viernes, abril 04, 2008

La Niebla: El sueño de la fe produce monstruos

Una pequeña localidad de Maine -ubicación bucólica en la que Stephen King gusta de situar la mayor parte de sus ficciones- sufre el azote de una violente tormenta en el curso de la cual el hogar del ilustrador David Drayton (Thomas Jane) sufre serios daños provocados por la irrupción en el estudio del artista de un árbol. El trabajo que estaba realizando allí queda totalmente destrozado -el espectador avisado verá la ilustración de La cosa de John Carpenter y una pintura del ciclo de La torre oscura atribuidas a Drayton- pero los daños no sólo se ciñen a la casa. Un vetusto árbol de la propiedad colindante ha caído sobre la barca de los Drayton. Pese a la animadversión existente entre los vecinos, David se ofrece para acercar a Brent Norton (André Braugher) hasta el supermercado local, adonde se dirige junto a su hijo. En el camino ambos hombres intentan acercar posturas, aunque se aprecia el abismo que separa a ambos: el artista integrado en un entorno que ama y el abogado de ciudad pagado de sí mismo que sólo conoce una forma de hacer las cosas, la suya propia.


En el camino hacia el mercado se aprecia una espesa niebla que brota de las montañas y se dirige hacia el pueblo, cubriéndolo todo a su paso. Las fuerzas del orden se adentran en ella y David, su hijo Billy (Nathan Gamble) y Brent entran en el mercado justo en el momento en que el pueblo comienza a quedar cubierto por el antinatural puré de guisantes salido de vaya usted a saber qué infierno. La alarma cunde entre los trabajadores y clientes cuando un vecino, Dan Miller (Jeffrey DeMunn) entra con signos de haber sido atacado y aullando como un poseso que hay cosas en la niebla que están atacando a la gente. Poco a poco se hace evidente que aquel que se aventura en el exterior es atacado por unas criaturas indeterminadas y más adelante, cuando ya todos son conscientes de ese hecho, de la amenaza exterior, se van apercibiendo del caracter irreal y casi alienígenda de dichas criaturas, que adoptan formas tan variadas como unos tentáculos carnivoros, mosquitos gigantes, arañas infernales con muy mala leche y ganas de reproducirse y otras criaturas que nunca se muestran pero cuyo tamaño se adivina por el sonido de sus pisadas.


Las decenas de personas encerradas en la tienda intentarán por todos los medios asegurar su posición y organizar mínimamente una defensa contra los monstruos de la niebla, pero pronto surgirá en su seno una aterradora y mortal división. El primer enfrentamiento se produce entre el grupo formado por David, Dan y las comprensiva profesoras de primaria Amanda (Laurie Holden) e Irene (Frances Sternhagen) , que chocan con el escéptico y engreído Brent. Otra disensión va surgiendo primero en silencio, luego arrastrando cada vez a más gente. Se trata de la visionaria, alucinada y apocalíptica Mrs. Carmody (Marcia Gay Harden), que al humanismo e intentos de racionalidad en una situación de locura mostrado por David y los suyos opone un frío convencimieto de que todo lo que ocurre es designio divino para lavar los pecados de aquellos que no creen en ella y en su dios. La situación se torna desesperada por momentos y David, su hijo, Dan, Amanda e Irene tendrán que tomar una serie de decisiones drásticas para salvar su vida no sólo de las criaturas que acechan en la niebla exterior sino de las bestias irracionales en que se están convirtiendo sus vecinos y antaño amigos.


Basado en un relato largo -o novela corta, como ustedes prefieran- de Stephen King, este proyecto ha sido lárgamente gestado por el realizador Frank Darabont, que mostró gran interés por adaptarlo a la gran pantalla pero lo fue aplazando en detrimento de Cadena Perpetua (POM absoluta), La milla verde (o cómo conseguir que un ratón de ochenta años arranque lágrimas el espectador entregado) o The Majestic (fallido proyecto con Jim Carrey que pese a todo es un canto al cine de barrio y a las comunidades unidas). Finalmente este cineasta ha podido cumplir con ese proyecto pendiento, elaborando un guión que sigue fielmente las directrices del relato de King y que consigue crear una historia tensa, sobria, aterradora y fascinante a partes iguales y con nulas concesiones para la audiencia más que evidentes en un tramo final que deja al espectador exhausto emocionalmente. La intensidad de un guión como este, rodado con pulso clásico por este maestro del cine, se apoya básicamente en el trabajo de los actores, que llevan sobre sí el peso de mostrar emociones creíbles en todo momento y perfilar unos personajes humanos con flaquezas y emociones diferenciadas a pesar del esquematismo más que evidente con que son retratados y del escaso lapso de tiempo en el que transcurre su peripecia (unos cuatro días). Thomas Jane se muestra afligido, decidido, osado, derrotado o aterrado según las circunstancias, y logra en todo momento traslucir la preocupación exacta que un padre sentiría en todo momento por su hijo en esas circunstancias, sin olvidar por ello su compromiso de ayudar a sus vecinos. André Braugher maneja con su habitual habilidad un papel bastante ingrato, y Jeffrey DeMunn (habitual rostro del cine de Darabont) está perfecto en su papel de vecino de toda la vida del lugar, conocido de todos superado por las circunstancias. Laurie Holden es quizá la interpretación más correcta en el sentido que de cumple sin más con el papel de comprensiva profesora, pero queda eclipsada por la fuerza y la personalidad de sus compañeras más veteranas. Tanto la Harden en su papel de iluminada fanática con veleidades proféticas, como Sternhagen como la descreída profesora con un firme apego por la racionalidad y la comprensión hacia los demás bordan sus papeles, y consiguen con su enfrentamiento de caracteres y formas de actuar un peculiar duelo al sol entre dos formas de ver la vida y comprender al otro que articula la parte central de la película.


Ver La Niebla es volver a disfrutar de una película de terror "de las de antes", en el sentido clásico de la expresión. El guión no necesita de giros sorprendentes para mantener la atención del espectador, la acción progresa atendiendo a las necesidades de la historia y no en búsqueda de momentos epatantes que se transforman en set pieces inconexas entre sí, y la dirección de fotografía se preocupa más de iluminación y de buscar encuadres que muestren lo que sucede en pantalla más que en rodar osados planos que luego sean montadas con ritmo epiléptico y nula capacidad narrativa. Frank Darabont es uno de mis cineastas de referencia en los últimos años, y cada nueva película suya ha supuesto un festín cinematográfico para un servidor, empezando por el canto a la dignidad humana, a la capacidad de sobrevivir del que se sabe inocente y a la libertad que supuso Cadena Perpetua, siguiendo por esa emotiva fábula mágica con tintes terribles que fue La milla verde y terminando con el canto a la libertad de expresión y al amor por el cine de The Majestic. Nadie como Darabont ha conseguido reivindicar a Stephen King como fabulador de la manera en que él lo ha hecho, buscando la esencia de las poderosas historias del escritor de Maine y permaneciendo fiel al espíritu de sus narraciones. A un servidor se le ha ocurrido la extraña, hermosa posibilidad de que el ciclo de La torre oscura pudiera ser adaptado por el señor Darabont, pero como uno no vive de sueños, se limita a disfrutar con películas como estas, sobrias y bien rodadas, puñetazos directos al estómago del espectador, que dejan para el recuerdo secuencias como la de esas criaturas vistas en la niebla que cuentan con diseños de Bernie Wrightson y cuya visión acompañada de unos estremecedores coros y de la solemne y triste partitura de Mark Isham proporcionan una experiencia imborrable para el aficionado al cine fantástico.

8 comentarios:

Jaime Sirvent dijo...

Caballero , el rollerblog va con retraso. He metido dos posts nuevos y aún veo que tienes el de Hawkworld como última novedad, pardiez.

Jaime Sirvent dijo...

Gran reseña, dan ganas de verla. Siempre es una gran noticia que el señor Darabont saque una nueva película. Para mí Cadena perpetua es ya un clásico.

Plissken dijo...

Jaime, para serte sincero, aún no sé como funciona exactamente el roller, pero espero que se refleje en breve esas nuevas entradas. Y sí, Cadena Perpetua es un clásico con mayúsculas, tanto el relato como la película.

Jaime Sirvent dijo...

El relato no he tenido la oportunidad de leerlo, pero la película me parece maravillosa.

Grogal dijo...
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Alberto Díaz dijo...

Mr. Plissken, es usted un fichaje!! Magnífica reseña. Y sobre la Torre Oscura, oí algo de que JJ Abrahams había comprado una opción para hacer una serie de TV. Creo que era en los extras del mismo cómic. ¿Sabe usted algo más acerca de esto?

Plissken dijo...

Jaime, el relato está en el volumen Las cuatro estaciones, donde ademas también se incluyen Pupilo Aventajado (Verano de corrupción) y El cuerpo (Otoño de inocencia), ambas con su correspondiente adaptación al cine: Apt pupil de Bryan Singer y Stand by me de Rob Reiner. A King no hace falta reivindicarlo, solo leer muchas de sus novelas y relatos y reconocerle como lo que es, un gran escritor capaz de fabulaciones inolvidables y de subproductos comerciales de la peor especie.

Plissken dijo...

Alberto, no había oído nada, pero me alegro enormemente que el bueno de JJ haya mostrado interés. A ver si cuando acabe Lost se centra en Rolando ;D

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