo pasado. A una premisa más que atrayente se sumaba una simple viñeta del tebeo en cuestión, en glorioso blanco y negro que dirían algunos, y que me encandiló por completo. Un diseño de personaje sencillo, pero espectacular para alguien como yo enamorado de los trajes de lana de tres piezas, de los sombreros fedora, de los abrigos largos y las gabardinas que mis héroes de infancia lucieron tan majestuosamente en mil y una historias en, aquí sí glorioso, blanco y negro. James Cagney, Edward G. Robinson, Humprey Bogart y Wesley Dodds... Mi imaginación lo hizo todo. Desde aquel momento, y sin haber leído nada del personaje, ya me había convertido en un devoto seguidor de la nueva versión del personaje.



Lunes teatrero y misterioso

La verdad es que los calores me están dejando convertido en un verdadero guiñapo inactivo más allá de ir al curro y resguardarme en el mullido colchón de frescor que provee el aire acondicionado de casa. Hasta las ganas de ir al cine se le quitan a uno cuando lo que va a ver es una especie de película porno en la que los diálogos intrascendentes y las situaciones inverosímiles y ridículas sólo sirven para hilvanar explícitas secuencias de cuerpos frotándose. Bien es cierto que los cuerpos miden treinta metros de altura, son metálicos y más que frotarse se destrozan, pero en fin, Michael Bay ha sublimado la pornografía como género para adultos, la ha desprovisto de sexo y la ha adaptado para el consumo de las masas. Al menos algo de sudor y de maldad queda, aunque se trate de la de esta australiana de nombre tan hispano.




Como la semana pasada pusimos un listón bajísimo, completamos todos y cada uno de los objetivos marcados, y me alegra haber podido por fin dejar sucinta reseña de una de las series que más he disfrutado en los últimos tiempos. Recordar algunas de las andanzas de Yorick y de 355 y revisar el final de la serie me provocaron una sensación bastante agridulce, pero necesaria para conservar en la memoria algunas viñetas inolvidables que espero ustedes hayan disfrutado como yo o que, en su defecto, lo hagan en un futuro si así lo desean. Esta semanita, y es algo que me venía rondando por la cabeza hace tiempo, se va a centrar en otra de esas series de culto que el lector españo sólo ha podido disfrutar en castellano y en su integridad en los últimos dos años, pese a contar con dos lustros a sus espaldas. Me refiero a Sandman Mistery Theatre, una de mis series de cabecera que como muchos de ustedes conocí en los últimos tiempos de Zinco, inicié durante la etapa Norma y finalicé el año pasado en la edición de Planeta, pese a contar con la colección americana completa que, dado mi limitado conocimiento del inglés y lo farragoso del slang neoyorquino empleado en algunos arcos, no pude disfrutar por completo. Esta semana, y junto a un par de sketchs centrados en Wesley Dodds, y quizá un commissionando centrado en el personaje, les dejaré en varias entradas la versión revisada y ampliada de un artículo que se publicó en el año 2005 en la revista La gangsterera.

Empezaremos musicalmente esta semana con una canción cautivadora e hipnótica de los Pixies, una canción que estuvo sonando mientras escribía la reseña de Y y que en más de un momento llegó a ponerme los pelos de punta por la sintonía con el ánimo que tenía mientras redactaba el post. Les dejo también el videoclip con historia de la canción, un simple plano de 23 segundos ralentizado en el que los miembros del grupo corren hacia la camara y que se rodó con el único objetivo de conseguir una actuación promocional en un programa de la BBC.


My Velouria
The Pixies

Hold my head
While trampoline
Finally through the roof
And on to somewhere near
Falling down, Velouria
Her covering, and traveling career
She can really move
Oh Velveteen

My Velouria, my Velouria
Even I'll adore ya
My Velouria
Even I'll adore ya
My Velouria

You say to me 'where have you been?'
Finally through the roof
And how does lemur's skin, reflect the sea?
Velouria, where have you been?

My Velouria, my Velouria
Even I'll adore ya
My Velouria
Even I'll adore ya
My Velouria

Move away in the shine of the other
Move away in the shine of the other
Move away of in the tides of the summer
Every summer
Every
My Velouria, my Velouria

Forever green
I know she's here, in California
I can see the tears
of Shastasheen

My Velouria, my Velouria
Even I'll adore ya
My Velouria
Even I'll adore ya
My Velouria
Even I'll adore ya
My Velouria
Even I'll adore ya
My Velouria

Sketch-busters CXVII: David Baldeón (II)

Manteniendo la reciente y sana costumbre de ir publicando los dibujos de forma más o menos ordenada y serializada, aquí les dejo el segundo sketch que el tandem Sparks-Plissken consiguió del dibujante David Baldeón durante la celebración del pasado Expocomic. En mi caso la elección del dibujo era muy sencilla, ya que se trataba de un personaje con el que el dibujante estaba familiarizado al haber trabajado hacía relativamente poco con él -y por eso el tebeo de Robin estaba todavía inédito en España-. Además, por si fuera poco Robin III siempre ha sido un personaje que me ha caído simpático, ya sea por la ajetreada existencia ficticia que le ha tocado vivir o por algunos de los grupos en los que ha militado -Justicia Joven, Jóvenes Titanes-. La habilidad del dibujante cántabro a la hora de dibujar a Tim Drake resulta innegable, así como encombiable su voluntad de que la mayor cantidad posible de aficionados consiguiesen su firma. Realmente se ha convertido en uno de esos jóvenes valores españoles a los que habrá que seguir muy de cerca en sus próximos trabajos, ya que estoy convencido que aún le quedan muchas páginas de buen comic que ofrecer a los lectores.

Y, El último hombre: Mi mono Ampersand y yo

El 17 de julio de 2002 un evento planetario cambia el destino de la humanidad para siempre. Una plaga de origen desconocido aniquila a todos los especímenes macho de todas las especies del planeta. No hay forma de parar un fenómeno que coge de sorpresa a todo el mundo y que acontece de forma simultánea en todo el mundo. Más de dos mil millones de hombres fallecen en unas horas, decenas de millones de animales e insectos macho hacen lo propio. Sin embargo, el joven Yorick Brown, aspirante a artista de fugas, y su mono Ampersand, al que está entrenando como asistente para discapacitados, siguen vivos y sin mostrar señal alguna de enfermedad. En una sola noche Yorick se ha convertido en el último hombre vivo sobre la faz de la Tierra...


La cataclísmica plaga deja un mundo con la mitad de población y con unas secuelas psicológicas devastadoras: la incertidumbre de la situación, la necesidad de continuar adelante manteniendo las estructuras políticas y económicas pero adaptándose a unas nuevas necesidades y usos sociales, la falta de esperanza a largo plazo que condena a la humanidad a su extinción, el sentimiento de culpa con el que lidian las supervivientes, o de liberación, o de autodestrucción, dan lugar a la creación de una nueva realidad dominada por la mujer a todos los niveles en la que un perplejo, asustado y desubicado Yorick deberá sobrevivir.


Siguiendo el consejo de su madre, miembro del nuevo gobierno, Yorick emprende un viaje en busca de la doctora Allison Mann, una prestigiosa genetista cuyos estudios sobre la clonación la colocan en la mejor posición para primero averiguar la causa de la plaga y luego avanzar en el intento de crear clones partiendo del único especimen de hombre sano. Para salvaguardar a Yorick y al molesto Ampersand, cuya tendencia a arrojar sus cacas a cualquiera que se ponga a tiro sólo es compensada por una absoluta y particular devoción a su dueño, la presidenta ordena a la agente 355 que se ocupe de Yorick. Miembro del Culper Ring, 355 se convertirá en la sombra del muchacho y hará todo lo que esté en su mano para garantizar su seguridad, desde evitar cualquier amenaza externa que amenace su vida hasta curtir el carácter del muchacho para lograr así que se valga por sí mismo.


En el camino al laboratorio de la Dra. Mann 355 y Yorick se cruzarán con la Hermandad de las Amazonas, a la que se ha unido su propia hermana, Hero, y con un particular grupo de soldados de élite israelitas que consideran a Yorick como un objetivo militar prioritario que permitirá al gobierno que lo controle su supervivencia a largo plazo. Un peculiar regalo caído del cielo, la perenne sombra de su novia Beth, que había viajado a Australia justo antes de la plaga, las diferentes comunidades con las que toma contacto el peculiar grupo formado por Mann, 355, Yorick y Ampersand, una letal ninja, una travesía transoceánica agitada, la constatación de que la teoría del caos halla un particular sentido del orden cósmico no exento de humor negro, el descubrimiento de la plaga y el destino final de todos y cada uno de los protagonistas de la serie es lo que nos encontraremos antes de terminar de leer Y, El último hombre en su número 60.


La serie consta como ya hemos dicho de 60 números, publicados entre septiembre de 2002 y marzo de 2008, y constituye como serie del sello Vertigo una fascinante historia de ciencia ficción con sólidos retratos de personajes, diálogos adultos sobre las nuevas estructuras sociales o formas de relacionarse en el nuevo mundo, continuas referencias a la vieja cultura popular -la nuestra, vamos-, y un periplo muy dilatado en el tiempo que abarca varios años en el grueso de la serie y un epílogo que situado décadas después deja claro el destino final del peculiar y maravilloso nuevo mundo de Yorick Brown. Los principales encargados de haber llevado esta historia a feliz puerto son el guionista Brian K. Vaughn, uno de los calvos más prolíficos en la actual industria del comic mainstream, y la dibujante Pia Guerra. Vaughn, que es conocido por otras series como Ex Machina o Runaways hace gala aquí de algunas de sus mejores virtudes a la hora de escribir un guión.


En primer lugar, la historia gira en torno a los personajes, y estos deben estar solidamente construidos y definidos para que su evolución, cambios, muertes, provoquen una emoción, una reacción en el lector, y a la vez mantengan la atención del mismo sobre la trama conforme sus acciones la hacen progresar. Y de personajes atractivos anda realmente sobrada esta serie, empezando por Yorick, un tipo normal, ocurrente y bromista con una amplia cultura popular a sus espaldas que se ve convertido de la noche a la mañana en la persona más importante del planeta. No se quedan atrás la doctora Mann y 355, la primera con una complicada historia familiar detrás y llena de inseguridades, la segunda una letal y decidida máquina de matar que en el fondo oculta un corazón pequeñito pero de oro. Pero junto a ellos, protagonistas absolutos, encontramos todo un universo de personajes secundarios que les complementan y enriquecen y permiten ofrecer algunos momentos verdaderamente sorprendentes o inolvidables, como podrían ser las soldados rusas; Alter, la granítica e hijoputesca líder de las tropas israelíes; Hero, hermana de Yorick y uno de los personajes de trayectoria más convulsa; Beth, suerte de Dulcinea de nuestro héroe, cuya idealización articulará un viaje a través de tres continentes con explosivo final en París que, como suele suceder, dista mucho de ser como se esperaba; Rose, soldado australiana que entabla una relación con la Dra Mann y que resultará decisiva en el tercio final de la serie...


Si con ese elenco Vaughn hace maravillas gracias a diálogos que alternan la reflexión con mordaces toques de humor o de cinismo, el desarrollo de la historia resulta ejemplar. Partiendo de la situación particular de Yorick y Ampersand el plano se va abriendo hasta ser testigos de una historia de ciencia ficción que narra el fin de la humanidad tal y como la conocemos y el nacimiento de una nueva sociedad, que, como todo parto, viene acompañado de sus convulsiones y sus consecuencias dolorosas. Para narrar eso de forma fluida, la historia no duda en hacer elipsis narrativas de semanas o meses, colocando a los protagonistas en localizaciones diferentes sin previo aviso y explicando lo justo para que no nos perdamos pero tampoco para que nos aburramos con continuos recordatorios sobre dónde y cómo han llegado hasta allí. Las elipsis, primero breves, se hacen cada vez más largas, hasta alcanzar la última de ellas, un epílogo situado décadas en el futuro. El otro mecanismo narrativo que convierte a Y en un gran fresco con multitud de historias es el de los flashbacks que narran los orígenes de algunos de los personajes más importantes de la serie. Rompiendo la progresión natural de la trama, las historias de Ampersand, Mann, Alter o 355 aportan mayor profundidad si cabe a una serie que atrapa desde el primer momento y que a su finalización dejará un regusto extraño en el lector, agridulce y optimista a partes iguales.



En el apartado artístico contamos con la dibujante canadiense Pia Guerra como artista principal de la serie. Siendo este uno de sus primeros trabajos en la industria no podría haber empezado con mejor pie, dado que además de completar una de las series más aclamadas de los últimos tiempos, ha recibido el beneplácito de la crítica con un premio Eisner al mejor equipo artístico y un Joe Shuster al Artista más destacado. Con un estilo muy sobrio y realista, una gran capacidad para la expresividad gestual y facial y una narrativa muy fluida, Guerra se echa sobre los hombros la difícil tarea de conseguir que una serie en la que priman los diálogos entre por los ojos al lector. Al tiempo, las escenas de acción no rompen con lo anterior sino que se muestran de forma igualmente fluida, alcanzando en no pocos momentos unas dosis de dramatismo y de intensidad realmente fuertes. De hecho, me llevo a mi memoria comiquera un buen puñado de viñetas realmente emocionantes que me provocaron un nudo en la garganta, de las que la señora Guerra es artífice. Resultaría injusto olvidar la meritoria labor de otros dos dibujantes que colaboraron con Guerra a la hora de mantener el ritmo de publicación de la serie, encargándose de algunos arcos. Es el caso de Paul Chadwick, dibujante con más de un punto de contacto con Guerra, o de Goran Sudzuka, que contribuyen dentro de su estilo a mantener la homogeneidad artística de una serie que ha gozado de apoyo por parte del público, ha contado con excelentes críticas y reconocimiento en forma de premios y que ha sido uno de los pilares del sello Vertigo durante su periplo editorial. Tampoco podemos dejar de citar a esos dos monstruos de la ilustración que son J. G. Jones y Massimo Carnevale, que con sus portadas pintadas nos dan el primer atisbo de lo que vamos a encontrar en el interior del comic, verdaderos cuadros que juegan con el simbolismo, la caricatura y el diseño para ofrecer un vistazo apocalíptico, referencial y humorístico a ese particular mundo del mañana.



Personalmente no comencé la serie con la primera edición parcial española a cargo de Norma, sino que me subí al carro con los cuadernillos mensuales de Planeta. Posteriormente, con el paso a tomo y el baile de números repetidos, un auténtico desbarajuste que ha causado cierta confusión entre no pocos lectores a la hora de continuar la serie, la dejé durmiendo el sueño de las series incompletas, hasta que gracias a un amiguete friki del trabajo he podido terminar de leerla en condiciones y casi de tirón. Dada la extensión y emoción del rollo que les he metido creo que resulta ridículo que reitere mi opinión sobre la serie. Lo único que les recomiendo es que la lean. No que la compren. Eso vendrá luego, cuando quieran atesorar la historia de Yorick Brown y de su compañero Ampersand en un mundo sin hombres.

Commissionando CXI: Terry Dodson (II)

Segunda galería dedicada al bueno de Terry en la que nos centramos en sus trabajos más elaborados, que van desde las tintas poco elaboradas de la Gata Negra a la pintura espectacular de Emma Frost, pasando por las acuarelas sobre lápiz de Harley Quinn, las commissions entintadas al uso de la Reina Negra o Batgirl o los entintados ajenos como el de Chad Spilker, que reúne a dos dibujantes que tienen como mínimo dos cosas en común, que los dos presentan un fuerte parecido con Adam Hughes en cuanto a estilo se refiere y que los dos han protagonizado esta sección. Lo cierto es que buena parte del éxito de Terry como dibujante se debe a su semajanza a Adam Hughes en cuanto a estilo, sobre todo a la hora de retratar las vertiginosas curvas de sus heroínas. Sin mimetizar el dibujo de Adam, pero asemejándose al mismo lo suficiente, Dodson sí ha sabido diferenciarse de su maestro en un factor fundamental: la voluntad de acometer proyectos regulares que luego han corrido suerte diversa -los retrasos de Black Cat o de Wonder Woman- pero que le han permitido dar a luz un volumen de arte publicado que a estas alturas ya debe superar al de un Adam Hughes cada vez más espectacular y cada vez más centrado en la ilustración y en la realización de cubiertas. Se podría decir que con ambos tenemos un artista completo verdaderamente espectacular, aunque cada uno por separado resulte igualmente brillante. Servidor, desde luego, va a continuar siguiendo la carrera de ambos como viene haciendo desde aquel lejano noventa y poco en que un dibujante novel con unos pocos números en la JLI me hizo olvidar a Kevin Maguire momentaneamente y enamorarme aún más si cabe de Hielo.

Para disfrutar en mejor medida (por lo menos en cantidad) del arte de Terry Dodson podéis visitar su página oficial o esta amplia galería que repasa su trayectoria artística.